Cómodo y altamente contaminante

En este Día Mundial del Reciclaje recordamos y reflexionamos sobre los objetos cotidianos que son igual de cómodos que contaminantes.
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Foto: Caroline Power.

El artículo de Albert Vilariño sobre las cápsulas de café (Vid. Cápsulas de café, esa comodidad contaminante) me ha hecho reflexionar sobre la cantidad de cosas cómodas y altamente contaminantes que tenemos entre manos: Pajitas, botellas de agua de plástico, bolsas de un solo uso, bastoncillos para las orejas, los globos, envoltorios y contenedores de comida, cubiertos y vasos de plástico, cepillos de dientes…

Según el Programa de la ONU para el Medio Ambiente (Pnuma), la contaminación plástica está presente en todas partes, desde las playas de Indonesia hasta en el fondo del océano en el Polo Norte y está ascendiendo por la cadena alimenticia hasta llegar a nuestras mesas.

En 1950, con una población de 2.500 millones de habitantes, el mundo produjo 1,5 millones de toneladas de plástico; el pasado año, con una población de más de 7 mil millones, se produjeron 300 millones de toneladas.

“Según algunas estimaciones, el 99% de todas las aves marinas habrán ingerido algún tipo de plástico a mediados del siglo”, anunció Petter Malvik, oficial de Comunicaciones del Pnuma.

Hay muchas decisiones que tomamos diariamente como consumidores que pueden hacer que revirtamos esta situación.

Fuente: GreenPeace. Plásticos en los océanos. 2016.

Las pajitas

Empecemos por las pajitas, algo totalmente innecesario para tomar una bebida o refresco si estás sano:

  • Las usamos unos minutos y una sola de ellas tarda mil años en descomponerse.
  • Un restaurante puede desechar hasta 45 mil al año.
  • Solo en Estados Unidos, estrella en comida rápida, se estima que usan y tiran 500 millones de pajitas diariamente, con lo que se rodearía el planeta dos veces y media al día. Solo McDonalds utiliza 60 millones en todo el mundo al día, ¡el equivalente a 127 autobuses diarios llenos de pajitas!
  • Aunque en teoría están hechas de plásticos reciclables, polipropileno y polietileno, la gran mayoría no se recicla, porque cuanto más pequeño es un plástico, menos importancia se le da. Además, por su tamaño y forma, es muy fácil que puedan acabar en los ríos y en el mar.
  • Según Ocean Conservancy, las pajitas suponen un 4% de la basura total que hay en el océano. Y según un informe que hicieron de la basura que recogieron en playas de todo el mundo el año2015, son la cuarta basura más común, después de las colillas, los envoltorios de comida y las tapas de botellas.

Como consumidores podemos decidir no usar pajitas y si además las pajitas se trataran como un producto sanitario, solo para aquellas personas que no pueden tragar de otra manera, y se vendieran con receta médica al precio normal, y al precio real -incluyendo el daño que hacen al medio ambiente- para otros usos, no estaríamos hablando de cantidades ingentes de pajitas de usar y tirar.

El vídeo de como unos biólogos marinos sacan una pajita del orificio nasal de una tortuga, ha dado la vuelta al mundo, aun así las pajitas se siguen venciendo sin ningún control.

Cepillos de dientes y artículos de aseo

Otro de los artículos de uso diario y que podemos cambiar fácilmente es el cepillo de dientes. Las cifras son espeluznantes: El 1% de los residuos marinos son estos productos de higiene dental; 4.500 millones se tiran cada año, y por la extrema dureza du su plástico tardan millones de años en descomponerse.

Varias empresas españolas (Naturbrush o  Brushboo) ya ofrecen cepillos de dientes ecológicos y biodegradables fabricados a base de bambú. Usan Moso bambú chino donde los pandas lo descartan como alimento por su dureza y donde, además, su cultivo y colecta no genera un mayor impacto, debido al rápido crecimiento de este tipo de bambú. Algunos de ellos todavía tienen las cerdas de plástico aunque usan el que se degrada con mayor facilidad.

Cambiar nuestro cepillo de dientes de plástico por uno de bambú, utilizar jabones sólidos, utilizar aceite de almendras comprado a granel para hidratar nuestra piel, dejar de utilizar toallitas desechables, son cosas que nos tocarán el bolsillo pero ayudarán sustancialmente a mejorar el medio ambiente.

Volviendo al argumento anterior, ¿por qué el precio de todos estos artículos no contempla el daño que hacen al medio ambiente? Si incluyéramos este factor, no costaría más un cepillo de dientes de bambú que uno de plástico, sino al contrario.

Cepillo de dientes de bambú de Naturbrush.

