Avances en la prohibición del mercurio. Adiós al empaste dental de amalgama

La Unión Europea va labrando su camino para conseguir ser una región libre de mercurio. A este tóxico y letal metal pesado se le declaró la guerra con el Convenio internacional de Minamata, que entró en vigor en agosto de 2017, y que pasará a la historia como el primer acuerdo ambiental mundial negociado en el siglo XXI. De ahí llegó una nueva regulación europea del mercurio que empezó a rodar este año y poco a poco se van adoptando medidas para alejar este metal de la vida cotidiana.
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Ahora le toca el turno a los empastes bucales. Desde este mes de julio está prohibido que los dentistas utilicen la amalgama con mercurio para realizar empastes a niños menores de 15 años, a mujeres embarazadas o en periodo de lactancia. Así lo dictamina una nueva Directiva que fue aprobada el año pasado y que entra ahora en vigor. Desde ONG como la Alianza Mundial para una Odontología Libre de Mercurio instan a todos los Estados europeos a aplicar la nueva normativa sin dilación, adhiriéndose de forma inmediata, porque el mercurio en odontología es fácilmente reemplazable.

“Con el objeto de proteger a los niños de Europa a partir de hoy, instamos a los dentistas de Europa a adherirse a ella ahora… La odontología del siglo XXI es odontología sin mercurio y los niños de Europa no merecen menos”, dice Charlie Brown, presidente de la Alianza Mundial para Odontología Sin Mercurio.

Asimismo, recuerda cómo este metal contamina el medio ambiente, se incorpora a la cadena alimentaria y puede dañar los sistemas nervioso, renal y cardiovascular. Su prohibición responde a la protección de la salud humana en una etapa temprana de desarrollo y piden que aunque la regulación permita su uso en circunstancias donde exista la necesidad médica, estos casos “solo deberían suponer una proporción muy pequeña”.

La prohibición de estas amalgamas para la población más vulnerable es el comienzo de su desaparición total. La Comisión Europea (CE) evaluará en 2020 la viabilidad de eliminar por completo la amalgama dental, que en un 50% está compuesta de mercurio. Ya antes, el 1 de julio de 2019, los países europeos tendrán que tener listo un plan nacional para eliminar su uso. La formación de estudiantes de odontología y odontólogos, por ejemplo, sobre alternativas sin mercurio, en particular para poblaciones vulnerables, será de gran ayuda.

“La CE y los Estados miembros de la UE deben garantizar que los odontólogos apliquen la prohibición inmediatamente y verifiquen si el uso de la exención es realmente necesario. Las autoridades de la UE deben garantizar que los ciudadanos conozcan estas disposiciones”, señalaba Elena Lymberidi-Settimo, directora del proyecto Campaña cero mercurio en la Oficina Europea de Medio Ambiente. El uso de la amalgama dental es una de las mayores utilidades que se dan de mercurio en la UE y suponen una fuente significativa de contaminación.

Cuando se cumplen diez años de que se eliminaran los termómetros de mercurio, el nuevo Reglamento de la UE prohíbe las exportaciones de ciertos compuestos de mercurio, la importación y exportación de algunas de las mezclas del metal y la producción y comercialización de nuevos productos que lo contienen. El Reglamento solo permite un número muy limitado de excepciones.

La prohibición de estas amalgamas dentales para la población más vulnerable es el comienzo de su desaparición total.

Concretamente, a partir del 1 de enero de este año se prohibieron los procesos de producción que utilizan mercurio o compuestos como convertidores catalíticos; ahora le toca el turno a la prohibición de las amalgamas dentales para niños y mujeres embarazadas, y para final de año, a partir del 31 de diciembre de 2018, se prohibirán la exportación, importación y fabricación de ciertas lámparas (lámparas fluorescentes compactas, lámparas de vapor de mercurio a alta presión).

