Pymes y RSC: Microideas para alcanzar los ODS

Para las pymes, introducir estrategias RSC suele ser un reto difícil de abarcar. Sin embargo, desde hace unos años estamos viendo una corriente de pequeñas empresas que tienen su germen en lo social y lo medioambiental, y que intentan diferenciarse de sus grandes competidores globales con valores, como las que hace unos días se daban a conocer en la feria SOSteniblemente.
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Hace unos días se celebraba en La Casa Encendida de Madrid la segunda edición de la feria SOSteniblemente. Un evento que ha vuelto a servir de muestra para plasmar cómo las micropymes pueden ser un ejemplo en RSC. De hecho, muchas de ellas la trabajan desde el origen, con el objetivo de trasladar al cliente una forma de vida. En este caso, más respetuosa con el medio ambiente.

A través de expositores, talleres y charlas, se dieron a conocer productos, pero también ideas sencillas, fáciles de incorporar en nuestras rutinas diarias, enfocadas a lograr y reforzar ese objetivo de sostenibilidad desde la base. Por ejemplo, en el consumo de moda y textiles, una de las industrias más contaminantes y que mayor cantidad de residuos genera.

Según el informe El sector textil en 2018, recientemente publicado y elaborado por Eduardo Irastorza, profesor de Marketing y Dirección Comercial en EAE Business School, las mezclas de tejidos naturales y químicos que vemos en las etiquetas de nuestras prendas son difícilmente reciclables.

Su bajo precio ha repercutido en una compra masiva en todo el mundo, lo que está agravando este problema medioambiental que, en opinión de Irastorza, solo se solucionará con una legislación mundial exigente para emplear materiales sostenibles.

Pero también necesitamos implantar un cambio de conducta, cultural, como el que nos inculcan pequeñas empresas como dLana, dedicada a la producción y comercialización de prendas de ropa y madejas a partir de lana autóctona 100% española, de ganaderías extensivas y trashumantes.

Sus fundadores, Javier Benito y Esther Chamorro, presentaron una de esas colecciones que no pasan nunca de moda. Una idea de negocio que lucha contra los constantes cambios de estilo que marcan los grandes gigantes del sector, que fomentan un consumismo desmedido y, con él, la acumulación de residuos textiles, a veces difíciles de reciclar. Y dLana lo hace con un producto cuyo precio es bastante más elevado, sí, pero de gran calidad, duradero y que apoya la economía rural local con salarios justos para todos los agentes que trabajan a lo largo de la cadena.

Javier Benito y Esther Chamorro, fundadores de dLana.

El caso de Customizando también es reseñable. Se trata de una cooperativa de mujeres que partían de una situación vulnerable que se han aliado para dar una segunda oportunidad a las prendas que desechamos. Calificada como empresa de inserción, no es solo un espacio de trabajo. También se ha convertido en un lugar para aprender un oficio trabajando en equipo, y para empoderarse comprendiendo cómo funciona una cooperativa.

Además de comercializar su propia marca, de productos únicos y artesanos creados a partir de materiales textiles en desuso, ofrecen sus servicios para confeccionar diseños de otras firmas y materiales para congresos, ferias y eventos: bolsas, mochilas, broches, chalecos identificativos…

El ejemplo del pequeño comercio

Junto a ellas, otras 26 pequeñas empresas han estado presentes en SOSteniblemente. Todas ellas compañías que basan su negocio en inculcarnos nuevos hábitos sostenibles, vinculados con la alimentación saludable, el cuidado e higiene personal, la biodiversidad, la movilidad, el uso responsable del agua y la energía y con las finanzas éticas.

Las micropymes comprometidas con los ODS no los consideran una obligación, sino una oportunidad para crear riqueza y generar una rentabilidad que va más allá de lo económico.

Ideas como las suyas nos muestran a una micropyme comprometida con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). No los consideran una obligación, sino una oportunidad para crear riqueza en diferentes direcciones y generar una rentabilidad que va más allá de lo económico. Se convierten así en ejemplo para muchos de sus grandes competidores y retoman el valor que un día tuvo el comercio de proximidad, desdeñado por este mundo globalizado en el que estamos inmersos.

Y del que es difícil salir, dicho sea de paso. Nos ciegan los bajos precios y los cambios de tendencias que nos marcan las redes sociales. Y compramos sin tener en cuenta los valores que van adosados a un producto: los salarios, las condiciones laborales, el impacto de su actividad en el medio ambiente, el trato que reciben sus proveedores… Una situación incómoda pero real que no dejan de recordarnos las asociaciones de comercio justo.

Al final, la última palabra la tenemos todos nosotros desde nuestra faceta de consumidores. Y si, con nuestra decisión de compra, elegimos adquirir productos y servicios con valores, las empresas se adaptarán para cubrir esa necesidad. En ese sentido, parece necesario globalizar un cambio de hábitos hacia lo sostenible y lo social, tanto de adquisición como de venta.

Una transformación que debe estar canalizada por todos los agentes del sistema y en la que, como hemos visto, las pymes tienen mucho que decir y que enseñar. El arrojo de estas pequeñas sociedades nos muestra que otros caminos son posibles, y que si los seguimos estaremos más cerca de conseguir esos ODS que a veces nos parecen inalcanzables.

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