'Millennials', una generación entre dos crisis

Los ‘millennials’ españoles han sufrido dos profundas recesiones en su ardua incorporación al mercado laboral, que les han ocasionado brechas tanto con la generación anterior como con buena parte de la juventud europea. Es el momento de que las Administraciones públicas y las empresas apuesten decisivamente por ellos.

Botellones, aglomeraciones, fiestas masivas… Durante este último año, algunos medios han insistido en mostrarnos la peor cara de la juventud española, prácticamente convertida en culpable de cada una de las olas de la pandemia. En lo que pocos han reparado es que esos jóvenes son y –si nada cambia- seguirán siendo uno de los colectivos más golpeados económicamente por la crisis.

Los datos del desempleo juvenil son, sencillamente, desoladores. Según las cifras de la Encuesta de Población Activa (EPA) del primer trimestre de 2021, más de un 30% de los jóvenes entre los 16 y los 29 años está en paro, cifra que llega hasta casi 4 de cada 10 en el caso de los menores de 24 años. Unos datos acentuados por la pandemia que nos convierten, según la OCDE, en el país desarrollado con mayor tasa de desempleo.

Pero la precaria situación actual de la juventud española no es causa únicamente de la covid-19. La generación nacida entre 1985 y 1995, conocidos popularmente como millennials, tienen el dudoso honor de haber sufrido dos grandes recesiones en su periodo de formación e incorporación al mercado laboral.

A una crisis tan larga y profunda como la vivida entre 2008 y 2012, se ha sumado en este último año una segunda recesión, corta pero honda, que parece haber condenado a los jóvenes de entre 25 y 35 años a una travesía por el desierto en su búsqueda de empleo y, en definitiva, de la estabilidad vital y económica. Algunos los han bautizado ya como la generación poscrisis o, directamente, la generación de la dos crisis.

Menos oportunidades que sus padres

Que los jóvenes de hoy en día vivirán peor que sus padres ya no es una frase hipotética, sino un hecho. Así lo reflejan los datos. Entre ellos el estudio La generación de la doble crisis, elaborado por Ariane Aumaitre y Jorge Galindo y publicado por EsadeEcPol y la Friedrich Naumann Foundation el pasado mes de diciembre.

Según estos investigadores, la generación de jóvenes que comenzó a incorporarse a la vida adulta en 2008 y que se ha topado con recesiones, precariedad y un elevadísimo desempleo es víctima de diferentes brechas y de un aplazamiento, o incluso imposibilidad, a la hora de avanzar en sus expectativas vitales.

El origen de estas brechas está en la profunda segmentación entre insiders –trabajadores estables y relativamente bien protegidos- y outsiders -cuya condición la determina su juventud y el nivel de estudios. Eso ha provocado que la incorporación laboral en España –como en Italia y Grecia- haya derivado en plazos anormalmente largos hasta encontrar la estabilidad, más aún entre las personas con menor formación.

En consecuencia, la llamada generación poscrisis inicia sus carreras laborales con menores ingresos que los percibidos por la generación precrisis a la misma edad. En concreto, entre los 20 y 30 años, los millennials han ingresado entre 1.000 y 2.000 euros netos menos cada año que la generación anterior, lo que tiene una grave incidencia en el patrimonio acumulado.

Una brecha que no comienza a cerrarse hasta entrada la treintena. A los 33 años la brecha de ingresos entre ambas generaciones alcanza su pico: unos 13.000 euros de media, una diferencia de más del 16%.

29,5
años

España es uno de los países con la emancipación juvenil más tardía de Europa.

Dificultad para avanzar en proyectos vitales

Pero la recuperación de ingresos a partir de la treintena no significa que se igualen las oportunidades. Por el contrario, el tiempo perdido en la acumulación de ingresos lastra el desarrollo de proyectos vitales, como emanciparse del hogar de sus padres, adquirir una vivienda o formar una familia.

