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Las claves de la transición energética: retos y oportunidades

Los expertos del sector aseguran que 2018 será el año en el que comience de forma real la transición energética y la descarbonización de la economía. Una transición que, sin embargo, para otros, durará años aún y exigirá inversiones muy importantes para transformar de forma transversal el actual modelo energético.
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A nivel europeo, está pendiente de aprobación el paquete legislativo denominado Energía limpia para todos los europeos, que, con vistas a 2030, busca reducir las emisiones de CO2 un 40% en relación a 1990. En el plano nacional, se encuentra sobre la mesa la redacción de la Ley de Cambio Climático y Transición Energética, que deberá ir en línea con esta nueva normativa comunitaria.

Pendientes de todos los cambios legislativos que están por venir, parece que, en el caso del Gobierno español, la apuesta en materia de transición pasa por un mix energético en el que la energía nuclear y el carbón sigan teniendo presencia aún durante bastante tiempo, con el objetivo de contener los precios para los consumidores.

Mientras tanto, las grandes empresas del sector no solo se preparan para estos cambios, sino también para una evolución en sus inversiones que empiezan a incluir las renovables y otras tecnologías asociadas a esta transición energética y a la descarbonización, como el almacenamiento de electricidad, las redes inteligentes, el vehículo eléctrico o los combustibles menos contaminantes.

El pasado mes de marzo la Comisión de Expertos sobre transición energética entregó al Ministro de Energía, Turismo y Agenda Digital, Álvaro Nadal, su informe final en el que se recogen diferentes escenarios en este sentido. Tras un trabajo de seis meses, el documento elaborado por este grupo de expertos ofrece el análisis de posibles alternativas de política energética, considerando su impacto ambiental y económico y el cumplimiento de los objetivos establecidos de la forma más eficiente posible.

El informe también incluye alternativas como la combinación de las diferentes fuentes de energía (nuclear, hidráulica, térmica de carbón, ciclos combinados y fuentes renovables) en el marco de una transición energética “eficiente, sostenible y baja en carbono” y evalúa el objetivo de penetración de renovables en función de diferentes niveles de interconexión con el continente europeo y la contribución de las políticas de movilidad y eficiencia energética.

Este informe contribuirá a la elaboración de la futura Ley de Transición Energética y Cambio Climático. Formado por catorce miembros, cuatro designados por el Gobierno, uno por cada grupo parlamentario y tres por los agentes sociales (UGT, CCOO y CEOE)-  este grupo de expertos fue creado por el Consejo de Ministros en 2017 “para la elaboración de un informe que oriente la estrategia necesaria para el cumplimiento de los objetivos europeos en materia de energía y clima, teniendo en cuenta criterios de eficiencia y sostenibilidad, e incluyendo propuestas de alternativas de política energética existentes y sus correspondientes costes y beneficios”.

Las grandes empresas no solo se preparan para los cambios legislativos, sino también para una evolución en sus inversiones que empiezan a incluir las renovables y tecnologías asociadas a esta transición energética y a la descarbonización.

Respuestas ante el cambio climático

Con la opinión unánime de los expertos, avalada por Naciones Unidas, de que el cambio climático es uno de los mayores desafíos de todos los tiempos, todo parece indicar que los compromisos asumidos a nivel internacional en la Cumbre de Naciones Unidas de la ONU (COP21) celebrada en París en 2015 no serán suficientes para mantener el incremento de la temperatura por debajo de los 2ºC –considerado por los científicos como de elevado riesgo en cuanto a que los cambios en el clima sean irreversibles– y conseguir emisiones neutras antes de la segunda mitad de este siglo.

Por esta razón, las grandes eléctricas ya contemplan en su horizonte más cercano la urgencia de dar respuesta a este fenómeno, y esta respuesta deberá ser “rápida y rigurosa”. Así lo aseguró recientemente el consejero delegado de Endesa, José Bogas, que recordó la apuesta de la compañía por un proceso “gradual” hacia una economía sin carbón.

“El cambio climático se manifiesta cada día con más fuerza”, aseguró Bogas durante la presentación de una guía de buenas prácticas que “inspirará” a las compañías que operan en España a seguir reduciendo sus emisiones. Por eso, el sector energético “tiene que dar una respuesta, fortaleciendo sus alianzas e impulsando sus objetivos de forma firme para lograr una respuesta global y ambiciosa”, destacó Bogas.

En esta línea, el responsable de Endesa apuntó la necesidad de que sean las empresas eléctricas las que “lleven la batuta” en el proceso de transición energética, algo con lo que “están muy comprometidas” y en lo que llevan trabajando “durante años”, aunque, reconoció, “queda camino por recorrer”.

