Seis materiales perfectos para la economía circular

Seis buenos ejemplos muestran cómo es posible transformar en materia prima lo que se ha convertido en residuo, cerrando así un ‘círculo virtuoso’ en el que, lo que ya no sirve pasa a formar parte de nuevo del ciclo productivo para que absolutamente nada se desperdicie.
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Foto: Ecovidrio

El actual modelo económico lineal basado en producir, usar y tirar está llegando a su fin. Es la hora de la economía circular, basada, precisamente, en lo contrario: reducir, reusar y reciclar. Y es que, el modo actual en el que se producen y gestionan los recursos potenciando el consumo a corto plazo está llevando al Planeta a una situación insostenible. Es precisamente el funcionamiento cíclico de la naturaleza, en el que todo cumple una función, el que ha inspirado el concepto de economía circular: un sistema basado en el aprovechamiento de los recursos donde se potencia la reducción de las materias primas y se fomenta la transformación de los residuos en nuevos recursos materiales para que el final de la vida útil de cualquier producto no signifique su abandono en un vertedero.

El pasado mes de septiembre, 55 entidades españolas procedentes de todos los ámbitos se comprometieron con la firma de un documento, impulsado por los Ministerios de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente (Mapama) y de Economía, Industria y Competitividad (Mineco), a trabajar para reducir el uso de recursos naturales no renovables, impulsar el análisis del ciclo de vida de los productos, incorporar criterios de ecodiseño, promover pautas que incrementen la eficiencia global de los procesos productivos, promover formas innovadoras de consumo sostenible o el uso de infraestructuras y servicios digitales, entre otros puntos.

Ecoembes, Ecovidrio, Ecolec, Signus, Sigfito, Sigaus, Cicloplast, Plastic Europe, Forética, Sigre, Ambilamp, la Federación Española de la Recuperación y el Reciclaje (FER) o la Asociación Española para el Tratamiento Medioambiental de los Vehículos Fuera de Uso (Sigrauto), son algunas de las entidades firmantes de este Pacto por la Economía Circular que además se han comprometido a difundir y promover iniciativas e indicadores comunes que favorezcan el desarrollo de este nuevo modelo. Entre las empresas firmantes, Calidad Pascual, Grupo Mahou San Miguel, Iberdrola, Gas Natural Fenosa o Grupo Sopena, entre otras.

Según recordó la ministra de Medio Ambiente, Isabel García Tejerina, durante el acto de firma del documento, en España, desde 2008, la productividad del consumo nacional de materiales ha subido un 85%, mientras que la energía consumida entre 2000 y 2013 en relación al PIB español ha descendido un 20%.

Se trata de unos datos “positivos” en su opinión y un estímulo para adoptar el modelo productivo de la economía circular, “que estará alineado y adaptado a las condiciones de España y con el Paquete de Medidas y el Plan de Acción para una economía circular europea, que presentó la Comisión Europea en diciembre de 2015”.

En este sentido, señaló Tejerina, la futura Estrategia Española de Economía Circular “será ambiciosa, e involucrará al sector empresarial, a la sociedad civil y al consumidor, que es motor indispensable de cualquier cambio social, y que podrá participar durante el proceso de consulta pública”.

Desde la Comisión Europea se defiende que la transición hacia una economía más circular “ofrece grandes oportunidades para Europa y sus ciudadanos” y es “una parte importante de nuestros esfuerzos para modernizar y transformar la economía europea encauzándola hacia una dirección más sostenible”. A su juicio, existen “poderosos argumentos económicos” para ello, ya que las empresas “pueden obtener considerables beneficios económicos y aumentar su competitividad”.

“La economía circular genera importantes ahorros de energía y beneficios ambientales, crea puestos de trabajo a nivel local y oportunidades de integración social y está estrechamente interrelacionada con las prioridades clave de la UE sobre empleo y crecimiento, inversiones, la agenda social y la innovación industrial”, defienden desde Bruselas.

Ejemplos casi perfectos

Existen muchos ejemplos de productos que, podría decirse, responden de manera casi perfecta al concepto de economía circular. Materiales que son sostenibles por sí mismos, porque su ciclo de vida está basado en el aprovechamiento y uso de los residuos como materia prima para formar parte de nuevos procesos productivos. Estos son sólo algunos de esos ejemplos:

Vidrio

Foto: Ecovidrio

Las cifras de reciclado de vidrio en España también fueron en aumento en 2016, creciendo concretamente un 4%. En total, 752.234 toneladas de este material fueron recuperadas el pasado año, situando su tasa de reciclado en el 73%.

