'Packaging' sostenible: cuando la clave está en el exterior

La industria de consumo es consciente de la necesidad de un cambio de rumbo hacia una economía circular en la que reducir, reciclar y reutilizar tengan como resultado procesos de producción más sostenibles, con menores consumos de agua y materias primas y menor huella de carbono. Más allá de la responsabilidad social de empresas y fabricantes, la legislación es cada vez más clara en este sentido: desde Europa y de cara a 2021, llega la prohibición del uso de plásticos de un solo uso, y antes de 2025 al menos el 25% del plástico de las botellas deberá ser reciclado. Para 2029 los Estados miembros tendrán que recuperar el 90% de las botellas de plástico.
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Islas de plástico.

La contaminación por residuos plásticos es “uno de los principales problemas medioambientales de nuestro siglo”, según alerta el último Observatorio de Salud y Medio Ambiente del Instituto DKV de la Vida Saludable, elaborado en colaboración con Ecodes, y que recuerda que cada año se vierten a los océanos una media de 8 millones de toneladas de plástico, el equivalente a vaciar un camión de basura lleno de plásticos cada minuto.

Si no cambia esta tendencia, apunta el documento, que se refiere a datos de Naciones Unidas, “en 2025 nuestros océanos tendrán una tonelada de plástico por cada tres de pescado, y en 2050 habrá más plásticos que peces”.

Contaminación por plásticos. Uno de los mayores desafíos ambientales del siglo XXI incluye un análisis de la situación actual respecto a este tipo de residuo, qué impactos tiene en la salud y el planeta, y qué soluciones se deben poner en marcha para convertir a los plásticos en “un aliado” y no en el causante de uno de los mayores retos en materia de medio ambiente a los que nos enfrentamos.

“La demanda de materia prima de plástico es enorme, la producción global ha aumentado desde los 2 millones de toneladas en 1950 a aproximadamente 400 millones de toneladas en 2018. Es difícil hacernos una idea de esta dimensión que equivale a 13 millones de camiones tráileres-cisterna de 30 toneladas. Y la previsión es que la demanda crezca continuadamente hasta superar los 1.000 millones de toneladas en 2050”, recuerda el Informe.

Según datos de la ONG Greepeace, las más de 8 millones de toneladas de piezas de plástico que llegan cada año a los océanos equivalen al peso de 800 veces la Torre Eiffel, 14.285 aviones Airbus A380 y ocupan el equivalente a 34 veces la isla de Manhattan. Estos residuos son arrastrados por las corrientes marinas y forman concentraciones o ‘islas de plástico’ de dimensiones inmensas; la más grande se localiza en el Pacífico Norte, entre la costa de California y Hawái, y se la conoce como el Gran Parche de Basura del Pacífico (GPGP, Great Pacific Garbage Patch, por sus siglas en inglés). Tiene más de un millón de kilómetros cuadrados, lo que equivale a superar la superficie que ocuparía España, Francia, y Alemania juntas.

No es la única. También existen este tipo de ‘islas’ en el Océano Pacífico, en el Atlántico y en el Índico. El Mediterráneo, por su parte, está considerado la sexta zona de mayor acumulación de residuos plásticos. Pese a que es un mar pequeño que alberga solo el 1% de las aguas del mundo, concentra el 7% de los microplásticos (partículas de menos de 5 milímetros de diámetro) del planeta. Pero hay más: la contaminación terrestre por microplásticos es de 4 a 23 veces más alta que la marina.

El Mar Mediterráneo, pese a que es un mar pequeño que alberga solo el 1% de las aguas del mundo, concentra el 7% de los microplásticos (partículas de menos de 5 milímetros de diámetro) del planeta.

Estas cifras pueden parecer lejanas, pero la contaminación por plásticos y microplásticos está mucho más cerca de lo que se piensa. Porque llega a los seres vivos a través del aire y por los alimentos y las bebidas. Según señala el reciente estudio Naturaleza sin plástico: evaluación de la ingestión humana de plásticos presentes en la naturaleza, elaborado por Dalberg Advisors y basado en un estudio solicitado por WWF y realizado por la Universidad de Newcastle, las personas consumen alrededor de 2.000 pequeñas piezas de plástico cada semana, aproximadamente 21 gramos al mes, unos 250 gramos al año (el equivalente al peso de una tarjeta de crédito a la semana). El estudio señala que, por el momento, los efectos específicos de la ingestión de microplásicos en la salud humana “aún no se conocen con exactitud”.

Madrid acogió el pasado mes de noviembre el Packaging Day en el que se han dado cita responsables de marketing, expertos en tecnología del Barcelona Institute of Packaging y especialistas de las áreas de Packaging e Innovación de la consultora Summa Branding para debatir sobre cómo la sostenibilidad y la tecnología están impulsando una “transformación profunda” del sector del packaging.

