Los riesgos de la pérdida de biodiversidad para el planeta y la salud humana

América Latina ha perdido el 94% de su biodiversidad, dato que se desprende del informe ‘Planeta Vivo 2020 de WWF’. Esta destrucción ambiental tiene consecuencias graves para los seres humanos del planeta, puestas de manifiesto actualmente en la pandemia de la covid-19.
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<p>Foto: Adriano Gambarini/WWF-US</p>

Foto: Adriano Gambarini/WWF-US

La naturaleza es esencial para la existencia humana y para tener una buena calidad de vida, porque ofrece el aire, el agua y el suelo. También regula el clima, asegura la polinización y el control de plagas y reduce el impacto de las catástrofes naturales. Sin embargo, se observa que año a año se incrementa la pérdida de biodiversidad a nivel mundial.

Según el informe Planeta Vivo 2020 de World Wildlife Fund (WWF), que analiza el estado mundial de la biodiversidad, en menos de medio siglo, las poblaciones mundiales de mamíferos, aves, anfibios, reptiles y peces sufrieron una disminución promedio del 68% debido a la destrucción ambiental por las actividades humanas. 

En América Latina el resultado es aún más impactante: la reducción, en promedio, fue del 94% y las principales amenazas son la alteración de bosques, humedales, pastizales y sabanas, la sobreexplotación de especies, el cambio climático y la introducción de especies exóticas.

El motor más relevante de la pérdida de biodiversidad en la región latinoamericana es el cambio de uso de suelo, principalmente la conversión de hábitats nativos en sistemas agrícolas y ganaderos, así como también la sobrepesca en gran parte de los océanos.

“El avance de la conversión de los ambientes naturales para las actividades humanas ocasiona graves consecuencias sociales, ambientales y económicas. Es importante que aumentemos los esfuerzos para la conservación, promovamos la producción y comercio de alimentos más eficientes y ecológicamente sostenibles, reduzcamos los desechos e incentivemos consumos o dietas más saludables y respetuosas con el medio ambiente”, explica Manuel Jaramillo, director general de Fundación Vida Silvestre Argentina, organización que representa a WWF en el país sudamericano.

“Además, es imprescindible que empresas, sociedad y gobierno hagan respetar las legislaciones vigentes o promuevan nuevas para la protección de nuestro territorio. La pandemia de la covid-19, y sus consecuencias dejan en evidencia la necesidad de cambiar la forma en la cual nos relacionamos con la naturaleza y el profundo vínculo entre nuestra salud y la salud del planeta”, explica.

Para el director del departamento de Conservación de Aves Argentinas Rodrigo Fariña, el avance de la agricultura, la ganadería y la minería tiene como agravante que los recursos extraídos no están pensados para abastecer a los países que los generan. “Suelen ser commodities, es decir, producciones de alto valor de exportación”, señala.

La clave para Fariña es mantener un perfil productivo, pero conservando la biodiversidad. Aves Argentinas, por ejemplo, lleva a cabo el programa Alianza del Pastizal, que surge como resultado de una profunda preocupación fundada en la acelerada pérdida de los pastizales naturales y sus valores naturales.

El conjunto de los pastizales templados del Cono Sur de Sudamérica se encuentra gravemente afectado por el avance de la frontera agrícola, las forestaciones y las urbanizaciones, las que terminan reemplazando a los ambientes originales.

Pero, además, las prácticas productivas ganaderas convencionales también han contribuido en buena medida a este empobrecimiento, generando sistemas sin un manejo adecuado, que terminan siendo dominados por pocas especies vegetales, determinando fisonomías homogéneas que no respetan las características físicas del paisaje y que, en muchos casos, terminan siendo muy afectadas por especies invasoras y leñosas.

La iniciativa se lleva adelante en Uruguay, Paraguay, Brasil y Argentina y cuenta con un sello propio a carnes cuyo proceso de producción contribuye a la conservación de los pastizales naturales y su biodiversidad.

Sobre el modelo agropecuario de la región, Ana Di Pangracio, directora ejecutiva adjunta de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales opina que hay que repensar la forma de producir y consumir para que no sea destructiva de los ambientes naturales.

“La forma en que desarrollamos la agricultura viene acompañada de un paquete tecnológico de agroquímicos, que es nocivo para el ambiente. Tendríamos que dirigirnos hacia sistemas agroecológicos, que está comprobado que se pueden hacer a gran escala”, explica.

En ese sentido, Jaramillo considera sumamente importante restaurar los sistemas productivos. Dice: “No puede pasar que cuando un área pierde productividad se la abandone y se busque otra. Hay que restaurar los suelos”.

<p>Foto: Adriano Gambarini/WWF-Brasil</p>

Foto: Adriano Gambarini/WWF-Brasil

El Índice del Planeta Vivo

El reporte de WWF ofrece como uno de sus parámetros más relevantes el Índice del Planeta Vivo (IPV) que mide la abundancia de casi 21.000 poblaciones de mamíferos, aves, peces, reptiles y anfibios a nivel global.

