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La transición energética que no puede esperar

El cambio climático, y sobre todo sus consecuencias, parece dejar cada vez más claro que ha llegado el momento de abordar un giro en la estrategia del modelo energético. Una transición “imprescindible” que supone pasar de un modelo tradicional de dependencia energética a uno más sostenible en el que el uso de energías renovables tenga un mayor protagonismo.
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Sobre esta nueva perspectiva y los retos a los que en un futuro inmediato será necesario enfrentarse se debatió recientemente en una jornada celebrada en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) bajo el título La Transición energética: pasos hacia un nuevo modelo energético, con la colaboración de la plataforma de divulgación Energía y Sociedad

El encuentro conto con más de 400 asistentes -entre expertos, profesionales del sector, agentes e instituciones de éste y otros sectores- que participaron en diversos debates y mesas redondas de las que salieron varias conclusiones, entre ellas algunas tan obvias como necesarias de recordar: la inviabilidad, desde el punto de vista ambiental, del uso indiscriminado de fuentes de energía contaminantes.

En esta línea, Helena Lapeyra, socia de Energía de PwC, destacó la necesidad de transformación que existe en el sector energético y la unanimidad a la hora de defender esta idea. “Todos vemos un futuro sin emisiones y hemos recibido con ilusión el acuerdo multinacional alcanzado en París durante la COP 21 de Naciones Unidas”, señaló esta experta durante su intervención. Sin embargo, dos aspectos no están tan claros y generan discrepancias: “¿Cuál es la ambición que debe determinarse a nivel nacional? Y, ¿cómo será la hoja de ruta para alcanzar esta ambición?”.

A su juicio, a la hora de establecer esta hoja de ruta “no se debe perder la ambición, sino ambicionar un futuro más sostenible”. Para ello, “será primordial mantener una visión realista 360 grados que incorpore a los diversos sectores adyacentes”, explicó, añadiendo que esta transición “no puede estar basada únicamente en una visión ambiental, sino abarcar también la sostenibilidad técnica y económica del sistema, garantizando la seguridad en el suministro, sin comprometer la competitividad de las empresas y a la vez evitando la pobreza energética de los ciudadanos”.

En palabras del secretario de Estado de Energía, Alberto Nadal, las energías renovables, la eficiencia energética y el desarrollo sostenible “han pasado a ser una realidad y una cuestión estratégica para España”. “Es inviable que siga existiendo un uso masivo e indiscriminado de las fuentes de energía contaminantes, pero el incremento de las energías renovables se debe hacer con sentido común, midiendo esfuerzos y costes y apostando por la mejor tecnología en cada momento”, señaló sin embargo. En su opinión, “las energías renovables estarán en igualdad con las convencionales cuando su coste de producción y almacenamiento sea equivalente”.

“Es inviable que siga existiendo un uso masivo e indiscriminado de las fuentes de energía contaminantes, pero el incremento de las energías renovables se debe hacer con sentido común”. Alberto Nadal

A su juicio, la seguridad del suministro sigue siendo “un pilar básico de la política energética”, por lo que consideró necesario tener un parque de reserva convencional además de mantener el parque nuclear en España, pues “el mix de energías renovables junto a la energía nuclear contribuirán a reducir considerablemente las emisiones de CO2”. “No nos podemos permitir cerrarlas. Hacerlo elevaría el coste de generación entre un 25-30%”, añadió.

Por su parte, Antonio Cornadó, presidente del Foro Nuclear, insistió en la necesidad de alcanzar un plan de transición energética de cara a 2050 que garantice un suministro de electricidad  “seguro, competitivo y que cumpla los compromisos españoles de descarbonización de la economía”. Y es en este proceso donde la energía nuclear juega  “un rol esencial junto con las energías renovables”, remarcó.

José María González, director general de la Asociación de Productores de Energías Renovables (APPA), otro de los ponentes de la jornada, se refirió a la transición energética como “imparable”, pues “prácticamente todos los países del mundo cuentan ya con políticas de energía renovables”. Asimismo, destacó la importancia de la energía eólica y fotovoltaica, que, en su opinión, “han reducido sus costes en un 61% y 82%, respectivamente”.

Propuestas para un suministro competitivo

Guillermo Ulacia, presidente de la Comisión de Industria y Energía de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE), compartió ocho propuestas para alcanzar un suministro competitivo que forman parte de su informe Energía y competitividad: propuestas del sector empresarial. Entre ellas, la necesidad de “una buena praxis regulatoria” con una visión “a largo plazo que aporte credibilidad de cara a los inversores bajo una seguridad jurídica”.

