Detengamos el desperdicio alimenticio

Aunque desgraciadamente todavía a nuestro alrededor más inmediato hay demasiadas personas que pasan hambre, la mayoría de los habitantes del primer mundo estamos acostumbrados a no preocuparnos mucho por qué llevarnos a la boca.
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Fuente: Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Tenemos comida variada y en abundancia a nuestro alcance y generalmente a un precio asequible  si no nos damos lujos.

Tanta facilidad para obtener comida hace que una gran parte de la sociedad no esté realmente concienciada sobre el desperdicio alimenticio y no lo vea como un grave problema a resolver. Y sí es un gran problema.

La alimentación forma parte de la primera jerarquía de las necesidades humanas en la pirámide de Maslow, las llamadas primordiales, y alcanzar una cobertura de esas necesidades a nivel global no es desde luego algo sencillo, y mucho menos lo será en un futuro próximo con el aumento de la población del planeta que llevará a los sistemas naturales al límite.

Se estima que para 2050 la producción de alimentos tendrá que haber aumentado en un 60% sobre los niveles de 2005 para alimentar a la creciente población mundial.

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) afirma que «aproximadamente un tercio de las partes comestibles de los alimentos producidos para el consumo humano se pierden o desperdician a nivel mundial, lo que equivale a aproximadamente 1.300 millones de toneladas por año».

Lo anterior incluye alrededor del 45% de todas las frutas y verduras, el 35% de pescados y mariscos, el 30% de cereales, el 20% de productos lácteos y el 20% de carne.

Sin ir más lejos, nada más y nada menos que el 30% de la superficie agrícola del mundo se utiliza para producir alimentos que se acabarán desperdiciando.

Si la cantidad de alimentos desperdiciados en todo el mundo se redujera en solo un 25%, habría alimentos suficientes para alimentar a todas las personas que están desnutridas, según la ONU.

Unas cifras y porcentajes que son generalmente desconocidos por el gran público, y que son realmente preocupantes.

30%
de la superficie agrícola del mundo

se utiliza para producir alimentos que se acabarán desperdiciando.

¿Dónde y por qué se pierde la comida?

La comida se desaprovecha o se pierde en los diferentes procesos de la cadena de valor como son la producción, manipulación y almacenamiento, procesado, distribución y venta, y finalmente en el consumo.

Pero no se pierde de igual manera según si nos encontramos en una situación geográfica u otra.

Podemos decir que cuanto más desarrollado está un país más cerca de la mano del consumidor se pierde la comida, mientras que en países en menor grado de desarrollo se pierde en actividades alejadas del consumidor.

Es decir, en el primer mundo los procesos de cultivo, producción, manipulación y procesado están más desarrollados que en países menos desarrollados que tienen pérdidas importantes de producción en esos procesos.

Y en el primer mundo desperdiciamos alimentos por cosas simples y tan evitables como comprar comida de más que no se acaba utilizando y se pone mala, por descartar la compra de comida que no tiene unos cánones estéticos en línea con lo que nos han metido en la cabeza que es un alimento sano y apetecible, por poner un par de ejemplos dependientes del consumidor.

En países poco desarrollados no están por exquisiteces de si la comida tiene un mejor o peor aspecto estético para consumirla. Ni tampoco, debido a las dificultades de acceder a ella en comparación con el primer mundo, dejan que se ponga mala ni la tiran a la basura tan alegremente como hacemos nosotros.

Debemos poner cada uno de nosotros nuestro grano de arena para reducir este desperdicio, aquello que esté en nuestra mano más allá de otras causas relativas a procesos agrícolas, industriales y demás sobre los cuales no tenemos control como individuos.

¿Qué efectos tiene el desperdicio alimenticio?

El desperdicio alimenticio impacta de manera amplia en diversas áreas, no solo las medioambientales como a priori se podría pensar.

El primer efecto de todos que ya hemos mencionado es el relativo al gran área de tierras a nivel mundial que se dedica a cultivar alimentos que no acabarán en nuestros estómagos.

