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Una nueva hoja de ruta para las ‘smart cities’

Un grupo de especialistas del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y de periodistas especializados han desarrollado una guía práctica que, bajo el título ‘La ruta hacia las Smart Cities: Migrando de una gestión tradicional a la ciudad inteligente’, busca dar visibilidad a los beneficios de las ciudades inteligentes.
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Las smart cities “colocan a las personas en el centro del desarrollo, incorporando tecnologías de la información y la comunicación en la gestión urbana, utilizando estos elementos como herramientas para la creación de un gobierno eficiente que incluya procesos de planificación colaborativa y participación ciudadana”, señala el documento La ruta hacia las Smart Cities: Migrando de una gestión tradicional a la ciudad inteligente.

En palabras del experto Mauricio Bouskela, especialista senior de vivienda y desarrollo urbano del BID, en referencia a las smart cities “al promover un desarrollo integrado y sostenible, las ciudades se tornan más innovadoras, competitivas, atractivas y resilientes”.

Desde 2011, el BID apoya a las ciudades de América Latina y el Caribe para llevar a cabo estudios relacionados con las ciudades inteligentes en colaboración con socios estratégicos como el Instituto Coreano de Asentamientos Humanos (KRIHS por sus siglas en inglés), Moon Engineering (Corea), Cisco, Microsoft, Everis o IDOM, entre muchos otros.

Hasta el momento, estos estudios se han desarrollado en ciudades como Guadalajara, México (con el proyecto Ciudad Creativa Digital) y varias ciudades de tamaño intermedio de la región que participan en el Programa de Ciudades Emergentes y Sostenibles (CES) del BID, como las brasileñas Goiânia, Vitória, João Pessoa, Florianópolis o Palmas, Montego Bay (Jamaica); Barranquilla, Valledupar y Villavicencio, en Colombia, Montevideo (Uruguay), Valdivia (Chile) o Nassau (Bahamas).

Todas ellas se centran en proyectos y áreas de acción relacionadas con seguridad ciudadana, movilidad, gestión de emergencias y desastres naturales, conectividad, participación ciudadana o centros integrados de operación y control, entre otros.

En qué consiste la guía

El documento del BID alerta de que las ciudades en América Latina y el Caribe han tenido un crecimiento “rápido y no planificado”, lo que ha dado lugar a una serie de desafíos que no pueden ser resueltos de forma tradicional, entre ellos la inseguridad, la vulnerabilidad al cambio climático y los desastres naturales, el aumento del número de vehículos o el consumo energético.

A esto se suma, además, la contaminación ambiental, la gestión del agua y los residuos, la necesidad de una mayor participación ciudadana o una mayor eficiencia en los servicios, entre otros.

Es precisamente para afrontar estos retos, con cada vez mayores limitaciones financieras por parte de los gobiernos, por lo que es tan necesario que los sistemas sean lo más eficientes posible, con el objetivo de reducir el gasto público y aumentar los ingresos fiscales.

La Guía responde al hecho de haber comprobado, tras conversaciones con alcaldes, empresarios, planificadores y equipos de expertos, que existe una importante falta de información sobre qué son las ciudades inteligentes, cuáles son sus beneficios y cómo lograr migrar hacia este modelo.

Este nuevo documento del BID incluye más de 50 ejemplos de ciudades de todo el mundo que ya han puesto en marcha soluciones inteligentes en el ámbito urbano, y propone una hoja de ruta a seguir para aquellas que deseen adoptar este modelo.

Entre los casos de estudio de la Guía se encuentran, entre otras, urbes tan importantes como la capital argentina, Buenos Aires, Bogotá y Medellín, en Colombia, Río de Janeiro, Chihuahua, en México, San Diego (EEUU), Singapur, Montreal (Canadá) , Nassau (Bahamas), o la española Santander.

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Ciudades a la vanguardia

Buenos Aires participa en la guía como ejemplo de caso de éxito con un proyecto de modernización de la policía e integración de los sistemas de emergencias que nació en 2011 para hacer frente al alto índice de criminalidad en la ciudad, ante el que las autoridades locales decidieron modernizar esta institución y sus protocolos operacionales.

Para ello promovió el intercambio de los sistemas informatizados y las redes de comunicación de voz y datos, implantado cámaras y sensores de seguridad e incorporando vehículos conectados.

Se creó así el Centro Único de Coordinación y Control de Emergencias (CUCC) desde el que se hace la gestión de las llamadas recibidas por teléfono y se coordinan las acciones de las entidades y áreas competentes que actúan en cada caso: emergencias civiles, médicas, incidentes de seguridad, control de tráfico, etc.

