¡Por una profunda reforma de la educación!

Reducir el abandono escolar sigue siendo uno de los caballos de batalla de España, que no termina de acertar con sus políticas educativas. La población reclama cambios en el sistema de enseñanza, poniendo sus ojos en el caso finlandés, para incentivar a los alumnos a seguir estudiando o a retomar la senda académica a aquellos a los que ya se ha dado por perdidos.
<p>Foto: Sindicato de estudiantes</p>

Foto: Sindicato de estudiantes

Más allá del revuelo político que está viviendo España, estos últimos días también han sido de protesta generalizada por la calidad de la enseñanza que se le está dando a nuestros hijos. El motivo ha sido el de evitar los exámenes de reválida en el último año de Educación Secundaria Obligatoria (ESO) y en Bachillerato para lograr el título correspondiente, incluidos en la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa, más conocida como Lomce o Ley Wert.

Tanta presión parece haber frenado la implantación de estas pruebas, rechazadas por la comunidad educativa y por gran parte del Parlamento, del que ha surgido una subcomisión cuyo fin es el de darle una vuelta de tuerca (o dos, o tres) al sistema de enseñanza que rige el actual devenir de alumnos y profesores.

Y no es para menos, teniendo en cuenta que España sigue lejos de cumplir sus objetivos europeos en lo referente a fracaso escolar. De hecho, así seguiremos si en vez de incentivar e implicar a los jóvenes con nuevos métodos de enseñanza, basados en el refuerzo positivo, continuamos por la senda de los deberes diarios por kilos y los exámenes a discreción. Una rutina poco productiva que algunos niños están empezando a asimilar a la tierna edad de cinco años.

Es necesaria una reforma profunda que se fije en casos de éxito como el finlandés, y que tenga muy en cuenta la llamada Educación Compensatoria, prácticamente desaparecida por los continuos recortes realizados en materia de educación en el sector público desde el inicio de la crisis (casi un 17% entre 2009 y 2014). Este hecho ha dejado a los alumnos de bajo rendimiento escolar procedentes de entornos familiares desfavorecidos prácticamente desamparados y abocados a un abandono prematuro de sus estudios.

Centros educativos con PAE
<p>Centros educativos con PAE</p>

Centros educativos con PAE

Los beneficios del PAE

Hace unas semanas, la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea) publicaba un estudio de J. Ignacio García-Pérez y Marisa Hidalgo, investigadores de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla. En el texto se evalúan los efectos del Programa de Acompañamiento Escolar (PAE) desarrollado por el Ministerio de Educación en colaboración con las Comunidades Autónomas entre 2005 y 2012, y que terminó desapareciendo por falta de fondos.

Se trataba de una iniciativa plurianual de educación compensatoria, con clases extra en pequeños grupos para aquellos alumnos de ESO que lo necesitaran. El objetivo era evitar que aquellos con resultados educativos bajos terminasen tirando la toalla en materia académica, incrementando a su vez el riesgo de pobreza y exclusión social en el futuro.

Los resultados del estudio indican que el PAE tuvo un considerable efecto positivo sobre el rendimiento académico de los alumnos que participaron en él más de tres años seguidos. La probabilidad de situarse en el 25% de la población del centro educativo con peores notas se redujo al 5%, y sus puntuaciones de lectura aumentaron en, aproximadamente, 12 puntos.

Según sus cálculos, el PAE estaría aportando en promedio a sus participantes en torno a un 30% de un curso académico adicional. El informe apunta, además, que el impacto del programa fue mucho más fuerte y positivo para los estudiantes de escuelas rurales (municipios de menos de 15.000 habitantes).

Si los beneficios fueron tan patentes, ¿por qué se decidió acabar con el programa? Los investigadores también dan una explicación a eso: por falta de evidencias. El Ministerio no supo hacer un seguimiento fiel que ofreciese resultados palpables y clausuró el programa tachándolo de inviable en una época en la que era preciso recortar, hasta en lo más necesario.

Casos como el del PAE no son aislados. Desde los centros educativos de Garantía Social llevan años reclamando más medios y, sobre todo, personal competente para poder dar un futuro social y laboral a los jóvenes que acuden a sus clases. Por sus aulas suelen pasar inmigrantes que apenas entienden el castellano, y mucho menos hablarlo y escribirlo. Pero también chicos y chicas españoles que viven en entornos problemáticos, asociados a la pobreza y a la exclusión social.

La misión de nuestro sistema educativo debería pasar por evitar que ese bloque poblacional se mantenga en la zona desfavorecida. Sin embargo, cada vez son menos los recursos económicos, cada vez menos los profesionales, cada vez menos las plazas ofertadas… Difícilmente puede reconducirse así una conducta problemática que acabará, con toda probabilidad, a engrosar las filas de la baja productividad o, peor, las de la delincuencia. Y ese no es el mejor camino para que España crezca y supere, de una vez por todas, las consecuencias de una crisis que sigue pasándonos factura.

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