¡Por el derecho a reparar los aparatos electrónicos!

Poder reparar aquello que en su día compramos para poder alargar su vida útil y de paso no incurrir en nuevos gastos y provocar nuevos impactos en el medio ambiente, es un derecho por el que no debemos dejar de luchar.
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En esta sociedad en la que nos ha tocado vivir, estamos más que acostumbrados a la cultura del usar y tirar, de la obsolescencia programada y a cambiar cosas que han dejado de funcionar (e incluso aquellas que aún funcionan perfectamente) por otras nuevas con quizá algunas mejoras sobre las que ya poseemos, aunque estas sean quizá tan simples como un cambio de diseño o alguna función que ni si quiera necesitamos realmente.

La espiral consumista nos lleva muchas veces a ni plantearnos reparar lo que se ha estropeado, generalmente electrodomésticos y aparatos electrónicos varios, cegados por el marketing y la idea de renovar nuestros “trastos antiguos y obsoletos” (nótense las comillas).

En el caso de que decidamos que queremos reparar esos aparatos, nos podemos encontrar con que nos falten los conocimientos, las herramientas o el acceso a profesionales que saben cómo repararlos, pero en muchas otras ocasiones no lo podemos hacer sencillamente porque el aparato fue diseñado desde un inicio por su fabricante para dificultar su apertura y su reparación incluso para manos expertas.

Pasen por caja, señores

¿La razón principal de esta dificultad en la reparación? Pues probablemente el hacernos comprar un producto nuevo, o en su defecto obligarnos a llevarlo o llamar al servicio técnico de la marca de turno que nos cobrará bastante más que si lo hiciera la tienda de reparaciones del barrio o nosotros mismos.

Entonces, acabamos muchas veces comprando un nuevo producto con los consiguientes impactos negativos en la sostenibilidad del planeta, como por ejemplo el consumo de materias primas (que pocas veces proceden del reciclaje de productos anteriores), el aumento de los gases de efecto invernadero generados en su producción, o contribuyendo al crecimiento de innumerables montañas de desechos que tampoco se suelen reciclar y que tiene ya efectos a escala global, por citar solo algunos impactos.

Afortunadamente, no todos los consumidores piensan igual y hay grupos que están exigiendo a los fabricantes que sus productos sean reparables y a los gobiernos que legislen para obligar a las empresas que no lo hagan voluntariamente.

Hay grupos que están exigiendo a los fabricantes que sus productos sean reparables y a los gobiernos que legislen para obligar a las empresas que no lo hagan voluntariamente.

El movimiento Right to repair

Tanto en Europa como en los Estados Unidos, los consumidores se están moviendo para exigir el derecho a poder reparar sus aparatos estropeados.

El movimiento Right to repair (“derecho a reparar”) va en aumento y la presión para cambiar la legislación a favor del consumidor está siendo cada vez más fuerte.

Por ejemplo, en el último mes de 2018 en Europa, los ministros de medio ambiente han votado una serie de propuestas que obligarán a los fabricantes a hacer que sus productos sean más duraderos y más fáciles de arreglar.

Los nuevos estándares se aplicarán, inicialmente, a artículos de iluminación, televisores, pantallas electrónicas y electrodomésticos grandes como lavadoras, neveras  y lavaplatos.

Así mismo, tal y como podemos leer en Goodnet, durante 2019 la Unión Europea votará un nuevo paquete de diseño ecológico de los reglamentos propuestos que incluye también la reducción de residuos.

Se espera que estas medidas empujarán a los fabricantes a hacer que sus aparatos y productos electrónicos sean más seguros y reparables.

Esta propuesta se basa en una resolución de 2017 del Parlamento de la UE, que alentó a la Comisión Europea, los estados miembros y los fabricantes a tomar medidas para garantizar que los consumidores puedan disfrutar de productos duraderos y de alta calidad que puedan repararse y mejorarse.

Estas medidas obligarán a que los fabricantes de los electrodomésticos mencionados anteriormente y vendidos en la UE proporcionen repuestos y acceso a los manuales de reparación durante siete años.

Un periodo que, de todas maneras, se me antoja ciertamente escaso cuando estamos hablando de alargar la vida de los productos.