El siguiente paso fue capacitar al personal de la policía en el funcionamiento de los nuevos dispositivos de seguridad para garantizar una mejor respuesta contra el crimen, actualizando los modos de actuación e incorporando nuevas tecnologías que permitieron una distribución más eficaz de las fuerzas de seguridad, mejorando a la vez los resultados y la percepción de seguridad de sus ciudadanos.

En la capital colombiana, Bogotá, las autoridades locales apostaron por la movilidad urbana sostenible con un macroproyecto que fue bautizado como TransMilenio, un sistema integrado de transporte público colectivo que comenzó a gestarse en la década de los 90 y que supuso una transformación urbana radical al facilitar a los ciudadanos un sistema que combinaba el transporte rápido y accesible con la implementación de más de 400 km de ciclovías.

La red del TransMilenio cuenta hoy con un total de 113 km, 137 estaciones y 12 líneas que forman el Sistema Integrado de Transporte (SIT) y que hace que los barrios sean atendidos por autobuses más pequeños y más ligeros, divididos en cinco categorías de rutas (urbanas, especiales, complementarias, troncales y alimentadoras) que, junto a la implementación de señalización horizontal y vertical, semáforos inteligentes y cámaras de monitoreo, ha mejorado muy significativamente la movilidad urbana en la ciudad.

Un sitio web y una aplicación móvil (Moovit) permiten a la población de la capital colombiana planificar el recorrido que hará durante el día, combinando el TransMilenio con las rutas integradas, identificadas por medio de colores. El pago de billetes se realiza a partir de un sistema de tarjeta prepagada, que incluye la opción de tarifa única.

La tendencia, según se detecta a lo largo del más de medio centenar de ejemplos de esta guía, es que las ciudades que aspiran a ser smart ceden todo el protagonismo a los peatones. Es el caso de la ciudad de Masdar, en proceso de construcción en la región del desierto árabe de Abu Dhabi, que está siendo planificada para ser 100% sostenible y orientada a los peatones.

Para ello, el municipio ha proyectado un sistema de transporte basado en automóviles y autobuses eléctricos que circulan en el subsuelo, además de mantener líneas de tren y metro para atender a todos los puntos de la ciudad, evitando la necesidad de la circulación de muchos vehículos.

Asimismo, se están destinando muchos recursos a la creación de veredas agradables, de tamaño adecuado y con sombra, y una zonificación que permite que viviendas, trabajo y diversión se encuentren cercanos unos de los otros, evitando así la necesidad de grandes desplazamientos en vehículos públicos o particulares.

La gestión eficiente de la energía es otro de los pilares en los que se sustenta el concepto de smart city, según muestra la ciudad estadounidense de San Diego, que cuenta con un sistema de iluminación pública inteligente, y que supone un buen ejemplo de los grandes resultados que se obtienen en materia de innovación y atracción de las inversiones gracias a las asociaciones público-privadas.

En 2014, la ciudad se convirtió en la primera de Estados Unidos en utilizar lámparas LED inteligentes en la iluminación pública. Equipados con sensores fotoeléctricos, transmisores inalámbricos y microprocesadores, los postes forman una red capaz de ofrecer información en tiempo real sobre el consumo de energía de cada una de las regiones de la ciudad, contando además con  modernas tecnologías de información y comunicaciones con las que es posible optimizar la gestión de la oferta y del consumo en las ciudades.

El sistema es capaz además de obedecer a comandos remotos para el control adaptativo de la iluminación, reduciendo así los costes, e incluso puede emitir avisos en caso de huracanes, a partir de sensores capaces de reportar la intensidad del viento y controlar otros factores ambientales, como el flujo de personas y vehículos. En este proyecto la participación de los ciudadanos fue esencial, ya que sólo se puso en marcha tras la realización de encuestas con cinco grupos que supervisaron las evaluaciones sobre los servicios de mantenimiento de la ciudad.

Entre los ejemplos de la guía destaca también alguna ciudad española, como Santander, que centra sus esfuerzos en la correcta gestión de sus residuos con un sistema de recolección automatizada y selectiva de residuos sólidos. Los recolectores públicos informan cuando están llenos, evitando la retirada cuando todavía es innecesaria.

El proyecto incluye la implementación de una solución de tecnología completa, incluidos sensores de volumen, humedad, olor y emisión de gases, presentes en los botes de basura; etiquetas de radiofrecuencia (RFiD) y comunicación por proximidad (NFC); antena dual (GPRS/GPS); GPS en los camiones de recolección; aplicaciones móviles para ayudar en el trabajo de recolección y mantenimiento, y un software de seguimiento para el monitoreo y la gestión unificada de las operaciones.

La integración de esos elementos con la infraestructura del programa SmartSantanderdesarrollado en colaboración con la Universidad de Cantabria-, permite el análisis en tiempo real de los datos recogidos, y es actualmente la principal herramienta para la toma de decisiones de la empresa de gestión de residuos sólidos urbanos.

