La carta de Larry Fink deja sin argumentos a los CEO

Por cuarto año consecutivo Larry Fink, CEO de BlackRock, la mayor gestora de fondos mundial, hace un llamamiento a las empresas para que desarrollen estrategias de largo plazo, que consigan beneficios económicos sin perder de vista su fin social.
Begoña Morales25 enero 2018
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El título de la carta de 2018 A sense of purpose lo dice todo.

El texto comienza dibujando el escenario actual, con graves problemas sociales, como la inseguridad para conseguir buenas jubilaciones o la falta de infraestructuras (sanitarias, de educación, seguridad, energía…). Argumenta que los gobiernos parecen no tener capacidad ni recursos para abordar estos problemas y que por ello la sociedad demanda al sector empresarial, privado y público, que responda a estos retos sociales. Las empresas, en cambio, tienen los recursos, las capacidades de gestión y el talento para dar solución a estas cuestiones generando beneficio para todos.

Además, Larry Fink afirma que las empresas que no tienen un propósito social último no pueden desarrollar de manera plena su potencial. Esta teoría va en línea con la que desarrolla Michael Porter, primero en su artículo Strategy&Society (2006), y más adelante en Creating Shared Value (2011). Porter habla del propósito moral de las empresas y de cómo persiguiendo este propósito desarrollan capacidades internas e innovación que les lleva a conseguir mejores resultados.

Porter ilustra sus argumentos con ejemplos de empresas como Nestlé, que ha integrado a los agricultores en su cadena de valor, o Cisco, que con su Networking Academy, está desarrollando nuevos profesionales y potenciales clientes en países que hoy tienen bajo acceso a la tecnología.

Porter aporta los argumentos y evidencias que permiten demostrar a los inversores como BlackRock que la visión estratégica enfocada hacía la resolución de problemas sociales afianza la licencia social para operar, a la vez que genera innovación, abriendo nuevos mercados y nuevas oportunidades laborales.

Los artículos de Porter son muy valiosos porque aportan a las empresas enfoques y metodologías para aproximar estas realidades sociales con modelos de negocio. Pero lo que realmente tendrá impacto en el cambio de estos modelos es que los órganos de gobierno asuman estas recomendaciones y las pongan en práctica.

Por eso Fink reclama un nuevo modelo de gobierno corporativo en el que los consejeros se comprometan con la visión a largo plazo y no con la consecución de resultados económicos trimestrales.

Propone una fórmula sencilla: inversores que aporten capital paciente y miembros del consejo que se comprometan en la obtención de valor a largo plazo.

Fink propone una fórmula sencilla: inversores que aporten capital paciente y miembros del consejo que se comprometan en la obtención de valor a largo plazo.

El consejo debe dejar de ser un trámite que ocurre cuatro veces al año, cuyo desempeño se manifiesta en “tics” a las prácticas de buen gobierno y que tiene su momento culmen en la junta de accionistas, que enfocan los departamentos legales para evitar los conflictos que puedan manifestar los activistas.

Fink plantea que los consejos deben evolucionar hacía una conversación continua encaminada a alcanzar la visión de largo plazo, la consecución por supuesto de beneficios económicos, pero sin perder el foco en el fin social de la empresa.

El papel de BlackRock como administrador de fondos será el de impulsor y acompañante de sus clientes para fomentar esta conversación y para evitar que los órganos de gobierno pierdan de nuevo el sentido de la visión para volver al enfoque de los beneficios a corto plazo.

El compromiso de los consejos se manifiesta como la piedra angular sobre la que construir este modelo de empresa y por ello BlackRock les lanza preguntas para su reflexión: ¿Qué papel jugamos en la comunidad? ¿Cómo estamos gestionando nuestro impacto ambiental? ¿Estamos trabajando en crear una plantilla diversa? ¿Nos estamos adaptando al cambio tecnológico? ¿Estamos aportando a nuestros empleados capacidades para encajar en un mundo cada vez más automatizado? ¿Estamos aportando a nuestros empleados mecanismos para prepararse para la jubilación?

Fink se ofrece para trabajar junto a las empresas en la respuesta a estas y otras preguntas que les ayuden a plantear su papel en la sociedad y a construir su visión a largo plazo.

Espero que esta carta y las tres anteriores que lleva dirigiendo Fink a los CEO desde 2015, abogando por una empresa más comprometida con su papel social, hagan reflexionar a los destinatarios de las mismas.

Confío en que en los próximos años dejaremos de escuchar la manida frase de los responsables financieros y de relación con accionistas: “Los inversores nunca preguntan por esas cosas”, cuando se les propone avanzar hacía el informe integrado, llevar el tema de derechos humanos al consejo o incluir indicadores ASG (ambientales, sociales y de gobierno) en los informes principales.

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