La tragedia de Minamata

Se cumplen 62 años de la tragedia de Minamata, en Japón. Las comunidades locales sufrieron los efectos del envenenamiento por mercurio que contaminaba las aguas residuales industriales y -convertido en metil-mercurio, aún más contaminante para los seres vivos- pasaba al pescado y marisco que la población consumía. El primer caso en documentarse con esta enfermedad rara, denominada después como la enfermedad de Minamata, fue el de dos hermanas de dos y cinco años.

Todo empezó con la instalación de la empresa química Chisso Corporation en la bahía de Minamata en 1908. Los habitantes acogieron la noticia con gran fervor porque iba a suponer prosperidad para su región, o al menos, trabajo en una época complicada para el país. Sin embargo, los vertidos de la empresa a la bahía, que contenían mercurio, provocó un síndrome que atacaba al sistema nervioso que acabó con la vida de cientos de personas y enfermó a miles.

Pero no fue hasta el año 1953 cuando se pudo detectar la enfermedad. Durante los 15 años siguientes se seguían produciendo vertidos sin ningún control por parte de la empresa, hasta que se pudo determinar en 1968 que la contaminación del agua era la causa de la enfermedad. Los ciudadanos tuvieron que esperar hasta 1997 para ver que se declaraba la calidad del agua como normal en la zona.

En 2014, el Tribunal Supremo de Japón declaró al Gobierno japonés como parte responsable de que la enfermedad de Minamata se extendiera, dando carpetazo a años de lucha de las víctimas de esta enfermedad y sus familiares. Se mantuvo así una resolución previa, de 2001, de un tribunal superior que obligaba a compensar a las víctimas.

El Convenio de Minamata

Este Convenio internacional, firmado por 128 países en 2013, entró en vigor en agosto del año pasado después de que 50 países lo ratificaran. Su objetivo es regular el impacto que el mercurio tiene en la salud y el medio ambiente, limitando la toxicidad que provoca la liberación de este metal.

Desde Europa se presume de contar con una de las políticas más ambiciosas en el campo de la protección contra el mercurio. Ha desempeñado un papel fundamental en las negociaciones del convenio, inspirando gran parte del contenido del acuerdo. Sin embargo, como entre un 40 y un 80% del mercurio que se deposita en Europa procede de las emisiones en otras partes del mundo, era necesario un acuerdo a nivel internacional.

Desde Europa se presume de contar con una de las políticas más ambiciosas en el campo de la protección contra el mercurio.

El comisario de Medio Ambiente, Asuntos Marítimos y Pesca, Karmenu Vella, reconocía que gracias a este acuerdo millones de personas se verán protegidas de la exposición al mercurio. “Con su ratificación, la UE ha realizado una aportación decisiva y ha puesto en marcha su entrada en vigor. Esto supone un gran éxito para la ‘diplomacia verde’ de la UE. Pone de relieve el compromiso de la Unión Europea en pro de una acción internacional concertada y fuerte”, señaló.

Mientras que las emisiones de mercurio de la UE ya han disminuido, las emisiones mundiales siguen aumentando, en gran parte como resultado de una mayor combustión de carbón para la electricidad en países como China e India. Cuando se habla del uso mundial de mercurio, este sigue siendo aún elevado, con alrededor de 3.600 toneladas por año, siendo la minería artesanal de oro a pequeña escala una de las actividades más problemáticas. Según datos de la Comisión Europea, se estima que entre 10 y 15 millones de personas (incluidos tres millones de mujeres y niños) están involucradas en la minería artesanal en todo el mundo y que esta actividad representa el uso anual de 1.400 toneladas de mercurio, la mayoría de las cuales termina en el medio ambiente.

En este contexto, el acuerdo homogeneiza las condiciones de competencia para las grandes economías, que tendrán que asemejarse a las que ya existen en la Unión Europea. La firma de este Convenio ha permitido que se prohíba la utilización del mercurio en procesos industriales y todo nuevo uso del mismo tanto en los productos como en la industria, salvo que se demuestre que es necesario para la protección de la salud y el medio ambiente.

