La epidemia del envasado inútil y el desperdicio de comida

Los niveles de, permítame el lector la expresión, tontería a la hora de vender y comprar comida llegan ya hasta límites insospechados.
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Foto: Greenpeace

Bueno, quizá no tan insospechados si detrás de ellos está el ser humano, capaz casi de cualquier cosa.

Una simple visita a la sección de frutas y hortalizas de una gran superficie comercial me confirmó la semana pasada que queda mucho por hacer en la lucha por la racionalidad a la hora de vender algunos productos que no deberían ir acompañados de ningún tipo de envoltorio, bolsa, plástico o bandeja o caja de porexpan.

Algo ridículo a todas luces y que parece que no decae sino que va en aumento en cuanto a su adopción, no solo en número de productos sino de comercios en los que se perpetran estos atentados contra la sostenibilidad.

Tomates, plátanos, lechugas, naranjas, manzanas, zanahorias, cebollas, pepinos, etc. envueltos de alguna manera y en algunos casos sin ninguna posibilidad de ser comprados por unidades. Es decir, o te llevas la bandeja con su plástico y los seis tomates  que van en ella o no te llevas ninguno.

Se ha perdido la racionalidad que citaba antes, la de toda la vida, la que siempre ha existido al comprar en el típico colmado o tienda en el que se puede adquirir todo a granel por peso o unidades y sin necesidad de usar ningún recipiente más allá del que se utilice para llevar lo comprado hasta la cocina de cada casa.

Y para qué hablar ya de esas otras aberraciones como vender kiwis o naranjas peladas y desgajadas, o tomates en lonchas en su correspondiente bandejita y cubrimiento plástico.

Si consultamos algunas etiquetas utilizadas en Google o cualquier red social como #DesnudaLaFruta, #BreakFreeFromPlastic o #RidiculousPlastic, podremos ver diversos ejemplos de estas cosas a las que me estoy refiriendo.

Hasta he llegado a ver fotos de fruta “ecológica” envuelta de esa manera, algo que debería de hacernos crujir las neuronas de solo verlo.

https://twitter.com/Juande_Fdez/status/986864293944676352?ref_src=twsrc%5Etfw

¿Qué razones existen para esta plastificación?

Se me ocurren diversas posibles causas o razones que justifiquen, a priori y de alguna manera, esta epidemia del embalaje compulsivo, aunque es probable que me deje alguna.

No sé si alguna será justificable a ojos de otras personas, pero ninguna lo es para mí, al menos si se tiene en cuenta el coste para el medio ambiente que provocan.

La primera de las razones que me viene a la mente es la de la higiene y prevención de daños. Si algo lo envolvemos en otra cosa y además lo protegemos como si fuera un bebé con cajitas (o envoltorios blanditos de esos que son como una red) pues no se manchará ni se estropeará con los golpes, ¿no?

Pues no, la mayoría de los alimentos vendidos así han sido dotados “de serie” por la sabia naturaleza de pieles y envoltorios suficientemente resistentes para resistir golpes u otro tipo de problemas sin que afecten a la parte comestible.

Otra posible razón es la comodidad para el consumidor. Algunas frutas y hortalizas, no todas, pueden llegar a manchar, y con todos esos recubrimientos nos aseguramos que eso no suceda, al menos hasta el momento en que saquemos los alimentos de su prisión de plástico.

Podría llegar a “comprar” la razón anterior, pero no. Todos podemos utilizar nuestra propia bolsa para meter estos alimentos.

De hecho, lo más probable es que el alimento previamente envuelto acabe dentro de una bolsa de plástico reutilizable (que gracias a su obligatorio cobro por ley mucha gente ya usa) para su transporte hasta llegar a casa, ya que nadie va por la calle con una bandejita de fruta en la mano.

También teniendo en cuenta el aumento en el número de hogares con una sola persona, ha crecido la utilización de este tipo de envasados al ser las porciones de los alimentos más pequeñas y no poder venderse por unidades sueltas.

Quizá es una razón lógica, pero sigo pensando que es absurdo poner una (o media) cebolla dentro de un embalaje contaminante.

En el caso de las frutas que ya vienen hasta peladas dentro de su plástico, creo que solo podría justificarse si esas frutas fueran a ser consumidas por personas con especiales dificultades manuales para pelar alimentos, pero existen otro tipo de soluciones en el mercado para esos menesteres.

