Edificación saludable, nueva tendencia para cuidar el medio ambiente y las personas

Las personas, cada vez más, se preocupan por su bienestar y salud a través de la mejora en los hábitos alimenticios, los productos de consumo que utilizan, el cuidado del entorno en el que viven o la calidad del aire que respiran. Y ahora también lo hacen a través de la construcción de sus hogares, o de las oficinas en las que trabajan. Y es que, hay muchos aspectos que influyen en la calidad de vida ligados a la salud del planeta y que pueden genera patologías y dolencias concretas. Ha llegado el momento de apostar por edificios sanos para quienes los ocupan y a la vez respetuosos con el planeta.
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Hace algunas décadas, las casas se construían manteniendo un fuerte vínculo con la naturaleza, cuando gran parte de la población vivía en las zonas rurales y antes de que se produjera el éxodo masivo a las ciudades. Allí, la construcción era ecológica, simplemente porque solo se utilizaban materiales naturales y locales, como la piedra, la madera, la cal, la lana, el barro o la paja, entre otros. En esas zonas se edificaba con lo que se tenía más cerca, creando así una arquitectura adaptada al medio, autosuficiente y limpia.

Actualmente, y aunque las casas deban ser, en teoría, fuente de salud, existen multitud de factores que hacen esto imposible, porque no es fácil encontrar determinados materiales o estos son más costosos, y sobre todo, porque los profesionales con capacidad para aplicar estos conceptos no son muy numerosos.

La primera pauta a tener en cuenta, si se quiere apostar por la bioconstrucción, es la elección del lugar para edificar, teniendo en cuenta, no solo la orientación o las alteraciones geológicas del terreno (como las radiaciones artificiales procedentes de tendidos de alta tensión o antenas de telefonía móvil), sino otros factores como el ruido, la contaminación del aire, del agua o del suelo. Los expertos del sector apuestan por realizar, para asegurarse de que no existen este tipo de riesgos, un estudio geobiológico previo.

La construcción bioclimática deberá incorporar además eficiencia y ahorro y materiales alternativos frente al uso de aislamientos procedentes de derivados del petróleo, tóxicos o que no dejan que la vivienda traspire: corcho, celulosa, morteros de cal en lugar de cemento, pinturas ecológicas minerales, cáñamo o fibras vegetales, son buenos ejemplos.

Edificios sanos y respetuosos

Según defienden desde el Instituto EcoHabitar para la Sostenibilidad, una entidad que investiga y divulga propuestas para un hábitat sano y ecológico, lo más importante es realizar un análisis del proyecto de vivienda o edificio en el que se tengan en cuenta, no solo las necesidades presentes sino también las futuras: estudiar su orografía, su clima y los recursos naturales que posee el terreno (agua, sol, viento, vegetación, etc.), para, con todos esos datos, conocer las necesidades constructivas, en función de su situación geográfica y el clima de la zona, y diseñando una distribución de los espacios acorde con ello.

El ahorro energético debe ser otro aspecto fundamental a tener en cuenta, tanto a la hora de construir como de plantearse el futuro uso de la vivienda, apostando por la iluminación natural, las bombillas de bajo consumo, la climatización natural a través de sistemas vegetales y sombras, o la instalación de colectores solares para el agua caliente, entre otros aspectos.

La aplicación de criterios bioclimáticos en la edificación puede desarrollarse con una buena orientación, una distribución adecuada, aleros bien estudiados, grandes acristalamientos con orientación sur, paredes y suelos de alta inercia térmica y estancias de poco uso orientadas al norte.

Desde EcoHabitar, que forma parte de la Asociación para la Formación en Bioconstrucción y Sostenibilidad con sede en Valencia –y que imparte formación a los profesionales de la construcción que quieran optar por una edificación más sostenible y ecológica-, defienden que los materiales de construcción deberán estar “totalmente exentos de elementos nocivos, como asbesto, cloro, plomo y más concretamente PVC, tan común hoy en día, evitando los metales pesados, escorias siderúrgicas, etc., así como los susceptibles de emitir gases nocivos”.