Gran parte de la disminución general del IPV de América Latina y el Caribe se encontró en las tendencias negativas de reptiles, anfibios y peces, grupos que se ven afectados por una variedad de amenazas.

En el caso de los reptiles, dichas amenazas incluyen el cambio de uso de suelo y la sobreexplotación de especies. Esto implica la modificación del medio ambiente donde vive una especie, por remoción completa, fragmentación o reducción de la calidad del hábitat clave.

Los cambios comunes son causados por la agricultura insostenible, la infraestructura, el crecimiento urbano, la producción de energía y la minería.

Los peces de agua dulce son los más afectados por la sobreexplotación y la fragmentación del hábitat debido al desarrollo de la energía hidroeléctrica, que se prevé represente un desafío aún mayor en el futuro. En tanto, para los anfibios, las enfermedades y la pérdida de hábitat son las mayores amenazas.

Los riesgos para la salud

“La naturaleza está siendo transformada y destruida a una velocidad sin precedentes en la historia, con un costo muy alto para el bienestar del planeta y de la humanidad. La pérdida de biodiversidad es un auténtico reto para la economía, el desarrollo y la seguridad global”, dice Roberto Troya, director regional de WWF para América Latina y el Caribe.

Según el director de Campañas de Banco de Bosques, Darío Rodríguez, hay un vínculo entre la pérdida de biodiversidad y el surgimiento de enfermedades en las poblaciones locales.

“Si bien no se ha terminado de identificar el origen de la covid-19, se sabe que se generó en los mercados de fauna silvestre. Esta fauna llega de distintas partes del mundo debido al tráfico ilegal, juntando especies separadas por miles de años de evolución y generando caldos de cultivos de nuevas enfermedades”, explica.

El tráfico ilegal de fauna ha sido históricamente una de las principales causas de la perdida de la biodiversidad en la región. Pero hoy afecta especialmente a las especies en peligro crítico de extinción, ya que estas especies son usualmente las que más demanda tienen en mercados ilegales de fauna silvestre.

Aunque al inicio del confinamiento se vieron imágenes alrededor del mundo de fauna local volviendo a los espacios donde alguna vez habitaron, no hubo cuarentena para actividades como la deforestación.

“Si bien disminuyeron las emisiones de gases efecto invernadero por la detección de actividades productivas, vuelos y traslados de personas al trabajo. Esta tendencia fue temporal. Nuevamente, se están retomando los niveles de emisión de la prepandemia. La suspensión de actividades no fue por un tiempo suficiente que permitiera a la naturaleza recuperarse. El grado de degradación es tal que realmente recuperarse va a llevar mucho tiempo”, enfatiza Di Pangracio.


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El Informe previene que la pérdida de biodiversidad amenaza también la seguridad alimentaria por lo que urgen acciones para transformar el sistema alimentario mundial.

El gran reto consiste en modificar las prácticas agrícolas y pesqueras, -que en su mayoría resultan insostenibles- en unas que produzcan la comida que se requiere, pero también protejan y conserven la biodiversidad.

Para el caso de la agricultura esto significa la aplicación de prácticas agroecológicas, reducir el uso de químicos, fertilizantes y pesticidas, así como proteger nuestros ambientes naturales, suelos y polinizadores.

Para revertir esta pérdida de biodiversidad la conservación es fundamental pero no suficiente. “En prácticamente toda la región existen leyes para impedir las causas que llevan a la perdida de la biodiversidad, pero estas leyes casi nunca se aplican como corresponde o las penas asociadas a la violación de estas leyes son insignificantes frente al beneficio económico que traen ciertas prácticas ilegales”, explica Rodríguez.

“Como sociedad debemos exigir penas más altas a los gobiernos, que se cumplan las leyes a las autoridades de aplicación, investigar si los productos que consumimos fueron realizados mediante buenas prácticas y apoyar a muchas organizaciones que trabajan para la conservación de nuestros ecosistemas”, enfatiza.

Desde Banco de Bosques llevan salvados más de 130.000 hectáreas de bosque nativo en Argentina. Mediante donaciones georreferenciadas compraron bosques privados para la ampliación de un parque provincial en Misiones, un parque nacional en Santa Cruz y la creación de un parque nacional en Chaco.

En relación a las políticas públicas, Rodríguez señala que las áreas protegidas provinciales y nacionales son la principal defensa que tenemos hoy en términos de protección de biodiversidad. “La administración de Parques Nacionales es un excelente modelo que funciona desde hace más de 80 años en Argentina, siendo una de las primeras en el mundo en crearse”.

En ese sentido, Fariña coincide en que la región no se caracteriza por tener políticas públicas fuertes que peleen por temas ambientales. “Capaz existen las políticas, pero somos débiles para llevar a cabo el correcto control para que se ejecute”, agrega.

Jaramillo reflexiona: “Tenemos que aprender de las lecciones que nos da el planeta en base a nuestro comportamiento y modificarlo con mejores regulaciones, promoción de buenas prácticas y un mayor compromiso ciudadano en relación a la producción y el consumo. Tras la pandemia necesitamos una recuperación económica verde. Esperamos que el aporte financiero que venga genere nuevos modelos de desarrollo”.

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