“En el sector ambiental la masculinización de la cúpula oculta que el conocimiento está en las mujeres”

Laura Martín Murillo, directora del Instituto para la Transición Justa del Miteco, protagoniza la Semana de la Mujer de 2021.
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Desde su trabajo al frente de este Instituto perteneciente al Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (Miteco), Laura Martín Murillo defiende que, al igual que en muchos otros sectores, el del medio ambiente y la energía “continúa cargado de estereotipos y de techos de cristal que condicionan la ocupación de las mujeres”.

Pero su mensaje para las más jóvenes que quieran dirigir su vocación laboral en esta dirección, es optimista y apuesta por la preparación: “que se atrevan a soñar, a pensar en grande. Porque la formación es la mejor herramienta para proyectarse en el futuro y la mejor arma para combatir las limitaciones de género a las que, seguro, deberán enfrentarse”.

Licenciada en Sociología, Laura Martín Murillo lleva muchos años trabajando, tanto desde el ámbito nacional como internacional, en el diseño de estudios y ejecución de proyectos al frente de entidades en el ámbito de la transición ambiental y el cambio social. Experta en economía verde, cambio climático, energía, gestión de residuos y desarrollo sostenible, ha sido consultora en sostenibilidad y anteriormente directora de la Fundación Renovables.

Durante más de una década dirigió la Fundación Laboral Internacional para el Desarrollo Sostenible (SustainLabour) desde donde trabajó en coordinación con organizaciones y gobiernos de más de 120 países en la búsqueda de respuestas a los principales desafíos ambientales.

Actualmente se encuentra al frente del Instituto para la Transición Justa del Ministerio dirigido por Teresa Ribera, desde donde se centra en la identificación e impulso de medias que garanticen la evolución hacia una economía más ecológica y baja en carbono, un tratamiento equitativo y solidario de los trabajadores y territorios y la minimización de los impactos negativos sobre el empleo y la despoblación de estos.

El concepto de transición energética justa es más o menos conocido, al menos en el sector medioambiental, pero quizá no tanto para los ciudadanos de a pie. ¿Qué significa exactamente y en qué aspectos trabaja el Instituto que usted dirige?

La transición justa es un concepto que se propone optimizar las consecuencias sociales positivas de la transición ecológica y minimizar las negativas. De cara al empleo, se trata de ayudar a generar nuevas oportunidades y a mitigar impactos negativos como la pérdida de este.

En este sentido, el Instituto para la Transición Justa desarrolla su trabajo en línea con la Estrategia de Transición Justa que aprobó el Gobierno en 2019 y que incluye el diagnóstico de desafíos y oportunidades, así como las medidas a desarrollar para cumplir sus objetivos.

Actualmente el Instituto se centra, entre otros aspectos, en los impactos del cierre de la minería del carbón, así como de las centrales térmicas y nucleares apoyando a las personas y los territorios que se ven afectados, con el objetivo de que nadie se quede atrás, y de que este esfuerzo transformador no se haga a costa de quienes fueron piezas clave del sistema energético que nos permitió evolucionar y crecer como país.

Con el foco en estas zonas, trabajamos en la elaboración de lo que llamamos Convenios de Transición Justa, una hoja de ruta para cada una de las comarcas afectadas, que tienen como objetivo el mantenimiento de la actividad económica y el empleo. Estos Convenios recogen los mejores proyectos, aportados a través de procesos de participación pública abiertos, para impulsar un nuevo desarrollo económico, enfocado hacia una economía verde y sostenible que se sustente en los recursos endógenos y que aproveche las nuevas oportunidades que surgen con las nuevas ocupaciones verdes.

Los Convenios se comprometen con los territorios con el objetivo de que los cierres tengan impacto cero en la población y el empleo. Asimismo, las oportunidades tienen que llegar a todos, también a las mujeres, sobre todo en la transición de sectores que hasta ahora han estado ampliamente masculinizados.

“Las empresas están incorporando la perspectiva de sostenibilidad a su ADN y reorientando sus productos y servicios a las nuevas exigencias de unos clientes cada vez más concienciados en términos ambientales”.

