Jabón artesano, una oportunidad para los refugiados sirios en un proyecto español

Cuentan que Siria olía tradicionalmente a jabón, un aroma que ha sido sustituido desde hace siete años por el de la cruenta guerra, la miseria y la huida en busca de refugio. Casi cuatro millones de personas han salido del país sirio por la frontera turca y cerca de un millón y medio de refugiados se han instalado en esta franja geográfica. Es allí precisamente donde nace el proyecto español Letizia Buzón Jabón de Alepo.
136

Los refugiados sirios estampan a mano la marca de Letizia Buzón Jabón de Alepo.

Letizia Buzón es una apasionada de la cosmética y la belleza y se encuentra permanentemente buscando nuevos productos para la piel, innovadores y de las mejores calidades. En esta búsqueda se topó con el jabón de Alepo, un producto milenario que se remonta a la antigua Babilonia de Hammurabi y que se extendió por el Mediterráneo en las Cruzadas de la Edad Media, llegando en distintas formas a Italia, Francia (jabón de Marsella) y España (jabón de Castilla).

Se trata de un jabón con una composición completamente natural, con una proporción del 40% de aceite de laurel y un 60% de aceite de oliva virgen, lo que le convierte en un producto para cabello, piel y cara de uso diario indicado para todo tipo de pieles, además de tratar afecciones de la piel, como acné, psoriasis, dermatitis atópica, eczemas o infecciones fúngicas, entre otras.

Pero el jabón de Alepo no solo es beneficioso para la piel, lo es más aún para las personas refugiadas que han tenido que huir de su país, Siria, a causa de una guerra que dura ya siete años y que no tiene previsiones de llegar pronto a su fin. Son casi cuatro millones de sirios los que han abandonado el país por Turquía y aproximadamente un millón y medio los que se han instalado en esta frontera turco-siria para refugiarse del conflicto.

Es aquí, a 50 kilómetros de la capital Siria, donde Buzón crea la primera empresa española que recupera la tradición del jabón de Alepo para dar empleo a personas refugiadas: “Me enteré de que en la propia frontera los refugiados sirios estaban fabricando el jabón de Alepo en sus casas; me desplacé a hasta allí para descubrir de qué se trataba y me encontré con la fascinación que ellos tenían hacia su producto; decían que lo que más echaban de menos de su país era su olor a jabón de Alepo, que era el aroma de Siria”.

Antes del comienzo de la guerra, en marzo de 2011, en el país de Oriente Próximo se encontraban más de cien fábricas de este jabón; hoy en día solo permanecen en funcionamiento dos de ellas, a las que la empresa española ayuda a exportar el producto. El elevado precio del aceite de laurel y de oliva y las dificultades que encuentran en su distribución hacen complicado encontrar existencias en el mercado del auténtico jabón de Alepo.

Antes del comienzo de la guerra, en marzo de 2011, en Siria se encontraban más de cien fábricas de este jabón; hoy en día solo permanecen en funcionamiento dos de ellas.

Tras evaluar la inversión, Buzón pone en marcha la primera planta de fabricación de jabón de Alepo en Gaziantep, una ciudad situada en la frontera turco-siria donde las condiciones climatológicas necesarias para mantener la calidad del producto eran las idóneas al encontrarse en la misma región de su origen.

Para arrancar el proyecto empresarial han contado con la experiencia de los maestros jaboneros que seguían fabricando en sus casas y la nueva marca Letizia Buzón Jabón de Alepo ha dado empleo a medio centenar de personas de origen sirio y turco. “Contratamos a 50 jaboneros, lo que significa que hemos impactado en 50 familias”, apunta la CEO y fundadora de la primera compañía española en la frontera turco-siria a Compromiso Empresarial.

Las condiciones laborales que ofrece la fábrica de Buzón a los refugiados doblan los salarios mínimos turcos. Todos los empleados cuentan con un contrato laboral legal acorde a su puesto de trabajo, con un salario medio mensual de 3.000 liras turcas (unos 600 euros mensuales) –un 50% más alto que el salario mínimo interprofesional de Turquía, que se sitúa en 1.770 liras turcas- y unas condiciones apropiadas de seguridad laboral.

Se trata de un proyecto empresarial con una gran dosis social. Los refugiados han tenido un papel protagonista en la compañía implicándose en todos los aspectos de la marca como su creación, el diseño del logotipo, la fabricación del packaging, la puesta en marcha de la página web… además de, por supuesto, la propia fabricación del jabón original.

Las mujeres tienen también un rol importante porque aunque los maestros jaboneros son tradicionalmente hombres, se ha tratado de contratar a estas para el resto de los puestos. Además Buzón se ilusiona al pensar que algún día podrían incorporar a la plantilla a maestras del jabón: “Son ellos los que tienen el conocimiento y para poner el proyecto en marcha les necesitábamos, con independencia de que en un futuro podamos contar con mujeres en el proceso de elaboración, que sería muy bonito”.

Letizia Buzón en la primera planta de jabón de Alepo que lleva su nombre junto a trabajadoras refugiadas.

Con este proyecto los refugiados “se sienten útiles e integrados”, explica Buzón. Se trata de darles una oportunidad laboral, “darles la posibilidad de poder continuar su trabajo de forma digna” y aportando al país de acogida, porque como explica la CEO de la compañía “son generaciones para Turquía”. “Están en un país donde necesitan continuar, donde necesitan integrarse, pero no desde la asistencia, ni desde la ayuda, ni del gobierno, sino hacerlo desde su empleo y a través de la dignidad y de lo que implica un puesto de trabajo para cada uno de nosotros”.

