Plantar cara al cambio climático calculando y reduciendo la huella de carbono

Asumir la responsabilidad de trabajar para reducir su huella ambiental es, sin duda, un reto para el sector privado. Pero también una apuesta que, cada vez más, están asumiendo las compañías, conscientes de que esta es una buena fórmula para conocer y gestionar mejor los riesgos y oportunidades ambientales para su negocio, y una ventaja competitiva a la hora de definir -o redefinir- su estrategia empresarial.
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Inauguración de la Dehesa de Abajo, del Proyecto Doñana llevado a cabo por Heineken.

Los retos de futuro en el sector empresarial van mucho más allá de la economía. Hoy los riesgos medioambientales ya se han convertido en una de las principales preocupaciones de la próxima década, según el último encuentro del Foro de Davos. Parece que el cambio climático comienza a preocupar seriamente en el día a día del sector empresarial y en su toma de decisiones en materia de inversión, por los riesgos que implica a medio y largo plazo.

Más allá de por los compromisos adquiridos en las últimas cumbres de Naciones Unidas sobre cambio climático (mantener la temperatura media por debajo de los dos grados), o por la presión regulatoria y las exigencias ‘verdes’ de los inversores, también, y sobre todo, por las oportunidades que ofrece este escenario y la mayor conciencia ecológica.

Según recoge el Informe Embedding a carbon price into business strategy, publicado por Carbon Disclosure Project (CDP) en 2016, casi 1.250 compañías de todo el mundo ya han incorporado, o lo harán en breve, un mecanismo interno de fijación de precio del carbono en su estrategia empresarial, lo que supone “un aumento del 23% con respecto a 2015”, señala este estudio para el que CDP entrevistó a casi 5.760 empresas, y que también alerta de que los esfuerzos “aún son insuficientes” frente a las altas temperaturas.

El caso de Heineken: sostenibilidad 360

Medir y reducir la huella ambiental en las compañías, además de a preservar el entorno, contribuye a crear mejores productos, acceder a nuevos mercados y obtener beneficios económicos y también sociales. Las empresas que apuesten por ello podrán además reducir los costes asociados al cumplimiento de la legislación y adelantarse a los nuevos requisitos y normativas, además de evaluar los riesgos asociados al cambio climático e identificar potenciales ahorros y oportunidades de negocio.

Así lo creen empresas como Heineken España que ha puesto en marcha un proyecto en el Espacio Natural de Doñana para restaurar humedales que lleva aparejado una compensación hídrica de mil millones de litros de agua. Gracias a ello, el pasado mes de junio la cervecera inauguró oficialmente el humedal Dehesa de Abajo en un acto en el que se presentaron los resultados de esta iniciativa evaluados por  el Centro Andaluz del Medio Ambiente de la Universidad de Granada.

Estado del Espacio Natural de Doñana antes y después de la intervención de Heineken.

Según explican desde Heineken, este logro supone un importante avance en su programa global Water Balancing que incluye el compromiso de alcanzar el balance hídrico neutro en 2020.

El Proyecto Doñana ha sido desarrollado por Heineken en colaboración con la Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio de la Junta de Andalucía y representa, a juicio de la compañía,  “un éxito de colaboración público-privada sin precedentes”. Con una inversión de más de 300.000 euros, esta iniciativa, asegura Heineken, “responde a uno de los grandes retos de nuestros días: la escasez de agua, un recurso natural esencial para la vida, especialmente preciado en regiones con alto estrés hídrico como Andalucía, y también para Heineken España, ya que el agua es un ingrediente imprescindible en la cerveza”.

En palabras de Marcos Tarancón, director de Relaciones Corporativas y Legal de la compañía en España: “La cerveza es agua en un 95%, por eso en Heineken nos sentimos especialmente responsables y nuestro compromiso con la protección de las fuentes de agua va más allá”.

El plan global de compensación de agua Water Balancing se enmarca en la estrategia de sostenibilidad global de la compañía Brindando un mundo mejor que incluye diferentes actuaciones en las distintas comunidades en las que opera. Además del Proyecto Doñana, la compañía está desarrollando el Proyecto Olivo también en la cuenca del Guadalquivir, el Proyecto Cañaveral en la cuenca del Júcar (Valencia), y próximamente establecerá las intervenciones a desarrollar en la cuenca madrileña del Jarama.