A su juicio, la aplicación de criterios bioclimáticos en la edificación “no tiene por qué ser complicada” y puede desarrollarse simplemente con una buena orientación, una distribución adecuada de los espacios, aleros bien estudiados, grandes acristalamientos con orientación sur, paredes y suelos de alta inercia térmica y estancias de poco uso orientadas al norte (como garajes o despensas). Asimismo, pueden utilizarse masas arbóreas y arbustos, espacios sombreados con elementos vegetales e incluso pequeñas cascadas o fuentes para generar un ambiente más saludable regulando la temperatura, la humedad y la ionización.

En la construcción bioclimática “evitaremos los morteros químicos, impermeabilizantes, bituminosos, láminas, conductos y perfiles de PVC o de aluminio, elementos con amianto, fibrocementos, o aislamientos elaborados con polímeros y de poro cerrado”, señalan. Para los elementos decorativos, EcoHabitar apuesta por tratamientos de madera o de enfoscados naturales y por pinturas al silicato, al agua, aceite de linaza, colofonia o ceras naturales. “A la vivienda debemos darle la consideración de nuestra tercera piel, por lo que debe ser transpirable”, apuntan.

Entornos laborales saludables

El pasado mes de febrero se presentó en el Campus Mar de ISGlobal de Barcelona -un centro impulsado por Fundación La CaixaOmega-NET, un proyecto europeo que ayudará a fomentar entornos laborales saludables. Este cost action (un instrumento de red flexible que permite a los investigadores europeos desarrollar conjuntamente sus ideas en cualquier campo de la ciencia y la tecnología) está financiado por la Comisión Europea, e integrado por 73 participantes de 28 países. Su objetivo es proporcionar una base sólida de evidencias que permita identificar riesgos para la salud relacionados con el trabajo, además de fomentar políticas de prevención.

“De los 120 agentes considerados como cancerígenos para humanos por la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC), la mitad fueron descubiertos y confirmados en un contexto laboral”, alertó Kurt Straif, jefe de Sección del IARC, durante la reunión de lanzamiento de Omega-NET en Barcelona.

Y es que, aunque los responsables del proyecto reconocen que se han logrado avances, “aún queda mucho por hacer”, ya que hay más de 80.000 sustancias químicas usadas en la industria que no se han evaluado, subrayando la necesidad de mejorar los datos de exposición y la evaluación del impacto económico de la inacción.

Hay más de 80.000 sustancias químicas usadas en la industria que no se han evaluado; los expertos subrayan la necesidad de mejorar los datos de exposición y la evaluación del impacto económico de la inacción.

En palabras de Manolis Kogevinas, investigador de ISGlobal y responsable de uno de los grupos de trabajo del proyecto, “hay unas 30 millones de personas en estudios de población en Europa, pero desconocemos el tipo de información contenida en esos estudios. Esta es la razón por la que necesitamos hacer un inventario”, explica.

El proyecto también busca mejorar la obtención de datos, haciendo énfasis en la importancia de aspectos como el envejecimiento activo, las horas laborables incluyendo los turnos de noche, los patrones de empleo en los jóvenes, y las enfermedades cutáneas (de hecho, el cáncer ocupacional más frecuente es el de piel, debido a la exposición a rayos UV).

“Una novedad muy importante de este proyecto son las misiones científicas de corto plazo, que permitirán visitas entre las instituciones participantes. Esta red es una muy buena oportunidad para consolidar la investigación en salud ocupacional en Europa” explican desde la coordinadora del proyecto Omega-NET en Barcelona y Oslo.

