Incendios de la Amazonia ¿un culebrón de verano?

En los meses de verano, sobre todo durante el mes de agosto y ante la general falta de noticias de interés debido a que en este país se suele detener todo hasta septiembre, los medios informativos suelen dar importancia a noticias que realmente no la tienen a la vez que se monopolizan los telediarios y periódicos online y offline con los pocos temas que sí interesan y que se estiran todo lo que se puede durante ese período.
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17º Batallón de Infantería de la Selva. Foto: Ministerio del Medio Ambiente de Brasil.

Son los que yo llamo ‘culebrones de verano’. Noticias que tienen interés (y muchas veces continuidad en el tiempo durante el resto del año) pero que durarán hasta que las noticias frescas de septiembre, la actualidad de un país ya de nuevo en funcionamiento, las sepulten y pasen a mejor vida, y esos temas pasen a un segundo o tercer plano o directamente no vuelvan a salir más.

Quizá este año los culebrones veraniegos se pueden resumir, bajo mi punto de vista, en las polémicas relacionadas con el barco Open Arms y sus actividades, la delincuencia en la ciudad de Barcelona, el brote de listeriosis por carne contaminada, el incendio en Canarias, y en última instancia el de la Amazonia.

Todo esto hasta la fecha en que escribo estas líneas, después de la cual supongo que no saltará ningún otro nuevo culebrón.

Casi todos esos temas tendrán una continuidad después de agosto en menor o mayor grado pero, como he mencionado, se empezarán a omitir en los medios y, por ende, a extraviar en nuestros pensamientos.

Porque no lo olvidemos, todos estamos influenciados por las noticias que los medios ofrecen y que acaban en nuestro ‘top of mind’ momentáneo, más allá de nuestras preocupaciones personales y profesionales.

#Prayforamazonia, cómo no

Sorprendentemente, entre los culebrones veraniegos surgió el de los incendios en la Amazonia. Y digo sorprendentemente porque parece que salió ‘de la nada’, al menos en España.

De un día para otro, cuando el incendio de Canarias estuvo ‘liquidado’ informativamente, comenzó a salir en las noticias que la Amazonia estaba en llamas.

Obviamente, tan pronto como se supo de este tema salió también su correspondiente hashtag #prayforamazonia, no nos fuera a faltar una etiqueta con la que demostrar nuestro interés e indignación con el tema en Twitter, Facebook, Change.org o donde haga falta mostrarnos como ciudadanos concienciados.

Seguramente para la gran mayoría solo hace falta hacer este tipo de cosas en Internet, para limpiar su conciencia de persona ejemplar, y después como dice el dicho “a otra cosa, mariposa”, que la Amazonia queda muy lejos y solo la vemos por la tele (Vid. #Jesuis…activistadesofá).

Tan pronto como se supo de los incendios también se creó su correspondiente hashtag #prayforamazonia, no nos fuera a faltar una etiqueta con la que demostrar nuestro interés e indignación como ciudadanos concienciados.

El mundo al “rescate”

También, como no podía ser de otra forma, todo el mundo giró su mirada hacia ese lugar de Sudamérica.

Desde políticos hasta famosos, pasando por todo tipo de personas, organizaciones y estamentos, empezaron a hablar del incendio y del trato que el Estado brasileño, con el controvertido presidente Bolsonaro a la cabeza, estaban dando al tema.

Un presidente que no solo no hace lo que está en su mano por prevenir más fuegos e intentar extinguir los existentes, sino que se atreve a decir que los datos oficiales sobre deforestación de su país son falsos y que todo es culpa del activismo ambiental.

Mientras, aprovechando el otro dicho de “no hay mal que por bien no venga”, los dirigentes de los países más poderosos del mundo deciden en la cumbre del G7 que van a aportar 20 millones de dólares para ayudar a que se preserve la amazonia brasileña e incluso estudian darle a ese territorio un estatuto internacional si el Estado brasileño toma de manera concreta medidas claramente contrarias al interés de todo el planeta.

Tras esto, Bolsonaro dice que no va a aceptar dicha ayuda, y que el presidente Macron debe retirar unos supuestos insultos personales contra él.