¿Están haciendo los deberes las empresas y organizaciones a la hora de incorporar la perspectiva ambiental, social y de buen gobierno en sus estrategias corporativas? ¿Cree que es importante el trabajo colaborativo entre el sector privado, las Administraciones y la sociedad civil en general?

La sociedad está evolucionando muy deprisa y ha asumido importantes niveles de sensibilización y concienciación acerca de lo que supone el cambio climático y la pérdida de biodiversidad, de los riesgos reales que representa y de cómo los patrones de consumo pueden empeorar o frenar su avance.

También el mercado lanza señales inequívocas de cuál es el camino a seguir. Y las empresas están incorporando esta nueva perspectiva a su ADN y reorientando sus productos y servicios a las nuevas exigencias de unos clientes cada vez más concienciados en términos ambientales.

Desde el Instituto, por ejemplo, hemos lanzado algunos instrumentos innovadores como el acuerdo firmado entre empresas eléctricas, sindicatos y Gobierno para garantizar que la transición genere nuevas oportunidades y que los impactos sociales y laborales sean convenientemente acompañados.

La sostenibilidad y la economía circular parecen ser clave en la recuperación verde que ha anunciado Europa para salir de la crisis provocada por la covid-19 (Pacto Verde Europeo). Pero, ¿cómo van a dar respuesta estos aspectos a los retos ambientales más urgentes que se nos presentan, como el cambio climático, el actual modelo de consumo y uso de los recursos naturales, o la pérdida de biodiversidad, entre otros muchos?

Afortunadamente este Plan de Recuperación que viene de Europa va a poder asentarse en un trabajo previo que ya había hecho el Ministerio para la Transición Ecológica en los últimos años. Tanto el Paquete Energía y Clima como la Estrategia Española de Economía Circular sientan las bases para que la financiación que nos ofrece ahora Europa pueda dirigirse al cumplimiento de objetivos a corto plazo.

El Gobierno ha hecho una labor de presentación de propuestas muy significativa en un tiempo muy corto, tanto en el campo de la energía (hidrógeno, subastas de renovables, autoconsumo, también compartido, almacenamiento, etc.) como en protección de la biodiversidad o economía circular. Gracias a eso, hoy tenemos una hoja de ruta de reformas ambientales que permite un encaje excelente para redirigir inversiones a corto plazo.

“Los ODS, y su aplicación a la gestión del Gobierno a través de la Agenda 2030 son más que un compromiso internacional. Forman parte de las políticas para afrontar los retos que tenemos por delante como sociedad y para contribuir a un desarrollo compartido y sostenible a nivel global”.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y la Agenda 2030 son otro aspecto clave en este sentido. ¿Cómo están contribuyendo, desde su lanzamiento en 2015, al avance de derechos y hacia ese desarrollo sostenible que no deje a nadie atrás?

Los ODS, y su aplicación a la gestión del Gobierno a través de la Agenda 2030, son más que un compromiso internacional. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible forman parte, desde su concepción, de las políticas con las que afrontamos los retos que tenemos por delante como sociedad, además de canalizar nuestros esfuerzos para contribuir a un desarrollo compartido y sostenible a nivel global.

El Plan de Acción para la implementación de la Agenda 2030 contiene las denominadas ‘políticas palanca’ en las que figura el Marco Estratégico de Energía y Clima, que sitúa la Estrategia para la Transición Justa en el centro de la agenda de este Gobierno.

Esta agenda incluye, además, otras hojas de ruta de marcado carácter social como la que permite abordar la pobreza, la igualdad de oportunidades, la agenda urbana o el plan por un trabajo digno. Ambas, políticas palanca y estrategias, trabajan desde diferentes perspectivas por el objetivo final de no dejar a nadie atrás.

En realidad, la transición justa es un ejemplo perfecto de lo que deben ser las políticas que derivan de los ODS: objetivos ambientales, de descarbonización, pero también de lucha contra la pobreza, de generación de empleo de calidad o de igualdad de género.

Cada año, con motivo de la celebración del 8-M, científicas y expertas en medio ambiente reivindican más presencia en la toma de decisiones en esta materia. ¿Comparte la idea de que existe una baja representación femenina en posiciones de liderazgo en temas ambientales? Si es así ¿a qué se debe esta falta de visibilidad y reconocimiento?

