Cambio climático: cuesta abajo y sin frenos

La publicación del reciente informe del Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC) pone blanco sobre negro el futuro que nos aguarda a la vuelta de la esquina en cuestiones climáticas.
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El IPCC es el organismo mundial líder para evaluar la ciencia relacionada con el cambio climático, sus impactos y posibles riesgos futuros, y las distintas opciones de respuesta.

En un estudio que medios y expertos tildan de dramático y alarmante, el IPCC ha sido muy claro y directo, o se hacen cambios “rápidos, de gran alcance y sin precedentes en todos los aspectos de la sociedad” o nos pasaremos de largo de conseguir que solo haya un aumento de temperatura de 1,5°C sobre los niveles de temperatura anteriores a la era industrial (como si esa cifra no fuera ya a traernos problemas importantes).

Leamos de nuevo esas palabras, por favor, en voz alta y pausadamente: “rápidos”, “de gran alcance”, “sin precedentes”, “todos los aspectos de la sociedad”.

Bien, a eso añadamos que se estima que las actividades humanas ya han causado un aumento aproximado de 1,0°C por encima de los niveles preindustriales, con un rango probable de 0,8°C a 1,2°C, y que es posible que el calentamiento global alcance 1,5°C entre 2030 y 2052 si continúa aumentando al ritmo actual.

El asunto, si se piensa un poco, no pinta nada bien, y además la diferencia entre un crecimiento de 1,5°C a 2°C es muy importante en cuanto a impactos y consecuencias.

Esas consecuencias dependerán de la magnitud y la tasa de calentamiento, la ubicación geográfica, los niveles de desarrollo y vulnerabilidad, y de las opciones e implementación de las opciones de adaptación y mitigación.

Limitar el calentamiento global a 1,5°C en comparación con 2°C reduciría los impactos desafiantes sobre los ecosistemas, la salud humana y el bienestar, facilitando el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas.

Limitar el calentamiento global a 1,5°C en comparación con 2°C reduciría los impactos desafiantes sobre los ecosistemas, la salud humana y el bienestar.

Nos ha pillado el toro

Hace ya bastante tiempo me preguntaba también en este medio si realmente queríamos detener el cambio climático o no, y la idea general que salió de aquel artículo era más bien que nos daba bastante igual.

Desde entonces, aunque debe de haber habido algo de cambio en la percepción y el conocimiento de la población en general cuando se les habla del tema (más que nada porque el tiempo meteorológico lo notamos todos y cada día vemos ejemplos en diferentes partes del mundo, incluida nuestra península ibérica), creo que poco más hemos avanzado en ese aspecto y, en general, como individuales o no sabemos qué hacer para no empeorar la situación o aún hay poca gente que haya tomado realmente conciencia (y obre en consecuencia, claro).

Quizá hoy me haya levantado más realista de lo normal, pero creo que vamos a sufrir unas duras consecuencias por pasarnos de los 1,5°C (y probablemente también de los 2°C) de aumento.

Como hemos visto arriba, en el mejor de los casos a este ritmo de emisiones llegaríamos en 32 años al 1,5°C de aumento y en el peor en simplemente 12 años, ¡Solo 12 años!

El estudio pedía cambios rápidos, pero más que rápidos los cambios deben ser hipersónicos si se quiere frenar a tiempo. E imaginemos que si para 2030 ya hemos pasado del 1,5°C fácilmente llegaremos a los 2°C o más en poco tiempo después.

Nuestra actividad humana (tanto industrial como a nivel individual) no es fácil de cambiar de rumbo de una década para otra. Existen no solo reticencias individuales, de costumbres y económicas, sino también intereses con mucho peso en lo político y lo económico que empujan en la dirección contraria a los cambios y los hacen imposibles o muy lentos.

Pensar que cambiaremos suficientemente rápido es, desde mi punto de vista, simplemente inocente.

La segunda petición del IPCC para los cambios es que sean de gran alcance. Es decir, que no sean meramente superficiales sino que los cambios a implementar o las soluciones que se encuentren sean implantados profundamente en ámbitos relativos a la industria, la construcción, la energía, el transporte, o las ciudades, por nombrar algunos.

De esa manera se pretende que los niveles de emisiones de CO2 con causa antropogénica para 2030 sean un 45% de los que había en 2010, reduciéndose cada vez más hasta lograr que fueran cero para 2050.

Solo en el sector energético, el informe dice que para limitar el calentamiento a 1,5°C, se incluirán “necesidades de inversión promedio anual de alrededor de 2,4 billones de dólares” entre 2016 y 2035. Lo que se dice barato, vamos.

