El curso universitario arranca con iniciativas anticovid-19 disruptivas

Algunos centros han ido más allá de las medidas recomendadas por ministerios y consejerías, elaborando programas de voluntariado, prácticas enfocadas a dar soluciones de carácter social y ayudas para romper las distintas brechas digitales que frenan el acceso de los estudiantes al conocimiento.
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<p>Foto: Universidad de Salamanca.</p>

Foto: Universidad de Salamanca.

A lo largo de este mes de septiembre y hasta principios de octubre, las distintas facultades de las universidades españolas están arrancando el curso 2020/21. Una temporada lectiva atípica, marcada por la pandemia de covid-19, que ha llenado pasillos y aulas de dispensadores de gel hidroalcohólico, carteles informativos recordando los conceptos básicos de lavado de manos y colocación de mascarillas y flechas indicativas para reconducir los itinerarios de alumnos y profesores de una manera ordenada.

Aun teniendo en cuenta el crecimiento paulatino en el número de infectados (actual y esperado de cara al invierno), la mayoría de las universidades han optado por implantar un inicio de curso semipresencial en el que se harán test de detección cada cierto tiempo.

Han organizado a estudiantes y a trabajadores de manera que los edificios estén siempre entre el 30% y el 50% de su capacidad, aproximadamente. Y han procurado dejarlo todo preparado por si es necesario volver al modo online completo.

Todas ellas son medidas bastante estandarizadas en casi todas las universidades del país, públicas y privadas. Estrategias que llevan desarrollándose prácticamente desde el inicio de la pandemia y que se han definido formalmente a rebufo de las recomendaciones lanzadas por ministerios y consejerías.

No obstante, algunas de estas organizaciones formativas han querido incluir a sus protocolos prácticas disruptivas, capaces de convertir el problema en oportunidad para mejorar el aprendizaje del alumno, tanto desde el punto de vista teórico como práctico y en la relación con su entorno.

Resolviendo problemas técnicos

La mayoría de las aulas se han preparado para abordar el temible reto digital. Lo más habitual son cámaras para poder ofrecer las clases en directo o streaming; y dispositivos, aplicaciones y software diversos, capaces de mostrar en la pantalla de cada alumno recursos gráficos y resolución de problemas que enriquezcan la explicación del profesor.

Pero también son muchas las universidades que se han volcado para mejorar el acceso online de sus alumnos a sus clases, con el fin de cerrar algunas de las brechas digitales más habituales. Por ejemplo, la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid) ha prestado ordenadores portátiles y otro tipo de equipos a quienes lo necesitasen.

La Universidad Miguel  Hernández (Alicante) también ha procurado este tipo de servicio y, además, ha buscado soluciones para que la cobertura llegase a los estudiantes que residen en zonas rurales con problemas de conexión, instalando incluso antenas satelitales que amplificasen la señal.

Una oportunidad para la práctica

En un entorno en el que las prácticas presenciales se hacen complicadas, algunas facultades han buscado fórmulas alternativas para canalizar ese aprendizaje experiencial y ofrecer soluciones reales al entorno que rodea al alumno. Por ejemplo, en la Facultad de Farmacia de la Universidad de Salamanca son los propios estudiantes los que van a fabricar el gel hidroalcohólico, para todo el centro y, si hay margen, para otras organizaciones que se lo encarguen.

<p>Foto: Facultad de Farmacia de la Universidad de Salamanca.</p>

Foto: Facultad de Farmacia de la Universidad de Salamanca.

En la Universidad de La Laguna (Santa Cruz de Tenerife), los estudiantes de Bellas Artes se han estado dedicando a la confección de material de protección para sanitarios y otros profesionales que están de cara al público. Una rutina que se adquirió durante el estado de alarma cuando todas las impresoras 3D de España se pusieron a funcionar para todos aquellos que necesitaban EPIs.

Por su parte, la Complutense (Madrid) va a centralizar en su facultad de Biología el análisis de las pruebas para la detección de covid-19 de todas sus dependencias. Una labor que ya estuvo realizando el curso pasado en coordinación con el Instituto de Salud Carlos III, estudiando los resultados de test que se hacían en hospitales y residencias.

Voluntarios para sensibilizar

En la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia) todavía está abierta la convocatoria del Programa de voluntariado frente a la covid-19, hasta el 28 de septiembre. Una iniciativa dirigida a los alumnos que tiene como objetivo concienciar y sensibilizar a toda la comunidad sobre el correcto cumplimiento de los protocolos de protección. Como contraprestación, cada estudiante será reconocido con dos créditos ECTS opcionales por semestre.

Aquellos que se decidan a participar tendrán que dedicar una hora diaria, como mínimo, a programar actividades relacionadas con este ámbito en las instalaciones de la universidad: elaborar contenidos; sensibilizar a sus compañeros sobre los aspectos básicos a tener en cuenta para evitar el contagio; transmitir cuál es la forma más adecuada de rastrearlos y controlarlos, etc.

<p>Foto: Universidad de Santiago de Compostela.</p>

Foto: Universidad de Santiago de Compostela.

Bibliotecas digitalizadas

Aunque algunas ya habían empezado a digitalizar los volúmenes de sus bibliotecas mucho antes de que la covid-19 llamase a nuestras puertas, lo cierto es que la situación de confinamiento potenció esta práctica. Igual que la necesidad actual de reducir (o, en caso extremo, de anular) la presencia del alumnado en las dependencias de cada universidad.

Por ejemplo, la biblioteca de la Universidad de Sevilla dispone de un amplio acceso a revistas y libros en formato electrónico. Igual que la de Alcalá de Henares, que ha ampliado esta oferta a lo largo de los últimos meses, mejorando así el acceso al conocimiento de sus estudiantes.

Píldoras formativas

Algunos centros han apostado por habilitar estudios de grabación en sus campus para la elaboración de vídeos breves especialmente cuidados, como las llamadas píldoras formativas conceptuales, vídeo guías, presentaciones de asignaturas y titulaciones y cursos masivos online en abierto (MOOC).

A este tren se han subido universidades como la Rey Juan Carlos (Madrid), la Politécnica de Valencia, la Universidad de Barcelona, la de Burgos o la Carlos III (Madrid), entre otras muchas.

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