La economía social aporta más de 6.000 millones de euros anuales a la sociedad

Así se deprende de un estudio presentado en Madrid por Cepes en el que se pretende verificar y cuantificar la contribución diferencial del modelo de empresa de economía social en el ámbito de la cohesión social y su impacto en el empleo y en la cohesión territorial.
CE24 diciembre 2019

La Confederación Empresarial Española de la Economía Social (Cepes) ha presentado el Análisis del impacto socioeconómico de los valores y principios de la economía social en España, con el objetivo de visibilizar y cuantificar, con fuentes oficiales la contribución diferencial que, a través de un crecimiento económico más sostenible, el modelo de empresa de la economía social realiza al conjunto de la sociedad.

Este informe muestra que la economía social aporta a la sociedad unos beneficios netos totales (directos e indirectos) cifrados en 6.229 millones de euros anuales, de los cuales, el 72% está vinculado a la ocupación de colectivos con dificultades de acceso al empleo y el 17% a la mayor estabilidad del empleo.

Por agentes, los principales beneficiarios son los colectivos con mayores dificultades de acceso al empleo, que reciben 3.930 millones de euros anuales en rentas salariales. En segundo lugar, están las Administraciones Públicas, con 1.770 millones de euros anuales de beneficios directos e indirectos (gastos no realizados) y, por último, las propias empresas, que obtienen un beneficio neto de unos 528 millones de euros anuales.

La economía social en el tejido productivo español

El estudio recoge en su capítulo II un desarrollo del tejido productivo español, donde se revela que seis de cada cien empresas y entidades del sector privado de la economía española pertenecen a la economía social.

En relación con el desarrollo de la economía social por comunidades autónomas, se destaca el alto desarrollo que tiene en la Comunidad Valenciana, la Región de Murcia, Andalucía o País Vasco. En cambio, todavía tiene niveles de empleo inferiores a los esperados, teniendo en cuenta su tamaño y el dinamismo económico, en la Comunidad de Madrid, Cataluña y Canarias.

En cuanto a la presencia de la economía social en los sectores económicos, el estudio precisa que este modelo empresarial tiene un peso relevante en el sector de servicios sociales (41%), de actividades artísticas y recreativas (32%), de educación (24%), de agricultura (13%) y sector energético (10%).

Crecimiento inclusivo y la reducción de las desigualdades

“El comportamiento de las empresas y entidades de la economía social es diferente a las empresas mercantiles, y se traduce en un crecimiento económico más inclusivo y en la reducción de las desigualdades. Además, son empresas con un fuerte compromiso con el territorio, lo cual provoca una importante contribución a la cohesión social y a la cohesión territorial”, precisa Juan Antonio Pedreño, presidente de Cepes.

Los efectos sobre la cohesión social se centran en cuatro áreas: ocupación de colectivos con dificultades de acceso al empleo, estabilidad en el empleo, igualdad de oportunidades, y oferta de servicios sociales y servicios de educación.

Los resultados obtenidos confirman la existencia de un comportamiento diferencial generador de valor social a través de:

  1. Creación de empleo inclusivo. La economía social incorpora, en mucha mayor medida que la economía mercantil, colectivos de trabajadores con dificultades específicas de acceso al empleo como mujeres mayores de 45 años, personas mayores de 55 años, personas con discapacidad, personas en situación o riesgo de exclusión social y personas de baja cualificación.
  2. Mayores niveles de estabilidad en el empleo.
  3. Menor brecha salarial. Los niveles salariales son mucho más igualitarios. La menor dispersión salarial se debe sobre todo a una mayor contención en los salarios de la alta dirección y alta cualificación (salario superior al salario medio global en un 65%, mientras que en la economía mercantil esta diferencia es del 102%).
  4. Mayores niveles de igualdad. Así lo muestran los mejores resultados obtenidos en distintas dimensiones de la misma como las brechas salariales de género, que son menores; la diversidad en la dirección, con una mayor incorporación de mujeres y personas con discapacidad; o las posibilidades de conciliar mejor vida familiar y profesional.
  5. Ampliación de la oferta privada de servicios sociales y de educación. La especialización productiva de la economía social en servicios ligados a la dependencia y a la atención de personas mayores y con discapacidad es significativa. La economía social representa el 44% del total de la oferta de estos servicios y aumenta hasta el 59% en servicios sociales sin alojamiento. En los servicios educativos tiene también una presencia relativamente alta (21% de la oferta de estos servicios).

La economía social tiene un peso decisivo en la España rural

El análisis confirma la mayor presencia relativa de la economía social en las ciudades intermedias y zonas rurales, y su significativa contribución a la creación de tejido empresarial y empleo, a la competitividad de las economías locales y a la fijación de población en este ámbito.

La economía social se ubica mayoritariamente en municipios menores de 40.000 habitantes, (60% de las empresas y 55% de sus trabajadores). En las empresas mercantiles estos porcentajes se invierten y tanto ellas como sus trabajadores se localizan mayoritariamente en el ámbito urbano.

Tiene importantes efectos sobre la economía rural y una parte significativa de la misma está vinculada a ella:

  • Creación de actividad y empleo: el 7% de las empresas y entidades rurales y el 5% del empleo rural pertenecen a la economía social.
  • La contribución de la economía social a las ciudades intermedias y zonas rurales se canaliza también a través del emprendimiento. Si se consideran solo las empresas más jóvenes, el 47% de las empresas de economía social se ubica en las ciudades intermedias y zonas rurales y el 53% en grandes ciudades. En el caso de la economía mercantil, estos porcentajes son del 36% y del 64% respectivamente.
  • La distribución sectorial de las empresas de economía social muestra también una mayor dispersión, favoreciendo así la diversificación de la economía rural.
  • Mejora la competitividad de las economías rurales a través del desarrollo de determinadas ramas que permiten un mejor aprovechamiento de las potencialidades o acercan una oferta de servicios sociales y educativos que es vital para frenar la pérdida de población. Destaca el peso de la economía social en las ramas agroalimentarias (53% en la fabricación de aceites y grasa vegetales y animales, 29% en la fabricación de productos para la alimentación animal; 22% en la fabricación de bebidas y 14% en el procesado y conservación de frutas y hortalizas). También, en educación y en servicios a la dependencia.
  • Combate la despoblación. La aportación a las zonas rurales se ve apoyada por otros aspectos que inciden de forma positiva en la decisión de mantener la residencia en estas zonas, como es el caso de la estabilidad del empleo, que también es mayor en las empresas de economía social.
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