La contratación juvenil, clave para mantener la competitividad empresarial

Así lo desprende el estudio 'El camino hacia el empleo juvenil. Qué puede hacer la empresa', elaborado por el Observatorio Empresarial contra la Pobreza y presentado hoy en el Espacio Fundación Telefónica.
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La ministra de Empleo y Seguridad Social Fátima Báñez ha inaugurado la jornada.

El Observatorio Empresarial contra la Pobreza ha presentado los principales resultados del informe El camino hacia el empleo juvenil. Qué puede hacer la empresa, según el cual el sector empresarial debe incluir cuanto antes programas que mejoren la empleabilidad de los jóvenes, bien desde su estrategia de negocio, bien desde su acción social, bien desde su posición como lobby. Esta hoja de ruta se hace esencial para alcanzar en el menor espacio de tiempo posible los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) basados en el empleo digno. Pero también para que las compañías puedan mejorar en competitividad en el medio y largo plazo, explican en nota de prensa.

“El proceso de revolución tecnológica y de especialidades técnicas en el que está inmersa la empresa […] exige como prioridad estratégica contar con personas especialmente preparadas y motivadas que sean capaces de responder a los retos presentes y futuros que la realidad empresarial plantea. Por esa razón, se convierte en una necesidad vital y estratégica para la empresa la incorporación de jóvenes preparados ‘ad hoc’ e implicados en el proyecto empresarial”, ha explicado Sandalio Gómez, profesor emérito de Dirección de Personas en las Organizaciones en IESE y uno de los responsables de la investigación.

La ministra de Empleo y Seguridad Social, Fátima Báñez, ha sido la encargada de inaugurar el acto. Ésta se ha comprometido a renovar la estrategia de empleo con las CCAA teniendo como objetivo destacado el reinsertar a los jóvenes en el mercado laboral: “Este informe nos va a ser clave para tomar decisiones”.

Por otra parte, ha resaltado la necesidad de invertir en la formación constante del trabajador, tanto desde el Estado como desde la empresa, con el fin de que cualquiera pueda ser empleable en cualquier etapa de su vida activa, teniendo en cuenta las necesidades del sector privado. “El 24% de las compañías tiene dificultades para encontrar trabajadores con determinada formación”.

La formación no cubre las necesidades empresariales

El estudio advierte de que cuatro de cada diez personas de entre 20 y 24 años que quieren trabajar no pueden hacerlo por falta de oportunidades. También de que existe una preocupante cifra de más de 400.000 jóvenes de entre 16 y 29 años en total inactividad (es decir, ni estudian, ni trabajan, ni buscan empleo de forma activa). Por otra parte, según los datos de desempleo, en esa franja de edad la tasa de paro se sitúa en el 34%.

¿Qué motiva esta complicada situación? Una de las claves se desarrolla en la variable de la formación, y no sólo ligada al 44% de los jóvenes de entre 16 y 29 años que abandona los estudios sin completar la educación secundaria. Muchos de ellos ni si quiera consideran retomarlo más adelante, una actitud negativa muy unida a la situación de que los recién titulados, diplomados y licenciados también tienen dificultad para encontrar trabajo, principalmente por falta de experiencia laboral y porque la formación que han recibido no se adapta a los requerimientos que demanda el mercado.

El informe también denuncia la dureza con que la crisis ha tratado a los jóvenes en lo relativo al empleo, la infrautilización de las becas y los contratos de prácticas, así como el uso inapropiado de determinados modos de contratación, ligados a la contratación temporal. Más de la mitad de los jóvenes ocupados están empleados bajo modalidades contractuales de este tipo; sin embargo, sólo un 7% lo hace con un convenio relacionado con la formación y las prácticas.