En palabras de Carmen Navarro, directora de Summa Branding en Madrid, “las empresas ya están respondiendo a las demandas de los consumidores, entre ellas la creciente exigencia en cuanto a responsabilidad medioambiental”. “El ecodiseño implica incorporar la variable ambiental en el proceso de desarrollo del packaging a todos los niveles”, explicó por su parte Aleix Fortuny, senior packaging engineer del Barcelona Institute of Packaging.

Tal como explicó Jan Vidal, business manager de Biográ-Sorribas (Idilia Foods), “las marcas debemos acercarnos a un nuevo consumidor donde la conciencia eco no está presente solo en el propósito, sino también en el packaging”, y en ese sentido, “la innovación vinculada al uso de las nuevas tecnologías es fundamental para dar nuevas soluciones a las necesidades de estos consumidores”.

Ecodiseño e innovación, aliados del medio ambiente

Una parte muy importante del plástico y los residuos que se generan en todo el mundo son envases. Solo por poner en comparativa: datos oficiales de la Comisión Europea indican que cada europeo genera una media de 150 kilos al año de envases desechados, y los envases representan una quinta parte de todos los residuos municipales. Por esta razón, el ecodiseño, -es decir, el diseño y fabricación de envases teniendo en cuenta criterios de sostenibilidad, e incluyendo todo su ciclo de vida, y por tanto también su reciclaje-, se ha convertido en una herramienta clave para minimizar el impacto ambiental y, a la vez, consumir menos materias primas durante los procesos de producción.

Según datos de Ecoembes, la entidad que coordina el reciclaje de envases en España, desde 1999, y gracias al ecodiseño se ha conseguido una importante reducción de peso de envases como las botellas de agua, que pesan un 18% menos, los envases de yogur (un 21% menos) o las latas de aluminio, que han reducido su peso en un 20%, lo que supone un menor uso de recursos naturales a la hora de producirlos, la eliminación de material innecesario o la reincorporación de plástico reciclado.

“En un contexto en el que el cuidado del medio ambiente es responsabilidad de todos, el ecodiseño se ha convertido en un gran aliado para las empresas. En España el sector empresarial lleva más de dos décadas esforzándose para hacer que sus envases sean lo más sostenibles posible”, explica en este sentido Begoña de Benito, directora de Relaciones Externas de Ecoembes, que considera el ecodiseño como “una herramienta crucial en las estrategias de innovación de las empresas”.

Bajo esta premisa, y a través de TheCircularLab, -el primer centro de innovación abierta especializado en economía circular y dedicado a la investigación y desarrollo de las mejores prácticas en el ámbito de los envases y su posterior reciclado- Ecoembes ya presentó el pasado año el “plástico bio-bio”, un material obtenido a partir de residuos vegetales (como patatas o zanahorias) que puede usarse en la fabricación de envases como botellas o bandejas para alimentación y bebidas. Es compostable, reciclable y biodegradable en el entorno marino.

Ecoembes presentó el pasado año el 'plástico bio-bio', un material obtenido a partir de residuos vegetales.

Otros ejemplos de este tipo de innovación en los envases es el proyecto de I+D desarrollado en la Región de Murcia Agropack para fabricar bioenvases con materiales obtenidos a partir de subproductos del melocotón y otras frutas de hueso. Su objetivo es poner en el mercado packaging sostenible, a la vez que se reducen los residuos y se da un uso económicamente rentable a los detritos del melocotón. El biomaterial que se desarrolle servirá para la fabricación de envases y embalajes de productos hortofrutícolas, y cualquier otro uso relacionado con el empaquetado: cajas, bolsas, recipientes, contenedores…

El consorcio del proyecto, financiado por el Fondo Europeo Agrícola de Desarrollo Rural y la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia, está integrado por la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos de la Región de Murcia (UPA), la ambientóloga Lucía López, la SAT Los Marines (de producción y comercialización de fruta), Agromarketing (como agente de innovación y comunicación), y el Centro Tecnológico del Plástico, Andaltec, como socio tecnológico.

En este sentido, la responsable de Andaltec, María Dolores Ramírez, señala que este proyecto “tiene una repercusión económica, social y ambiental extraordinaria, al incidir en la reducción, tratamiento y aprovechamiento de un residuo que supone entre un 10 y un 28% de la producción total de fruta de hueso”. Y todo ello en una zona, la Región de Murcia, “que es el mayor productor de Europa y principal zona de producción nacional”, remarca.