Y si la razón de comprar una bandeja de mandarinas desgajadas es que se pueden consumir tal cual se sacan de la bandeja mientras se camina por la calle, de verdad, creo que deberíamos hacérnoslo mirar porque creo que tenemos un problema.

Envasar así los alimentos no nos suele permitir en la mayoría de las ocasiones comprar las unidades que necesitamos, aumentando el desperdicio alimentario.

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¿Por qué esta “momificación” de alimentos no es buena?

Aún si nos olvidamos en un inicio de problemas relacionados con la sostenibilidad, envasar así los alimentos no nos suele permitir en la mayoría de las ocasiones comprar las unidades de alimento que necesitamos o el peso más o menos exacto que queremos.

Además, llevándonos más comida de la necesaria, en los casos de las bandejas grandes, aumenta la probabilidad de que parte de ese alimento no se llegue a consumir porque se pondrá malo por el paso del tiempo.

Es decir, aumenta el desperdicio alimentario, por si fuera poca la cantidad de comida que no llega ni a los círculos de comercialización por su apariencia más o menos alejada de lo que estéticamente debería ser tal o cual alimento “perfecto”, y aunque esté en perfecto estado para su consumo (Vid. Desperdiciar alimentos ¡por simple estética!) .

Envasar así los alimentos aumenta el espacio que ocupan, tanto en los transportes como en las despensas y las neveras de los consumidores.

Lo primero provoca un aumento de las emisiones de CO2 al tener que hacerse más viajes para transportar un cargamento, en comparación a si el alimento fuera sin envoltorios. Lo segundo nos perjudica en todas nuestras casas.

También se aumenta el precio del alimento al añadirle plásticos, cajas y demás, en una fracción que desconozco, pero que está ahí.

Nada o casi nada de esos envases es reutilizado, y solo una fracción pequeña de ellos es reciclada gastando de nuevo más recursos y lanzando más CO2 a la atmósfera en un círculo vicioso.

El plástico que no se recicla va a parar a cualquier lado donde no debe estar durante muchísimos años hasta que “desaparezca”. Para entonces partículas muy pequeñas habrán entrado en la cadena trófica de muchísimos animales que a su vez nos sirven de alimento a nosotros. Esta razón es de 6º de EGB, pero nos olvidamos de ella demasiadas veces.

Nada o casi nada de esos envases es reutilizado, y solo una fracción pequeña de ellos es reciclada gastando de nuevo más recursos y lanzando más CO2 a la atmósfera en un círculo vicioso.

Por si esto fuera poco, cada vez hay más pruebas de que muchos materiales de contacto de alimentos de un solo uso, incluidos los plásticos, pueden representar un riesgo para la salud de los consumidores debido a la presencia de productos químicos.

Se ha demostrado que productos químicos dañinos como los disruptores endocrinos están presentes en envases de plástico y otros materiales, como bandejas  recicladas.

¿Qué podemos hacer al respecto?

Para el lector más interesado en este asunto y en el del desperdicio alimentario, recomiendo la lectura del informe Unwrapped.How throwaway plastic is failing to solve europe’s food waste problem (and what we need to do instead), publicado por Friends of the Earth Europe, que trata el tema desde diversas perspectivas.

También se ofrecen algunas recomendaciones dirigidas a intentar resolver  el problema.

Entre ellas se citan el reducir el uso de envases de plástico de un solo uso a través de objetivos de reducción, y apoyar y promover alternativas para los servicios de alimentos en movimiento, así como a los minoristas.

También identificar medidas políticas para apoyar la implantación de envases reutilizables en toda la cadena de suministro de alimentos y desarrollar una legislación adecuada y políticas que incentiven las medidas de diseño ecológico que respalden la implementación de la jerarquía de residuos para el empaquetado.

Otra medida sería crear una legislación en toda la UE para que los clientes devuelvan cualquier embalaje de plástico al punto de venta, a través de una revisión de la Directiva de envases y residuos de envases (PPWD), o promover la responsabilidad extendida del productor (REP) como un criterio para tarifas reducidas para los productores.

Por último, sería conveniente minimizar la confusión pública sobre cuestiones tales como el etiquetado de fechas, los plásticos biodegradables y los biodegradables.

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