Como promedio, cada ciudadano recicló en 2016 unos 16,2 kilogramos de vidrio, según datos del último balance anual presentado por Ecovidrio, que gestiona el reciclaje de vidrio en España.

La entidad instaló en 2016 más de 9.200 nuevos contenedores, contando ya con un total de 211.876, y convirtiendo a España “en uno de los países mejor dotados de espacios de reciclaje de Europa”, según recalcan desde Ecovidrio, que estima una media de un contenedor verde por cada 220 habitantes.

Tras la llegada a las platas de tratamiento procedente de los iglús verdes, el vidrio es separado por varios procedimientos de posibles impurezas que hayan podido llegar desde los contenedores, como tapones de corcho, cerámicas o papeles, y es triturado hasta convertirse en calcín (vidrio seleccionado, limpio y molido).

El calcín permite fabricar envases de vidrio exactamente iguales que los originales, pero con algunas ventajas: el vidrio reciclado exige una menor temperatura de fusión que las materias primas originales (arena, sosa y caliza) y, con ello, en el proceso de fabricación de nuevos envases se consume menos energía.

“El reciclaje de vidrio es esencial en la lucha contra el cambio climático”, apuntan desde la entidad, que lo considera uno de los mejores ejemplos de economía circular, ya que se trata de un material que puede ser recuperado infinitas veces.

Ecovidrio calcula que en 2016 se evitó la emisión de 504.000 toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera, la extracción de 900.000 toneladas de materias primas y se ahorraron 1.670.000 MWh de energía, “el equivalente al consumo eléctrico de todos los hospitales de España durante más de tres meses”.

Aceite industrial usado

Foto: Sigaus

El aceite industrial se utiliza en un amplio abanico de procesos industriales, maquinaria y vehículos de todo tipo, y una vez que llega al final de su vida útil se convierte en uno de los residuos más peligrosos que existen. Debido a las altas temperaturas y fricciones a las que se somete durante su uso, y a los aditivos utilizados en su formulación, el lubricante usado presenta compuestos altamente tóxicos y metales pesados que, si se vertiera en el suelo o en las aguas, produciría efectos muy dañinos debido a su escasa biodegradabilidad.

Al producirse, no sólo en talleres de vehículos o en instalaciones industriales, sino en tantas y tan variadas actividades empresariales e industriales -desde una cooperativa agraria a un campo de golf, un recinto militar, un parque eólico, un hotel o un hospital, por ejemplo-, y en muchas ocasiones en pequeñas cantidades, su recogida y posterior tratamiento requiere de una minuciosa y complicada logística. Sin embargo, si este proceso se lleva  a cabo de forma correcta, el ciclo de vida del aceite industrial usado es uno de los mejores ejemplos de economía circular.

Y es que, según explican desde Sigaus, la entidad encargada en España de gestionar el aceite industrial usado, “un residuo tan contaminante como el lubricante usado puede tener infinitas vidas si se recoge y trata adecuadamente, convirtiéndose en un nuevo producto una vez sometido al tratamiento de regeneración”. Esto se debe a que se trata de un residuo que contiene importantes recursos materiales y energéticos que son aprovechables al 100%, lo que permite ser valorizado en su totalidad, bien  para la fabricación de nuevos productos o bien como una fuente de energía alternativa.

El aceite usado siempre debe ser correctamente extraído y almacenado y, una vez recogido, deberá ser analizado en los centros de almacenamiento temporal -o en centros de transferencia- donde se determinará su destino final con el objetivo de que sea sometido al proceso más óptimo: la regeneración o la valorización energética.

Los ahorros económicos y ambientales también son evidentes, ya que, según apunta Sigaus, “con tres litros de aceite usado es posible producir dos litros de aceite nuevo, mientras que para obtener la misma cantidad de aceite a partir del primer refino del petróleo se necesitarían cerca de 140 litros”. A esto se suma la ventaja de que los nuevos lubricantes elaborados a partir de bases regeneradas tienen la misma calidad que los producidos con aceites base de primer refino.

Asociados a estos ahorros de materias primas se encuentran los ahorros de emisiones al medio ambiente: sólo en 2016 la regeneración permitió aprovechar unas 88.000 toneladas de aceites usados, ahorrando más de 265.000 toneladas de emisiones de CO2 a la atmósfera, el equivalente a lo que absorbería un bosque de 50.000 hectáreas.

Asimismo, y aunque en menor porcentaje, el aceite industrial usado también puede ser sometido a un reciclado material y ser válido para producir otros materiales, como betunes asfálticos que después se usan en telas impermeabilizantes o en el asfaltado de carreteras, así como en pinturas, tintas, fertilizantes o arcillas expandidas.

