La feminista baja por paternidad

Parecía impensable hace tres años que los padres que tuvieran o adoptaran un bebé pudieran disfrutar de la paternidad más allá de 15 días a jornada completa. Un derecho tan básico como necesario para la reclamada corresponsabilidad.
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Por suerte hemos ido avanzando en términos de derechos laborales y en 2017 la quincena ‘justita’ que podían disfrutar los varones de sus recién llegados hijos se duplicaba y empezaban a contar con cuatro semanas de baja, que se amplió pronto a cinco. Este mismo lunes entraba en vigor la suma de otras tres llegando a alcanzar las ocho semanas de baja por paternidad.

Y no se quedará ahí. La equiparación progresiva a la baja por maternidad irá aumentando paulatinamente y en 2020 los papás tendrán 12 semanas de baja y un año después, 16, las mismas que disponen en la actualidad las mamás, pasando a llamarse ‘permiso por nacimiento’ y dejando a un lado las distinciones entre sexos.

Las ocho semanas vigentes de baja paternal podrán dividirse, aunque es obligatorio cogerse los primeros 15 días inmediatamente después del nacimiento y, el resto, podrá tomarse durante el primer año de vida del niño, sin la posibilidad de transferirlas a la madre.

Como en todo cambio, se producen opiniones a favor y en contra. Empecemos por los detractores. Las distintas organizaciones médicas y de salud recomiendan la lactancia hasta los seis meses de vida del bebé, cosa imposible en España donde la baja de la madre es de solo cuatro si no se pide excedencia y se renuncia así a sueldo (Vid. La OMS y Unicef recomiendan la lactancia materna exclusiva para reducir la mortalidad infantil). Y si hay dinero para aumentar la baja paternal, dicen distintas voces, parece lógico que podría haberlo habido para incrementar también –o en sustitución- la maternal.

Además, el hecho de que las ocho semanas de baja del padre sean intransferibles ha sido señalado por algunos expertos como algo negativo ya que creen que solo en el seno de cada familia, de manera muy particular, conocen las necesidades de unos y de otros y que dejando esas semanas a libre disposición facilitaría la organización de los hogares.

Si bien ambos argumentos son lógicos, otro grupo de opinión, en el que me incluyo, se inclina más por alcanzar la igualdad entre hombre y mujeres, también en este territorio tan reservado para esta última.

El hecho de que sea intransferible la baja obligará a los padres a tomarla. Si se pudiera elegir, la ‘lógica’ machista que nos precede llevaría a ampliar la de la madre en detrimento de la del padre. Y de cara a la empresa, el hombre que disfrutara de su legítima baja sería peor visto y más ‘irresponsable’ con su empleo.

Si la baja por paternidad fuera transferible, la ‘lógica’ machista que nos precede llevaría a ampliar la de la madre en detrimento de la del padre.

Por no hablar de que contratar a una mujer seguiría igual de descompensado que actualmente o más, al saber que la futura empleada podría llegar a ausentarse hasta 30 semanas tras dar a luz.

Del mismo modo las miradas se dirigirían a la mujer por incorporarse a trabajar tras sus 16 semanas y no ‘hacerse’ con las del padre. “¡Será que no quiere tanto a su hijo!”, me quiere parecer escuchar de fondo.

Si queremos y reclamamos avanzar en equidad, la norma, desde luego, lo está haciendo.

Por la conciliación real

Sin embargo, la misma semana que entra en vigor la baja paternal de ocho semanas, Unicef ha lanzado una campaña donde se muestra a unos niños hablando de lo mucho que echan de menos a sus padres por todo el tiempo que dedican al trabajo.

Y ahí dan en la misma tecla que ya lo hicieran estas navidades marcas como Ikea o Ruavieja haciéndonos ver la importancia que tiene el pasar tiempo con los nuestros.

Las empresas, por lo general, llevan años trabajando en conciliación: facilitando en algunos puestos el teletrabajo; flexibilizando el horario de entrada y salida; fomentando las jornadas intensivas; limitando el horario de convocar reuniones… pero eso también ha disparado las llamadas a destiempo al teléfono móvil ‘por derecho’, los correos ‘urgentes’ en fines de semana o las tareas para las que uno resulta imprescindible en periodos vacacionales.

Y, no nos olvidemos, imprescindible: nadie. El teléfono, para acercar no alejarnos de la gente. Y urgente: vivir. #PorlaConciliaciónReal
 

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Comentarios

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  1. Aida – UNICEF

    ¡Muchas gracias por esta excelente reflexión, Esther!
    Podéis seguir firmando para conseguir un compromiso #PorlaConciliaciónReal de todos los partidos.