La innovación, la apuesta de los profesionales más jóvenes

La edificación saludable tiene en las nuevas generaciones de profesionales del sector el mejor ejemplo de que la sociedad está cambiando. Ellos ya se están formando para abordar los retos que deberán afrontar para superar con éxito la transición que será necesaria y además, son conscientes del nuevo nicho de mercado que les brindan unos consumidores cada más informados y más exigentes a nivel ambiental y de sostenibilidad con los productos que compran, los servicios que contratan y, por supuesto, las casas en las que quieren vivir y los espacios en los que quieren trabajar.

Así lo demuestra el proyecto Reserve Aberdeen, ganador del 12º Premio de Edificación Saludable de la Cátedra Internacional Marjal Healthy de la Universidad de Alicante (UA). Un galardón, entregado el pasado mes de junio, que reconoció el diseño de una residencia para mayores desarrollado por estudiantes de cuatro universidades de Reino Unido, Alemania, Holanda y España.

Según el jurado, los alumnos ganadores, Ammar Rihawi, Belén Fourcade, Lynne Davidson, Julian van der Linden y Jasper Luijendijk, “han sabido entender muy bien el tipo de usuario que va a utilizar el edificio y proporcionarle entornos saludables”. Juntos han proyectado una residencia para mayores ubicada en la localidad escocesa de Aberdeen en la que han conjugado arquitectónicamente sostenibilidad, menor impacto y accesibilidad en la creación de diez apartamentos destinados a ciudadanos de la tercera edad del ámbito europeo.

El proyecto 'Reserve Aberdeen' fue el ganador del 12º Premio de Edificación Saludable de la Cátedra Internacional Marjal Healthy de la Universidad de Alicante (UA). Una residencia para mayores desarrollado por estudiantes de cuatro universidades de Reino Unido, Alemania, Holanda y España.

“Reserve Aberdeen es una propuesta arquitectónica que garantiza el aprovechamiento de los recursos naturales del entorno y propone sacar el máximo partido a la inclinación del terreno en el que está implantada la edificación para garantizar el aprovechamiento térmico y potenciar el entorno verde disponible”, explica el equipo ganador, que ha destacado que se trata de un centro “en el que se potencia la autonomía de los usuarios y donde las zonas comunes tienen un gran protagonismo”.

Además de este primer premio, el jurado ha concedido tres menciones especiales a los proyectos Zwischen, por su adecuación al lugar y su integración en la trama urbana; Residencial Huertas, en el que destaca su implantación en la parcela y la relación entre los espacios comunes y privados, y The Three Windows, en el que se ha valorado el diseño del edificio adaptado al comportamiento energético y su implantación en la parcela. Todos los proyectos han sido realizados conjuntamente por equipos de estudiantes de la Universidad de Alicante, la Robert Gordon University (de Aberdeen, Reino Unido), el Beuth Hoeshschule für Technik (Berlín, Alemania) y la Hogestchool van Amsterdam (Holanda).

La novedad de los premios este año ha residido tanto en el tipo de proyecto a desarrollar -centrados en el colectivo de personas mayores-, como en el hecho de que estudiantes de distintos centros internacionales debían trabajar conjuntamente para desarrollar el proyecto, con el fin de convertirse en un entrenamiento para su incorporación en el mercado laboral, donde van a encontrar profesionales de distintos países con los que tendrán que coordinarse de forma virtual.

Salud y confort con la construcción de consumo casi nulo

Pamplona se convirtió el pasado mes de junio en la capital de la edificación saludable durante unos días con la celebración de EdiFica, la Feria de los Edificios de Consumo Casi Nulo (ECCN), pasivos y saludables, organizada por el Consorcio Passivhaus, que se define como una asociación sin ánimo de lucro “comprometida con los edificios que vienen, es decir, edificios de balance neto o positivo, con la ciudad y sus habitantes”.

El Consorcio ECCN-Passivhaus nació en 2016 con el objetivo de impulsar la llegada al usuario final de los edificios de consumo casi nulo-pasivos, dinamizando a los actores del mercado de la edificación que quieran “ir por delante”. “Apostamos por un producto que ofrece un radical aumento del bienestar, confort, salud y ahorro energético a su usuario”, señalan desde el Consorcio.

