La ‘necesidad’ de nuevos ‘smartphones’ amenaza al medio ambiente

Teléfonos móviles, televisores, ordenadores, tablets, pequeños y grandes electrodomésticos… La tecnología es ya una parte inseparable del día a día. En los últimos años la adquisición y renovación de estos dispositivos no ha parado de crecer. Y va a seguir haciéndolo. Mientras, ciudadanos, fabricantes y Administraciones públicas parecen no darse cuenta del elevadísimo impacto ambiental que provoca.
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Solo en 2017 se vendieron en el mundo más de 1.472 millones de smartphones, según datos de la Consultora IDC, que coinciden con el informe anual The Mobile Economy, realizado por GSMA, la organización de operadores móviles y compañías relacionadas, que señala que ese año se superaron los 5.000 millones de usuarios únicos de telefonía móvil.

Este es, sin duda, un sector en alza, pero también uno de los que mayor impacto ambiental genera en el planeta buscando satisfacer una demanda cada vez más elevada.

¿Pero qué pasa cuando toca enfrentarse al reciclaje de estos aparatos con los que no se sabe qué hacer una vez que ya no sirven o dejan de funcionar? En el caso de los teléfonos móviles, para darse cuenta del peligro que suponen solo es necesario saber que están fabricados con un gran número de componentes altamente contaminantes y pueden contener hasta 40 tipos de materiales tóxicos.

Según un estudio de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Físicas de la Universidad de Surrey (Reino Unido), un smarthphone llega a producir hasta 95 kilos de CO2 a lo largo de su vida útil, y es capaz de contaminar unos 600.000 litros de agua, el equivalente al consumo doméstico diario de todos los hogares españoles,  según un cálculo del Instituto Nacional de Estadística (INE).

Cifras que alarman

Según un reciente informe sectorial publicado por iniciativa de siete entidades de Naciones Unidas, entre ellas la Universidad de la ONU y el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma), el mundo generó en 2018 casi 50 millones de toneladas de basura electrónica, una cifra equivalente a 4.500 veces el peso de la Torre Eiffel y que llenaría la superficie total del barrio neoyorkino de Manhattan. Solamente el 20% de esos residuos se reciclan.

50
Millones

de toneladas de basura electrónica se generaron en 2018

Si nada cambia, Naciones Unidas estima que en 2050 podría haber hasta 120 millones de toneladas de ‘chatarra electrónica’. “Los residuos electrónicos son el tipo de desecho que más rápido crece en el mundo y que mayores riesgos sociales y ambientales plantea”, alertó en este sentido el presidente y director ejecutivo del Consejo Empresarial Mundial para el Desarrollo Sostenible (WBCSD), Peter Bakker, que apoyó la presentación de este documento, titulado A new circular vision for electronics, el pasado mes de enero durante la celebración del Foro de Davos, en Suiza.

Ya en 2014 una encuesta del Eurobarómetro indicaba que, aunque el 77% de los consumidores de la UE prefería reparar sus productos a comprarlos nuevos, finalmente se veían obligados a desecharlos y reemplazarlos por otros debido al alto coste de las reparaciones y del servicio postventa (Vid. ¡Por el derecho a reparar los aparatos electrónicos!).

Este modelo de economía lineal -frente a la circular, mucho más innovador y sostenible- “genera cada año millones de toneladas de residuos electrónicos y provoca un fuerte impacto en el consumo de recursos naturales, el cambio climático e incluso el empleo”, alertan desde Bruselas.

La obsolescencia programada, un término que ya popularizó en los años 50 en Estados Unidos el diseñador industrial Brooks Steven, parece introducir al consumidor en una espiral sin fin basada en el “comprar-tirar-comprar”. Se trata, según explicó este empresario hace casi 70 años, de “instalar en el comprador el deseo de poseer algo un poco más nuevo, un poco mejor, un poco antes de lo necesario”.

“La obsolescencia programada consiste en instalar en el comprador el deseo de poseer algo un poco más nuevo, un poco mejor, un poco antes de lo necesario”. Brooks Steven

Es “el ciclo infinito del consumo”, que tiene consecuencias “mucho más allá de nuestros bolsillos”, alertó en 2011 la realizadora alemana Cosima Dannoritzer, autora de un documental que abordaba el fenómeno de la obsolescencia programada. “Cuando comencé a interesarme por el tema pensaba encontrar solo algunas empresas aisladas que utilizarían esta práctica para ganar más dinero, pero me di cuenta de que se trata de algo sistemático y de que toda nuestra economía depende de ella”, recuerda.

