“Durante la pandemia no nos han enseñado a teletrabajar de manera saludable”

El trabajo intenso en la investigación periodística de los ‘Papeles de Panamá’, entre otros desempeños, llevó a Mar Cabra a una situación de estrés límite provocada por el uso continuado y abusivo de la tecnología, conocido como 'tecnoestrés', que tuvo consecuencias en su salud física y mental.

Mar Cabra es periodista de investigación y especialista en análisis de datos. Tiene un premio Pulitzer por su trabajo en los ‘Papeles de Panamá’, entre otros galardones, y la ardua labor que ha desempeñado durante los últimos años la ha llevado a desarrollar tecnoestrés hasta el punto en que afectó seriamente a su salud.

A raíz de ello, ha volcado su carrera hacia la especialización en bienestar digital. Además de tomarse la vida con otro talante.

En el marco del Día de Internet, celebrado el 17 de mayo, hablamos con ella sobre este tipo de estrés, generado por la tecnología y por una manera poco saludable de interactuar con el mundo digital.

Un mal que se ha incrementado desde el inicio de la pandemia y que suele desembocar en el síndrome de burnout, también llamado ‘del trabajador quemado’.

Colabora con el profesor Óscar Pérez Zapata en un estudio que tiene como objetivo ver cómo afecta el tecnoestrés a la salud. ¿Se han obtenido ya resultados?

Todavía es pronto, aunque una de las cosas que estamos empezando a ver es que los trabajadores digitales, que trabajan con tecnología tres cuartas partes de su tiempo laboral, ante un entorno intenso y con mucha carga, acaban teniendo muchos más problemas de salud que otras personas que, con la misma carga, no se mueven en entornos digitales.

No solo de ansiedad, de salud mental, depresión o burnout, también problemas físicos. Yo perdí un ovario y tuve problemas de tiroides, probablemente relacionados con el estrés, porque no había ninguna otra explicación física. Otros nos están reportando ataques al corazón en momentos de picos de trabajo. O bruxismo, que es algo generalizado en las personas que estamos entrevistando.

Es muy difícil establecer una relación causa efecto, pero las entrevistas que estamos haciendo en este estudio nos están diciendo que, ante picos de estrés, nuestro cuerpo y nuestra mente se vuelven locos y empiezan a reaccionar.

¿Qué casos llaman más la atención?

Hay muchos casos de autoexigencia y de falta de límites por parte del empleado, personas muy motivadas con el trabajo que están haciendo, que tienen mucha pasión por lo que hacen y que se vuelcan por completo en ello. Por otra parte, las empresas tampoco ponen límites en estos casos. “¿Qué mi empleado quiere trabajar 16 horas? Pues perfecto”.

Pero no es así, hay que hacer entender a las compañías que son ellas las que tienen la responsabilidad del cuidado. Que deben poner en marcha políticas activas para ayudar a los empleados a ser más eficientes y productivos de manera saludable. Y que sepan poner límites a esos empleados que no saben hacerlo, porque si no, una persona que trabaja 16 horas al día durante un tiempo prolongado va a acabar quemándose y se va a terminar yendo.

¿Cómo repercute el tecnoestrés en nuestro organismo?

El estrés es un proceso de nuestro cuerpo que nos ayuda a lidiar con situaciones de peligro, como cuando hace milenios venía un león y nos quería comer. El problema es que en la sociedad actual tenemos muchos momentos de estrés de manera continuada; nuestro cerebro interpreta como amenaza el mensaje de un jefe o un correo con un encargo de trabajo, los compara con ese león que nos quería comer. Y no nos da tiempo a recargar pilas entre peligro y peligro.

Y ahora es mucho peor, con tantos estímulos, correos electrónicos, mensajes instantáneos, redes sociales, etc. El nivel de alerta es mucho mayor y mucho estrés durante mucho tiempo lleva a problemas de salud física y mental. Una situación que se ha amplificado durante la pandemia.

<p>Foto: Nacho Rubiera.</p>

Foto: Nacho Rubiera.

Sin embargo, es un hecho que las tecnologías de la comunicación son una herramienta eficaz para flexibilizar el trabajo y facilitar determinadas situaciones. ¿Cómo se pueden equilibrar ambas situaciones?

Yo llevo teletrabajando diez años y me encanta, me gusta mucho la flexibilidad que me ofrece, organizarme a mi ritmo, vivir cerca del mar… Pero es verdad que la pandemia ha forzado a muchos a ese teletrabajo y nadie nos ha explicado cómo hacerlo de manera saludable.

Por eso, lo que deberían hacer las empresas es ayudar a sus trabajadores a comprender lo importante que es llevar a cabo hábitos tecnosaludables y evitar que se quemen.

Por ejemplo, habría que empujar a ejercer el derecho a la desconexión digital, que está tipificado por la normativa española desde 2018. También preguntarse si se está teletrabajando en las mejores circunstancias y animar a los empleados a corregir malos hábitos, porque el teletrabajo también está trayendo muchos problemas físicos de carácter postural: dolores de espalda, de cabeza, tensiones, etc.

¿Qué hay de las videollamadas? ¿Cuál es la mejor tendencia de uso?

Hay que tener en cuenta que a nivel virtual nos cansamos mucho más, física y mentalmente. Las videollamadas son un ejemplo, está demostrado que una detrás de otra sin pausas nos agota mucho más que si hiciéramos reuniones presenciales en la oficina al mismo nivel.