Un área de tierra fértil que se estima mayor que la que ocupa China y que podría ser utilizada para otras actividades o simplemente no ser explotada continuamente con el deterioro que ello pueda provocar.

Se calcula que entre el 25% y el 30% del agua dulce mundial se acaba también desperdiciando en esos procesos de generación de alimentos.

Otro de los efectos es el inmenso volumen de agua que se usa para hacer crecer esos alimentos que se desperdiciarán. Se calcula que entre el 25% y el 30% del agua dulce mundial se acaba también desperdiciando en esos procesos.

Para hacernos una idea, para generar un litro de leche se necesitan unos 1.000 litros de agua, y para un kilo de carne de ternera unos 15.000 litros.

Otro ejemplo de efecto de este tipo de desperdicio es el que provoca en la huella de carbono y, obviamente, en el cambio climático.

Se estima que los alimentos que acaban siendo desperdiciados generan unas emisiones de 3,3 billones de toneladas de gases de efecto invernadero, representando el tercer emisor de ese tipo de gases de entre las actividades realizadas por el hombre.

Además, los alimentos no consumidos acaban yendo a parar a vertederos en los que al descomponerse generan gases como el metano que agravan todavía más la situación.

Esos alimentos no consumidos generan también otros desperdicios como los envoltorios y empaquetados, muchas veces hechos con materiales no reciclables o poco reciclables, y que acaban a menudo yendo también a parar a los vertederos.

Esos envoltorios también aumentan la huella hídrica y de carbono generada, y generan una contaminación que acaba yendo a parar a nuestra cadena trófica.

Por último, pero no menos importante sobre todo para las personas que estén menos concienciadas con el medio ambiente pero sí con su bolsillo, están las consecuencias económicas del desperdicio.

Según la FAO, las pérdidas económicas asociadas se estiman en 750 billones de dólares al año. Por ejemplo, el desperdicio de alimentos representaría unas 700 libras por familia y año en el Reino Unido, o unos 2.300 dólares por familia y año en los Estados Unidos.

Según la FAO, las pérdidas económicas asociadas al desperdicio alimenticio se estiman en 750 billones de dólares al año.

¿Qué se puede hacer para reducir este tipo de desperdicio?

La primera acción para no generar alimentos que se van a perder es mejorar los procesos de recolección, almacenamiento, procesamiento y distribución, a través del desarrollo de tecnologías más eficientes a las actuales.

Por su parte, los restaurantes, supermercados y vendedores pueden poner a la venta a un precio reducido los alimentos que no cumplen unos estándares estéticos pero que sean totalmente aptos para el consumo, en lugar de deshacerse de ellos y tirarlos al contenedor.

El reciclaje de los alimentos que por la razón que sea no vayan a ser consumidos es otra de las opciones, aunque las tecnologías y los métodos aún deben mejorarse. Por ejemplo, los alimentos ricos en almidón pueden ser reciclados en alimentos para el ganado de alta calidad.

No debemos olvidar aquí el realizar el correcto reciclado de los materiales de envasado en los que puedan estar contenidos los alimentos.

Por su parte, las empresas y organizaciones pueden utilizar el primer protocolo para el cálculo del desperdicio alimenticio creado por el World Resources Institute (WRI) y a través de él mejorar su desempeño en ese ámbito, reduciendo con el tiempo los alimentos desperdiciados.

Puede ser usado por entidades de todo tipo, tamaño, localización geográfica y sector económico, y es modular, con lo que se puede escoger hasta dónde cuantificar el desperdicio.

Como consumidores también podemos usar herramientas como la que nos proporciona la Agencia de Protección Medioambiental de los Estados Unidos (EPA), que engloba algunas acciones que pueden ser realizadas por cualquiera de nosotros.

Estos son algunos ejemplos de cosas que se pueden hacer a diversos niveles para que la comida acabe sirviendo para aquello para lo que se produce, es decir alimentarnos, y no para maltratar todavía más a nuestro planeta.

Puede que por ahora lo aguante pero, a este ritmo, llegará el día en que la Tierra no podrá darnos comida para todos.

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