Algunos errores en la gestión de los ODS (y de la sostenibilidad)

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) es uno de los temas más de moda cuando hablamos de sostenibilidad en la actualidad, pero en el cual se cometen errores en su gestión.
17

Unos errores que se dan en diferentes momentos y en diferentes fases, desde la propia interiorización de los mismos dentro de las organizaciones hasta el mismo momento de su reporte a los grupos de interés dentro de las correspondientes memorias de RSC.

En el fondo, algunos de esos errores van mucho más allá de los ODS, un asunto relativamente reciente, y simplemente son comunes desde siempre a cómo se implementa, se gestiona y se informa de la responsabilidad social de las organizaciones (RSC).

Además, los ODS están elevando el listón de lo que se espera de las empresas, al tiempo que introducen un nuevo marco para hacer negocios y criterios comunes para informar el progreso. Como estos objetivos aún son nuevos, crear, cuantificar y reportar impactos creíbles puede hacer que las empresas sean susceptibles a algunos escollos y errores comunes.

Son errores de interpretación de lo que es realmente la sostenibilidad, de falta de implementación estratégica, de greenwashing en algunas ocasiones, de no definición de objetivos, de querer abarcar mucho y acabar apretando poco, de informar solo de lo que interesa, etc.

A partir de dos publicaciones, How to report on the SDGs, de KPMG, y Business and the Sustainable Development Goals: Best practices to seize opportunity and maximise credibility, de Gold Standard, voy a desgranar algunos de esos errores a continuación.

Estrategia… ¿qué es eso?

Como comentaba al inicio, en algunas ocasiones los ODS son vistos como una mera nueva moda, quizá pasajera hasta que salga la siguiente, lo cual lleva a las empresas a no pensar en integrarlos realmente en su estrategia (o mejor aún, realizar sus estrategias de sostenibilidad en base a ellos).

No se suele desarrollar una comprensión sólida dentro de la compañía de qué son los ODS y cuál es su relevancia para el negocio.

El resultado de ello es la mayoría de las veces, y simplificando, escoger unos cuantos ODS en función de lo que se haya hecho en temas de sostenibilidad durante el año y añadirlos a la memoria de sostenibilidad diciendo que la organización contribuye a la consecución de una serie de ODS, de manera lo más rimbombante y colorista posible y dejando el tema ahí y sin ir más allá de esa declaración.

El informe de Gold Standards nos lo reafirma. Es tentador para las empresas observar el trabajo que ya están realizando y reformular las comunicaciones para alinear sus acciones con los ODS.

Es tentador para las empresas observar el trabajo que ya están realizando y reformular las comunicaciones para alinear sus acciones con los ODS.

Derivado de lo anterior, suele suceder también que la empresa “escoge” muchos ODS a los cuales “contribuir”. Parecería claro que cuantos más ODS escojamos más responsables seremos, ¿no? Pues no, no es así.

Según datos del informe de KPMG, alrededor de una cuarta parte de las organizaciones estudiadas identifican los 17 ODS como relevantes para sus negocios y requieren acción por parte de la empresa.

No solo es muy discutible que se esté contribuyendo a todos los ODS (incluso siendo una empresa muy responsable) sino que no sería del todo lógico ya que se debe establecer una priorización e identificación de los ODS que presentan al negocio con las mayores oportunidades y riesgos, y aquellos en los cuales la compañía tiene los mayores impactos.

También nos encontramos con que para aquellas empresas que han dado el paso para establecer objetivos internos para sus contribuciones a los ODS, es común establecer niveles de ambición internamente, a menudo influenciados por factores tales como los recursos disponibles y lo que parece ser más factible en lugar de estar impulsados por lo que se necesita para cumplir con la Agenda 2030.

Informar correctamente, en lo bueno y en lo malo

En general, a todos nos gusta mostrar nuestra mejor cara, poniendo de manifiesto nuestros logros y dejando en la sombra nuestros fracasos o problemas. Las empresas no son ajenas a esa manera de proceder, pero se deben a grupos de interés a los cuáles hay que enseñar tanto lo bueno como lo malo.

