Black Friday, Cyber Monday... días negros para la sostenibilidad

Otro año más ha llegado el día del Black Friday, una de las jornadas que generan un mayor perjuicio al medio ambiente debido a los impactos del consumismo desmedido de millones de personas en todo el mundo.
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Es este, junto a otras jornadas como el Single Day o el Cyber Monday, un fenómeno planetario que se ha ido expandiendo de manera rápida en los últimos años en muchísimos países que nada tenían que ver con esas, llamémoslas, tradiciones.

¿Por qué somos tan dados a admitir dentro de nuestra cultura fiestas como por ejemplo Halloween o días de compras con descuentos como los mencionados?

¿Por qué en lugar de esas fechas de compras como si no hubiera un mañana no adoptamos con mucho más convencimiento y fuerza jornadas dedicadas a causas relacionadas con la sostenibilidad o el medio ambiente?

Pues, probablemente, porque estamos mucho más interesados en saciar nuestra ansia consumista y nuestro ego de tener más y más que en procurar que el planeta dure más y en mejores condiciones para nosotros y para los que queden cuando nosotros ya no estemos.

No genera la misma cantidad de dopamina y endorfina el realizar una compra que va a dar una satisfacción inmediata que hacer algo por el planeta, algo que a escala personal no es medible y a escala mundial tampoco se podría comprobar a corto plazo.

Y eso suponiendo que a todo el mundo le interesa y le preocupa el planeta, lo cual no vamos a descubrir ahora que es totalmente falso, tanto si es por simple desinterés como si es porque se tienen otras cosas del día a día en qué pensar como por ejemplo mantenerse vivo, o por otras razones que pueda tener cada uno.

Lamentablemente no solo la sostenibilidad del planeta es la que se resiente por estos días de compras sin freno, sino también la de pequeños comercios que no pueden competir de tú a tú con las empresas gigantes de la distribución online y las grandes cadenas, y que se enfrentan a un futuro quizá cada vez más incierto.

La compra online gana peso sobre la presencial

Según una encuesta a nivel europeo del estudio Oliver Wyman, el 84% de los españoles piensa comprar algo en el Black Friday o en el Cyber Monday, situando a España a la cabeza de participación en esta fecha internacional de descuentos, aunque con un gasto promedio por persona 14 inferior inferior (lo que se traduce en 258 euros por persona).

De todos los compradores, un 69% realizará sus compras por Internet en páginas web como Amazon o en distribuidores más pequeños.

Según las previsiones y estadísticas, cada una de esas compras se traducirán en la emisión de 80 kg de CO2 a la atmósfera incluyendo lo que sería la producción del bien, su embalaje y empaquetado, y la logística y transportes necesarios para ponerlo en la casa del comprador.

Se estima que el lunes siguiente al Black Friday se repartirán 3,5 millones de paquetes y que en días posteriores se continúen moviendo unos 2,5 millones al día por el Cyber Monday.

Se estima que el lunes siguiente al Black Friday se repartirán 3,5 millones de paquetes y que en días posteriores se continúen moviendo unos 2,5 millones al día por el Cyber Monday.

Si todo lo que se comprara en estas fechas fuera simplemente algo que los compradores necesitaran pues no habría tanto problema pero, de manera contraria, suelen ser en muchísimos casos productos superfluos sin los que podemos vivir pero que compramos porque nos apetecen y no los vemos caros, y en otros muchos casos productos que van a reemplazar a otros antiguos que aún funcionan perfectamente y que irán a parar a la basura (y que por tanto no se reutilizarán y quizá ni se reciclarán).

Así mismo, la rapidez con la que los compradores quieren recibir en sus casas los productos obliga a las empresas logísticas a realizar grandes esfuerzos en poco tiempo y a no poder tener la máxima eficiencia a la hora de llevar a cabo las rutas de reparto.

Por si eso fuera poco, leo con curiosidad que en el 33% de las compras online se acaban devolviendo en comparación con el 7% que sucede si se compran artículos de forma física, por lo que deberíamos añadir el transporte de todas esas devoluciones al impacto inicial del proceso de entrega.

