España no sabe reciclar envases

España, cuarto país productor de envases de plástico de la Unión Europea, es partícipe del modelo insostenible del “usar y tirar”.
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Acción de Greenpeace en el Mediterráneo para visibilizar el problema de los residuos plásticos. Foto: ©Greenpeace/Pedro Armestre

En el mejor de los casos, tras ser usados y tirados, los envases de plástico terminan en un contenedor para ser reciclados. Sin embargo, su reciclaje es muy ineficiente y no logra los propósitos deseados.

Casi el 80% de los envases acaban en vertederos, incinerados o arrojados al medio ambiente, y del total de envases producidos, un 40% es de un solo uso.

Por si fuera poco, España tiene bajos porcentajes de reciclaje global de toda la basura doméstica (33%) ya que el 83% de estos desechos se recogen como residuos mezclados en la bolsa de la fracción resto.

Ese panorama tan poco alentador lo atestigua el informe Reciclar no es suficiente: la gestión de residuos de envases plásticos en España, que acaba de presentar Greenpeace, y que muestra la realidad de este problema a nivel español y por cada una de sus comunidades autónomas.

Los residuos mezclados no se reciclan correctamente

Saber diferenciar qué envase es reciclable o no y actuar en consecuencia a la hora de depositarlo en el contenedor correcto es clave para que los materiales que se recuperen sean de calidad y sin un alto nivel de impropios (materiales que no se pueden reciclar).

Ejemplos de productos que suelen ser incorrectamente depositados en el contenedor amarillo para plásticos son las pajitas para beber y las cajas de CD’s, ya que ambos no son considerados envases.

También, hay una serie de productos de plástico que aún siendo envases no acaban siendo reciclados por otras razones.

Existen envases cuyo diseño dificulta, y en el peor de los casos impide, su reciclaje. Por ejemplo, las botellas que usan un recubrimiento de PVC en el que se aloja la publicidad del producto, los bricks -con capas de cartón, aluminio y polietileno- o la mezcla de diversos tipos de plástico en bandejas de envasado de alimentos.

En el caso de los envases plásticos que se tiran junto al resto de residuos mezclados, en el mejor de los casos pasarán por una planta de tratamiento mecánico biológico, donde se intentarán cribar por su tamaño.

Los que tienen un tamaño inferior a 80-100 mm (yogures, monodosis hosteleras, pajitas, tapones, etc.) acabarán siendo considerados como materia orgánica y rechazados para el  reciclado y se depositarán en un vertedero o se incinerarán.

Las etiquetas autoadhesivas que forman parte de los envases también presentan problemas para su reciclaje. El adhesivo usado puede ser un impedimento para su tratamiento, e incluso el proceso para despegar las etiquetas puede ser más complicado que el propio proceso de reciclado.

El modelo y actor Jon Kortajarena se une a la lucha contra el plástico.

Poco porcentaje de recuperación de envases y baile de cifras

Para conocer los porcentajes de recuperación de materiales en España, Greenpeace se ha basado en los datos proporcionados por ayuntamientos y comunidades autónomas.

Por ejemplo, en Madrid (datos de 2016) se recuperaba un 12%, en Barcelona (2017) un 29%, o en Baleares un 37%.

Todas ellas cifras bastante bajas y que llevan a la organización ecologista a calcular que el nivel de recuperación/reciclaje de envases de plásticos en España rondaría el 25,4%.

Mientras, el Sistema Integrado de Gestión (SIG-Ecoembes) sitúa el porcentaje de reciclaje de la fracción de envases ligeros (todos) en más de un 77%.

Por otro lado, la cifra de reciclaje de envases (domésticos, comerciales, e industriales) que el Ministerio para la Transición Ecológica (Miteco) envía a Europa se situaría en el 70%, pero si solo se tiene en cuenta los envases plásticos, esta cifra de reciclaje sería de un 45%.

Vertederos e incineración, una mala solución

Por razones semejantes a las comentadas, el porcentaje de envases plásticos que van a parar a vertederos también ofrece cifras diferentes según el organismo que las proporcione.

Sea como fuere, el vertido de este tipo de productos no es una buena salida para los mismos, ya que es altamente contaminante.

En los productos plásticos se utilizan al menos 132 sustancias o grupos de sustancias que pueden ser problemáticas para la salud. Entre ellas se encuentran sustancias sospechosas de ser cancerígenas o disruptoras endocrinas.