En el caso de Doñana la compañía se han centrado en la restauración de cuatro humedales de este Espacio Natural: la Laguna de la Dehesa de Abajo, la Laguna de San Lázaro, la Laguna de las Pardillas y la Laguna del Lince. Como resultado, se ha mejorado su funcionalidad hídrica y ecológica, incrementando su biodiversidad y fomentando la presencia de especies en peligro de extinción como el lince y numerosas aves rapaces. Además, se han mejorado las condiciones para favorecer el uso público de este enclave natural.

Entre los efectos positivos conseguidos está la captación de aguas fluviales, la recarga del acuífero -mediante el rediseño del paisaje de las lagunas- y la fortaleza y calidad del suelo, aumentando su capacidad de infiltración y su productividad con una menor erosión. Además, se han creado orlas lagunares con hasta 1.500 ejemplares de vegetación autóctona y la restauración de taludes con manta orgánica.

Heineken toma medidas para mejorar la sostenibilidad de su distribución.

En la misma línea, y coincidiendo con la celebración del último Día Mundial del Medio Ambiente, el pasado 5 de junio, la compañía cervecera comunicó sus últimos logros en materia de reducción de emisiones en el marco de su Programa corporativo Drop the C y dirigido a todos los eslabones de su cadena de valor, desde la recogida de materias primas hasta el disfrute final de la caña en el bar.

Según explican, en 2017 ya se alcanzaron los objetivos de reducción de emisiones planteados inicialmente para 2020 en todas sus áreas de actuación, logrando por tanto estas metas tres años antes de lo previsto y planteándose nuevos retos globales dirigidos a que el 70% de la energía utilizada en 2030 sea renovable.

Drop the C se inspira en la idea de eliminar la “C” del CO2, obteniendo como resultado solo oxígeno (O2) y contribuyendo a que la temperatura del planeta no siga aumentando. Sus esfuerzos se centran en minimizar las emisiones en las áreas de producción, distribución, refrigeradores, envases y embalajes, así como en el cambio de modelo en la gestión de sus residuos para la transición hacia una economía circular.

En el área de producción la reducción de emisiones conseguida el pasado año fue del 41% gracias al uso en sus fábricas de energía eléctrica renovable y una mayor utilización de biogás y otras fuentes de energía como la solar, la eólica o la biomasa.

En lo que respecta a la distribución, las emisiones se redujeron en 2017 en un 6,2% gracias al programa Transport partnering to drop fuel comsumption para la conducción más eficiente, la optimización de la capacidad del transporte y el transporte colaborativo con otras empresas para aprovechar los viajes de vuelta con el objetivo de reducir los “kilómetros vacíos”.

El área de refrigeración también forma parte del programa Drop the C, y en ella Heineken cuenta con la iniciativa Green cooling, que proporciona equipos de frío para hostelería con un triple beneficio: la reducción de gases de efecto invernadero, un ahorro energético de entre el 15% y el 75% respecto a los sistemas tradicionales, y un beneficio económico para el cliente del sector hostelero, que paga menos en sus facturas de electricidad.

En 2017 el 100% de los enfriadores proporcionados a los clientes de Heineken España fueron “verdes” gracias a este programa iniciado en 2011 y en el que la cervecera ha invertido más de 22 millones de euros con el fin de instalar en el mercado 185.000 sistemas de refrigeración sostenibles.

Además, la compañía ha integrado una metodología de ecodiseño en su proceso de innovación y utiliza cada vez menos envases y con un peso inferior, lo que implica importantes ahorros en el consumo de agua, energía térmica y materiales de envasado, fomentando los formatos retornables. Además, usa materiales reciclados y biodegradables en sus embalajes, evitando plásticos innecesarios y simplificando el packaging.

Correos Express incluye repartos realizados con medios de transporte sostenibles en su programa 'Mares'.

Correos Express: innovación al servicio del medio ambiente

La compañía de logística Correos Express ya está implantando el proyecto de Medios Alternativos de Reparto Ecológico y Sostenible (Mares) con el objetivo de desarrollar y utilizar en sus labores de reparto medios de transporte más sostenibles ambientalmente, y sobre todo compatibles con las zonas peatonales en las que generalmente se ubica una importante riqueza monumental (centros urbanos y cascos históricos de las ciudades).

El proyecto, que está previsto que se desarrolle de manera amplia en toda España, incluye repartos realizados por backpackers, bicis eléctricas, vehículos eléctricos y vehículos a gas. Por el momento, Mares ya está funcionando con bicicletas eléctricas en Palma de Mallorca, Barcelona y Málaga, y está previsto que se extienda de forma progresiva a otras ciudades españolas.

