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Cambio de etiquetado energético para mejorar en eficiencia

El etiquetado energético volverá a realizarse entre la A y la G y desaparecerá la actual clasificación A+, A++ y A+++ por resultar menos efectiva para la decisión de compra de los consumidores.
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Informar al consumidor de forma clara e inequívoca es una tarea a la que el Ejecutivo comunitario se entrega en cuerpo y alma. En esta ocasión le toca el turno a los electrodomésticos, que contarán a partir de 2019 con una nueva clasificación energética más clara que ayudará a los usuarios a elegir de forma más fácil productos más eficientes.

La actual clasificación que divide la letra A en escalas que van desde el A+ hasta el A+++ desaparecerá para dar paso a una nueva identificación que irá desde la A para los aparatos más eficientes hasta la G para los que más consumen. Así lo aprobó el Parlamento Europeo en un nuevo texto que salió adelante con 535 votos a favor, 46 en contra y 79 abstenciones.

El objetivo desde Bruselas es que los consumidores puedan ahorrar en sus recibos de la luz, eligiendo productos más eficientes. Y para ello quieren facilitar esa elección. La identificación más clara también impulsará a las compañías a invertir en eficiencia y mejorar la innovación de sus productos. Al menos así lo esperan desde las instituciones europeas.

“El etiquetado energético beneficia al medio ambiente, pues permite a los clientes obtener información precisa, pertinente y comparable sobre la eficiencia energética y el consumo de energía de los productos relacionados con la energía, dondequiera que se encuentren en la Unión, y, por tanto, tomar decisiones de compra fundadas, rentables y respetuosas con el medio ambiente, que aportan beneficios tanto desde el punto de vista ambiental como desde la perspectiva económica”, señala la Comisión en su motivación.

Las primeras etiquetas con la nueva clasificación estarán listas en las tiendas al finales de 2019. Pero los cambios no concluirán ahí. Para ir adaptándose a un mercado que continúa evolucionando tecnológicamente, el etiquetado volverá a revisarse cuando el 30% de los productos en el mercado comunitario reciban la máxima clasificación (A), o cuando el 50% esté entre las franjas A y B.

Todos los electrodomésticos tendrán que llevar la etiqueta energética adherida y la publicidad que hagan las marcas también tendrá que incluir qué tipo de clasificación energética tiene su producto. En el caso de que la clasificación cambie cuando los productos ya están vendidos, las empresas también estarán obligadas a informar al consumidor.

El etiquetado es clave para conocer cuánto puede consumir una lavadora, una nevera, los aparatos de aire acondicionado y, en general, todos los electrodomésticos. Los estándares creados para homogeneizar las etiquetas supondrán un ahorro de energía de alrededor de 175 millones de toneladas equivalente de petróleo (mtep) en 2020, una cifra que equivale al consumo energético de un país como Italia.

El ahorro es global, pero en términos individuales, los usuarios pueden ahorrar cerca de 500 euros al año en sus facturas eléctricas. Por otra parte, las medidas de eficiencia energética también crearán 55.000 millones de dólares en ingresos adicionales para las empresas europeas, según los cálculos de la Comisión.

El ahorro es global, pero en términos individuales, los usuarios pueden ahorrar cerca de 500 euros al año en sus facturas eléctricas.

Para proceder al nuevo cambio de la etiqueta energética, la Comisión creará también una base de datos con información técnica para ayudar a las autoridades nacionales a evaluar cómo se cumple la nueva normativa. Estará adaptada a Internet y será interactiva, con el objetivo de simplificar, acelerar y mejorar la transmisión de información sobre productos entre fabricantes, minoristas, autoridades de vigilancia del mercado y consumidores finales. También se creará una página web para el público general, con información adicional sobre los productos.

El coste que supondrá el cambio del etiquetado se ha estimado en dos céntimos de euro al año por producto etiquetado vendido. Y registrar los productos costará 0,5 céntimos de euro, aproximadamente, por producto vendido. Estos sobrecostes podrían repercutir en el precio final del producto, aunque desde el Ejecutivo comunitario se lanza un mensaje tranquilizador al respecto: “Esos costes administrativos se compensarán con creces gracias al ahorro energético de los productos más eficientes que compren como resultado del Reglamento”.

La clasificación A+, poco efectiva

Este mes de julio se cumplen dos años desde que la Comisión Europea propusiera volver a un etiquetado simple que vaya desde la letra A a la letra G. En estos momentos hay varias escalas en las etiquetas, que van desde la A+++ hasta la D, o desde la A a la G… Desde que se creara la etiqueta energética como tal en 1995 se han ido dando mejoras de la información al consumidor y los productos también han ido evolucionando hasta situarse en la clasificación más eficiente de energía en su mayoría.

Fue en la revisión de la Directiva de etiquetado energético de 2010 cuando se incorporaron las clases A+, A++ y A+++ a la escala de A a G. Pero posteriores evaluaciones desprenden que la división de la categoría A ha sido menos efectiva que la escala simple que existía anteriormente de la A a la G. Se vuelve por lo tanto a los orígenes y se irán realizando nuevos ajustes si así se considera necesario.

Los análisis sobre cómo funcionaba la escala A+ han mostrado una tendencia hacia la compra de productos de mayor tamaño, por ser más eficientes y contar con un mejor posicionamiento en la clasificación energética, pero sin embargo consumían mucha más energía en términos absolutos que otros aparatos del mismo tipo más pequeños. Además, un escaso control de la aplicación correcta del etiquetado por parte de las autoridades de vigilancia del mercado ha contribuido a un incumplimiento que ha reducido el ahorro energético previsto en un 10%.

Un escaso control de la aplicación correcta del etiquetado por parte de las autoridades de vigilancia del mercado ha contribuido a un incumplimiento que ha reducido el ahorro energético previsto en un 10%.

Según señala la propia Comisión, se ha demostrado que los umbrales de las clases A+, A++ y A+++ eran en muchos casos menos ambiciosos de lo que habrían debido ser y, por tanto, debían revisarse antes de lo previsto. Para evitar revisiones innecesarias o excesivamente frecuentes la Comisión ha propuesto la creación de una base de datos digital donde los fabricantes introduzcan sus productos y los datos de eficiencia energética, y que así sean más fáciles los procesos de control por parte de las autoridades de vigilancia del mercado y la Comisión.

Informe que certifica mayores consumos

Cuatro ONG internacionales -Clasp, ECOS, EEB y Topten- han realizado un estudio en el que han demostrado que muchos electrodomésticos consumen más de lo que certifica la Unión Europea, gracias a unos test en condiciones más reales de funcionamiento de los productos que los estándares europeos. El estudio se ha centrado en diez modelos de frigoríficos, siete modelos de televisiones inteligentes y tres lavavajillas.

Entre sus hallazgos, pudieron constatar que las pruebas estandarizadas que se realizan en los laboratorios para medir el uso de los productos no siempre reflejan las condiciones de la vida real. En el caso de los lavavajillas, determinaron cómo apenas se comprueba el programa ecológico de lavado para hacer el etiquetado y no se utilizan los programas de lavado normales.

En los frigoríficos, los test de eficiencia energética se realizan sin que estén llenos y sin abrir las puertas. Y en las televisiones inteligentes, según el estudio, los análisis se hacen como si los modelos fuesen de hace diez años, reproduciendo imágenes de resolución muy inferior a la que los modelos actuales soportan, lo que da resultados que no se corresponden con el uso real del producto en la actualidad. La diferencia entre un test estándar y un test en condiciones de uso más reales podría disparar el consumo energético en un 30%.

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