Por otra parte, la ausencia de empleo tiene consecuencias muy importantes sobre los niveles de vulnerabilidad social de los jóvenes. Así el 58% de los jóvenes desempleados en España se encuentran en riesgo de exclusión social. Esto pone de manifiesto la importancia que tienen las políticas de inclusión activa que reconocen el empleo como un eje crítico de acción para sacar a los jóvenes de la exclusión. Sin embargo, estos jóvenes tienen peores perspectivas laborales debido también, en parte, al estigma asociado a su condición. Además, se puede hablar de otra categoría de vulnerabilidad, la vulnerabilidad ante el empleo que dificulta las perspectivas de integración laboral en el largo plazo de muchos jóvenes en España y que no sólo está asociado a la vulnerabilidad social, sino a un conjunto de factores.

“Se considera joven vulnerable ante el empleo a aquel con una edad comprendida entre los 16 y los 29 años en el que se dan una o varias de las siguientes situaciones: abandono de los estudios y falta de formación y de competencias para trabajar; desempleados de larga duración o con contratos esporádicos, con condiciones inadecuadas y de corta duración; inactivos y desanimados frente al mercado laboral; o afectados por diversos factores de exclusión: discriminación, inmigración, discapacidad, pobreza…”, ha explicado Leticia Henar, jefa de Proyectos en el Área de Estudios e Innovación Social de Fundación Tomillo.

Para los jóvenes, la ausencia de empleo o los contratos de baja calidad llevan consigo importantes efectos en su desarrollo personal y vital, exponiéndolos a una situación de vulnerabilidad. Todo ello desemboca en una pérdida de capital humano, desigualdad social y menor cohesión.

Qué puede hacer la empresa

El informe propone el camino hacia el empleo juvenil, como un conjunto de medidas en las que los distintos agentes coordinados (empresa, tercer sector y administración) pueden trabajar para mejorar este escenario:

  • Prevención del abandono escolar temprano: Según las estadísticas, el abandono escolar suele estar vinculado al desconocimiento y/o impacto que puede ocasionar en el joven a largo plazo el hecho de no finalizar sus estudios.
  • Reincorporación al sistema educativo: Una buena iniciativa sería la de crear entornos formativos muy distintos a los actuales, más flexibles, de menor duración, orientados y cercanos a la práctica y al desempeño profesional. El informe también recomienda a las empresas con trabajadores sin formación reglada que les ayuden a completarla con políticas de formación.
  • Transición de la formación al empleo: Se recomienda poner en marcha programas de asesoramiento, de creación de becas y contratos de prácticas, o de fomento del emprendimiento juvenil, entre otros ejemplos. También alcanzar acuerdos con centros educativos, crear titulaciones o centros de formación propios que sirvan también para cubrir las propias necesidades de cada empresa.
  • Empleabilidad y gestión de jóvenes en especial riesgo de exclusión social: Trabajando de forma conjunta empresa y entidades del tercer sector.

“La empresa española tiene por delante la oportunidad de apostar de forma estratégica por el empleo juvenil, tanto para mejorar su competitividad como para acabar con un problema social de primera magnitud. Puede contribuir a estas medidas bien desde el corazón de su actividad empresarial, la acción social o a través de la incidencia o lobby. Para ello, eso sí, debe comprender bien el problema y trabajar en alianza con otros actores”, ha afirmado María Jesús Pérez, subdirectora general de Fundación Codespa.

Con la participación de las empresas miembros del Observatorio, el estudio ha sido llevado a cabo por un grupo multidisdiplinar de expertos conformado por: Sandalio Gómez, profesor emérito del IESE; Eduardo Gómez, socio director de Ideofactum; Leticia Henar, jefa de proyectos del Área de Estudios e Innovación Social de la Fundación Tomillo, y María Jesús Pérez, subdirectora general de Fundación Codespa.

Para su elaboración se ha contado con la colaboración de 30 empresas y entidades del tercer sector de acción social experimentadas en los procesos de formación y adaptación al mercado laboral, con las que se ha trabajado entre junio y septiembre de 2016.

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