Según explica a Compromiso Empresarial Leticia Martín Santiago, subdirección de Comunicación de Correos Express, el proyecto va a continuar impulsándose desde la compañía y ya se están realizando más pruebas piloto en otras ciudades como Bilbao, San Sebastián, Barcelona, Alicante o Madrid, “con excelentes resultados”.

Mares es una solución innovadora y sostenible que busca beneficios más allá de la protección del medio ambiente y el ahorro de emisiones, y que tiene que ver también con la movilidad y accesibilidad en las ciudades. “Las zonas céntricas a menudo ofrecen un difícil acceso y cuentan con un patrimonio monumental de gran belleza que hay que preservar”, remarca Martín, que señala que el objetivo de Correos Express es reducir al mínimo el impacto de los servicio de la compañía, y a la vez, seguir asegurando la calidad de las entregas.

Aunque aún es pronto para calcular el impacto real de esta iniciativa a nivel de reducción de huella ambiental, la responsable de Correos Express indica que la apuesta de la compañía por encontrar una alternativa más responsable y sostenible al reparto tradicional es decidida y también su compromiso por poner su capacidad de innovación al servicio del medio ambiente. También es la manera de dar respuesta a las nuevas necesidades de las ciudades y de los propios ciudadanos, cada vez más exigentes a la hora de reclamar responsabilidades a las empresas, manteniendo a la vez la calidad y agilidad del servicio. “El proyecto está teniendo una magnífica acogida”, añade Leticia Martín.

Una vez analizados los resultados de los proyectos pilotos actuales, Correos Express prevé continuar con la ampliación de Mares y el aumento del número de bicicletas, tanto en las ciudades donde ya ofrece el servicio, como en las que, de manera paulatina, vaya incorporándose.

Los responsables de las delegaciones donde ya funciona Mares, como es el caso de Palma de Mallorca coinciden en que “la respuesta del público está siendo excelente”. “La gente se hace fotos con nuestros equipos de entrega, que han pasado a ser parte del paisaje urbano, y los clientes están encantados porque se mantiene la calidad del servicio a la vez que mejora su sostenibilidad”, apuntan.

Eurofred compensa sus emisiones de CO2 con repoblaciones forestales.

Otros casos de éxito en la apuesta por el medio ambiente

La empresa distribuidora de equipos de climatización doméstica, comercial e industrial Eurofred acaba de concluir un proyecto que implica la reforestación con 70.700 árboles en zonas afectadas por incendios forestales que absorberán 4.500 toneladas de CO2. ¿El objetivo? Compensar sus emisiones, además de dar empleo a trabajadores de esas zonas en riesgo de exclusión social.

La compañía ya ha anunciado que compensará de esta manera el 100% de sus emisiones contaminantes en los países donde opera. En España, Eurofred se define como “la primera compañía que compensa el total de sus emisiones contaminantes y la única de su sector que calcula y reduce sus emisiones de CO2”, un compromiso con el medio ambiente que extiende a Portugal y, próximamente, a Francia, Italia y Chile.

Hasta la fecha, Eurofred ha reforestado más de 55 hectáreas de zonas quemadas en España, con 45.700 árboles en Barcelona, Alicante y Castellón y 3,62 hectáreas en Portugal (Abrantes) con 6.000 pinos piñoneros. Este otoño repoblará otras 22 hectáreas en España, con 16.000 árboles, en zonas de Andalucía, Extremadura y Madrid, y 6 hectáreas con 3.000 árboles en Francia (Cambon et Salvergues).

En total, 87 hectáreas reforestadas con 70.700 árboles que absorberán exactamente 4.523,28 toneladas de CO2. La empresa señala que durante al menos 20 años la compañía realizará un seguimiento exhaustivo de todas sus plantaciones responsabilizándose de su mantenimiento y crecimiento. Para la selección de las especies de árboles se tienen en cuenta las plantas autóctonas, adecuadas a cada territorio, que, además de absorber CO2, ayuden a consolidar los terrenos, evitando su erosión, y a restituyendo su valor paisajístico.

