“Las mujeres estamos atrapadas en unas medidas de conciliación discriminatorias”

Laura Baena, fundadora del Club de Malasmadres, habla en esta entrevista sobre maternidad e igualdad de género, afirmando que las medidas de conciliación en España son "discriminatorias y alejan del mercado laboral a las mujeres". Es una de las protagonista de la Semana de la Mujer y del 8M.
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Laura Baena fundó el Club de Malasmadres cuando sintió que su trabajo no le permitía ni ser buena madre ni buena profesional.

Desde este Club y la asociación Yo no renuncio por la conciliación, que crearía después, esta publicista con más de 800.000 seguidores en redes sociales además de desmitificar la maternidad, lucha por la conciliación real tras ser madre.

Este 2019 fue elegida por esta revista como Personaje Social del Año y hoy es una de las protagonistas de esta Semana de la Mujer, que celebra el 8M, el Día de la Mujer.

¿Cómo surge el Club de MalasMadres?

Malasmadres nace cuando soy madre por primera vez y me doy cuenta de que la maternidad era bien distinta de lo que nos habían contado.

En ese momento era supervisora creativa en una agencia de publicidad y conciliar se empezó a hacer muy complicado ya desde el propio embarazo.

Creé, como un desahogo personal, una cuenta de Twitter donde contaba mis anécdotas diarias de ‘malamadre’. Empezó a tener repercusión y me di cuenta de que no era la única que me sentía así.

¿Se sentía ‘malamadre’ por no poder conciliar o porque le habían vendido la maternidad de otra manera?

Por todo. El primer objetivo de Malasmadres es desmitificar la maternidad, romper el mito de la madre perfecta, con mucho sentido del humor.

“¿Por qué te canonizarían como ‘malamadre’?”, fue uno de los primeros tuits que lancé. Y las madres empezaron a salir del armario: “Se me ha olvidado la muda”, “he llevado al niño disfrazado el día que no es”, “me he olvidado de la vacuna”…

Se trata de situaciones diarias que te hacen sentir ‘malamadre’; no conectas con el modelo de maternidad social, que sigue tan arraigado en España, en el que la madre no trabaja. Hemos visto como la sociedad evoluciona, las mujeres salimos al mercado laboral, pero esto no ha ido acompañado de un cambio social.

Tuve que renunciar a mi carrera profesional. Lo hice voluntariamente, pero porque realmente era imposible conciliar, más cuando tienes la familia fuera. En mi caso, las piezas claves de la conciliación en este país, los abuelos, están en Málaga, y eso lo hace más complicado todavía.

Renuncié porque estaba perdiendo el control de mi vida. No me sentía ni buena madre, ni buena profesional… En este país ser madre y ser profesional es una utopía.

"En España, las piezas claves de la conciliación son los abuelos".

Además del Club de Malasmadres, donde se comparte contenido de interés para la mujer, fundó la asociación Yo no renuncio por la conciliación, ¿cuál es su misión?

Nos dimos cuenta de que había que dar forma al debate que se generaba en redes sociales. Esto dio lugar a la asociación Yo no renuncio por la conciliación, cuyo primer objetivo es concienciar y sensibilizar.

Hace cuatro años todo el mundo hablaba del problema de la conciliación, pero no se ponían datos sobre la mesa. Empezamos a hacer estudios de la situación de la conciliación enfocándonos en la maternidad, en cómo realmente el tener un hijo era el punto de inflexión que destapa los roles tradicionales y demuestra que nos aleja a las madres del mercado laboral a todos los niveles.

Además de los estudios, desde la asociación damos charlas; hacemos proyectos para algunas empresas para ver cómo se trabajaba la corresponsabilidad desde dentro; hemos dado el paso al activismo social y político…

A finales de 2015 hicimos la primera petición en Change.org para que se creen incentivos fiscales para las empresas que implanten jornada continua y flexibilidad horaria. Fue una de las más firmadas en la plataforma.

Eso nos permitió presentarnos ante los partidos políticos, entrar en los programas electorales, pasar a ser una propuesta no de ley que fue aprobada en Valencia y en la Asamblea de Madrid y empezar a ver la necesidad de la política para cambiar las cosas.

Trabajamos la conciliación para todos y para todas; independientemente de que seamos madres o padres tenemos que conciliar.