Además, desde el punto de vista tecnológico, significa “dar solución a uno de los problemas más importantes con los que se encuentra el productor o manipulador de fruta de hueso, ya que se le da una salida viable económicamente a la eliminación de los residuos procedentes del destrío de la fruta de hueso”.

A lo largo del desarrollo del proyecto, los investigadores de Andaltec determinarán las metodologías de revalorización del melocotón, otras frutas de hueso, y sus procesados, lo que permitirá obtener materiales de alto valor añadido que podrán aplicarse en la fabricación de envases. A partir de esto, se generará la base para la fabricación de productos de packaging, aptos para su uso en toda la cadena de distribución del sector agroalimentario.

Comprar sin envases

A la hora de ir a comprar, como consumidores, es importante plantearse una pregunta: ¿Necesito realmente el envase? De esta forma estaremos dejando de utilizar los que de verdad no sean útiles, tal como ocurría hace años, cuando en los mercados era habitual la compra a granel y que la fruta, la verdura o las legumbres fueran directamente al carro de la compra o a la bolsa (reutilizable por supuesto) que cada uno llevaba desde casa: sin paquetes, plástico, ni envoltorios superfluos y que, en muchas ocasiones, solo tienen una finalidad estética o de marketing.

La compra a granel reduce el uso de plásticos y envases de un solo uso.

Y es que, un buen primer paso para reducir el uso de plásticos y envases de un solo uso puede ser comprar de esta forma, a granel, un gesto que, ya en 2012, el prestigioso diario británico The Independent calificó en un amplio reportaje como una verdadera “revolución de los consumidores”. Se estaba refiriendo al proyecto de Unpackaged, un comercio londinense de estética moderna que vende todos sus productos a granel, es decir, a la antigua, evitando incluso las etiquetas. En su lugar, para identificar sus dispensadores, utiliza pizarras.

En España, entre otras propuestas, destacan las tiendas Granel, por el momento solo con presencia en Cataluña y Baleares, pero con perspectivas de crecimiento, y que cuenta con financiación del banco ético Triodos Bank, que, señala, comparte con este proyecto “la apuesta por la esencia de las cosas: la alimentación de calidad, con productos ecológicos y de proximidad; sin packaging”. 

Gracias a unos dispensadores transparentes y bolsas de papel reciclado para quien las necesite, los emprendedores Judit Vidal e Iván Álvaro han “reinventado” el concepto de compra de toda la vida. Y es que “nos hemos dado cuenta de que el granel no está reñido con la modernidad ni con una compra confortable que no necesita envases”, defienden estos dos pequeños empresarios que se suman a un número cada vez mayor de establecimientos que también practican la venta a granel en el mundo del vino (evitando la “parafernalia” y conservando a la vez la calidad), o en tiendas de detergentes y productos de limpieza que demuestran, con el éxito de sus negocios, “cómo es posible vivir con menos envases”.

El caso de la joven emprendedora Maria Arias es otro ejemplo de cómo, “renovando lo mejor de tiempos pasados y aplicando la innovación”, se pueden conseguir mejoras reales para el usuario, para la sociedad y sobre todo para el planeta.

Ella está detrás del primer supermercado a granel en Madrid, unPacked, que abrió sus puertas en septiembre de 2018 y cuya filosofía es acercarse a una nueva forma de consumir “más consciente y respetuosa con el medio ambiente”. Toda su experiencia de compra se desarrolla sin plásticos, permitiendo rellenar la despensa sin crear residuos innecesarios. También ofrecen productos reutilizables que ayudan a los consumidores en la transición hacia una vida zero waste.

Zero waste es más que una filosofía, es una forma de vida que impacta en cada una de las acciones que hacemos. Desde repensar nuestra forma de consumir a promover la reutilización y reciclaje de materiales para aportar un granito de arena a la salud de nuestro planeta”, defiende esta empresaria, que explica que su objetivo es “promover productos locales y naturales, la reutilización de envases en las compras y la creación de una red de apoyo a empresas que hacen el bien creando productos reutilizables, compostables o biodegradables”.

Desde unPacked animan a sus clientes a traer sus propios recipientes para rellenarlos en la tienda con una premisa: “se sorprenderán de la cantidad de envases plásticos que podemos prevenir antes de que terminen en nuestras playas con tan solo unos pequeños cambios en la rutina de la compra”.

Según explica Arias, su idea es “crecer y poder abrir en otros puntos, porque esta es una idea que ya funciona muy bien en EE. UU., en varios países nórdicos o en Alemania, donde esta filosofía zero waste va un paso por delante que en España”. Pero, se pregunta optimista, “si en estos países ya está teniendo éxito, ¿por qué no va a funcionar aquí? Es cuestión de tiempo”.


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