Bolsas de plástico

La bolsa de plástico es el producto estrella de nuestra cultura de usar y tirar, que malgasta grandes cantidades de materiales y energía para fabricar productos efímeros de un solo uso, muchas veces superfluos, pudiéndose reemplazar por bolsas de tela, carros de la compra… La campaña de Sybilla “Esta bolsa tiene tela”, en el año 2010, junto con el grupo Vips, fue pionera en España y tuvo una gran repercusión. Pero el hábito no ha cuajado.

En España utilizamos unas 250 bolsas por habitante y año. Tanto su fabricación y distribución como su tratamiento posterior provocan importantes problemas ambientales:

  • Se fabrican a partir del petróleo, un recurso no renovable, costoso, cada vez más escaso y responsable de la emisión de gases de efecto invernadero.
  • Su reciclaje no es rentable: cuesta 100 veces más reciclarlas que producirlas nuevas.
  • La mayoría acaba en el mar o quemada en las incineradoras y en los hornos de cemento. Se han encontrado bolsas flotando al norte del Circulo Ártico y en lugares remotos del Atlántico Sur.
  • Contaminan durante su fabricación y su incineración (dioxinas, cianuro…).
  • Algunas están impresas con tintas tóxicas.
  • Tardan entre 150 y 1.000 años en descomponerse.
  • Su dispersión en la naturaleza causa mortandad de animales en el medio terrestre y acuático. Las tortugas, los delfines, se las comen porque las confunden con medusas y calamares.

Desde este año 2018, por normativa europea las bolsas de plástico empiezan a cobrarse en los comercios. En Inglaterra en los seis primeros meses tras la medida en el 2015 el consumo de bolsas cayó un impresionante 85%.

En 2030 todos los envases de plástico en la unión Europea serán reciclables.

Es increíble el efecto que el mero hecho que tengas que pagar, aunque sea unos céntimos, provoca en la mente del consumidor, incluso de los más convencidos. No suelo nunca pedir bolsas, pero el otro día iba muy cargada y después de sopesarlo, pedí una bolsa para guardar lo que acababa de comprar. El mero hecho de decirme que costaba unos céntimos me hizo volver repensarlo y decidir que podía hacer un hueco en la mochila que llevaba aunque pesara más. Me quedé yo misma impresionada del poder disuasorio del hecho que tengas que pagar unos pocos céntimos.

Es un ejemplo aislado pero pone de manifiesto que la normativa y legislación bien empleada tiene un poder impresionante a la hora de cambiar hábitos. Y cuando de verdad veamos el impacto de llevar una bolsa de tela en el bolso no saldremos sin ella.

Por ello, la determinación de las autoridades comunitarias es clara y muy esperanzadora. El vicepresidente de la Comisión Europea y responsable de Desarrollo Sostenible, Frans Timmermans, acaba de comunicar en su cuenta de Twitter que “la legislación europea sobre plásticos de un solo uso llegará antes del verano”.

Cada año se generan en territorio europeo 25 millones de toneladas de plástico. Y de ellas, se estima que solo el 30% se recicla. El plástico supone hasta el 85% de los residuos que se encuentran en nuestras playas y como hemos visto, no solo se quedan ahí, sino que siguen avanzando en la cadena para “llegar a nuestros pulmones y a nuestras mesas, en forma de microplásticos en el aire, en el agua y en los alimentos” por lo que la Comisión Europea,  enfatiza los  efectos “desconocidos” que esta realidad  puede tener sobre la salud. Ya han avanzado que en 2030 todos los envases de plástico en la Unión serán reciclables.

Como vengo diciendo en mis artículos el poder del consumidor es enorme. Solo se consigue reciclar un porcentaje pequeño de lo que consumimos y cada vez se produce más y más plástico. Nosotros como consumidores tenemos en nuestra mano rechazar los productos plásticos y reducir nuestra dependencia del plástico no biodegradable.

Foto: Caroline Power.

En este reto se centra la fotógrafa Carolin Power que ha difundido una serie de imágenes frente a la isla hondureña de Roatán, en el Caribe, para llamar la atención sobre este grave desafío. Una isla junto a otra, pero de residuos. Los mares y océanos de todo el mundo se están convirtiendo cada día más en un inmenso basurero al que van a parar buena parte de los desechos, muchos de ellos plásticos de un solo uso. La enorme cantidad de basura que se agolpa en aguas de Honduras ejemplifica con rotundidad lo que los organismos internacionales no dejan de advertir: a este ritmo, en 2050 habrá en los mares y océanos más plásticos que peces.

Así, en sus redes sociales, Power apela directamente a cada uno de nosotros. “Pensad en vuestro día a día. ¿En qué transportaste tu última comida para llevar? ¿Dónde te sirvieron la última comida que compraste en la calle? Probablemente –continúa- en poliestireno, con cubiertos de plástico y en una bolsa, también de plástico”.

“Esto tiene que parar”, advierte Power. “Reto a todas las personas y a todos los negocios a mantener su basura durante una semana. (…) Te enfadarás al ver cuántos productos de un solo uso empleas”, asegura.

¿Asumimos el reto?

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