Y lo hacemos desde los tres agentes sociales, que son los pilares del cambio: el gobierno, las empresas y las familias.

Hay que hacer incidencia política para que se aprueben leyes y sean palanca de cambio; hay que trabajar desde la empresa para que realmente haya conciliación, y hay que trabajar desde la cultura, la educación y desde el hogar para que exista una corresponsabilidad real y que el hombre se implique en los cuidados y en las tareas doméstico-familiares.

¿Qué tipo de acciones llevan a cabo?

Hemos lanzado acciones como Rompeelmuro.com en el  que hay más de 16.000 gritos de no conciliación en el que se ven cuáles son las barreras que nos encontramos las mujeres para poder conciliar.

El año pasado estrenamos el teléfono amarillo de la conciliación, con el que hemos ayudado a más de 2.000 ‘malasmadres’ a través de un servicio de asesoramiento legal y laboral gratuito.

Y organizamos la carrera Yo no renuncio, por la conciliación que es una manera de ser altavoz, de seguir reivindicando esta lucha social y de tener recursos que nos permitan continuar trabajando en la asociación.

¿Cuáles cree que son los principales problemas para conciliar?

A día de hoy, las mujeres estamos atrapadas en las medidas de conciliación: el 95% de reducciones de jornada la cogen las mujeres, las excedencias… la conciliación tiene nombre femenino, no porque queramos nosotras sino porque es la realidad social en la que estamos.

El problema es que estamos atrapadas porque para nosotras la reducción de jornada o la excedencia no es una medida de conciliación, son medidas discriminatorias que te alejan del mercado laboral.

Nosotros apostamos por las jornadas flexibles. Una mujer no tendría que cogerse una reducción de jornada si tuviéramos flexibilidad horaria o si existieran las jornadas continuas o si realmente trabajáramos por objetivos o apostáramos por el teletrabajo.

"Tengo una responsabilidad social e incluso política porque las ‘malasmadres’ esperan que yo consiga nuestro objetivo: un pacto de estado por la conciliación".

Con más de 396.000 seguidores en Instagram, 377.000 en Facebook y 59.000 en Twitter, ¿pesa mucho ser influencer de la conciliación?

Me hace sentir que tengo una responsabilidad social. Las ‘malasmadres’ siempre me dicen que soy auténtica, que no he perdido la esencia de quién soy. Estoy en contacto todo el día con ellas, en la tienda, en los eventos, cuando me paran por la calle… ellas son el motor.

El haber sufrido realmente lo que cuento y por lo que estoy luchando da una dimensión real. No estoy luchando por la conciliación desde mi burbuja. Yo lo he sufrido y, por tanto, me siento representante de ellas.

Tengo una responsabilidad social e incluso política porque las ‘malasmadres’ esperan que yo consiga nuestro objetivo: un pacto de estado por la conciliación.

¿Cuál es su relación con los partidos políticos?

El Club de las Malasmadres tiene una parte política pero no partidista, que es distinto. Hay que hacer incidencia política y somos muy activistas, pero no tenemos un color porque no creo que haya que tenerlo, lo que se necesita son unos valores e ideales que tienen que llegar al gobierno para que realmente se cambien las cosas.

¿En las últimas elecciones los programas mostraban avances sobre conciliación?

Todos los partidos tienen unas propuestas en temas de conciliación e igualdad: Ciudadanos tiene la ley de familias, el PSOE ha impulsado y dado pasos en los permisos igualitarios de paternidad intransferibles, que son fundamentales, la universalización de las escuelas infantiles de 0-3 años, etc.

Hace unos meses estuve en Bruselas con las cuatro eurodiputadas de los partidos mayoritarios hasta ese momento (PSOE, Podemos, PP y Ciudadanos) y vi que en Europa están mucho más unidas en cuanto a valores y filosofía, se encuentran mucho más cercanos los partidos y están trabajando juntos en una ley de conciliación. Eso sí, todas coincidieron en que es pobre.

En España es un tema, el de la conciliación, en el que están todos de acuerdo, entre comillas. Partidos como VOX van en contra de muchos de los principios por los que lucha Malasmadres que son la igualdad y el feminismo y no podemos dar pasos atrás en este sentido.

