¡Yo también tengo un sueño!

Hoy se celebra el septuagésimo aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Y, como dijo Martin Luther King, "yo -también- tengo un sueño" con respecto a la igualdad de derechos.
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Eleanor Roosevelt con la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Existen algunas curiosidades sobre la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH). Primero, que el comité de la Comisión de Derechos Humanos encargado de redactar el texto en 1948 estaba formado por nueve miembros y solamente una única mujer formaba parte de este grupo: Eleanor Roosevelt, la viuda del ex presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt. La Sra. Roosevelt lideró el comité.

Segundo, que cuatro mujeres de un total 195 delegados firmaron la Carta: la dominicana Minerva Bernardino; la brasileña Bertha Lutz; la estadounidense Virginia Gildersleeves, y la china Wu Yi-Tang.

Tercero, que gracias a las delegadas Bernardino, Hansa Mehta, de la India y la begún Shaista Ikramullah, de Pakistán, la declaración incluyó por partes el lenguaje inclusivo. Gracias a Mehta se realizó un cambio significativo en el lenguaje del Artículo 1 de la DUDH, al remplazar la frase “todos los hombres nacen libres e iguales” por “todos los seres humanos nacen libres e iguales”.

Bernardino promovió la incorporación de la frase “igualdad de hombres y mujeres” en el preámbulo de la Declaración. E Ikramullah defendió la inclusión del Artículo 16 sobre la igualdad de derechos en el matrimonio (que ella consideraba como una forma de combatir el matrimonio precoz y forzado).

Por último, solo tres mujeres han presidido las sesiones anuales de la Comisión de las Naciones Unidas sobre Derechos Humanos: Roosevelt, la princesa Ashraf Pahlavi (Irán) y Purificación Quisumbing (Filipinas).

Las mujeres se quedaron fuera de la creación del texto; fuera de los marcos normativos, salvo algunos derechos que podían adquirir en cuanto a cónyuges de un ciudadano.

En su regulación se fueron consolidando los derechos humanos. No obstante, siempre fueron entendidos como los derechos del hombre -con tanta presencia masculina parece normal- y las mujeres se quedaron fuera de la creación del texto; fuera de los marcos normativos, salvo algunos derechos que podían adquirir en cuanto a cónyuges de un ciudadano.

En el siglo XVIII, mujeres como Olympe de Gouges y Mary Wollstonecraft rompen con esa concepción de ciudadanas de segunda categoría, reivindicando los mismos derechos que los hombres y acabar con la subordinación de las mujeres. Casi un siglo después, en el 1848, las primeras feministas estadounidenses redactan la Declaración de Seneca Falls que supuso el texto fundacional del feminismo como movimiento social.

El derecho al voto de las mujeres se va consolidando a lo largo del siglo XX gracias a las luchas de los movimientos sufragistas.

Hay que reflexionar sobre algunas claves que nos permiten entender por qué los instrumentos internacionales de protección de los derechos humanos adolecen de las mismas deficiencias que el concepto de los derechos humanos, ciego al género durante tanto tiempo, y aquí destaco tres:

  • El paradigma de lo humano excluyente que se construye sobre varias exclusiones como por ejemplo el hombre blanco, heterosexual y propietario, ignorando la experiencia especifica de otras personas.
  • En el androcentrismo dentro de los derechos humanos. Observamos que la conceptualización de derechos ha ignorado, y muchas veces sigue ignorando, frecuentemente las necesidades de la mitad de la humanidad más discriminada, excluyéndola incluso durante décadas de su formulación directa.
  • Inicialmente los derechos humanos solo se aplican al espacio público, por lo que violaciones de derechos humanos como agresiones, asesinatos, abusos sexuales y torturas contra las mujeres en espacio privado se mantenían impunes. Normas posteriores como la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (Cedaw) aumentan la protección de mujeres y niñas al espacio privado.

La brecha salarial en España está justo en la media de todos los Estados miembros (aproximadamente un 16%) y la brecha de género en las pensiones está por debajo de la media de la Unión.

Los últimos compromisos asumidos por la comunidad internacional, los Objetivos de Desarrollo Sostenible, los ODS, y la Agenda 2030 buscan “lograr una vida digna para todas las personas sin que nadie se quede atrás”. Esto significa, que todas y todos tenemos que hacer nuestra parte: los gobiernos, el tejido empresarial, la sociedad civil y la ciudadanía.

El número 5 de los ODS establece: “La igualdad entre los géneros no es solo un derecho humano fundamental, sino la base necesaria para conseguir un mundo pacífico, próspero y sostenible”.

De acuerdo con el informe anual de la Unión Europea para el 2018 sobre igualdad entre mujeres y hombres, España junto con países como Suecia y Francia tienen la mayor  presencia femenina en los parlamentos y en el Gobierno actual.

La brecha salarial en España está justo en la media de todos los Estados miembros (aproximadamente un 16%) y la brecha de género en las pensiones está por debajo de la media europea, junto con Francia, aproximadamente en un 35%. España puede hacer mucho más por la igualdad de género, no obstante comparado con los demás Estados de la Unión Europea ha avanzado mucho.

El número 13 de los ODS establece la adopción de medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus efectos.

La expresidenta de Irlanda y presidenta del grupo The Elders, Mary Robinson, dijo este año: “El cambio climático es un problema hecho por el hombre y requiere una solución feminista”. “Lo que esperamos hacer es crear un movimiento. El cambio climático no es neutral al género, afecta a las mujeres mucho más. Por lo tanto, no se trata del cambio climático, se trata de justicia climática”.

Estamos a tiempo, podemos cambiar nuestra interacción humana, nuestras sociedades -si queremos y si apostamos por ello; si queremos conseguir un mundo pacífico, próspero y sostenible tendremos que transformar, en primer lugar, a nosotras y nosotros. Con nuestro cambio personal, se cambiarán nuestros acuerdos sociales, nuestras instituciones económicas y sociales. Podemos empezar aquí y ahora, prestando atención a nuestro lenguaje inclusivo, a nuestro footprint, nuestra manera de comprar y de contratar- para llegar a conseguir un mundo feminista inclusivo y sostenible.

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