A esta transformación gradual hacia un modelo energético eficiente y descarbonizado contribuirá esta Guía de Buenas Prácticas para la Gestión del CO2 en España, así como el  compromiso de las empresas del sector con este proceso. “Juntos podremos abordar este desafío mundial que nos afecta a todos”, defendió Bogas.

El documento, elaborado en colaboración con el Club de Excelencia en Sostenibilidad, reconoce que España es un país “altamente vulnerable” a los impactos del cambio climático debido a su situación geográfica y sus características socioeconómicas, además de estar comprometido como país, a nivel internacional, con los objetivos de la Unión Europea y el Acuerdo de París para lograr que la economía sea neutra en carbono de cara a 2050.

Para ello, defiende Endesa, durante el camino hacia la descarbonización “debe garantizarse la seguridad de suministro y evitar nuevas inversiones ineficientes en combustibles fósiles”. Por eso, añadió, “el impulso a las renovables y la electrificación de la demanda son protagonistas en nuestro plan estratégico 2018-2020″.

La mayor parte de las compañías tienen ya su estrategia definida en materia de emisiones, basadas en la disminución del uso de combustibles fósiles, la apuesta por energía sostenibles o el cálculo de la huella de carbono.

En lo que respecta a la contribución que está haciendo el sector privado en este sentido, el documento recalca que la mayor parte de las compañías tienen ya su estrategia definida en materia de emisiones, basadas principalmente en la disminución del uso de combustibles fósiles, la apuesta por fuentes de energía sostenibles o el cálculo de la huella de carbono para controlar las emisiones contaminantes que se producen.

Además de recoger varios ejemplos sobre iniciativas empresariales orientadas a la reducción de emisiones, el documento aporta claves para que las compañías aprendan a gestionar su huella de carbono, tanto en su medición como en la gestión, lo que servirá también para gestionar los riesgos y oportunidades de una compañía, al incorporar de forma transversal el “componente carbono” a la toma de decisiones sobre el negocio.

Transición inteligente y sostenible

El pasado mes de enero un informe de la consultora Deloitte advertía de que España debería afrontar un sobrecoste de 6.800 millones de euros si decidiera cerrar de forma anticipada las centrales de carbón y las nucleares, ya que eso “obligaría a abrir nuevas centrales térmicas para asegurar el respaldo a las renovables, elevando los costes y sin reducir las emisiones”.

El documento, titulado Una transición inteligente hacia un modelo energético sostenible para España en 2050: la eficiencia energética y la electrificación, señala que, en escenarios de alta electrificación, “el previsible cierre de todas las plantas de carbón nacional en 2020 obligaría a construir nuevas centrales térmicas en el horizonte de 2025, con un coste de 800 millones de euros”.

Así, indica el documento, en estos mismos escenarios, el cierre de las centrales de carbón importado en 2030 “conllevaría un coste de 3.000 millones en nuevas centrales de respaldo, mientras que la no extensión de la vida operativa de las centrales nucleares supondría una inversión adicional de 3.000 millones de euros”.

Deloitte señala en este documento que expandir el uso de la electricidad a todos los ámbitos y sectores en los que sea posible -vehículos eléctricos, transporte de mercancías por ferrocarril, o usos térmicos del hogar, entre otros-, es, junto con actuaciones decididas en materia de eficiencia energética en todos los sectores, “el único camino posible para lograr las metas de descarbonización”.

Entre sus recomendaciones, el informe plantea cambios en la tarifa eléctrica, entre ellos la eliminación de costes no relacionados con el suministro eléctrico, como tasas e impuestos, y una mayor adaptación del coste a las franjas horarias, recordando que actualmente la tarifa eléctrica de España “es la séptima más cara de Europa”.

Un informe plantea cambios en la tarifa eléctrica, entre ellos la eliminación de costes no relacionados con el suministro eléctrico, como tasas e impuestos, y una mayor adaptación del coste a las franjas horarias.

El informe establece cuatro escenarios diferentes para los próximos años, entre los que destacan el de alta eficiencia eléctrica -el único que permite cumplir con los objetivos de descarbonización y que incluiría una electrificación muy alta de la economía y una apuesta muy intensa por la eficiencia energética- y el escenario continuista -con un peso de los productos petrolíferos más o menos similar al actual, también en cuanto al resto de actuaciones en materia de eficiencia energética-.

