Trabajo y depresión, de la mano tan a menudo...

El 7 de abril se celebra el Día Mundial de la Salud que este año Naciones Unidas ha dedicado a la depresión, una enfermedad que ataca de forma frecuente en el ámbito laboral, y cada vez más entre el público infantil, por la constante presión y competitividad a la que estamos sometidos.

A medida que pasa el tiempo conozco a más gente con depresión y problemas de ansiedad. Yo misma pasé por una situación así hace unos cuantos años. El desencadenante fue un sentimiento de frustración por no haber encontrado trabajo en mi especialidad… ¡pocos meses después de terminar la facultad!

Aunque el mal iba más allá: miedo a no ser autosuficiente, a convertirme en mujer florero, a no poder volar de la casa de mis padres y, sobre todo, a no encajar en una sociedad en la que, para triunfar, había que ser altamente competitivo. ¿Y si no lo conseguía? ¿Acaso tantos años de estudio y esfuerzo no habrían servido para nada?

Después de meses de terapia comprendí que no era yo la variable errónea en la ecuación, sino el concepto que se nos había inculcado. Un concepto-bola que sigue creciendo y que se nos está yendo de las manos.

A lo largo de este periodo he tenido la oportunidad de entrevistar a unos cuantos psicólogos y psiquiatras, el último hace pocos días. El Dr. Francisco Javier López Cánovas, nº 1 del MIR en el año 2012, fue el encargado de presentar el I Estudio sobre el estado de ánimo de los españoles, según el cual casi un 50% de los encuestados achaca sus problemas de “bajones puntuales” a su situación en el entorno laboral.

“Muchos de los que vienen a la consulta con síntomas de depresión nos hablan de la enorme exigencia que requieren sus trabajos. Cada vez se le encargan más tareas que no puede cumplir, lo cual le genera un enorme complejo de inferioridad y frustración”, explicó.

También nos trasladó una preocupación enfocada hacia sus pacientes pediátricos. “Cada año que pasa crece el número de niños y jóvenes con síntomas de depresión relacionados con la presión de los estudios, una situación grave que debemos intentar corregir”, comentó.

Parece evidente que estamos trasladando esa cultura de la competitividad también al plano educativo. Cada vez es más habitual trabajar de forma individual y en cantidades industriales tanto en la oficina como en el colegio, y está claro desde el punto de vista de los profesionales que no es lo más adecuado, ya que en multitud de ocasiones acaba desembocando en una seria enfermedad.

El coste de la presión

Con motivo del Día Mundial de la Salud, que este año Naciones Unidas ha dedicado a la depresión, también se ha publicado el estudio El abordaje de la depresión en el ámbito del trabajo, aportado por Sanitas. Según éste, ocho de cada diez europeos que padecen esta dolencia están en edad de trabajar; uno de cada diez sufre un episodio depresivo al año, con una duración media de su baja de 35,9 días.

Otro informe reciente, Impacto de la depresión en el trabajo, de la Asociación Europea de Depresión (EDA en sus siglas en inglés), asegura que el 21% de los trabajadores españoles ha sido diagnosticado de esta patología en algún momento de su vida. De hecho, en nuestro país los trastornos mentales son la segunda causa de baja por incapacidad temporal.

El 21% de los trabajadores españoles ha sido diagnosticado de depresión en algún momento de su vida.

En el plano europeo, más del 70% de las bajas por trastornos mentales están causadas por ansiedad y depresión. Los costes totales atribuibles a estas dolencias constituyen más del 1% del PIB de la eurozona, a lo que se suma un coste anual indirecto de 92.000 millones de euros. Un impacto brutal que seguirá creciendo si no tomamos las medidas adecuadas y no sólo a nivel empresarial, sino también desde la escuela.

Un buen lugar para trabajar

Afortunadamente hay ejemplos que seguir. Cada vez es menos extraño encontrar colegios con proyectos propios en los que se fomenta más el trabajo colaborativo que los deberes en cantidades ingentes, una estrategia mucho más eficiente y productiva. Y que refuerza la seguridad de los más pequeños.

Por lo que respecta al ámbito empresarial, esta semana conocíamos cuáles eran las mejores empresas para trabajar en España. Great Place to Work reformaba su ranking teniendo en cuenta la percepción de los empleados y sus prácticas y políticas de recursos humanos.

Según las cifras aportadas por la organización, el 98% de las compañías premiadas cuenta con un horario flexible y el 82% tiene medidas de teletrabajo; el 98% ofrece seguro médico privado; el 85%, ayudas a la formación; el 90% escucha la opinión de sus empleados; el 95% tiene zonas de descanso para despejar la mente en momentos de mucha presión…

No destacan las subidas de sueldo, o la participación en grandes proyectos, sino las políticas enfocadas a cuidar del empleado. Que éste pueda conciliar su vida laboral con la personal y que se le tenga en cuenta en la toma de decisiones es mucho más efectivo para hacer crecer la productividad y evitar el absentismo.

Por supuesto, si las condiciones son propicias, la presión será menor y, por consiguiente, habrá menos posibilidades de caer enfermo. Las ventajas son muchas, así que, ¿por qué no dejar de lado ese carácter jerárquico y competitivo y sumarse al cambio? Los trabajadores (y sus hijos) se lo agradecerán.

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