Esta estrategia corporativa de compensación de su huella ambiental arrancó para esta distribuidora de equipos de climatización, frío comercial, heladería, pastelería y energía solar térmica en 2014, y en ella se integran otras medidas, como la renovación de su flota de vehículos con coches híbridos; la instalación de luces leds en las oficinas, o el reciclado de materiales. “Todas las actividades empresariales emiten contaminación a la atmósfera, y aunque esto es algo muy difícil de evitar, sí podemos minimizar el impacto calculando el CO2 emitido, reduciendo el volumen de estas emisiones y compensándolas. Y eso es lo que estamos haciendo”, explica Bernat Martín, director de Operaciones y Calidad del Grupo Eurofred.

Por su parte, la aerolínea de bajo coste Ryanair anunció el pasado mes de marzo sus nuevos compromisos medioambientales en los que se incluían ambiciosos objetivos en materia de lucha contra el cambio climático: inversiones en nuevos modelos de aviones más eficientes, el compromiso de eliminación de todos los plásticos no reciclables en los próximos cinco años o la posibilidad de que sus clientes puedan compensar las emisiones de carbono de sus vuelos al final del proceso de reserva. Las donaciones voluntarias obtenidas irán destinadas a una organización que trabaja para paliar el cambio climático.

En la misma línea, la empresa textil vasca Skunkfunk (Vid. Skunkfunk, líder en sostenibilidad por convicción) apuesta a nivel estratégico por lo que denomina su enfoque global de sostenibilidad, en el marco del cual ha desarrollado una herramienta para medir cuánto contaminan sus prendas durante su ciclo de vida y poder tomar medidas para disminuir estos índices. El grupo se ha marcado como objetivo disminuir sus emisiones contaminantes en un 30% de cara a 2020.

“Podríamos haber volcado nuestros esfuerzos en otros ámbitos de la sostenibilidad, pero de la reducción de las emisiones depende nuestra supervivencia como especie”, explica en este sentido el responsable de cadena de suministro y sostenibilidad en Skunkfunk, Jon Curutchet, que recuerda que tras la firma de los Acuerdos de París en 2015, “frenar el calentamiento global se ha convertido en uno de los pilares de la cooperación internacional”.

“Se estima que la industria textil produce el 8% del CO2, la misma cantidad que genera el conjunto de países de la Unión Europa”, apunta Curutchet, que añade que se trata del segundo sector más contaminante del planeta, por detrás de la industria petrolera. “Si tenemos en cuenta que la producción de petróleo tiende a la baja, es cuestión de tiempo de la textil sea, en un futuro muy cercano, la industria más contaminante del mundo”, remarca el responsable de la firma.

Skunkfunk muestra las emisiones que genera cada uno de sus productos.

El 2017 Skunkfunk se volcó en la labor de averiguar las emisiones que generaba. Para ello, y durante más de un año, la compañía cumplimentó los datos sobre todos sus artículos  referentes al uso de materias primas para fabricarlo, los diferentes procesos, acabados, tratamiento de aguas, eficiencia energética, tintes o transporte, entre otros elementos.

“Gracias a esto ya tenemos una fotografía de dónde estamos ahora mismo en cuestión de emisiones, y sabemos que aún nos queda mucho camino por recorrer en la parte industrial, por ejemplo, que coincide además en ser la parte donde más cuesta reducir”, apunta el responsable de la compañía, que señala que este aspecto es costoso porque los proveedores “tampoco están preparados para ello”.

Según explica Curutchet, “cuesta encontrar fábricas equipadas con paneles solares, o disminuir el número de proveedores de acabados y estampados cuando precisamente son la base de su identidad”. Entre otras cosas, y para compensar sus emisiones, Skunkfunk ha puesto en marcha un programa de plantación de árboles en el País Vasco y en India.

El siguiente paso es desarrollar una herramienta para informar al consumidor de las emisiones de carbono que se han generado en cada una de las prendas que compra, añadiendo una comparativa respecto a la misma prenda fabricada de manera convencional y de un gráfico para explicar cada uno de los procesos.

Skunkfunk ha establecido cinco fases: tres en las que es responsable la compañía, y dos en las que el consumidor debe ser proactivo. La responsabilidad de la empresa son la producción de materias primas, la tejeduría y confección y el transporte. Al consumidor le corresponden los lavados y la decisión que tome al desechar la prenda.

La herramienta, por ahora, tan solo está disponible de manera online, pero la marca trabaja ahora en el desarrollo de una aplicación para el teléfono móvil, una segunda fase, en la que etiquetará las prendas con un lector apto para el móvil con el fin de dar al consumidor esta información directamente en tienda.

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