El desempleo: una ecuación imposible de despejar

El problema del desempleo sigue enquistado en España. De forma constante se toman medidas para encontrar el equilibrio en el mercado laboral, pero no terminan de funcionar, puesto que nuestra tasa de paro sigue siendo elevada: 14,7%, con 3,3 millones de personas sin trabajo, según los últimos datos de la Encuesta de Población Activa (EPA).
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Alcanzar el equilibrio en el mercado laboral es uno de los grandes retos de multitud de países, entre los que está España. Desde que arrancó la última gran crisis económica allá por 2008 nuestro país ha levantado poco la cabeza en este aspecto. La última Encuesta de Población Activa (EPA), referente al primer trimestre de 2019, cuantificaba en 3,3 millones las personas que se encontraban en situación de desempleo a finales de marzo.

A pesar de que las cifras de ocupados crecieron (muy cerca se quedó de los 600.000 cotizantes más), la tasa de paro subió hasta alcanzar el 14,7%. En el conjunto global de desempleados en España, los que más soportan el ‘coste social’ de esta situación son los mayores de 45 años que llevan dos años o más en el paro, y que no cobran ninguna prestación o subsidio.

Así lo destaca un informe publicado por la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea): El coste social del desempleo en España: ¿Quiénes son los perdedores?, de Lucía Gorjón, Sara de la Rica y Antonio Villar, que da continuidad a un trabajo previo.

Sus cálculos se basan en diversas variables como la duración del desempleo, la pérdida de ingresos con respecto a estar trabajando y la probabilidad de permanecer desempleado. De esta manera, el texto concreta que las mayores perjudicadas en este triste ranking son las mujeres de más de 45 años, con educación primaria, secundaria o terciaria, que llevan más de dos años en situación de desempleo y que no cobran ayuda alguna.

En el conjunto global de desempleados en España, los que más soportan el ‘coste social’ de la situación son los mayores de 45 años que llevan dos años o más en el paro.

Retos para 2030

Este perfil casa a la perfección con algunos de los retos marcados en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que Naciones Unidas reclama al mundo de cara a 2030. Lógicamente, con aquellos relacionados con el mercado laboral: Objetivo 8, dedicado al trabajo decente y el crecimiento económico; Objetivo 1.1, que hace referencia a las personas que viven en la pobreza extrema; y el 1.3, que trata la protección social de los más pobres y vulnerables.

Estos fueron recalcados hace unos días por Joaquín Nieto, director de la oficina para España de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y exvicepresidente de la Comisión Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo. Nieto participó en el último desayuno informativo celebrado por la Red Española para el Desarrollo Sostenible (REDS), el quinto de una serie con la que se pretende analizar de forma concienzuda los 17 ODS.

En este encuentro, titulado El futuro del mercado laboral: hacia una globalización equitativa, Nieto hizo especial hincapié en las elevadas cifras de trabajo precario que se manejan a nivel mundial: 300 millones de personas que, a pesar de tener un contrato y un sueldo regular, viven en la extrema pobreza.

Mal que nos pese, en nuestro país se pueden encontrar un buen número de esos casos. Hace poco más de un año, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) recomendaba a España tomar medidas para reducir la precariedad laboral por estar íntimamente ligada a la pobreza y a la exclusión social. Poco después vendría el aumento del Salario Mínimo Interprofesional (de 735,90 a 900 euros mensuales). Y, hace unos días, la obligatoriedad de registrar los horarios de entrada y salida de cada trabajador.

Quizás no sean definitivos. Quizás haya quien siga prefiriendo hacer trampas. Pero por lo que muestran las cifras, parece que están siendo útiles para reducir la temporalidad. También para mejorar la capacidad adquisitiva de muchas personas que, con poco más de 700 euros, no podían llegar a fin de mes. Y, con gran probabilidad, para evitar determinados abusos relativamente frecuentes, como que se cotice a media jornada por un empleado que trabaja a jornada completa. O que lo normal en una oficina sea echar dos horas más de las que estipulan los contratos sin incentivo para el trabajador.

Por el momento, los caminos que se están adoptando quizás no son del todo desacertados, teniendo en cuenta que el empleo asalariado creado y que ha sobrevivido en el último año ha sido el indefinido, según los datos de la última EPA. No obstante, España sigue siendo la economía que mayor tasa de temporalidad registra en Europa: un 25,9%. Algo que debemos corregir cuanto antes si no queremos que nos pase factura.
 

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