Cuando los ODS no pueden esperar a la recuperación de la pandemia

La crisis económica derivada de la pandemia está frenando por falta de recursos planes de reconversión, públicos y privados, que miraban hacia la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Sin embargo, son muchas las voces que desaconsejan esta opción, y que a su vez recomiendan aprovechar las oportunidades de transformación que llegan con la ‘nueva normalidad’.
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Las huellas de la COVID-19 están dejando además un rastro de crisis económica y social en todos los países del mundo que está siendo difícil de digerir. Y que, por otra parte, podría paralizar algunos de los planes que se estaban elaborando para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030 de Naciones Unidas, tanto desde el punto de vista público como privado.

Sin embargo, desde diversos frentes se está alertando de que estas reformas no deben paralizarse ante la falta de recursos. Es más, se está recomendando aprovechar las oportunidades que se abren para reconvertir ciertos modelos de negocio en otros más sostenibles y medioambiental y socialmente más responsables. Aunque el entorno empresarial no lo ve claro.

La muestra la encontramos en el Informe de Progreso del 20 aniversario del Pacto Mundial de las Naciones Unidas: Uniendo negocios en la década de la acción que se presentó hace unos días. Un documento que resume los progresos realizados por las empresas adheridas a esta iniciativa para acercarse un poco más a los ODS. Y según el cual menos del 40% de estas creen que han fijado metas suficientemente ambiciosas para alcanzarlos.

El estudio también asegura que menos de un tercio considera que su sector está actuando lo suficientemente rápido como para cumplir con los objetivos prioritarios. Y que a pesar de que el 84% de las compañías adheridas está adoptando medidas relacionadas con los ODS, solo un 37% está diseñando nuevos modelos empresariales que contribuyan a los mismos.

Pospandemia y sostenibilidad

Recientemente, el Foro Académico de Finanzas Sostenibles, un think tank creado por iniciativa de Afi Escuela de Finanzas, dependiente de Analistas Financieros Internacionales (Afi), y Triodos Bank, celebraba el encuentro virtual La simbiosis entre recuperación pospandemia y sostenibilidad.

En él se desglosaban los detalles de un manifiesto con el mismo nombre, elaborado por esta agrupación, que recomienda la implementación de políticas de recuperación de la actividad económica y el empleo para impulsar un desarrollo sostenible. Entre sus conclusiones, expuestas en el debate, se explicó por qué no es posible esperar a la recuperación económica para retomar los objetivos de sostenibilidad.

“Ha quedado al descubierto que el sistema económico actual, centrado en la eficiencia y la rentabilidad, no tiene en cuenta sectores esenciales como el del cuidado de las personas o el de la cultura. Si no emprendemos una recuperación que incorpore los aprendizajes de esta crisis, estaremos más expuestos a vivir de nuevo situaciones disruptivas y dolorosas como estas”, aseguró Mikel García-Prieto, director general de Triodos Bank, durante su intervención.

“Ha quedado al descubierto que el sistema económico actual, centrado en la eficiencia y la rentabilidad, no tiene en cuenta sectores esenciales como el del cuidado de las personas o el de la cultura”, Mikel García-Prieto.

Reconversión del sector financiero

Para el think tank el sistema financiero es imprescindible en el proceso de recuperación y de transición hacia una economía centrada en las personas. Y ha de tener como referentes normativos el proyecto de Ley de Cambio Climático y el Pacto Verde Europeo, así como la nueva Agenda de la Digitalización que debería impulsarse desde las administraciones públicas.

“Ha de estar más alineado con la sostenibilidad y tener una visión a largo plazo, porque estamos viendo que los activos ligados a la sostenibilidad están teniendo mayor resistencia en la situación actual”, afirmó Ángel Berges, vicepresidente de Afi.

Por su parte, Marcos Eguiguren, profesor de la Universidad Politécnica de Cataluña y director de la Alianza Global para una Banca con Valores (GABV), comentó que “el sistema bancario tiene que hacer un ejercicio de empatía con una sociedad que es diversa”.

En este sentido, Oriol Amat, catedrático de la Universidad Pompeu Fabra, recordó que el objetivo final de la economía es “garantizar el bienestar de la sociedad y de las personas. Podemos generar mucha riqueza, pero debemos hacer un reparto justo y preguntarnos qué tipo de finanzas queremos: las que ponen el dinero al servicio de los beneficios o, por el contrario, de las personas y la inclusión social”.

Para García-Prieto, lograr este objetivo significaría conseguir un cambio real. “Tenemos que entender las inversiones desde la perspectiva del impacto, y no solo desde el beneficio y el riesgo”.

Además, añadió que países como España necesitan transformar su creciente deuda en capital, y para ello nada mejor que la innovación para empujar un crecimiento a largo plazo que facilite la recuperación y la estabilidad.

España necesita transformar su creciente deuda en capital, y para ello nada mejor que la innovación para empujar un crecimiento a largo plazo que facilite la recuperación y la estabilidad.

Estímulos públicos

Otro de los temas abordados fue el de la transformación de los modelos productivos que imperan en España, especialmente centrados en el turismo que ha sido, con diferencia, uno de los sectores más afectados por la pandemia. Según Natalia Fabra, catedrática de la Universidad Carlos III, el Estado tiene en su mano liderar esta reforma.

“Colaborando con el sector privado se podría aprovechar la oportunidad de generar empleo de mayor calidad y crecimiento en áreas estratégicas. Por ejemplo, transformando políticas medioambientales que permitan aprovechar los recursos naturales e industriales para el impulso de sectores como el de las energías renovables”, expresó.

En cualquier caso, los participantes estuvieron de acuerdo en asegurar que lo adecuado sería orientar los estímulos públicos para condicionar el compromiso real de las empresas hacia objetivos sostenibles y generar empleo y riqueza por esa vía. “En este país contamos con personas de gran talento capaces de reactivar los negocios actuales. Pero, sobre todo, de crear otros nuevos con un enfoque más sostenible, social y holístico”, comentó Marcos Eguiguren.

Desde su punto de vista, para que ese talento fluya, hace falta un segundo elemento: la confianza que debe generar el sector público. “Por un lado, simplificando los procedimientos administrativos y regulatorios; y por otro, con la canalización en tiempo y forma de incentivos y ayudas”.

Una recomendación que podría empezar a materializarse a través del proyecto de ley de Cambio Climático y Transición Energética, que necesita aún el beneplácito de Congreso y Senado.

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