Y creo firmemente que no va a pasar. Todos están preocupados por la pirámide poblacional, por la baja natalidad, porque no hay remplazo generacional y tienen que solucionarlo. Sacar a la mujer y a la madre del mercado laboral no es el camino sino que es todo lo contrario; hay estudios que demuestran que las empresas que apuestan por las mujeres tienen mayor productividad.

Yo, además, soy firme defensora de las cuotas como medida correctora, porque no estamos llegando a los puestos de responsabilidad. Hasta que se resuelva que solo somos un 15% de mujeres directivas en España apuesto por las cuotas.

¿Qué piden en la carrera de obstáculos ‘Yo no renuncio’ que organizan anualmente?

El objetivo es que algún día no haya que correr por la conciliación porque los obstáculos desaparezcan. Identificamos 13 problemas, desde las tareas invisibles y la carga mental que sigue teniendo la mujer en el hogar, las tareas doméstico-familiares, el techo de cristal en las empresas, hasta la denuncia de que seis de cada diez mujeres renuncian a su carrera profesional al ser madres.

Cada prueba va demostrando los obstáculos que nos encontramos y que hacen que la carrera de un hombre y una mujer sean completamente distintas; que llegar a un puesto de responsabilidad para un hombre sea más fácil que para una mujer.

"Los permisos igualitarios intransferibles de maternidad y paternidad son clave porque obliga al hombre a implicarse sí o sí y a la empresa a aceptar que no solo somos nosotras las que nos ausentamos".

Antes mencionaba que la conciliación es una utopía, ¿qué tres puntos serían necesarios para que comenzará el cambio hacia la realidad?

Los tres puntos estarían relacionados con los tres agentes sociales. Por un lado, que haya leyes que sean palancas de cambio, por ejemplo, que realmente en 2021 lleguemos a los permisos igualitarios intransferibles de maternidad y paternidad, que para nosotros es clave porque obliga al hombre a implicarse sí o sí y obliga a la empresa a aceptar que no solo somos nosotras las que nos ausentamos.

Hay una serie de medidas mínimas fundamentales, que son las que presentamos en la carrera y por las que trabajamos, que van desde los permisos y los incentivos fiscales para empresas que implanten jornadas continuas con flexibilidad horaria, hasta la necesidad de educar en valores de corresponsabilidad desde los colegios y desde las empresas.

Hay grandes empresas que tienen políticas de conciliación, pero la mayoría de la gente trabaja en pymes -el 95% del tejido empresarial en España son pymes- y a día de hoy tienen muy difícil la maternidad o el permiso de maternidad.

Necesitamos que el gobierno ayude a esas empresas para que realmente se pueda seguir generando trabajo y empleo en el que no te pregunten en la entrevista si vas a ser madre o cuántos hijos quieres tener.

Y, por otro lado, necesitamos educar en valores de igualdad, en valores de corresponsabilidad, de ahí el trabajo con los colegios y la educación desde el hogar.

¿Cómo ve a los jóvenes en materia de igualdad?

Hay estudios que dicen que estamos dando pasos hacia atrás. Es necesario romper los roles, y esto es una responsabilidad de los padres y madres.

Las chicas jóvenes están muy concienciadas. Tenemos en el equipo a una chica de 22 años y vemos que tiene más conciencia feminista que la nuestra con su edad. Nosotras nos hemos encontrado con la desigualdad ya a los 30 años y la hemos empezado a sufrir al llegar la maternidad.

Otra de nuestras compañeras que es socióloga habla mucho de la teoría del péndulo, de hasta qué punto, de repente, todo por lo que estamos luchando luego nuestras hijas no lo van a ver incluso con rechazo. Hay estudios en los que las niñas no se ven luchando como nosotras porque es un desgaste.

¿Un deseo a corto plazo y para este 8M?

Que haya un pacto de estado por la conciliación. No se puede demorar más y no nos valen dos medidas mínimas, los permisos y las escuelas infantiles no son suficiente; es un tema más complejo que necesita de más medidas y más implicación gubernamental.

Da pena porque ves el panorama políticos español tan dividido… cuando vas a Europa percibes mucha más unión; los colores y el partido no importan tanto en pro de la conciliación.

Otro deseo es que este 8M no haya división, que se entienda que la igualdad es necesaria. Tenemos que seguir luchando, no estamos tan bien como creemos, y la pelea no debe ser partidista.

Y el último deseo es que ninguna mujer tenga que renunciar a ser madre porque ‘no es el momento’.

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