Según un estudio reciente de la Universidad de Stanford, esto ocurre en parte porque el cerebro tiene que estar mucho más atento para recomponer las partes del mensaje que se pierde. Hay que tener en cuenta que no solo nos comunicamos con palabras, sino que hay muchos más elementos en partes del cuerpo del interlocutor que no siempre vemos a través de la pantalla: movimientos, gestos, etc.

Es decir, el trabajo cognitivo es mucho mayor. Por eso es importante poner pausas entre reunión y reunión, porque si no empiezan a aumentar los niveles de estrés y nos agotamos mucho más.

¿Cómo se puede evitar que afecte a la productividad del trabajador?

Debemos tener en cuenta que esto, en parte, ocurre porque no damos descanso a las pantallas. Cuando íbamos a la oficina era habitual hacer pequeños descansos: hablar con los compañeros, hacer alguna compra rápida, etc. Ahora estos parones no existen, el cerebro lo sufre y nos cansamos más.

Por eso, hay que animar a los trabajadores a adoptar prácticas tecnosaludables, como mantener rutinas: levantarse, desayunar, ducharse, vestirse y dar un paseo como si uno fuese a trabajar, unos 15 o 20 minutos. Y lo mismo al terminar. Esto ayuda a poner cojines entre vida personal y vida profesional, sirve para que el cerebro se despeje y para que el sistema nervioso se relaje.

Hay que animar a los trabajadores a adoptar prácticas tecnosaludables, como mantener rutinas: levantarse, desayunar, ducharse, vestirse y dar un paseo como si uno fuese a trabajar, unos 15 o 20 minutos.

¿Es aplicable a niños y adolescentes en tiempos de ‘teledeberes’?

Con los niños hay que tener un cuidado extra, porque ellos no tienen el cerebro todavía desarrollado y es importante limitar su exposición a pantallas y establecer costumbres de salud digital.

Para ello se pueden utilizar herramientas de tiempo de uso y bienestar digital, que nos ayudan a entender cuánto utilizamos el teléfono, cuánto el ordenador, qué aplicaciones, etc. Y procurar que no excedan las tres horas diarias de pantallas, porque a partir de ahí puede perjudicar a su concentración.

Por otra parte, es recomendable establecer normas de convivencia digital y conversar con ellos para que entiendan un poco más cómo funciona el mundo digital: cómo se intenta atrapar su atención, cómo influye la tecnología en su manera de entender el mundo y cómo puede generarles ansiedad y estrés.

¿Es bueno tener este tipo de conversaciones de convivencia digital también a nivel empresarial?

Claro, es necesario tener debates internos para determinar cómo nos queremos comunicar a nivel digital: qué canales utilizamos para los temas urgentes, qué canales utilizamos para los temas importantes, cuáles utilizamos cuando estamos fuera del horario laboral, cómo lo hacemos de manera regular. Hay que tener esta conversación, y no dejarlo todo a la serendipia, que es lo que ha pasado en estos meses.

Es más, los niveles de burnout se pueden mitigar con conversaciones uno a uno entre jefe y empleado, enfocadas a saber cómo está el trabajador, entender sus circunstancias, sus miedos, y ver si hay algo que puede entorpecer su trabajo.

¿Qué malas praxis empresariales se están viendo en este ámbito?

La más reseñable es la medida que han tomado todos aquellos empresarios que solo ven complicaciones en el mundo digital: la vuelta a la oficina de forma integral de todos los trabajadores. Sin darse cuenta de que hay gente que no se siente a gusto con esta situación, que tiene miedo de estar con sus compañeros y contagiarse, que tiene familiares con situación de riesgo y no quiere exponerse a que puedan enfermar a través de ellos.

Yo recomiendo no tomar este tipo de decisiones y, siempre que sea posible, intentar adaptar el trabajo a las circunstancias de los diferentes empleados escuchando sus necesidades. Esto es fundamental, sobre todo para evitar que afloren diversos problemas de salud mental.

¿Existen herramientas digitales que ayuden a la empresa en esta labor?

Claro, hay varios ejemplos. Uno es el de Microsoft, que lanzó hace unos meses Viva, una plataforma de experiencia de empleado que permite a los jefes de equipo entender mejor cómo se está desarrollando el trabajo digital de su fuerza laboral: si lo hacen fuera de horario, si han interactuado mucho entre ellos… todo de manera agregada, no personalizada, ofreciendo datos y tendencias.

Por otra parte, se ha incrementado el uso de herramientas de productividad, como Koa Health, una spin off de Telefónica que ayuda a implementar el bienestar digital dentro de las empresas para que sus empleados sepan cuándo desconectar, cómo hacerlo, cómo maximizar su productividad, etc.

En este sentido, los departamentos de recursos humanos se están dando cuenta de que los temas de salud y bienestar son claves para evitar la pérdida de talento, que puede llegar en forma de baja o por descontento. Pero no todos lo entienden igual.

Algunas empresas preparan a sus trabajadores planes de yoga para desestresarse, pero luego los jefes mandan correos a las once de la noche, y eso es contraproducente. No solo se trata de implementar planes de bienestar, sino que tienen que ir de la mano con un cambio integral de las prácticas laborales hacia un entorno más saludable.

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