Lo anterior sucede en contadas ocasiones, y si tenemos en cuenta que las acciones dirigidas al desarrollo sostenible a menudo involucran factores sociales, ambientales y económicos interconectados que puede hacer que contribuir activamente a un ODS pueda perjudicar o comprometer otro (por ejemplo construir una nueva fábrica en un lugar poco desarrollado puede dar trabajo a mucha gente, pero puede impactar en los sistemas hídricos y reducir el acceso al agua para la población), es necesario no solo tener en cuenta esas interacciones en la estrategia sino cuáles son los impactos directos e indirectos, e informar de ello aún cuando no sea algo de lo que sentirse “orgulloso”.

A menudo las organizaciones también pierden la perspectiva a la hora de medir los resultados de lo que están haciendo. No se miden los impactos y se quedan en la superficie.

Las organizaciones también pierden la perspectiva a la hora de medir los resultados de lo que están haciendo.

Por ejemplo, si una empresa solo mide e informa de las entradas, el progreso de la actividad y los resultados (por ejemplo, árboles plantados, perforaciones realizadas, lámparas solares distribuidas a una población), están perdiendo el impacto final de estos esfuerzos.

Se debe explicar y cuantificar cómo han ayudado esos resultados al medio ambiente, la comunidad, etc.

Una planificación y un diseño cuidadosos requieren un enfoque impulsado por las partes interesadas para garantizar que se aborden los riesgos, las oportunidades y las barreras, y se seleccionan los indicadores correctos para medir el éxito.

Esto ayudará a garantizar que los esfuerzos estén trabajando hacia la creación de cambios significativos y que estos impactos positivos se reflejen en los informes de sostenibilidad.

Objetivos, métodos e indicadores de informes incoherentes

Tal y como señala KPMG, cada empresa afecta a las personas y al medio ambiente de forma diferente según la naturaleza y la ubicación de sus operaciones, cadena de suministro y estructura de ventas.

Los objetivos de ODS, si van a ser significativos y efectivos, deben ser el producto de una comprensión detallada y granular de los impactos de la compañía.

Las estrategias de ODS más efectivas aumentan los impactos positivos de una organización en las personas y la naturaleza, así como también reducen lo negativo. La configuración de los objetivos de los ODS debe reflejar este equilibrio.

Gold Standard apunta, de manera certera, que con tantos factores involucrados en las iniciativas de sostenibilidad, puede ser un desafío medir e informar los impactos de una manera significativa y creíble.

Sin embargo, con las expectativas de que las mejores prácticas aumenten, y los líderes en sostenibilidad pongan el listón más alto, los impactos autoevaluados solo serán creíbles si los métodos de cuantificación e informe son transparentes, precisos y consistentes a lo largo del tiempo.

Los datos recogidos deben ser cuantitativos para que el progreso hacia los ODS se pueda medir y comparar adecuadamente, año tras año.

Mientras, los estudios de caso, las citas y las fotos se pueden usar para complementar los informes y comunicar la “historia humana” detrás de una iniciativa.

Los indicadores de desempeño de los ODS deben integrarse en los objetivos operativos de la empresa y los objetivos de rendimiento del personal clave.

Por último, otro de los errores que cometen las organizaciones a la hora de gestionar los ODS es no utilizar, por la razón que sea, todas las herramientas que están publicadas y a su alcance de manera gratuita, y que facilitan enormemente el desarrollo de este importantísimo asunto para la sostenibilidad de nuestro planeta y sociedad.

Sin ir más lejos en Compromiso Empresarial vamos dando a conocer de manera frecuente nuevas herramientas y métodos para desarrollar los ODS.

Por tanto, no hay excusas para gestionar los ODS (y la RSC, la sostenibilidad, o como queramos definirla) de manera estratégica, coherente y real. Otra cosa es querer hacerlo realmente y ponerse a ello.

17
Comentarios