A esto se suma el hecho de prestar mayor atención a los costes ajenos al suministro que finalmente impactan en la factura eléctrica, o la aportación de la generación eléctrica nuclear para combatir el cambio climático, reduciendo las emisiones del sector. También destacó la importancia del papel de la Unión Europea a la hora de aumentar las interconexiones entre países para mejorar la competitividad.

“Es necesario establecer un bono social y otras medidas adicionales para luchar contra la pobreza energética”. Javier Arranz

El papel del consumidor en este nuevo modelo energético fue otro de los temas de debate de esta jornada. Según Javier Arranz, responsable de Energía de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), el consumidor “desempeña otro de los roles fundamentales en esta transición energética y la tecnología debe apoyarlo”. “Los contadores inteligentes deben ser parte de esta transición y estar al servicio del consumidor”, explicó, remarcando la necesidad de establecer “un bono social y otras medidas adicionales para luchar contra la pobreza energética”.

Evitar el cortoplacismo

Helena Lapeyra, de PwC, aseguró que la energía requiere “un pacto de Estado, además de una estrategia clara en España con el fin de evitar medidas a corto plazo”. “Para avanzar en la transición energética con ciertas garantías de éxito es fundamental definir objetivos ambiciosos, pero al mismo tiempo conseguir que su implantación sea realista y alcanzable”, explica esta experta a Compromiso Empresarial.

Entre las medidas que Lapeyra enumera para avanzar hacia un nuevo modelo energético se encuentra, por ejemplo, “una hoja de ruta que no incluya medidas cortoplacistas constreñidas por la duración de una legislatura o por intereses electorales”, además de un despliegue de las energías renovables que se lleve a cabo “de forma paulatina y sensata, guiándose por un criterio de competitividad entre cada una de las tecnologías”.

En esta línea, “es necesario el incremento del nivel de interconexión de España con Francia para poder compartir la potencia de respaldo entre los diferentes países reduciendo así los costes de la integración de las tecnologías renovables y acelerando su despliegue”, remarca Lapeyra.

En cuanto al puesto en el que se encontraría España en materia de cumplimiento de los objetivos de emisiones de CO2 adoptados en la cumbre de Paris en diciembre de 2015,  España “está en la senda correcta para cumplir con los objetivos medioambientales”, según datos del informe de PwC Low Carbon Economy Index, recientemente publicado.

En el periodo 2000 a 2015 “nuestro país ha reducido su intensidad de emisiones -en relación al PIB- un 2,2% de media; una rebaja que está por encima de la media mundial (1,3%) para el mismo periodo”, afirma. De este modo, “España ha conseguido desvincular el crecimiento económico de las emisiones de gases de efecto invernadero, gracias, en parte, al incremento en la contribución de las fuentes de generación renovable dentro del mix energético nacional”, agrega la responsable de PwC.

Y aunque, “la evolución de las emisiones en los últimos años nos aproxima a los objetivos europeos establecidos para el año 2030, todavía debemos reducir nuestra intensidad energética a un ritmo del 3,1% al año”, recordó Lapeyra. En su opinión, de cara a cumplir con los objetivos fijados en el Acuerdo de París para el año 2100, “será necesario ser capaces de reducir nuestra intensidad energética hasta un 6,5% anual”.

"La transición energética debe diseñarse mediante un proceso participativo y colaborativo entre los partidos políticos y agentes implicados y debería involucrar a los ciudadanos”. Helena Lapeyra

Para ello, esta experta considera “fundamental” alcanzar un Pacto de Estado en materia energética para avanzar en la transición. Un acuerdo “que deberá contar con el consenso de la clase política, los principales agentes del sector y los consumidores con vistas a formular medidas a largo plazo que no dependan de intereses políticos particulares y eviten los errores del pasado”, defiende.

En cuanto al papel de los ciudadanos en esta transición energética Helena Lapeyra coincidió en la idea del “rol clave” que deben desempeñar. “De hecho, esta transición debería diseñarse mediante un proceso participativo y colaborativo entre los diferentes partidos políticos y agentes implicados y debería involucrar a los ciudadanos”, afirma. “Así conseguiríamos dotarla de unas bases consensuadas, sólidas y estables a largo plazo”, añade.

En este sentido, esta experta destaca el cambio significativo en los hábitos de los consumidores que ya puede observarse y que desemboca en un mayor ahorro en la factura eléctrica y una mayor concienciación climática. “Gracias a ello se ha conseguido el hito de desacoplar, por primera vez, el crecimiento económico y el consumo energético”, concluye.

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