Dióxido de titanio ¿cancerígeno? Una oportunidad para la RSC

¿Seguirá el dióxido de titanio los mismos pasos que los parabenos? ¿Se trata de una campaña como la orquestada contra el aceite de palma? En estos momentos, este compuesto químico está en el punto de mira en Bruselas, donde se libra una dura batalla para ver cómo se actúa desde las instituciones con un elemento cuyo efecto en la salud plantea serias dudas.
Lidia Soria5 noviembre 2018
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Se trata de un blanqueador químico que se puede encontrar en muchos productos de uso cotidiano como los protectores solares, la pasta de dientes, los plásticos o las pinturas, pero también se puede ingerir por estar presente en algunos alimentos, como pasteles o dulces, identificado en las etiquetas como E171. En 2006, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) de la Organización Mundial de la Salud lo declaró como un posible carcinógeno para los seres humanos, después de los resultados que arrojaron tests en animales. Ahora la Comisión Europea se plantea que esta clasificación aparezca en la etiqueta y se abre el debate para determinar cómo puede afectar a los consumidores.

Tanto la Agencia de Químicos Europea como varias ONG señalan que todas las formas de este químico deberían considerarse como sospechoso cancerígeno por inhalación. La Agencia Europea de Sustancias y Preparados Químicos (ECHA) también concluyó que hay riesgo de cáncer si se inhala, por lo que recomendó el uso de etiquetas de advertencia en toda la UE.

En Estados Unidos, algunas empresas como Dow Chemicals o Dunkin´Donuts ya han dado pasos para eliminarlo de sus productos en el marco de sus políticas de responsabilidad social corporativa, adelantándose así a cualquier posible normativa. Por su parte, en Europa también hay alguna empresa como la francesa Verquin Confiseur que sigue estos pasos, aunque parece que pesa más discutir sobre una normativa. A este respecto, la presión que se vive en Bruselas por parte de los lobbies del dióxido de titanio está siendo feroz.

Según el Observatorio Europeo Corporativo hay una campaña orquestada al milímetro para conseguir que este producto no se etiquete como potencial cancerígeno. El lobby empresarial tiene como táctica presentar la potencial pérdida de empleos o el impacto económico que puede tener en todos los sectores que se verían afectados, como la industria del papel, de plásticos, pinturas, cosméticos e incluso el sector automovilístico.

Todo este esfuerzo lleva asociada por el momento una inversión de 14 millones de euros, que pretende demostrar científicamente que este químico no provoca cáncer. Los productores harán todo lo posible para que no aumente la preocupación entre los consumidores y la demanda de sus productos pueda verse mermada.

Evitar otra oportunidad perdida

En Bruselas todavía se recuerda cómo la Comisión aprobó recientemente la renovación del uso de otro posible cancerígeno para los humanos, según la OMS. En este caso fue el polémico herbicida glifosato. A pesar de la calificación de la Organización Mundial de la Salud, la UE renovó su licencia con el respaldo de 18 países, entre ellos España, sin tener en cuenta la fuerte oposición ciudadana y de ecologistas.

Organizaciones medioambientales tacharon en su momento de lamentable la decisión de Bruselas, pero sucedió. La Comisión renovó la licencia del glifosato hasta 2022. Sin embargo, también es cierto que la presión ciudadana para acabar con este herbicida, y todas las protestas que se vivieron en la ciudad por parte de ecologistas, no fueron en vano.

A pesar de la calificación de la Organización Mundial de la Salud, la UE renovó la licencia del herbicida glifosato con el respaldo de 18 países, entre ellos España, sin tener en cuenta la fuerte oposición ciudadana y de ecologistas.

La compañía BioChecked, decidida a la certificación de productos para empresas, organizaciones, productores respetuosos con el medio ambiente y la salud, decidió lanzar una nueva certificación:

Sin glifosato”. Después de plantear el tema con algunos de sus clientes, reconoció un ambiente predispuesto a la responsabilidad y decidió que era el momento de presentar una nueva certificación que garantiza productos sin trazas de este herbicida.

La división de opiniones no se dio solo entre los países, sino también en el sector empresarial, donde tampoco había consenso sobre el herbicida. Algunos piensan que es mejor evitarlo y optarían por certificaciones que así lo señalen como las que ofrece BioChecked, mientras que otras se ciñen al criterio de la EFSA (Agencia de Seguridad Alimentaria de la Unión Europea) que cree poco probable que el glifosato sea cancerígeno.

Empresas responsables, libres de dióxido de titanio

En el sector de las pinturas, la compañía Dow Chemicals presentó hace tiempo su tecnología Evoque, que le valió el Premio Presidencial a la Química Verde -entregado cada año por el  Gobierno de Estados Unidos-. Con esta técnica la empresa reducía precisamente el dióxido de titanio de forma considerable.

En esta misma línea, pero en el sector de la alimentación, otra empresa estadounidense también daba un paso en firme hacia adelante. Se trata del fabricante de donuts Dunkin’ Donuts, con presencia mundial, y que utilizaba este compuesto en el azúcar en polvo de algunos de sus productos.

La compañía decidió responder a una campaña de presión de As you sow, una ONG que busca promover la RSC en las empresas, con una decisión pionera. Respondió positivamente a sus demandas y emprendió así el camino hacia la búsqueda de alternativas al dióxido de titanio.