Los datos son claros: España es uno de los países con la emancipación juvenil más tardía de Europa. De acuerdo con las cifras de Eurostat de abril de 2020, la edad media de emancipación en la Unión Europea es de 26,2 años, mientras que en España asciende a los 29,5 años. Asimismo, según datos del INE de este abril, un 55% de los jóvenes entre 25 y 29 años aún vive con sus padres, porcentaje que, si bien baja hasta el 25,6% entre los 30 y 34 años, se ha visto incrementado durante la pandemia en ambos sexos y en esas dos franjas de edad.

El hecho de que los jóvenes no puedan comprar su propia vivienda se traduce, entre otras cosas, en que se quedan al margen del proceso de revalorización de la vivienda que sí han vivido sus padres y que también afecta a su patrimonio acumulado. Además, el aumento desorbitado del alquiler en los últimos años ha provocado una extracción de sus rentas hacia los propietarios.

Las posibilidades de formar una familia no son mucho mejores. Según el informe de EsadeEcPol y la Friedrich Naumann Foundation, apenas el 20% de la generación poscrisis con estudios superiores tienen hijos en España. La crisis de la covid-19, además, agravará más esa tendencia. No solo han caído los nacimientos –un 20% menos en el último año-, sino que un 18% de los españoles entre 15 y 29 años afirma que no tendrá hijos, y un 15% cree que, máximo, podrá tener uno. Así se desprende del informe Juventud en España 2020, publicado por el Instituto de la Juventud (Injuve).

La brecha entre generaciones y el aplazamiento de proyectos vitales es, además, un fenómeno específico de los países del sur de Europa, donde ambas crisis han afectado de forma más intensa. En Alemania, por ejemplo, los ingresos de la generación poscrisis superan a los de la precrisis a la misma edad, y cuentan además con una mayor capacidad de acumular riqueza que su predecesora, lo que se traduce en una mejora de las condiciones de vida con respecto a sus padres. En concreto, su renta acumulada es de unos 40.000 euros superior a la de la generación anterior, y dobla a la de los jóvenes españoles.

Un problema de todos

Lejos de ser una cuestión que afecta a unos pocos –algunos han querido minimizar estos problemas etiquetando a los jóvenes como ‘la generación de cristal’, tildándolos poco menos que de caprichosos y demasiado exigentes-, la situación actual de los jóvenes tiene consecuencias directas en el conjunto de la sociedad.

El encadenamiento de las crisis de 2008 y 2020, especialmente dura en los países del sur de Europa, ha traído durante esta última década un clima de incertidumbre, de cuestionamiento del sistema democrático y, en definitiva, de inestabilidad política.

En España lo hemos visto de forma clara: el 15-M, fenómeno social que acaba de cumplir una década, fue un punto de inflexión social y político protagonizado por la juventud en plena crisis y abrió paso a la ruptura del bipartidismo clásico.

La deriva más peligrosa, sin embargo, es lo que Aumaitre y Galindo consideran una ruptura del pacto social, extendido en la Europa de posguerra y basado en la seguridad que ofrecía a las generaciones más jóvenes una sociedad llena de oportunidades, crecimiento económico y protección social.

Si los jóvenes no encuentran ese camino prometido de seguridad y progreso, aumenta su cuestionamiento institucional y se produce una ruptura con el sistema que puede derivar en corrientes populistas y extremistas.

Si los partidos dominantes, además, no son capaces de recoger las demandas y necesidades de los segmentos que se incorporan a la toma de decisiones, la democracia puede sufrir una erosión aún mayor.

Como señala el último informe sobre la juventud en España del Injuve, las consecuencias de la ‘década perdida’ invitan a dejar atrás las soluciones basadas en la austeridad, para pasar, de forma decidida, a una fase de inversión material, cultural y social en favor de los jóvenes.

El momento de apostar por la juventud

Las diferencias entre la juventud española y alemana no solo se deben a la fortaleza con la que la economía de cada país atravesó la crisis de 2008, sino también son consecuencia de las políticas públicas tomadas en cada uno de ellos.