A su juicio, “el cambio para salir de esta rueda, empieza por diseñar cosas que se puedan reparar”, porque el actual modelo de crecimiento es “depredador del medio ambiente”. “También deberíamos tener más información, disponer, por ejemplo, de una etiqueta que nos diga cuánto dura un producto, o cuánta energía se ha empleado para confeccionarlo. Deberíamos tener ese derecho”, remarca Cosima Dannoritzer.

Nuevas vidas para los residuos: teléfonos reacondicionados

“El consumo cada vez más alto y continuado de dispositivos tecnológicos nos condena a tener que actualizarnos cada poco tiempo, a nivel personal -respecto a nuestra capacidad de manejo de las nuevas tecnologías-, pero, sobre todo, en cuanto a la fabricación de nuevos dispositivos que provocan un gran impacto ambiental”, explica en este sentido José Costa Rodrigues, CEO y fundador de la compañía Forall Phones, dedicada a la venta de iPhones reacondicionados cuya adquisición genera importantes ahorros tanto económicos como ambientales.

“La tecnología reacondicionada es una alternativa más sostenible y ofrece dispositivos que mantienen todas sus funcionalidades intactas a un coste mucho más reducido”, apunta el responsable de esta empresa.

Forall Phones, que vende terminales totalmente funcionales con descuentos de hasta el 40% y con garantía de compra de un año, nació en Portugal en 2017 y cuenta actualmente con una comunidad de más de 300 estudiantes universitarios que ejercen de ‘embajadores’ para hacer accesible la alta tecnología a todo el mundo y acabar, de paso,  con la ‘basura electrónica’.

En un año la compañía ha facturado más de 4,2 millones de euros y ha vendido decenas de miles de dispositivos de este tipo en 14 países europeos. Además de la venta online, la compañía ya ha abierto cuatro tiendas físicas en Portugal y este mismo año espera abrir sus primeros dos establecimientos en España.

Según señala a Compromiso Empresarial Susana Vieira, Marketing manager Iberia de Forall Phones, la compañía trabaja “para garantizar el aprovechamiento tecnológico a nivel mundial”. “Esta es nuestra forma de proporcionar un futuro más sostenible y prevenir las toneladas de basura electrónica que se generan cada año”, añade Vieira, que explica que los teléfonos seminuevos que comercializan son smartphones con poco uso e incluso simplemente expuestos en tienda que son sometidos por especialistas a una rigurosa inspección técnica.

“Todos los equipos son limpiados y testados minuciosamente para garantizar que funcionan al 100% a todos los niveles con el objetivo de garantizar la mejor calidad y satisfacción de nuestros clientes”, apunta la responsable de Marketing de esta compañía “enfocada en la economía circular”.

Foto: Forall Phones.

Según sus palabras “la preocupación ambiental y los precios exagerados de la tecnología de alta gama nos han llevado a cambiar las reglas de juego”. ¿El objetivo?: que esta tecnología sea accesible para todos a la vez que se previene el aumento del desperdicio electrónico y se contribuye a poner fin a la masificación del comercio minorista”. “Trabajamos duro, nos divertimos y hacemos historia”, recalca Vieira.

“La situación para el planeta es complicada. Cada móvil cuenta con más de 60 componentes, entre ellos aluminio, oro, cobre o cobalto que se extraen de la naturaleza en cantidades considerables, algo preocupante porque esos recursos no son infinitos”, explican desde Forall Phones, que estima que, si, de media, un usuario reemplaza cada dos años su móvil, “el daño ambiental será, en poco tiempo, irreparable”.

La compañía ha seleccionado los componentes más comunes en los móviles y ha calculado cuántas toneladas se necesitaron para producir todos los dispositivos vendidos en 2017 en el mundo, a partir de datos de la Consultora IDC (International Data Corporation) y de un estudio de Greenpeace.

Según sus resultados, el aluminio es el elemento con mayor presencia en los móviles (se aplica principalmente en la carcasa) y un solo un dispositivo suele contener unos 22,18 gramos. Eso significa que en todos los teléfonos vendidos en 2017 se emplearon más de 32.000 toneladas de este componente. El cobre también está muy presente (unos 15,12 gramos por unidad), o lo que es lo mismo, más de 22.000 toneladas en todas las unidades vendidas en 2017.