En resumen, todo esto produce grandes impactos en forma de utilización de materiales, desperdicio de otros, contaminación y emisión de CO2 a la atmósfera, consumo de energía, etc.

No es oro todo lo que reluce

A los perjuicios anteriores hay que sumar las consecuencias de otra cara del fenómeno que podríamos resumir en la palabra fraude o, en una versión más suave, engaño.

Esta época del año es propicia para que se realicen fraudes de todo tipo a través de la red de redes, desde la venta de artículos falsos hasta la falsificación, con mejor o peor acierto, de páginas web lícitas que son alojadas en dominios bastante similares a los de las webs auténticas, en los que se varía alguna letra o se les añade algo.

Generalmente, este tipo de webs suelen tener ofertas muy exageradas que un comercio normal no podría llegar a realizar, y que sirven de gancho para que los compradores incautos o con “gatillo fácil” caigan.

Son páginas creadas ex profeso para campañas concretas de unos cuantos días, que son alojadas en países lejanos en los que la policía y la justicia tienen difícil llevar a cabo su misión, y que una vez han hecho su botín desaparecen sin más rastro.

Algunas tiendas reconocidas hacen de las suyas estos días y ofrecen ofertas que en el fondo son falsas.

Por si este fraude no fuera suficiente, también las tiendas reconocidas hacen de las suyas estos días y ofrecen ofertas que en el fondo son falsas.

Simplemente unos días antes de que empiecen las rebajas y descuentos suben los precios de los artículos y cuando llega el day de turno los rebajan a precios que acaban siendo superiores a lo que cuestan durante el resto del año.

Ante este tipo de actuaciones se han creado herramientas para verificar si los descuentos son realmente favorables al comprador o si el comercio está engañando.

Pequeño comercio, el otro perjudicado del Black Friday

Aparte del medio ambiente, las pequeñas tiendas de proximidad de toda la vida, las de barrio, son las que se llevan la peor parte de estas jornadas de consumo desmesurado.

Estos comercios no tienen ni los mismos márgenes ni la casi ilimitada oferta de productos que los gigantes de la distribución de Internet. En contraprestación, sí pueden ofrecer un trato cercano y amigo y un asesoramiento que dista bastante (por bueno) de algunas “opiniones” de productos que se pueden encontrar en la red.

Para ellos, estas fechas de ofertas son una trampa en tanto que si no realizan ningún descuento no venden nada o casi nada, y si los hacen sus márgenes se reducen casi a cero o, directamente, no ganan nada.

Además, la manera en que está evolucionando el mercado, con muchos y largos periodos de descuentos y rebajas por la razón que sea, hace que la supervivencia de las pequeñas tiendas sea cada vez más difícil. Sobre todo cuando muchos compradores directamente se esperan a esos periodos y compran muy poco durante el resto del año.

Si los periodos de descuentos y rebajas no se regulan por ley, este tipo de negocios terminarán desapareciendo. Con márgenes tan pequeños es muy difícil poder competir con grandes tiendas o con titanes de la red que pueden poner sin apenas problemas cualquier producto en casa del cliente en menos de 24 horas.

Quizá todo sea consecuencia del “avance” tecnológico, y sea ley de vida que solo sobrevivan los más fuertes.  Y aunque yo creo que no debería ser así, me parece que acabará pasando en un futuro a medio o largo plazo.

Debemos lograr que la ‘nueva manera’ de realizar las compras acabe teniendo un coste igual (ya no digamos incluso menor) para la sostenibilidad del planeta o las consecuencias serán todavía peores.

También, hemos de tener en cuenta que, poco a poco, ciudadanos de nuevos países emergentes quieren tener su cuota de bienestar y seguramente acabarán entrando en la rueda del consumo superfluo una vez la hayan conseguido.

Al final todo cambia, pero no todo es beneficioso, porque beneficiarse se benefician unos cuantos pero, a la misma vez, perdemos todos.

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