¿De dónde vienes? ¿A dónde vas, Uber?

Uber, la compañía estadounidense con presencia en más de 630 ciudades en 77 países tiene a sus espaldas un buen número de escándalos y acciones poco responsables.
21

Foto: Uber

Con anterioridad en otro artículo de opinión hablé acerca de la necesidad de innovar responsablemente. Uber es un ejemplo de esa necesidad, pero no solo en cuanto a la innovación en sí sino en cómo la empresa trabaja.

Está muy manido el dicho de que la RSC no tiene que ver con de qué manera se gasta una empresa sus beneficios sino en cómo los hace, pero obviamente sigue siendo real y estando totalmente vigente.

Uber, fundada en 2009, no ha destacado nunca especialmente por tener en su agenda el gestionar la empresa con responsabilidad ante ninguno de sus grupos de interés, y sí por crecer y obtener beneficios por delante de cualquier otra consideración y a cualquier precio.

A continuación mencionaré algunos de los comportamientos irresponsables más sonados de la empresa.

Los trabajadores, lejos de ser el activo más cuidado

El trato de Uber a sus empleados no se puede decir que sea el mejor.

Susan Fowler, una exingeniero de la compañía, denunció haber sido acosada sexualmente en Uber por su jefe y cuando se quejó a RRHH sus argumentos no fueron escuchados y su jefe la amenazó con despedirla por dar a conocer la situación.

También diversos empleados de Uber consumieron cocaína durante una reunión de empresa en Las Vegas y un gerente tuvo que ser despedido tras asediar a varias mujeres.

Después de que salieran a la luz estos hechos, Jeff Jones dejaba su puesto de presidente en marzo de este año por “incompatibilidades con lo visto y experimentado” en la compañía tras solo seis meses en el cargo.

También Amit Singhal, antiguo vicepresidente de la empresa que fue acusado de abuso sexual en su etapa anterior para Google, fue despedido tras durar solo cinco semanas en su puesto por no revelar esos datos cuando fue contratado por Uber.

Los trabajadores acusan a Uber de no respetar los derechos laborales de los mismos y tratarlos como autónomos cuando son asalariados.

Por lo que respecta a los conductores, también ha habido problemas, ya que se acusa a la empresa de no respetar los derechos laborales de los mismos y tratarlos como autónomos cuando son asalariados.

Pero estos conductores pueden estar tranquilos ya que esa violación de derechos se acabará en un futuro más o menos próximo cuando se implante el uso de automóviles autónomos en esa empresa y dejen de ser necesarios. Nótese la ironía. (Vid. Inteligencia artificial y responsabilidad social corporativa).

Últimamente Uber también ha sido denunciada por discriminación laboral contra las mujeres.

Guerra a la competencia

La competencia es vista en Uber como algo a hundir de cualquier manera y por cualquier medio.

En 2014 en algunas ciudades norteamericanas, empleados de Uber se dedicaban a realizar trayectos en coches de su competencia Lyft, para hacer encuestas y contraofertas a sus conductores para que se conviertan en conductores de Uber, y también para contratar y cancelar trayectos en horas punta para evitar que los conductores de Lyft se llevasen a los mejores clientes.

En marzo de 2017 Uber usó una herramienta llamada Greyball, para identificar y evitar las autoridades en diversas ciudades en países donde el servicio de Uber está prohibido o tiene muchas dificultades para implementarse.

Lo último de 2017 ha sido otro software usado contra Lyft. Permitía crear perfiles falsos de clientes de Lyft, haciendo creer al sistema de la competencia que se estaban buscando conductores, permitiendo a Uber ver qué chóferes de Lyft estaban cerca y qué precios estaban ofreciendo para diferentes rutas. Al parecer también servía para que Uber supiera a qué chóferes podía ofrecer incentivos en efectivo para dejar Lyft.

Da la sensación que en esta empresa son maestros a la hora de tácticas de guerrilla y de espionaje a la competencia.

Da la sensación que en esta empresa son maestros a la hora de tácticas de guerrilla y de espionaje a la competencia.

Clientes, simplemente un medio para un fin

Parece que en la ecuación de negocio de Uber los pasajeros/clientes que usan el servicio son los más beneficiados por la existencia de éste.