Según explican sus responsables, “somos muy conscientes de que para alcanzar la sostenibilidad en cualquier sociedad es básico entender que debemos conseguir consumir solo aquella energía que es realmente necesaria”.

El encuentro de Pamplona, que reunió a más de 140 representantes del sector de la construcción, sirvió para debatir sobre la nueva directiva europea sobre eficiencia energética en la edificación, que, entre otros aspectos, dará lugar a los edificios de este tipo y en los que el estándar Passivhaus va a tener gran importancia dentro de este contexto normativo y social. Durante los debates celebrados se pusieron sobre la mesa las nuevas exigencias del mercado en este sentido y la necesidad de las empresas de reinventarse para seguir siendo competitivas ante las oportunidades de negocio derivadas de estos cambios.

El estándar Passivhaus se basa en una forma de edificar orientada a reducir al máximo la energía necesaria para la climatización del inmueble, algo que será de obligado cumplimiento a partir de 2019 en los edificios públicos. Ello conllevará cambios muy importantes y las empresas del sector “tendrán que adaptarse para poder ser competitivas en un mercado que está cambiando”, recalcaron los expertos durante esta jornada.

Las casas pasivas presentan muchas ventajas, según los expertos, como el mayor confort o el bajo consumo de energía tanto para calefacción como para refrigeración, con mejoras de hasta el 60% respecto al consumo habitual de energía de un edificio nuevo, y logrando así para el inmueble la clasificación energética A.

Las ‘casas pasivas’ presentan muchas ventajas, según los expertos, como el mayor confort o el bajo consumo de energía tanto para calefacción como para refrigeración.

Sin la necesidad de utilizar ningún tipo de producto o material en concreto, estos cambios son posibles simplemente con la optimización de los recursos existentes: la orientación óptima de las ventanas para aprovechar el calor y la ventilación, o la instalación de protecciones solares que impidan el sobrecalentamiento en verano, por ejemplo.

Asimismo, estas casas también aportan beneficios para la salud del propietario, ya que al disponer en su interior de aire filtrado no entra polvo ni polen y se reducen los molestos efectos de las alergias. Además, al disponer de mayor aislamiento que una vivienda convencional, estas son también más silenciosas, aún en zonas de mucho ruido ambiente. A esto se suma la reducción en más de un 70% de las emisiones de CO2 a la atmósfera.

En palabras de Albert Grau, gerente de la Fundación la Casa Que Ahorra, una de las instituciones que participó en la jornada de Pamplona, “la eficiencia energética asociada a los edificios de energía casi nula es la palanca imprescindible para conseguir que los edificios que se deberán construir en el futuro ofrezcan unas condiciones de temperatura y humedad adecuadas”.

De hecho, de estos dos aspectos, temperatura y humedad, se pueden derivar, por ejemplo, problemas cardiovasculares como la tensión arterial alta, la deshidratación o un inadecuado descanso por la alta temperatura corporal, así como dificultades respiratorias por humedad excesiva, entre otros efectos negativos.

En 2021 todo edificio de nueva construcción deberá ser de energía casi nula. “Confiamos, no obstante, en que la inminente revisión del Código Técnico de Edificación (CTE), nos pondrá ante la necesaria ambición que nos marcan las Directivas Europeas, y que dibujará un panorama en el que los edificios nuevos contribuirán tanto a la salud y calidad de vida interior, como a un compromiso medioambiental por la reducción de emisiones de CO2 que implican”, afirma el responsable de La Casa que Ahorra.

En este sentido, Grau apuesta por que la demanda de estos edificios “no responda solo al cumplimiento normativo, sino al convencimiento del comprador y/o promotor”, dado que en 2019 la Unión Europea obligará por Ley a que todos los edificios públicos de nueva construcción sean de consumo casi nulo, haciéndose extensible, dos años más tarde, a todo tipo de edificios.

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