Unas sustancias que pueden movilizarse en las reacciones ácidas que se producen en el interior de los vertederos, generando emisiones tóxicas o contaminando los lixiviados.

La incineración no solo genera peligros para la salud de las personas y para el medio ambiente, sino que indirectamente es un impedimento para la generación de empleo en la gestión de residuos.

Igual pasa con la incineración, que no solo genera peligros para la salud de las personas y para el medio ambiente, sino que indirectamente es un impedimento para la generación de empleo en la gestión de residuos.

Los estudios detectan riesgos significativos para poblaciones situadas cerca de las instalaciones incineradoras, con un riesgo más elevado tanto para hombres como para mujeres de muerte por diversos cánceres.

Además, muchos residuos que finalmente no se reciclan, acaban sirviendo como combustible en numerosos incendios que se vienen produciendo en los últimos años en las plantas de reciclaje de residuos.

Estos residuos, al tratarse de un material con un alto poder calorífico, generan incendios de difícil control y con un alto grado de emisiones tóxicas.

Una tercera salida para los productos plásticos no reciclados es la exportación a países en vías de desarrollo. Un sistema perverso e ineficiente, que pasa residuos a terceros, que los aceptan por dinero, causando una grave contaminación en los lugares receptores, todo ello reflejo de las carencias de un sistema de producción y de consumo que está llevando a todo el planeta a su límite.

La Unión Europea, con datos de 2015, estaría exportando el 40% de los residuos plásticos recogidos para su reciclaje, de los que el 12% serían residuos plásticos postconsumo.

¿Qué posibles soluciones se pueden llevar a cabo?

Acabar con un sistema como el español, tan dependiente del plástico no es nada sencillo ni puede hacerse en un corto periodo de tiempo.

Sin ir más lejos, la producción de plásticos alcanzó los 60 millones de toneladas en 2016 y las previsiones son que la producción de plásticos se duplique en los próximos 20 años.

La producción de plásticos alcanzó los 60 millones de toneladas en 2016 y las previsiones son que se duplique en los próximos 20 años.

El informe propone una serie de medidas urgentes que se deberían tomar si se quiere que la situación no sea aún más insostenible. Entre ellas se encuentran las siguientes:

  • Reducir, reutilizar y, si no queda otra opción, reciclar de verdad.
  • Es necesario un cambio de mentalidad a la hora de consumir para alcanzar el primero de los retos, el de reducir.
  • No malgastar recursos y usar solo los estrictamente necesarios, dar durabilidad y buen uso a las cosas que se tienen y reparar las que se rompan (Vid. ¡Por el derecho a reparar los aparatos electrónicos!).
  • Se puede consumir sin necesidad de comprar, por ejemplo, aprovechando bienes públicos, incentivando el préstamo, el intercambio, el alquiler, o reaprovechando materiales desechados.
  • Fijarse en las características del producto que se adquiere: si está hecho de materiales sostenibles y recuperables fácilmente, si son envases especialmente, qué tipo de empresa los vende, y si está comprometida ambiental y socialmente.
  • En cualquier caso, rechazar productos de usar y tirar, o que se importen desde lejanos países donde ni las condiciones laborales ni los estándares ambientales estén garantizados.
  • Se necesita que las administraciones y las empresas se involucren y faciliten estos cambios, con leyes y con cambios en sus negocios.

Además de esas soluciones más bien generales, Greenpeace sugiere en su informe otra serie de medidas más enfocadas a supermercados, grandes marcas y otros distribuidores, gobiernos y comunidades autónomas, ayuntamientos, y ciudadanía.

Para llegar a tener un mayor control sobre cifras, cantidades y porcentajes, la organización hace un llamamiento a mejorar la transparencia en la publicación de datos sobre reciclaje, que necesitaría de un mayor esfuerzo por parte de las administraciones para clarificar los porcentajes que realmente se están recuperando (Vid. Sectores muy opacos: ¿Dónde va la basura electrónica?).

España no sabe reciclar envases

Así, las administraciones también estarían cumpliendo un papel de vigilancia y control que hasta el momento se ha dejado en manos de los Sistemas Integrados de Gestión de envases (Ecoembes, Ecovidrio, etc.), a los que el informe señala como los principales beneficiarios y causantes del actual modelo de gestión que se ha acabado mostrando como fallido.

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