El estrés vacacional o no saber desconectar del trabajo, un mal que va en aumento

Cada vez es más frecuente encontrarse con personas incapaces de desconectar en sus vacaciones. En ello influyen la permanente conexión que proporciona Internet y los dispositivos móviles, sumada a cargos de responsabilidad y a intensas jornadas laborales que han conseguido que el ocio sea, en algunos casos, causa de frustración.
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En contra de lo que se pueda pensar, hay un buen número de personas a los que el verano y, sobre todo, las vacaciones les suenan a estrés y desasosiego. Sus niveles de perfección, de compromiso con el trabajo y las intensas jornadas laborales que arrastran anualmente les impiden ‘desconectar’ y disfrutar de ratos de ocio con familia o amigos. Es la llamada ‘depresión de la tumbona’.

Un término acuñado desde la clínica psiquiátrica Wagner-Jauregg en 2004 para referirse a los síntomas de ansiedad que sufrían determinados pacientes con dificultad para olvidarse del trabajo en la época vacacional. Según explica Sílvia Sumell, psicóloga y profesora de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), es un mal que suele manifestarse en perfiles con elevada responsabilidad, que asumen muchas funciones y que están permanentemente conectados.

“No saben cómo relajarse y disfrutar del tiempo libre. Pasan de tener una agenda repleta y estar siempre pendientes del móvil y del correo electrónico a quedarse sin su rutina de hábitos profesionales. Se desestabilizan”, concreta.

Lógicamente, las posibilidades que ofrecen las cada vez más avanzadas tecnologías de la comunicación están sirviendo para incrementar esta situación. Un estudio realizado por la compañía Bizneo HR, especializada en software de recursos humanos, asegura que dos de cada cinco trabajadores tienen dificultades para lograr la desconexión vacacional.

“Deducimos que, por el tipo de perfil, afecta más a hombres ya que a nivel profesional son ellos los que todavía ocupan en gran mayoría este tipo de cargos. Las mujeres tienden a estar más acostumbradas a la multitarea”, asegura Sumell. Una opinión que confirman los resultados de la III Encuesta Adecco sobre Desconectar del Trabajo en Vacaciones: el 71% de las trabajadoras son capaces de desconectar de su vida laboral, frente al 58% de los hombres.

Por otra parte, el estudio de Bizneo HR apunta que casi el 40% de los trabajadores necesita dos semanas o más de vacaciones para olvidarse del trabajo. Algo que afecta especialmente a aquellas profesiones cuyo ejercicio requiere de un título universitario y a los jóvenes de entre 25 y 35 años. Y que el informe relaciona con la responsabilidad, ya adquirida o con vistas a adquirir, del puesto laboral que se ocupa.

Son cifras muy similares a las que desprende la III Encuesta Adecco sobre Desconectar del Trabajo en Vacaciones. Según esta, el 39% de los trabajadores no consigue olvidarse por completo de sus funciones laborales en sus días libres, y el 8% dice no desconectar en absoluto. Unas tasas que han crecido por tercer año consecutivo.

Además, el 52% afirma, según la misma encuesta, consultar el correo electrónico del trabajo a diario, el 30% cada dos o tres días y un 8% de manera constante.

Según la profesora de la UOC, este estrés vacacional se da en personas de carácter perfeccionista y autoexigente que llevan años arrastrando elevados niveles de ansiedad y de estrés en su día a día. “La mayoría necesitan la valoración de un profesional psicológico o psiquiátrico, y pueden estar siendo tratados con antidepresivos o ansiolíticos, pero no por la presión que les generan las vacaciones, sino por el ritmo laboral tan trepidante que llevan”, comenta.

¿Qué síntomas muestran? Desde el punto de vista de la psicóloga, suelen presentar problemas de atención, concentración y memoria, cansancio, insomnio y bajo estado de ánimo. “También son frecuentes las alteraciones del apetito, por exceso o por defecto, dolores de cabeza, musculares y de estómago y pérdida del deseo sexual”, comenta.

Esta explica que se desencadenan porque los niveles de cortisol y adrenalina (las dos hormonas relacionadas con el estrés) disminuyen con la llegada de los días libres. La primera actúa como antiinflamatorio; la segunda hace que el sistema inmunológico esté más fuerte. “Por tanto, cuando entramos en ‘modo vacaciones’ nuestro sistema inmunológico se deprime y podemos enfermar con más facilidad o tener ciertos problemas de salud”, afirma Sumell.