Neumáticos

Foto: Signus

Desde 2005 en España los productores de neumáticos tienen la obligación de encargarse del reciclado de éstos una vez se les considera fuera de uso (NFU), excluyendo los neumáticos reparados o comercializados de segunda mano. Con este fin se crearon entonces los Sistemas Integrales de Gestión (SIG), a través de las cuales se organiza todo el proceso. Signus Ecovalor y TNU son las entidades encargadas de esta gestión, en la que los consumidores financian el reciclado pagando un canon al comprar sus neumáticos. El importe varía anualmente dependiendo del coste.

Un neumático usado, si no se gestiona y recupera correctamente, puede tardar más de mil años en desaparecer, y se estima que más de 300.000 toneladas de este producto, compuesto mayoritariamente por goma, acero y material textil que debe separarse para su reciclado, se generan en España cada año.

Su reciclado, sin embargo, abre las puerta a un amplio mercado de materias primas secundarias que continúa siendo la principal apuesta de las entidades gestoras -como es el caso de Signus, la entidad principal en España por número de empresas adheridas-, por su contribución a la sostenibilidad y a la economía circular.

Una vez terminada su vida útil, los componentes del neumático, como el caucho, el metal o la fibra, tienen diversos usos. En el caso del caucho, tiene excelentes propiedades mecánicas de tracción, flexión y comprensión. El metal de los neumáticos es acero de muy buena calidad y con altas prestaciones que es reciclable en empresas siderúrgicas, mientras que la fibra es un material de gran poder calorífico y con buenas propiedades de aislamiento acústico y térmico.

Según explican desde Signus, los neumáticos fuera de uso pueden ser destinados a su valorización material después de un proceso de separación de los mismos (granulación). De esta forma, ese granulado puede formar parte de rellenos y bases de campos de césped artificial y en suelos de seguridad en parques infantiles que evitan lesiones. También puede usarse en obra civil y como combustible de sustitución en procesos industriales, ya que su alto poder calorífico (7.500 Kcal/kg), superior al del carbón, le convierte en un buen combustible para instalaciones industriales de grandes consumos energéticos como la industria cementera.

Otros destinos de los neumáticos usados pasan por servir como impermeabilizantes (el polvo de los NFU se incorpora en la fabricación de materiales de este tipo), para suelas de calzado, en pantallas acústica, por su gran capacidad de absorción de vibraciones de su granulado, en pistas ecuestres, o en reductores de altura de olas, entre otros.

La cantidad total de neumáticos fuera de uso gestionada en 2016 fue de 194.803 toneladas, de las cuales 23.629 toneladas se destinaron a preparación para su reutilización (neumático de ocasión o recauchutado), 102.522 se separaron en sus componentes (acero, caucho y fibra textil), 144 toneladas se destinaron a obra civil, 66.048 se utilizaron en coprocesos de fabricación de cemento, 2.432 toneladas para la generación de energía eléctrica y 22 toneladas fueron a parar a  instalaciones de pirólisis.

Plásticos

Foto: Ecoembes

En 2016 en España ya se recicló el 76% de los envases de plástico, latas y briks y los envases de papel y cartón, lo que quiere decir que cada habitante depositó un total de 13,2 kg de estos envases en el contenedor amarillo, un 4% más que en 2015 y 15,5 kg (un 2,7% más que en el año anterior) en el contenedor azul en todo el territorio nacional. Esto son unos 1.081 envases por habitante en el contenedor amarillo y unos 628 envases/habitante en el contenedor azul. En total más de 1,3 millones de toneladas de envases domésticos reciclados.

Estos datos, facilitados por Ecoembes, la entidad encargada en España de la gestión de este tipo de residuos, han sido posibles “gracias a la cada vez mayor concienciación de los ciudadanos y los más de 8.000 ayuntamientos y 12.000 empresas que han colaborado en ello”. Actualmente la red de contenedores amarillos destinados a los plásticos existente en España supera los 300.000, cubriendo así a más del 93% de la población.

Desde Cicloplast destacan que es fundamental dar a conocer el potencial de los plásticos como un material altamente reciclable, capaz de transformarse en otros objetos de alta calidad una vez terminada su vida útil.

Tras ser recopilado, el residuo debe viajar a las plantas de reciclado específicas de plásticos, donde serán separados de las latas y de los briks. Esto se hace en las llamadas plantas de selección de materiales, de las que hay más de 90 repartidas por toda España. Una vez separados todos los materiales, los distintos tipos de plástico se apilan formando lo que se llama balas de plásticos que, ya sí, llegan a la planta de reciclado donde se trituran y se someten a varias etapas de lavado.