En este sentido, Deloitte destaca que, aunque el escenario de alta eficiencia eléctrica supone unas inversiones muy superiores al continuista, a largo plazo “conlleva un importante ahorro en importaciones de combustibles fósiles, estimado en unos 380.000 millones de euros”.

Este escenario de alta eficiencia eléctrica supondría un total de 510.000 millones de inversiones entre 2017 y 2050 y un gasto en importaciones de hidrocarburos de unos 620.000 millones. Mientras, en el escenario continuista serían necesarios “solo” 200.000 millones de inversiones, pero sin embargo un billón de gasto en importaciones de petróleo y gas.

A esto se suma, según los autores del informe, otras ventajas, como el impulso a la economía, ya que las inversiones que contempla este escenario de alta eficiencia “se centran en sectores con un gran impacto en la generación de riqueza y creación de empleo”.

Así, las inversiones totales se repartirían entre los siguientes sectores: rehabilitación de edificios y medidas de eficiencia energética (110.000 millones); puesta en marcha de centrales de energía renovable (105.000 millones); cambio modal del transporte de mercancías al ferrocarril y apoyo a la compra de coches eléctricos (45.000 millones); desarrollo de redes de transporte y distribución de electricidad (40.000 millones), y medidas de eficiencia en la industria (10.000 millones).

En palabras de Alberto Amores, socio de Monitor Deloitte y uno de los autores del informe, “la transición energética ha de ser liderada por la Administración pública, pero con una intensa coordinación con empresas y consumidores”. Y para ello, “será necesario consensuar las políticas que fomenten esta transformación”.

Entre los retos a abordar en el camino hacia esta transición energética Amores apunta a un marco claro para que todos los agentes participen en la descarbonización, o incentivos  para que empresas y hogares modifiquen sus patrones de consumo e integren la energía renovable en el mix de generación. Estas actuaciones “se tendrán que acompañar de políticas económicas que permitan maximizar la creación de empleo y actividad en sectores clave para la economía española”, recalca este experto.

En definitiva, luchar contra el cambio climático requiere “profundos cambios en nuestro modelo energético y es ya un compromiso ineludible para la sociedad”. Y es que, a su juicio, “la transformación del modelo energético no es solo una necesidad para asegurar la sostenibilidad, sino también es una oportunidad para fomentar la actividad de nuestras empresas y garantizar una economía más competitiva”.

“La transformación del modelo energético no es solo una necesidad para asegurar la sostenibilidad, sino también es una oportunidad para fomentar la actividad de nuestras empresas y garantizar una economía más competitiva”. Alberto Amores

Transición segura y libre de emisiones

Más allá de los retos sobre cambio climático a los que es necesario enfrentarse, es urgente, según el sector, disponer de una economía competitiva y dar respuesta a las expectativas y comportamientos energéticos de unos consumidores que tienen, cada vez, mayor poder de decisión.

Así, compañías como Endesa apuestan por dejar atrás las decisiones cortoplacistas y crear un Acuerdo de Estado por la Energía que incluya “un imprescindible Plan de Transición Energética para que la evolución hacia un sistema plenamente descarbonizado se haga en condiciones de seguridad energética y competitividad económica”.

Así, para alcanzar el objetivo de cero emisiones en el año 2050, el cierre de las centrales térmicas tendría que llevarse a cabo de manera “gradual y acompasada con los avances tecnológicos”, puesto que “anticipar innecesariamente el cierre de estas exigiría construir nuevas centrales de gas para no sufrir problemas de abastecimiento energético”.

Además, este Plan deberá dar un fuerte impulso a la electrificación de la demanda final de energía, contando con la contribución de sectores como el transporte, la industria o la edificación, ya que su aportación al objetivo global de reducción de emisiones es, en algunos casos, “tan relevante o más que la del sector eléctrico”.

El tercer objetivo sería el desarrollo de un Plan Nacional de Eficiencia Energética con los incentivos necesarios para fomentar la electrificación de la demanda, a lo que se sumaría el impulso para el despliegue de las redes eléctricas inteligentes, ya que, en el futuro, será necesario conectar a la red un mayor número de instalaciones de energía renovable y por tanto habrá que facilitar la incorporación de sistemas de almacenamiento energético y hacer que estas redes sean mucho más flexibles que las actuales.

La digitalización de la red es otro de los puntos  a tener en cuenta, ya que será el modo de facilitar que los clientes gestionen su consumo de energía a través del cada vez mayor número de dispositivos interconectados que tienen a su disposición.

Sin duda, la energía camina hacia la descarbonización. El reto, y la oportunidad, están sobre la mesa.

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