Tras alrededor de un año en funcionamiento, la empresa española Letizia Buzón Jabón de Alepo ha comenzado a comercializar el producto a través de su página web y de otros canales como Amazon o centros de belleza especializados de la talla de Carmen Navarro. El lanzamiento se ha alargado al menos nueves meses, que es el periodo que necesita el jabón para secarse en su proceso de curación. Exportan a España y al resto de países europeos, donde en Francia, así como en los países árabes, tiene una gran acogida.

El objetivo es llegar también a Latinoamérica y Estados Unidos. Para ello las expectativas pasan por abrir siete nuevas plantas de fabricación que conllevaría la contratación de otras 350 personas refugiadas.

Aunque el anhelo se encuentra, evidentemente, en el fin del conflicto bélico. “Lo ideal sería que la guerra terminara, sería la mejor noticia que los periodistas podríais dar -es la mayor emergencia desde la II Guerra Mundial- y para mí sería una alegría inmensa. Mi ambición sería entonces montar la fábrica en el propio Alepo y poder reubicar a nuestros trabajadores en su país de origen”.

Turquía, ejemplo con los refugiados en Europa

“Turquía es el país que más refugiados acoge y, según cifras oficiales, casi cuatro millones son sirios. El gobierno turco ha invertido más de 11,4 billones de dólares en políticas sociales para el 94% de la población siria que reside fuera de los campos de refugiados, por la necesidad de tener una vida normalizada e integrada. Aun así, el gobierno no tiene capacidad por sí solo de alcanzar todas las necesidades de la población refugiada. Se necesitan proyectos empresariales, de desarrollo e integración de una población en un país de acogida en el que permanecerán, en su mayoría, durante mucho tiempo”.

Con estas palabras explicaba Hakan Bilgin, presidente de Médicos del Mundo en Turquía, la situación que se está viviendo en el país a raíz del comiendo del conflicto sirio, durante la rueda de prensa de presentación del proyecto Letizia Buzón Jabón de Alepo.

Un país que está en estado de emergencia desde julio del año 2016, con una inflación del 2,8% y una tasa de desempleo entre la población turca del 14%. Estos datos sitúan a los refugiados sirios en un país con un elevado coste de vida y reducidas oportunidades laborales.

“Un país que tiene capacidad para acoger a seis millones de refugiados sirios, de Irak y de Afganistán, y de cubrir la emergencia sanitaria, educación… es digno de admiración”. Letizia Buzón

“Turquía ha sido un ejemplo inimaginable de generosidad, y no lo digo yo, son palabras que salieron en la última reunión de la Unión Europea”, explica Buzón, que confirma a esta revista que no ha tenido ninguna traba para poner el marcha el proyecto que lleva su nombre, más allá de los trámites burocráticos normales en un país desarrollado como es Turquía.

“Un país que tiene capacidad para acoger a cuatro millones de refugiados sirios, además de dos millones de Irak y de Afganistán, que es como si toda la Comunidad de Madrid fuera refugiada, y de cubrir la emergencia sanitaria, educación… es digno de admiración”.

Además, resalta: “Es muy admirable la actitud de la población turca. Su cultura es la del invitado, y al invitado se le trata mejor que a un miembro de su familia. En cualquier otro país con ese porcentaje de refugiados y con una tasa enorme de desempleo habría habido mucha más confrontación social, que la hay, pero no muy notoria. Están muy bien cohesionados con la sociedad”.

Durante la puesta en marcha de la primera fábrica de Letizia Buzón Jabón de Alepo su fundadora afirma haber vivido en primera persona esa actitud: “Yo soy española, ellos sirios que vienen de una guerra y también hay turcos en el proyecto… somos personas de diferentes lugares y religiones y hemos hecho muchas concesiones para poder entendernos. Yo he comprendido su cultura y lo que para ellos significa el jabón de Alepo y ellos se están adaptando a una mentalidad más occidental”.

Ante el escaso 11% de acogimiento en España de los refugiados comprometidos, Buzón se muestra “triste”. “Debemos hacer el esfuerzo y tener en cuenta que son vidas humanas, que tienen el mismo valor que las nuestras”. Y así se ha puesto de manifiesto con la llegada de 630  inmigrantes libios a bordo del Aquarius y Orione al puerto de Valencia, que habían sido rechazados en Malta e Italia.

“Hay que intentar comprender otras culturas y llegar a un nivel de tolerancia y respeto que no nos suponga ningún tipo de limite. Mi estereotipo como mujer –española, cristina, empresaria- no corresponde al estereotipo que podemos tener de la mujer árabe y sin embargo me siento respetada, integrada y con una educación extrema por parte de ellos. Me pregunto si nosotros seremos capaces”, concluye Buzón.

Elaboración Letizia Buzón Jabón de Alepo
1 de 7

En la fase de cocción se mezclan a mano los diferentes compuestos del jabón, en base a la fórmula original.

Elaboración Letizia Buzón Jabón de Alepo
2 de 7

Después se extiende y unifica en cajones de madera hasta que espesa.

Elaboración Letizia Buzón Jabón de Alepo
3 de 7

A continuación se corta a mano por los artesanos.

Elaboración Letizia Buzón Jabón de Alepo
4 de 7

Se estampa la marca en cada uno de los jabones.

Elaboración Letizia Buzón Jabón de Alepo
5 de 7

Se colocan las pastillas de jabón intercaladas para que se curen durante nueve meses.

Elaboración Letizia Buzón Jabón de Alepo
6 de 7

Las mujeres empaquetan las pastillas de jabón con diferentes tipos de packaging.

Elaboración Letizia Buzón Jabón de Alepo
7 de 7

Se obtiene el producto final y se exporta a países árabes y Europa.

136
Comentarios