Tras el secado, se homogeneizan para formar un aglomerado plástico y se extrusionan formando largos filamentos. Durante el granceado se obtienen unas pequeñas bolitas (granza) que se almacena en sacos para su uso como nueva materia prima disponible para nuevas aplicaciones: desde láminas y otras bolsas, a perchas, calzado, mobiliario urbano, botellas y bidones, tuberías, piezas industriales o bolsas de basura.

Corcho

Foto: Cork

Desde la iniciativa Cork, lanzada por asociaciones e instituciones del sector del corcho en España para promocionar el tapón de corcho y sus principales valores y beneficios, explican que el ciclo continuo establecido entre bosque alcornocal e industria del corcho, en el que se aprovechan todos los subproductos generados de la fabricación y reciclaje de los tapones, “sustenta la transición hacia un cambio de paradigma de negocio orientado hacia sistemas de producción y consumo más eficientes”.

En esta línea, desde el sector del corcho apuestan por la innovación “como elemento fundamental para lograr la transición hacia una economía circular que mitigue el impacto medioambiental y los daños irreversibles en el clima y la biodiversidad, y reduzca las emisiones de gases de efecto invernadero”.

“El tapón de corcho es un producto natural, reciclable y renovable, reteniendo más CO2 del que emite, por lo que las bodegas que utilizan tapones de corcho para sus vinos y espumosos reducen el balance de emisiones de sus botellas”, señala Cork, recordando que “los tapones artificiales, sin embargo, tienen un alto impacto ambiental, ya que emiten diez veces más CO2 que el tapón de corcho, una cifra que se multiplica por 24 en el caso del tapón de rosca”.

Y es que, el corcho es un material natural renovable, puesto que su extracción no causa ningún impacto negativo y no requiere la tala del árbol, ya que los alcornoques tienen la capacidad de regenerar la corteza de corcho y su recolección siempre se realiza por medios manuales. De hecho, tras ello, la actividad biológica de los alcornoques aumenta y por lo tanto su captación de CO2 se multiplica entre tres y cinco veces. “Un bosque alcornocal tiene la capacidad de fijar seis toneladas de CO2 por hectárea al año, de este modo, los alcornocales del Mediterráneo capturan cada año más de 14 millones de toneladas de CO2”, explican desde Cork.

Con 506.000 hectáreas de alcornocales que representan un 25% del total mundial, el sector del corcho español produce 3.000 millones de tapones al año, y el reciclaje de éstos es una actividad que implica un reducido coste energético. Los tapones recogidos se trituran y el granulado obtenido se utiliza para fabricar productos de corcho no destinados a la alimentación, como materiales para la construcción o la creación de objetos de uso doméstico y artístico siguiendo la tendencia del ecodiseño.

Aluminio

Foto: Arpal

El aluminio es un metal ligero muy presente en el día a día en forma de envases, materiales de construcción, en el sector de la comunicación, el sector eléctrico o en la fabricación de vehículos. Sus propiedades lo convierten en un material multifuncional, de ahí la importancia de su reciclaje.

Asimismo, y una vez  recuperado, constituye una excelente fuente de materia prima para volver a fabricar productos de aluminio, generando además importantes ahorros de energía. Su proceso de reciclaje puede realizarse de forma indefinida, evitando así que acabe abandonado o en vertederos.

El aluminio reciclado puede volver a utilizarse una y otra vez y cuenta con la misma calidad que el fabricado a partir del mineral: es fácil de manejar, ligero, no se rompe, no se oxida, se puede compactar fácilmente ocupando poco espacio y puede reciclarse al 100%, de ahí que su tasa de reciclaje sea muy alta.

Cuando los residuos de aluminio llegan a una planta de gestión, el primer paso es separarlo de los impropios y de otro tipo de metales. Una vez escogido, se prensa y envía a fundición. Después se solidifica en diferentes formatos según su aplicación, y de esta forma, vuelve a estar listo para su siguiente vida. Desde Arpal, la Asociación para el Reciclado de Productos de Aluminio, señalan que al fabricar productos con aluminio reciclado se produce un ahorro de hasta el 95% de la energía necesaria para producirlo a partir del mineral.

La cantidad de envases de aluminio recuperados en España en 2016 creció considerablemente, reciclándose el 45,5% de todos los envases de aluminio y valorizándose el 48,3%. En total, España recuperó el pasado año un total de 40.580 toneladas de envases de aluminio.

En cuanto al ahorro de emisiones contaminantes, la producción con aluminio reciclado genera sólo un 15% de las emisiones con respecto a la producción de aluminio a partir del mineral del que procede, la bauxita.

Arpal recuerda que alrededor de 700 millones de toneladas de aluminio están hoy todavía en uso, el equivalente a más del 70% de todo el aluminio fabricado desde 1988.

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