Solo en el sector energético, el informe dice que para limitar el calentamiento a 1,5°C, se incluirán "necesidades de inversión promedio anual de alrededor de 2,4 billones de dólares" entre 2016 y 2035.

Más vale prevenir, si aún podemos

Hacer grandes recortes de emisiones a corto plazo costará dinero, pero será más barato que pagar por la eliminación del dióxido de carbono a finales de este siglo, y también es positivo en el sentido de que habrá un mayor crecimiento económico si se llega a solo 1,5°C que a 2°C,  y no existe el mayor riesgo de impactos catastróficos en el primer caso que en el segundo.

Lo anterior es de suma importancia porque como el sabio refranero español dice, más vale prevenir que curar, y en el caso del cambio climático también se cumple la frase.

Por un lado, todo lo que se tarde en actuar será tiempo que se perderá en la lucha contra el cambio climático, y por otro además obligará a tomar decisiones y cambios aún más drásticos en años posteriores.

Revertir los impactos del aumento de temperatura también algo muy difícil (y caro)

Por ejemplo, según un artículo de Greenbiz, el uso de tecnologías de eliminación de dióxido de carbono (CDR) o tecnologías de emisiones negativas (NET), no será suficiente para revertir efectos.

También el artículo se pregunta que si nosotros no estamos dispuestos a usar las tecnologías de mitigación relativamente baratas para reducir las emisiones de carbono disponibles en la actualidad (como la mejora de la eficiencia, el aumento de las energías renovables o el cambio de carbón a gas natural), qué nos hace pensar que las generaciones futuras usarán las NET, que son muchísimo más caras.

Todos nosotros hemos de arrimar el hombro y empezar ya a actuar de manera diferente en, por ejemplo, cosas tan mundanas y habituales como realizar compras de comida de proximidad y de temporada.

¿Qué vamos a hacer los ciudadanos de a pie?

Pasando por alto la “sugerencia” del IPCC de que los cambios sean sin precedentes (¿a alguien se le ocurre algún otro desafío de este tamaño y dificultad que haya ocurrido antes en nuestro mundo?), el último aspecto que deben tener los cambios es que afecten a todos los ámbitos de nuestra sociedad.

Y ahí entramos nosotros como entes individuales y con todas nuestras decisiones.

Todos nosotros hemos de arrimar el hombro y empezar ya a actuar de manera diferente en, por ejemplo, cosas tan mundanas y habituales como realizar compras de comida de proximidad y de temporada, malgastar menos comida (y de todo en general), usar más nuestras piernas y menos nuestros vehículos para trayectos cortos, dejar de usar vehículos de combustión interna, utilizar menos el transporte aéreo y viajar menos innecesariamente, aislar mejor nuestras casas para consumir menos calefacción/refrigeración, etc..

Complicado ¿verdad? ¿O simplemente incómodo? Probablemente más lo segundo.

Según The Guardian, a nivel global deberíamos comer (entre otros alimentos) ocho veces menos cerdo del actual y dos veces más legumbres si queremos no pasarnos de los  2°C  para 2050. Y hay más, échenle un vistazo al artículo.

En definitiva la pregunta final de este apartado sería ¿estamos dispuestos a renunciar a nuestras comodidades actuales para salvar el clima? ¿lo harán también los países emergentes con grandes poblaciones que aspiran a tener un modo de vida como el nuestro?

Según mi opinión, no. Eso no pasará. Creer que vamos a cambiar en tan pocos años es ciertamente una utopía.

Aún así, debemos seguir luchando

Con este panorama tan “optimista” nos asalta otra pregunta, ¿bajamos nuestras manos y tiramos la toalla o seguimos batallando?

La respuesta no puede ser otra que sí, debemos seguir luchando y haciendo todos los esfuerzos que estén en nuestras manos, tanto individuales como colectivos, tanto de concienciación para otros como de interiorización para nosotros mismos.

No debemos rendirnos y sí debemos exigirnos a nosotros mismos, a gobiernos, empresas y organizaciones de diversa índole que se apliquen las medidas necesarias para que los impactos en nuestro planeta y nuestra civilización sean lo menos graves posibles.

Es complicado, sí, como nada que hayamos hecho antes. Y, sí, también vamos ya muy tarde. Pero cualquier esfuerzo tendrá su recompensa en un futuro menos malo del que podría ser.

Si no quiere hacerlo por generaciones venideras, hágalo por usted, los cambios adversos en el clima los estamos ya sufriendo y nadie se va a librar.

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