El antes y el después

El último informe anual realizado por InfoJobs y Esade, titulado El estado del mercado laboral en España, apunta que el 34% de los trabajadores creen que son imprescindibles en su puesto y que nadie podrá realizar su labor en su ausencia. Es más, el 8% no se coge libre más de una semana seguida por miedo a que el trabajo no salga adelante en su ausencia. El resto aumenta la intensidad de sus competencias durante las semanas previas a su marcha para dejarlo todo atado, generando otro tipo de malestar: el estrés prevacacional.

Según Nascia, gabinete psicológico especializado en el tratamiento de distintas afecciones relacionadas con el estrés y la ansiedad, tres de cada diez trabajadores sufren este síndrome prevacacional. En este caso, hay varias situaciones, que pueden ser complementarias, que lo atenazan. Por un lado, esa presión por dejar el máximo trabajo realizado antes de marcharse al pensar que su presencia es totalmente indispensable.

Por otro, la ansiedad que genera en algunos casos la organización de las propias vacaciones, que tiende a aumentar en los perfiles perfeccionistas. “Quieren preparar unas semanas cargadas de actividades muy medidas que, si no salen a la perfección van a generar malestar”, comenta Sumell. Y añade: “Hay que ser realistas con el tiempo que tenemos y saber cómo invertirlo. Disfrutarlo con nuestra pareja, nuestros hijos, amigos… Mentalizarnos de que no tiene por qué ser cómo lo hemos imaginado”.

De la misma manera que hay que saber gestionar el retorno a la vida laboral para que no sea motivo de conflicto con el bienestar. “Es importante no ir a trabajar pocas horas después de volver de viaje. Es mejor tener unos días previos en casa para habituarnos a la rutina, adquirir unos hábitos de sueño similares a los que llevamos en épocas de trabajo, una alimentación normal, etc.”, comenta la profesora de la UOC.

Tres de cada diez trabajadores sufren síndrome prevacacional debido a que aumentan la intensidad de sus competencias durante las semanas previas y a la propia organización de las vacaciones.

Recomendaciones contra el estrés vacacional

Según las fuentes consultadas, estos males se pueden evitar con cierta organización y planificación previa. Por ejemplo, disfrutando de pequeños tiempos de desconexión en el día a día y no vivir permanentemente pendientes del trabajo. Es decir, prepararse mentalmente para que la ruptura de la rutina no sea tan drástica.

Por otra parte, es recomendable tener, al menos, dos semanas seguidas de descanso para poder relajarse y divertirse sin pensar en nada más. Aunque para conseguirlo es necesario contar con otra persona en nuestro equipo de trabajo con el que compartir responsabilidades. O que la empresa para la que trabajamos cierre por vacaciones durante todo ese periodo.

Más complicada es la desconexión de los dispositivos móviles. La dependencia del smartphone, al que llegan mensajes y correos electrónicos de forma constante, suele dificultar la evasión vacacional. ¿Cómo evitarlo? Por ejemplo, configurando el correo electrónico o el buzón telefónico con un mensaje automático que avise de la ausencia del que está de vacaciones y dejando el contacto de otra persona que esté a cargo de las tareas pendientes.

También es importante informar con suficiente antelación al equipo de trabajo del tiempo que se va a estar fuera, igual que a clientes, proveedores y otros agentes vinculados a la labor desempeñada. Y si se hace imposible la desconexión total, se puede planificar un horario cerrado para revisar mensajes, por ejemplo a primera o a última hora del día, para que no se interrumpa ninguna actividad de ocio.

Finalmente, se recomienda planificar viajes o excursiones de máximo interés para que el cerebro esté más motivado hacia la evasión y el disfrute. Aunque sin plantear una agenda que deba cumplirse a rajatabla, ya que si no se completa la frustración y la ansiedad puede acabar con el bienestar.

Desde la empresa también se debe fomentar la desconexión total, ya que es importante para que los empleados se oxigenen y lleguen a la nueva temporada con fuerzas renovadas. Según la guía de recomendaciones planteada por Adecco, para ello ha de favorecerse un clima de coordinación entre los departamentos y entre los equipos para la cobertura de imprevistos, evitando así la preocupación de las personas que están fuera.

Hay que evitar los cambios de última hora en la planificación de las vacaciones de los empleados, y no mandar correos electrónicos ni mensajes respetando el tiempo de descanso de los trabajadores. Las políticas de días libres ha de estar bien definida, comunicada y al alcance de todos los empleados. Es positivo animar a los equipos a disfrutarlas en su totalidad, al igual que intentar planificar estrategias para anticiparse a las necesidades del negocio durante las semanas que se esté bajo mínimos.

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