Mientras en Alemania se apostó por la protección de los jóvenes, en España el esfuerzo se centró en los adultos y en los pensionistas. Así, a la mala calidad del mercado laboral, se sumó el abandono de las administraciones públicas.

La clave está ahora en no repetir ese patrón. De hecho, semanas antes de la crisis de la covid-19, el Fondo Monetario Internacional advertía a España sobre su incapacidad para ayudar a las rentas bajas y a los jóvenes.

En un informe de enero de 2020, el FMI consideraba que, además de bajo e ineficiente, el gasto social en nuestro país estaba muy focalizado en los grupos sociales con mejor situación, como las rentas altas y los jubilados, condenando al país a liderar las estadísticas de desigualdad en Europa occidental.

Como señala el último informe sobre la juventud en España del Injuve, las consecuencias de la ‘década perdida’ invitan a dejar atrás las soluciones basadas en la austeridad, para pasar, de forma decidida, a una fase de inversión material, cultural y social en favor de los jóvenes.

Y, en este sentido, el panorama parece más esperanzador que en 2008. A diferencia de la política de recortes con la que se aplacó la crisis de la década anterior, la Unión Europea ha demostrado tener claro que la solución pasa por una mayor protección social y una inaudita inversión económica a través de los fondos Next Generation EU.

Con ellos, a modo ‘plan Marshall’ de posguerra, espera conseguir una auténtica recuperación y transformación económica de la Unión. En concreto, España, será uno de los países más beneficiados: a partir del otoño recibirá más de 140.000 millones de euros, buena parte de ellos en ayudas directas.

Protección, impulso y sostenibilidad económica: claves para mejorar

En este contexto, el estudio La generación de las dos crisis de Aumaitre y Galindo ve la actual crisis como un claro punto de inflexión que dibuja dos escenarios extremos: uno en el que la pandemia puede servir de oportunidad para cerrar la brecha; y otro en el que la inacción puede consolidarla. Proponen cuatro grupos de medidas para impulsar a la juventud.

El primero está orientado a conseguir un Estado del bienestar que iguale las oportunidades a través de un sistema redistributivo más eficiente y enfocado a los colectivos que más lo necesitan; promoviendo una educación con habilidades para la vida real, creativas y socio-emocionales, a partir de un currículo educativo más flexible; favoreciendo el acceso a la vivienda, y eliminando barreras para el progreso de carreras y negocios.

El segundo foco es la reducción de las diferencias en la protección de los trabajadores estables (normalmente de mayor edad) y los menos estables (habitualmente más jóvenes). Proponen reducir la dualidad y promover un mercado ‘flexi-seguro’, en el que se igualen los niveles de protección contra el despido y se potencien las políticas activas de empleo realmente efectivas y life-long learning.

Para garantizar la posibilidad de formar una familia, por su parte, proponen crear una red universal y accesible de escuelas infantiles, asequibles y flexibles, con servicios de conciliación más allá de los tres años, y seguir avanzando en una adecuada red de permisos parentales retribuidos. Todo ello con una mayor flexibilización de horarios.

Pero para todo esto es necesario un sistema de protección social sostenible, que haga frente a los retos demográficos de España. Así, creen necesario avanzar en nuevas fórmulas para asegurar pensiones sostenibles e implantar medidas como la llamada mochila de protección o mochila austríaca. Se trata de un fondo asociado a cada trabajador financiado periódicamente por su empleador que, al terminar el contrato, el trabajador podrá decidir si lo retira o lo mantiene hasta su jubilación.

Todo ello implantando un sistema de evaluación sobre cada nuevo euro gastado, basado en criterios de eficiencia y equidad, que garantice un gasto eficiente y ajustado a las necesidades de la ciudadanía. Una medida que proponen implantar con la próxima llegada de los fondos europeos para el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia.

En definitiva, estamos a tiempo de evitar que la generación de las dos crisis, los millennials, tantas veces considerada la generación mejor preparada de la historia de España, se convierta en la generación perdida. Y, además, de evitar que los más jóvenes, los que hoy están formándose y pronto saldrán al mercado laboral, tropiecen con las mismas piedras.

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