Una de las partes más contaminantes de los teléfonos son las baterías de litio. En ellas se encuentra el cobalto en una cantidad equivalente a unos 5,38 gramos por cada unidad (en total 7.900 toneladas de este mineral fueron usadas en todos los móviles que se vendieron durante el año 2017), sin contar las situaciones de abuso y trabajo infantil que provoca la extracción de algunos de estos minerales en ciertos países y que llevan tiempo denunciando organizaciones como Amnistía Internacional.

Estos dispositivos contienen otros materiales como plata, oro o paladio, presentes en la placa de circuito impreso (PCB), además de neodimio, galio e indio, este último usado en las pantallas. En total, la suma de estos materiales en los teléfonos que se vendieron en 2017 superó las 1.250 toneladas.

El plástico también se utiliza en las carcasas: unos 9,5 gramos por terminal, en total, más de 14.000 toneladas en todos los dispositivos vendidos en 2017.

La respuesta a estas cifras es, entre otras, la economía circular. “Damos una segunda vida a los teléfonos, permitiendo al usuario ahorrar dinero a la vez que recicla y respeta el medio ambiente sin renunciar a tener terminales de calidad que funcionan a la perfección”, defienden desde Forall Phones, que anima a reflexionar sobre cómo se compra, pero, sobre todo, “cómo nos deshacemos de nuestros smarthphones”.

“Damos una segunda vida a los teléfonos, permitiendo al usuario ahorrar dinero a la vez que recicla y respeta el medio ambiente sin renunciar a tener terminales de calidad que funcionan a la perfección”. Forall Phones

Cambio de mentalidad

Otras empresas dedicadas a este mismo negocio, como la startup Certideal ha vendido desde 2015 a través de su plataforma más de 150.000 terminales. Durante 2017 esta compañía registró ventas por valor de 10 millones de euros, atendió a casi 50.000 clientes y creció un 130%. Estas cifras responden a un “cambio de mentalidad en el consumidor”, señalan desde Cerideal, ya que estos “ven en la segunda mano o en los dispositivos reacondicionados no solo una alternativa más económica para tener lo último en tecnología, sino también una opción para ser más ecológicos y responsables con el medio ambiente”, añaden.

Entre las primeras opciones de reciclaje de los aparatos eléctricos y electrónicos, no solo teléfonos móviles, se encuentra su entrega en un punto limpio municipal, depositarlos en tiendas de reparación o de segunda mano, o donarlo a organizaciones no gubernamentales.

Otra buena opción es venderlo en plataformas como Wallapop: quizá ese aparato que ya no queremos y que aún se encuentra en buenas condiciones pueda tener una segunda oportunidad en manos de otro usuario.

En este sentido, los autores de A new circular vision for electronics destacan la necesidad de mejorar los procesos de recogida selectiva y reciclaje creando “cadenas de valor circulares globales”, además del uso de nuevas tecnologías “para crear modelos de negocios de servicio con una menor utilización de objetos y materiales”, así como “un mejor seguimiento de productos y programas de devolución de fabricantes o minoristas”.

El informe señala que “la eficiencia de los materiales, la infraestructura de reciclaje y la ampliación del volumen y la calidad de los materiales reciclados serán esenciales para librar a nuestra sociedad de la plaga de los residuos en este sector”.

Y es que, en términos económicos, la mala gestión de los residuos eléctricos y electrónicos provoca cada año pérdidas por valor de 62.500 millones de dólares, según indica este estudio, que alerta de que “hay 100 veces más oro en una tonelada de basura electrónica que en una tonelada de mineral de oro”.

En palabras de Ruediger Kuehr, director del Programa de la Universidad de Naciones Unidas para Ciclos Sostenibles, que ha participado en este estudio, “hay una gran oportunidad para reducir la cantidad de estos residuos a través de la economía circular, pero es necesario actuar de inmediato”.

Además, “prácticamente la totalidad de la basura electrónica puede reciclarse y la extracción de recursos valiosos procedentes de estos residuos es más viable económicamente que conseguir esos minerales de la naturaleza, a la vez que requiere menos energía”, concluye.
 

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