El Convenio abarca todo el ciclo de vida del mercurio, desde la extracción primaria hasta la eliminación de desechos, y contiene medidas de control jurídicamente vinculantes específicas, no solo declaraciones de intenciones. También reconoce precisamente la minería de oro a pequeña escala como uno de los usos de mercurio más importantes a nivel mundial. La eliminación progresiva de la extracción primaria de mercurio y la reducción de las emisiones atmosféricas reducirán significativamente la cantidad de este elemento ya presente en el medio ambiente, y particularmente en la cadena alimentaria.

¿Qué se sabe del mercurio?

Este elemento químico, conocido en la tabla periódica con el símbolo Hg, es un metal noble. Ha pasado de ser considerado un elemento fascinante por su color plata brillante y por permanecer líquido en temperatura ambiente, a ser perseguido por su alta toxicidad tanto para el medio ambiente como para las personas.

Este metal está presente en mucho de lo que nos rodea, desde la generación de electricidad a partir del carbón hasta en determinados tipos de máscaras y luces fluorescentes, como recordaba el secretario general de la ONU, António Guterres, durante la ratificación del Convenio de Minamata. También en forma de empastes bucales o en el pescado que se consume. Se utiliza en procesos industriales a pesar de sus efectos neurotóxicos y además se utiliza en una gran variedad de productos como baterías o termómetros.

El mercurio está presente desde la generación de electricidad a partir del carbón hasta en determinados tipos de máscaras y luces fluorescentes, empastes bucales o pescados.

Algunas de las principales fuentes de liberación de mercurio son industrias como la cementera, principalmente si utilizan combustibles residuales, como los lodos de las depuradoras, así como la quema del carbón por parte de las centrales térmicas. También el que proviene de la industria del cloro sosa, aunque la tecnología de celda de mercurio quedó prohibida en Europa y las plantas tuvieron que cambiar el sistema de producción de cloro a otro menos contaminante.

La producción de mercurio en Europa se paralizó en 2003 y las exportaciones de mercurio y de ciertos compuestos se han prohibido desde marzo de 2011. Su uso ha ido disminuyendo constantemente en los últimos 15 años, gracias a la adopción e implementación de nuevas normativas que restringen el uso en productos.

El mercurio y la mayoría de sus compuestos son altamente tóxicos para los humanos y el medio ambiente. Grandes cantidades pueden resultar fatales, e incluso dosis relativamente bajas pueden tener efectos graves en la salud, afectando al cerebro, los pulmones, los riñones y el sistema inmunitario. Cuando el mercurio se convierte en metilmercurio puede resultar incluso más dañino, inhibiendo el desarrollo mental de los niños incluso antes del nacimiento. El metilmercurio se encuentra en pescados y mariscos, sobre todo en peces predadores grandes como el atún rojo, el pez espada, que pueden formar parte de la dieta de las personas.

Recomendaciones de la Agencia Española de Consumo

Este elemento químico también está presente entre las preocupaciones de la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición. Porque llega a la cadena alimenticia. Por ello, desde la Agencia se recomienda evitar el consumo de pescados grandes como el tiburón, el pez espada, el lucio y el atún rojo a la población más vulnerable, como niños y mujeres embarazadas.

A pesar de que el consumo de pescado es necesario para mantener una buena dieta y por sus beneficios nutritivos, las especies anteriormente descritas deberían limitarse en determinadas etapas por su contenido en mercurio. Concretamente, la Agencia recomienda evitar el consumo para mujeres en periodo de lactancia o embarazadas y niños menores de tres años. Para niños de entre tres y doce años, limita su consumo a 50 gramos a la semana o 100 gramos en dos semanas, sin comer en ese periodo ninguno de los otros pescados mencionados.

Según informan en una nota de prensa, una mujer embarazada, de unos 60 kilos, que ingiera una ración -de unos 100 gramos- de pez espada a la semana superaría la ingesta máxima tolerable de metil-mercurio. La toxicidad del metil-mercurio es muy elevada y este se disuelve fácilmente en la grasa y atraviesa la barrera hemato-encefálica y la placenta pudiendo provocar alteraciones en el desarrollo neuronal del feto y en niños de corta edad.

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