En resumen, los siete países más poderosos del mundo donan la mísera cantidad de 20 millones de dólares, a un país como Brasil que tiene un PIB de más de 2.000 billones de dólares.

Por favor, ¡en el parque de cerca de mi casa el Ayuntamiento de Barcelona se ha gastado alrededor de un millón de euros para habilitar el área infantil! (y me parece una aberración).

¿De qué sirven 20 millones de dólares para la Amazonia? ¿Recordamos cuántos millones se recaudaron en poco tiempo para Notre Dame?

¿De qué sirven 20 millones de dólares para la Amazonia? ¿Recordamos cuántos millones se recaudaron en poco tiempo para Notre Dame?

Lucha de egos

Es lógico, sin justificar a Bolsonaro, que este lo vea como un insulto (por la cantidad ofrecida) y una intromisión en su soberanía (por decirle lo que tiene que hacer).

Pero también es cierto que no parece que su gobierno vaya a poner mucho dinero individualmente para solucionar nada, vista la gestión global que está llevando desde que está en el poder, y sin olvidar las maneras de proceder en este tema que también tuvieron los gobiernos anteriores.

¿Soy el único que aquí ve una lucha de egos a nivel internacional en la que lo de menos es aquello que está seriamente en juego para los brasileños e indirectamente para el resto de la población mundial?

¿Una gestión de la situación (por parte de todos) totalmente sesgada en base a intereses personales, políticos, económicos y electorales?

¿Se entiende más ahora porque este tema no solo es un culebrón de verano informativo, sino que lo es en la acepción de esas series televisivas que mostraban las miserias de todos los personajes que en ellas salían y que eternizaban los problemas y disputas entre ellos?

Al final de este culebrón, todos quedan con la conciencia ‘limpia’. Los del G7 han donado dinero, Bolsonaro lo ha aceptado, y ya podemos mirar para otro lado.

Eso hasta la siguiente temporada de la serie, que seguramente la habrá.

Mientras, todo arde, en muchos lugares

Además, si al menos lo que ardiera fuera solo la Amazonia podríamos darnos con un canto en los dientes, pero resulta que no solo hay intensos fuegos en Brasil y otros países sudamericanos, sino que también están ocurriendo en África, Rusia, sudeste asiático y Oceanía, entre otros.

Cada lugar tiene sus contextos concretos, y pueden ser fuegos ‘usuales’ o ‘inusuales’ para esta época del año, pueden tener detrás la mano del hombre o no, y puede haber más o menos interés en apagarlos.

Pero lo cierto es que debido a ellos cada vez hay menos árboles en el planeta y más CO2 en la atmósfera, nos pongamos como nos pongamos.

Las imágenes de la NASA lo dicen todo.

Quizá he vuelto un tanto pesimista de las vacaciones, pero si uno piensa fríamente sobre todo lo expuesto, no creo que haya ninguna circunstancia que pueda arrojar optimismo sobre hacia dónde nos dirigimos.

Aunque siempre hay quien ve mejor el vaso medio lleno que medio vacío (también es de agradecer) y señala tendencias positivas, diciendo que la deforestación en Brasil va a menos a medio plazo (aunque en los dos últimos años vuelve a subir) y que lo mismo pasa para los fuegos en ese país.

Me pregunto yo, por un lado, qué de bueno tiene que se esté rompiendo esa tendencia de descenso, y por otro que si la tendencia en muchos años es a que haya menos incendios y tierra deforestada no se deberá a que cada vez hay menos tierra por quemar y deforestar.

Pero bueno, siempre nos quedarán para la posteridad los fuegos artificiales de las donaciones de dinero, las imágenes de líderes del G7 encajando sus manos sonrientes, las del presidente de Bolivia ‘apagando’ el fuego con una mochila de sulfatar, o las del presidente español robando el protagonismo a quienes lucharon para extinguir el incendio de Canarias, en una foto que parece salida de la mismísima película Top Gun.

Solo me queda ya por comentar a nivel más personal, que mi padre, que desgraciadamente no tuvo acceso a una gran formación pero tiene muchos años de experiencia en la vida, repite cada vez más la frase “esto hace tiempo que se está yendo al garete” cuando mira la televisión.

Y la verdad, muy a pesar mío, es que no le quito razón.

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