Las tarifas que pagan son en principio menores que las de cualquier taxi, el trato parece exquisito o así se anuncia, e incluso los conductores ofrecen botellas de agua sin cargo a los pasajeros.

Pero los clientes han sido también víctimas de los errores y la mala praxis de la empresa.

Hace unas semanas se destapó (por parte del nuevo CEO, Dara Khosrowshahi, al que pusieron por la mala gestión de su predecesor) el robo de información de nada menos que 57 millones de clientes de Uber que había sucedido en octubre de 2016.

Uber pagó 100.000 dólares a los hackers para que borraran la información robada y no la hicieran pública. Ya me dirá el lector si pagar ese “rescate” asegura que los datos vayan a ser borrados.

El caso es que nadie fuera de la empresa supo de ese robo, ni de otro menos grave ocurrido en 2014 por el que en febrero de este año fue multada con 20.000 dólares.

El nuevo CEO tuvo que salir a explicar lo que pasó, pedir disculpas y prometer que no sucedería más veces.

Además de estos robos de información, algunos pasajeros han sufrido ataques por parte de algunos conductores e incluso una empleada de la embajada británica en el Líbano fue violada y asesinada recientemente.

Transparencia, ¿eso qué es?

En la página web de Uber para España no hay ni rastro de nada que tenga que ver con la RSC o la sostenibilidad de la empresa, y por lo que respecta a la página en inglés tampoco, lo cual, para ser sinceros, no nos puede extrañar lo más mínimo.

De hecho, casi mejor, porque a saber qué se podría leer allí y qué grado de veracidad podría tener.

Sólo buscando en Google (por búsquedas relacionadas a la RSC o la sostenibilidad de Uber) se llega a una página dentro de la web corporativa (en inglés) en la que solo se habla de diversidad y en la que dicen que están “construyendo un fantástico lugar para trabajar para todo el mundo”.

No me cabe duda de que, si se lo toman en serio, tienen por delante un gran reto.

En la página web de Uber para España no hay ni rastro de nada que tenga que ver con la RSC o la sostenibilidad de la empresa, y por lo que respecta a la página en inglés tampoco.

No todo vale en negocios

Podría seguir enunciando problemas, escándalos e irresponsabilidades, pero el espacio para este artículo es limitado.

Todo lo anterior es una muestra de lo que pasa cuando se funda un negocio anteponiendo cualquier cosa por delante de la ética.

Uber tiene 14 valores culturales centrales, entre los que se incluyen la visión, la obsesión por la calidad, la innovación, “ir cara a cara con los colegas”, ferocidad, ejecución, comunicación y algo que traducido al español sería algo así como “superbombeo”.

Esencialmente, su empleados deben tener una mentalidad “ajetreada” y el lema “haz lo que haga falta” para llevar a la compañía en la dirección correcta.

Un hacer lo que haga falta que puede ser muy peligroso y una “dirección correcta” que puede no ser realmente la correcta.

A raíz de todos los problemas descritos, en junio de 2017 la empresa anunció una campaña para renovar su imagen que lleva por nombre “180 días de cambio”, y también se forzó la renuncia de su fundador y CEO hasta aquel momento Travis Kalanick, poniendo en su lugar al mencionado anteriormente Dara Khosrowshahi.

Las controversias alrededor de Uber han hecho que solo en EEUU, la cuota de mercado de la empresa en los viajes gestionados por aplicaciones móviles disminuyó hasta un 77% en mayo cuando era de un 84% a principios de año.

Curiosamente, su competidor Lyft ha sido el principal beneficiario de ello, en una especie de karma vengador.

A esa disminución de cuota de mercado se ha de añadir la cuestión de que su licencia para operar en muchos países o ciudades está en entredicho ya que recientemente sus actividades en Europa han quedado asimiladas a las de un servicio de transporte en lugar de un servicio de la sociedad de la información como mantiene la empresa.

Al dejar de estar regulada por el principio de libre prestación en el marco de los servicios de la sociedad de la información, su actividad se verá sometida a las condiciones exigidas al resto de transportistas, perdiendo así parte de su ventaja competitiva.

Veremos cómo evoluciona la empresa y su negocio en el futuro, y si da un cambio de actitud radical o se ve abocada a ser cada vez menos representativa.

21
Comentarios