Los fabricantes de los electrodomésticos vendidos en la UE tendrán que proporcionar repuestos y acceso a los manuales de reparación durante siete años.

En los EEUU el movimiento por el derecho de reparación también ha ido creciendo tal y como indica iFixit, empresa dedicada a ofrecer manuales y herramientas para que los consumidores reparen sus aparatos.

Las leyes sobre el derecho a la reparación se están proponiendo en todo el país, en una lucha librada en ocasiones entre pequeñas tiendas familiares de reparación contra algunas de las empresas más poderosas del planeta.

En los últimos años, la iniciativa ha obtenido victorias como la legalización del desbloqueo de teléfonos móviles, que se dictamine que las etiquetas adhesivas de “anulación de garantía si se elimina” que llevan muchos aparatos sean nulas, o convencer a la oficina de derechos de autor de EEUU para otorgar una serie de reparaciones exentas en la ley federal que regula ese tipo de derechos.

Solo en 2018, la iniciativa Right to repair hizo grandes avances a nivel estatal cuando 19 estados introdujeron la legislación sobre el derecho a la reparación.

¿Qué problemas puede generar el Right to repair?

A priori podríamos pensar que, dejando de lado la posible obtención de nuevas funciones y características, comprar un nuevo producto cuando el antiguo aún es reparable es siempre la peor solución.

Pero eso no siempre tiene que ser así, y hay razones para ello.

Por ejemplo, imaginemos una nevera con quince años de uso que se estropea y es reparable a un precio relativamente barato.

La compra de un nuevo aparato seguramente nos saldría más cara que la reparación, pero a su vez una nevera actual tiene una eficiencia energética que no tiene la vieja y que, en un electrodoméstico que está siempre enchufado, nos puede beneficiar enormemente en un plazo razonable de tiempo tanto en un menor coste económico de operación (como consumidores) como de recursos energéticos e impactos sobre el medio ambiente (como habitantes de este planeta).

Los fabricantes creen que algunos de sus aparatos podrían ser inseguros si se reparan por quien no debe o son utilizados después de estas reparaciones llamémosles “amateur”.

Otra posible razón en contra del Right to repair es la que esgrimen los fabricantes de todo tipo de aparatos.

Facilitar tanto las guías y manuales como las herramientas necesarias para reparar sus productos pondría en principio al alcance de cualquiera dicha reparación, sin tener en cuenta que para realizar según qué operaciones con total seguridad puede ser necesario tener una cierta formación y experiencia.

Los fabricantes creen que algunos de sus aparatos podrían ser inseguros si se reparan por quien no debe o son utilizados después de estas reparaciones llamémosles “amateur”.

De hecho ya existe la posibilidad de reparar determinados aparatos electrónicos como teléfonos inteligentes, ordenadores y demás, con kits llamados DIY (por “Do it yourself”, o “Hazlo tú mismo”), como los que he mencionado anteriormente en este artículo.

Unos kits de reparación disponibles para todos los consumidores, y que en ocasiones provocan que el aparato en cuestión acabe finalmente en el servicio técnico de turno debido a una mala utilización por parte del consumidor que puede acabar provocando averías peores que la inicial.

También, los fabricantes dicen que crear determinados productos con las características actuales genera unos diseños complicados de reparar, y que coartar ese tipo de diseños iría en contra de la innovación.

Imaginemos en este último caso el típico ordenador portátil ultra fino, en el que para llegar a ese mínimo grosor se ha tenido que embutir la mayoría de la electrónica en el aparato en una sola placa electrónica que en caso de sufrir alguna avería provocaría el cambio de la pieza entera.

La puesta en peligro de la propiedad intelectual de los fabricantes si estos proporcionan manuales de reparación, es otra de las razones por las que no quieren doblegarse ante las demandas de los consumidores y administraciones.

Por lo tanto, como podemos ver, la cuestión no es tan sencilla y merece ser estudiada a fondo tanto por consumidores como por fabricantes.

Sea como fuere, esperemos que este tipo de iniciativas para facilitar la reparación en lugar de continuar con el consumo desmedido, vayan poco a poco desarrollándose con éxito.

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