La (poca) pensión que viene

La OCDE ha alertado a España una vez más de que, si no se toman medidas en breve, su sistema de pensiones se va a resentir en el largo plazo, cuando se convierta en el segundo país más envejecido de su selecto club. Y no sólo eso, los altibajos de nuestro actual mercado laboral marcarán grandes desigualdades también en las prestaciones que los jubilados percibirán en ese futuro no tan lejano.
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Según un reciente informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en 2050 España será el segundo país más envejecido de las 35 naciones que la conforman, sólo superado por Japón. Una previsión de la que se extrae una buena conclusión: viviremos más años. Pero también otra mala: nuestro actual sistema de protección, especialmente el de las pensiones, se resentirá, y mucho.

Ante esta perspectiva, los de mi generación (que ya no sé si es la X, la Y, la Z, la de los millenials o la del baby boom) cada vez vemos más lejana la posibilidad de jubilarnos. Siempre que no optemos por contratar un seguro privado, claro, algo que con los sueldos, los gastos y el entorno laboral de hoy en día tampoco es precisamente fácil.

De hecho, una de las conclusiones del texto de la OCDE es que la precariedad que reina en el mercado de trabajo español desde hace unos años, fruto de la crisis económica, no sólo está generando desigualdades sociales en estos momentos. También lo hará a treinta años vista. Una brecha que se incrementará aún más si no se adoptan herramientas de corrección en el corto plazo.

Los datos recabados por el organismo concretan que habrá dos nichos poblacionales especialmente castigados por esta tendencia: las mujeres y los más jóvenes, que son los que, a nivel general, están sufriendo peores condiciones de trabajo y contratación y sueldos más bajos. En definitiva, están llenando menos la hucha para su futuro como pensionista y, por tanto, soportarán una mayor desigualdad cuando no puedan trabajar.

El ministerio no lo ve claro

El escenario plasmado por la OCDE no ha gustado a los técnicos del Ministerio de Empleo y Seguridad Social. No por la posible realidad que avanza, de difícil abordaje, sino porque creen que los datos que se han empleado para rascar estas conclusiones no son representativos para España.

Así lo hicieron saber durante la presentación del estudio y las mesas de debate organizadas hace unos días por la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea). En ellas participaron representantes del organismo público, por un lado, y del conglomerado internacional, por otro.

Los primeros cuestionaron los resultados del documento, alegando que desde el Ministerio se ha intentado replicar la misma metodología siguiendo las bases estadísticas oficiales, con conclusiones más optimistas. Además defendieron el funcionamiento del actual sistema de pensiones, al que se suman toda una serie de prebendas y prestaciones, especialmente sociosanitarias, que existen para los mayores de 65 años en nuestro país y que no se han contabilizado en el texto de la OCDE.

Desigualdad latente

Sea como fuere, es innegable que hay una serie de factores que están marcando y que marcarán en el futuro grandes desigualdades económicas y sociales. Las diferencias de género en el trabajo, tanto en lo que respecta a sueldos como a cargos de responsabilidad, es uno de ellos. Y para muestra, un botón: tanto Fedea como UGT han publicado informes a lo largo de los últimos doce meses que aseguran que la brecha salarial entre hombres y mujeres supera el 20% en nuestro país.

También lo es la elevada tasa de paro, que aunque ha bajado notablemente en los últimos años, todavía supera el 16% de la población activa. Según los últimos datos de la Encuesta de Población Activa (EPA), ésta se acerca a los 22,8 millones de personas, de las cuales más de 19 millones están ocupadas y cotizando. Lo cual no es mucho, teniendo en cuenta que en estos momentos España tiene 9,5 millones de pensionistas. Y subiendo.

No debemos olvidar el fracaso escolar, mucho más abundante en los nichos poblacionales deprimidos, y las dificultades para encontrar un trabajo estable entre aquellos con mayor falta de preparación. Aunque los datos de España han mejorado, Eurostat nos recordaba a principios de año que nuestro país es el segundo de la Unión Europea en el que los jóvenes de entre 18 y 24 años han abandonado prematuramente el sistema educativo.

Hasta un 19% de estos han completado, como mucho, el primer ciclo de Educación Secundaria Obligatoria, frente al 10,7% de la media europea. ¿Qué futuro laboral les espera? Pues en vista de la situación actual, en la que hasta los que tienen doctorados se quedan a veces descolgados del mercado laboral, extremadamente precario. Con salidas y entradas constantes en las filas del paro y muy poca cotización para su futura jubilación.

Por último, es necesario tener en cuenta ese envejecimiento de la población paulatino, que no sólo implica el pago de una jubilación que, hoy por hoy, ya marca diferencias notables de cuantía. También está íntimamente conectado a enfermedades crónicas, con su respectivo gasto farmacéutico, y visitas más frecuentes a médicos y hospitales. Suma y sigue.

Por otra parte, para este 2017 la Seguridad Social prevé gastar entre 7.000 y 7.500 millones de euros del Fondo de Reserva para pagar las pensiones. Así lo aseguraba recientemente el Ministerio de Empleo, el mismo que no ve problemas en el actual sistema de prestaciones y que, por lo que parece, no tiene previsto adoptar medidas para evitar vaciar la hucha de la Seguridad Social del todo.

No me entiendan mal, estoy encantada de que vayamos a vivir más años y de que nuestros mayores de ahora, esos que han trabajado duramente desde su tierna infancia, tengan garantizados un sueldo y el acceso universal al entorno sanitario. Pero por mucho que me esfuerzo no me salen las cuentas. Y estoy segura de que a los gobernantes tampoco. Me duele reconocerlo, pero creo que llegan tiempos de medidas impopulares para esos casi 10 millones de pensionistas… y de votantes.

O eso o, queridos compañeros de generación innombrable, nos quedan muchos años de trabajo por cumplir. Más de los que nos gustaría. Por si acaso, guarden fuerzas para lo que viene.

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