Esta iniciativa tecnológica cuenta también con la participación activa de los ciudadanos, quienes, por intermedio de una aplicación móvil, pueden identificar áreas que necesitan atención y limpieza y enviar alertas a la gestión.

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España, a la cabeza en la carrera ‘smart’

Según explica a Compromiso Empresarial el experto en smart cities y energía de Zabala innovation Consulting y profesor de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), Juan Cristóbal García, en el caso de España, “los proyectos de smart cities son cada vez de mejor calidad, y existen ya muchas ciudades avanzadas en este sentido que han pasado de proyectos pilotos a acciones de mayor escala con soluciones ya comerciales”.

Un claro ejemplo son los proyectos aprobados por Red.Es en la convocatoria del Plan Nacional de Ciudades Inteligentes en la que España dedica 64 millones de euros, con 18 proyectos aprobados (14 de ellos financiados) y un presupuesto entre uno y ocho millones de euros.

“En la mayoría de los caso estos proyectos corresponden a ciudades medianas e incluso algunas pequeñas. Todas ellas están trabajando en soluciones concretas, en servicios bien definidos, y con un objetivo claro”, señala este experto.

Sin embargo, “una mayoría de ciudades interesadas en el concepto de ciudad inteligente, siguen estancadas en el deseo de un concepto borroso de smart city, sin concretarlo en proyectos bien definidos o bien buscando todavía el proyecto piloto de pequeña escala”, apunta Juan Cristóbal García, para el que, el reto actual de las ciudades españolas no es tanto la tecnología, “sino el ser capaz de definir un buen plan smart e identificar claramente objetivos, servicios y proyectos”. “Es la única forma de obtener financiación y de convencer a sus ciudadanos”, añade.

Para el responsable de Zabala, España es, pese a todo, “uno de los países punteros en el desarrollo de las ciudades inteligentes”, porque tiene un alto número de núcleos urbanos  con alta independencia de sus municipios, “pero también porque hay grandes empresas punteras como Telefónica, Indra o Schneider que tienen sus centros de desarrollo en España: centros tecnológicos como Cartif, Tecnalia o CENER”.

Aunque se le hace difícil destacar una única ciudad en España como la más puntera en materia de proyectos smart cities, García destaca ciudades con Proyectos Faro financiados por el Programa de la UE Horizon 2020 como Valladolid, Barcelona, Vitoria o San Sebastián.

El proyecto Replicate, liderado por San Sebastián con la participación de Zabala, es un buen ejemplo de proyecto de smart city que ayuda a solucionar importantes problemas urbanos en un distrito: vivienda, energía, o movilidad, y todo ello gracias al uso de las TIC. “Pero sin duda Valencia, Málaga, Bilbao o Santander están también en un nivel muy alto”, remarca.

“Aunque el objetivo en esta carrera no sea ser el primero, ya que en otros países como Holanda, Reino Unido o Suecia tienen enfoques diferentes y también mucho éxito en la implantación de sus proyectos, si es cierto que de ellas debemos aprender cómo conseguir una mayor participación ciudadana en las decisiones y también como construir fórmulas de financiación público-privadas y nuevos modelos de negocio”, apunta este experto.

Aunque, a su juicio, ciudades españolas a la cabeza en esta materia, como Barcelona o Santander, tienen una alta visibilidad internacional, “lo cierto es la mayoría de los proyectos de ciudad inteligente se desarrollan en ciudades medianas, algo muy relevante, ya que en la Unión Europea sólo tenemos 21 ciudades de más de un millón de habitantes, pero 345 de más de 100.000 habitantes. Por tanto, las ciudades españolas son un ejemplo para muchas ciudades europeas”.

Finalmente, el responsable de Zabala se refiere a los retos o barreras por enfrentar en esta materia -los que más salen a relucir en los encuentros internacionales a los que acude- y que principalmente son dos: la financiación y la involucración de los ciudadanos en el proceso para llegar a la ciudad inteligente. El tercer reto sería el de la interoperabilidad de las tecnologías y su obsolescencia futura.

“Las ciudades deben ser capaces de desarrollar planes de smart city estratégicos, ambiciosos, de largo alcance, con la participación de numerosos actores públicos y privados, y que definan objetivos y servicios concretos. Y de esos planes deben surgir sus carteras de proyectos smart y su planificación en el tiempo”, considera García, que cree que, de este modo “será más fácil acceder a financiación, y además los planes serán más robustos, a prueba de cambios políticos debido a la integración de la participación ciudadana”.

“Las ciudades deben sin duda apoyarse en expertos para elaborar sus planes de ciudad inteligente”, concluye.

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