Los fabricantes de alimentos suelen utilizar este compuesto químico para hacer que sus productos de color blanco luzcan más blancos y brillantes. Y según investigaciones que comenzaron en la Universidad de Arizona, en gran parte de esos alimentos se encuentran nanopartículas. Y es ahí donde hay mayor preocupación porque no hay estudios concluyentes sobre cómo afectan a la salud.

En Europa, Francia quiere liderar el debate sobre la prohibición del dióxido de titanio. El Gobierno galo elogia los esfuerzos de las empresas por eliminar de forma voluntaria este ingrediente de sus productos, como es el caso de la compañía de golosinas Verquin Confiseur, por considerar además que no aporta ningún valor nutricional, ni aumenta la vida útil del producto. Ha sido precisamente el ejecutivo francés quien ha llevado a Bruselas la necesidad de revaluar el impacto de este compuesto químico. A su juicio, es esencial cuestionar la utilidad real de una sustancia cuyo único interés es hacer más blancos y brillantes los alimentos, mientras existen dudas sobre los riesgos para la salud asociados a su ingesta.

Un posible sustituto con resultados similares podría ser Avalanche, un producto presentado recientemente por Sensient Colours Europe GmbH como solución para evitar el dióxido de titanio. Conseguir un blanco puro sin usar dióxido de titanio es todo un desafío y parece que la gama Avalanche podría adaptarse mejor ofreciendo un blanqueamiento intenso con una buena estabilidad, al menos en productos de pastelería, caramelos o productos líquidos.

La compañía de golosinas Verquin Confiseur ha eliminado el dióxido de titanio por considerar además que no aporta ningún valor nutricional, ni aumenta la vida útil del producto.

Nanoparticulas de dióxido de titanio

El uso de nanomateriales va en aumento en algunos productos de consumo, por lo que se está revaluando la seguridad de varias sustancias, entre las que se incluye el dióxido de titanio. Por ejemplo, las nanopartículas de dióxido de titanio están aprobadas como filtro UV para protectores solares, por su capacidad para bloquear la absorción de la luz ultravioleta del sol. Sin embargo, a pesar de que las partículas son muy pequeñas, pueden seguir resultando nocivas para la salud.

Al menos, falta información para demostrar la seguridad a largo plazo. Según el Comité Científico de Seguridad de los Consumidores (CCSC), las nanopartículas de dióxido de titanio evaluadas, utilizadas en concentraciones de hasta un 25% como filtro UV en protectores solares, pueden considerarse seguras para los seres humanos. Establecen que el dióxido de titanio no penetra a través de la piel en ninguna de sus formas, incluida la nanoforma. Esa es la conclusión que la Comisión Europea refleja en sus informaciones al usuario.

Sin embargo, la propia Comisión dice estar abierta a revisar la conclusión si se demuestra otro comportamiento distinto de las nanopartículas. Y también pone en duda la seguridad de las nanoparticulas cuando se inhalan, ya sea a través de productos en polvo o en aerosol. Por ello aconseja no utilizar sprays o polvos que contengan dióxido de titanio. Pueden causar toxicidad e inflamación de los pulmones y de ahí derivar en cáncer, o bien que la exposición provoque irritación de la piel o los ojos. Además, algunos estudios señalan que si los nanomateriales de dióxido de titanio penetran en el organismo pueden dañar el material genético.

En este sentido, la Comisión reconoce que la metodología para la evaluación de los nanomateriales sigue en desarrollo por lo que todavía no se tienen todos los datos para tener una evaluación completa sobre cómo impacta el dióxido de titanio en nanoforma en la salud de los seres humanos.

Según avanzan los estudios se van conociendo nuevas consecuencias. Este verano saltaba una noticia alarmante sobre el dióxido de titanio. Científicos aseguraban que las playas quedaban contaminadas por las cremas solares, que contienen cantidades significativas de este químico. La investigación se basaba en playas del sur de Francia.

Los investigadores encontraron que en el agua las nanopartículas del dióxido de titanio se vuelven más agresivas y que la exposición a largo plazo podría resultar tóxica para una variedad de peces y otros organismos acuáticos. Calcularon que se podía encontrar 1,7 kilos de dióxido de titanio al día, lo que equivale a 54 kilos en los dos meses de verano. Es la primera vez que un estudio demuestra como ciertos cosméticos, en este caso cremas solares, pueden dañar el entorno marino.

Tan necesario es que los bañistas puedan protegerse la piel del sol como que las playas no se vean contaminadas por este hecho. Los fabricantes de cremas solares tienen aquí una gran oportunidad para potenciar su RSC y cumplir con dos objetivos fundamentales en el verano: cuidar la piel sin contaminar la playa.

Algunas compañías ya son conscientes de esta necesidad, aunque sobre todo en el terreno de la cosmética ecológica y natural, donde apuestan por lanzar sus productos libres de nanopartículas de dióxido de titanio. Un ejemplo es la empresa Bio Valsain, una compañía española dedicada a la cosmética ecológica, que ya prescinde de este químico en sus productos, y trabaja con proveedores que tienen el mismo criterio.

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