Pertenezco a un Gobierno que se autodefine como ecologista y feminista. Y en coherencia con estos principios ha diseñado una estructura ministerial que incorpora estos aspectos a todas y cada una de sus políticas.

Este patrón se replica en las personas que hemos asumido responsabilidades, empezando por la vicepresidenta Teresa Ribera, avalada por una prestigiosa trayectoria internacional, por la secretaria de Estado de Energía, Sara Aagesen y por mí misma, al frente del Instituto para la Transición Justa.

La razón es que, en el sector del medio ambiente y la energía, como en tantos otros, la masculinización de la cúpula oculta una realidad, y es que el conocimiento técnico y de gestión está en manos de las mujeres. Dar visibilidad a esta realidad y generar oportunidades para otras mujeres debe estar entre nuestros objetivos.

Pero sí, la situación está muy lejos de ser equilibrada. Y aunque en muchas Administraciones y entidades de pensamiento ambiental las mujeres avanzamos, los techos de cristal en las empresas parecen ser los más difíciles de romper.

Si pasamos de los temas ambientales y nos centramos en el sector energético, clave para garantizar la transición, la situación es todavía peor. Estamos ante un sector extremadamente masculinizado. Las compañías energéticas de todo el mundo están dirigidas por hombres, que ocupan, por supuesto, la mayor parte de los puestos con capacidad de decisión. Desgraciadamente no solo sucede en las empresas, los puestos relacionados con la gestión de la energía en las Administraciones y organizaciones diversas también están ocupados mayoritariamente por hombres.

“En 2020 el porcentaje de mujeres en el conjunto de Consejos de Administración de las empresas del Ibex 35 fue del 27,7%. Avanzar en materia de corresponsabilidad es clave”.

¿Qué barreras profesionales se deberían superar y qué medidas se deberían tomar para revertir esta situación?

Es sabido que las mujeres tenemos una dificultad de partida. A nivel global, solo el 35% de las personas matriculadas en estudios universitarios vinculados a carreras STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) son mujeres. Estas formaciones técnicas son las que permiten en mayor medida el acceso a los puestos de trabajo relacionados con disciplinas de transición ecológica de todo tipo. Por eso es clave poner en marcha medidas específicas para paliarlo.

Sobre los techos de cristal en la toma de decisiones, los datos son claros: en el año 2020 el porcentaje de mujeres en el conjunto de consejos de administración de las empresas que forman parte del IBEX 35 ha sido del 27,7%. Por eso, avanzar en la corresponsabilidad es clave.

Además, seguimos viviendo en un mundo cargado de estereotipos que condiciona la ocupación de las mujeres. Desde el Instituto para la Transición Justa estamos trabajando en medidas específicas para que las mujeres puedan presentar proyectos por y para ellas, que les permitan acceder a empleos de calidad en zonas muchas veces sujetas a tendencias de despoblación. Si ellas tienen oportunidades, los territorios se reactivarán.

En este sentido, estamos prestando especial atención a acciones de sensibilización y de formación profesional para facilitarles el acceso a nuevos puestos de trabajo en el ámbito de las energías renovables, eficiencia energética o restauración ambiental que se van a impulsar con el Plan de Recuperación.

¿Qué mensaje le daría a las niñas y adolescentes que en estos momentos tienen la inquietud o la vocación de dedicarse profesionalmente al sector del medio ambiente, cuando queda tanto por avanzar, no solo en este sino en el resto de sectores, para acabar con la brecha de género o para alcanzar una conciliación real? 

Que se atrevan a soñar, a pensar en grande, a contemplar toda la cartera de formaciones que se les puede ofrecer. Que la formación es la mejor herramienta para proyectarse en el futuro y también la mejor arma para combatir las limitaciones de género a las que, seguro, deberán enfrentarse.

Las nuevas generaciones de mujeres nunca deben dar por sentado que sus capacidades les abrirán las puertas hacia las mejores oportunidades. Probablemente deban pelear incansablemente por demostrarlas. Lo conseguirán. Y entonces, deberán comprometerse para allanar el camino a la siguiente generación de mujeres.

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