Fundación Carvajal. Historia de un compromiso familiar

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El anuncio se encontraba en la edición del 24 de octubre de 1904 de "El Día", un periódico de Cali. En la página cuatro, junto a las noticias locales, que daban cuenta del ferrocarril del Cauca o la creación del departamento de Nariño, se destacaba un "faldón" anunciando el inicio de las actividades de un pequeño negocio con la razón social de Imprenta Comercial: "La Imprenta Comercial. Se encarga de toda clase de trabajos. Libros, folletos, periódicos, hojas sueltas, programas. Especialidad en carteles. Acaba de llegar un magnífico surtido de tipos y tintas". Y para confirmar la última frase del anuncio, cada una de las oraciones aparecía con una tipografía diferente.

La Imprenta Comercial pronto cambió de nombre y pasó a llamarse Carvajal y Cía, cuando Manuel Carvajal Valencia compró las acciones de los socios con quienes la había fundado. Esa pequeña imprenta, que inició su andadura con 200 pesos y una máquina Washington Press como único activo, se convertiría cien años después en la principal multinacional colombiana y una de las más importantes de Latinoamérica, con inversiones en dieciocho países y actividad comercial en más de cincuenta. Pero el Grupo Carvajal no sólo es la principal multinacional colombiana sino un referente de excelencia y compromiso social entre las empresas colombianas. Sin ningún lugar a dudas, es una de las compañías más respetadas y admiradas del país. Los fundadores de Carvajal fueron don Manuel Carvajal Valencia y sus dos hijos mayores, Alberto y Hernando, quienes se vieron obligados a abandonar sus estudios cuando estalló la Guerra de los Mil Días.

En 1939 Manuel Carvajal Sinisterra, hijo mayor de Hernando, asumió la dirección de Carvajal, con diez y nueve años de edad y la educación secundaria inconclusa. Con la confianza y el apoyo de sus tíos, Manuel llevó el timón del negocio familiar durante la Segunda Guerra Mundial, lo proyectó como empresa líder en Colombia y dio los primeros pasos de su internacionalización.

Los Carvajal siempre fueron una familia de profundas convicciones cristianas que Manuel expresaba con las siguientes palabras: "Son tantos los riesgos que hemos asumido, tantas las decisiones que pudieron ser equivocadas y no lo fueron, tantas las dificultades que hemos superado, que es imposible dejar de reconocer el favor de la Providencia en lo que es Carvajal". A finales de los años cincuenta, Manuel y sus tíos quisieron encauzar el compromiso social de la empresa para contribuir con mayor eficacia a la solución de los graves problemas sociales del Cali de entonces. Bajo su liderazgo la familia decidió constituir la Fundación Carvajal con la cesión gratuita del 40% del capital que cada uno de sus miembros poseía en la empresa. Esto fue el 10 de abril de 1961.

Otra vez, las palabras de Manuel expresan la razón de ser de la Fundación: "Dios es el principal socio de Carvajal; la Fundación será el instrumento para entregarle a Él su dividendo"; además, afirmaba con sentido empresarial: "Una empresa sana no puede subsistir en un entorno social enfermo". En l960 la situación social en la ciudad de Cali era crítica. Las migraciones campesinas de población desplazada de la violencia de los años 50 habían transformado de manera dramática la realidad social de la ciudad. Entre 1951 y 1964 la tasa de crecimiento demográfico era de cerca de un 7%, la segunda más alta de América Latina después de Sao Paulo. Esta inmigración masiva rompió el marco de la vida urbana, erosionó la vida de la comunidad y sumergió a Cali en una crisis honda: desempleo, cinturones de pobreza, invasiones, déficit de servicios públicos y primeros brotes de violencia urbana.

La primera iniciativa de la Fundación consistió en construir y sostener cinco centros, anexos a las parroquias de los sectores más deprimidos de la ciudad. Estos centros proporcionaban servicios de salud, educación, recreación y cultura con tarifas subsidiadas, e incluían unos almacenes llamados "comisariatos" que vendían alimentos, medicamentos y artículos de primera necesidad a precios más bajos que los del comercio circundante. Los centros parroquiales estaban situados en los barrios de Guabal, Independencia, Fortaleza y Cauquita que, en ese momento, constituían la mayor concentración de pobreza extrema en la ciudad. A finales de los años sesenta, los servicios de la Fundación Carvajal beneficiaban a 100.000 habitantes, equivalentes al 10% de la población de la ciudad. En 1971 murió D. Manuel Carvajal Sinisterra, inspirador y principal impulsor de la Fundación; lo sucedió su hermano Jaime Carvajal en la presidencia del Consejo Directivo y muy pronto comenzó a detectar nuevas oportunidades de impulsar su misión.

LOS MICROEMPRESARIOS. Con el ánimo de dar respuesta a los problemas del desempleo y los bajos ingresos, no solamente en los barrios atendidos por los centros parroquiales sino en toda la ciudad, la Fundación Carvajal comenzó a buscar información sobre experiencias exitosas de generación de empleo y, gracias a una serie de viajes a Brasil, conoció los primeros programas de otorgamiento de créditos a pequeños negocios, que estaban teniendo lugar en ese país.

Esta experiencia, aunque todavía muy incipiente, convenció a Jaime Carvajal de la necesidad de apoyar las pequeñas iniciativas y negocios "informales"; sin embargo, antes de iniciar el trabajo, ordenó una investigación para conocer las microempresas y evaluar su situación financiera. El diagnóstico fue claro: la oportunidad era enorme, porque en los barrios populares había un embrión de empresa detrás de cada puerta; pero todas ellas estaban a punto de quebrar, por falta de conocimientos de administración.

Su conclusión fue contundente: no podemos ofrecerle crédito a la gente que no sabe llevar cuentas ni calcular costos; primero tenemos que desarrollar el modo de enseñarles la administración de sus pequeños negocios.

Fue así como, a finales de los años setenta, la Fundación decidió acercarse al sector hasta entonces olvidado de la economía; es decir a los millones de ciudadanos sencillos y emprendedores que llegan a crear hasta el 50% de los empleos en algunos países. Para apoyarlos se desarrollo el Programa MICROS de Apoyo a la Micro-empresa.

Si por algo es conocida la Fundación Carvajal en el mundo, es precisamente por haber sido pionera en crear una estrategia eficaz para promover el progreso de los microempresarios, cuyo fundamento es un proceso educativo que pone la ciencia de la administración al alcance de estos pequeños emprendedores, cualquiera que sea su nivel educativo. Los cursos de administración de la Fundación han sido impartidos por multitud de ONGs en América Latina y constituyen un hito en la historia de los programas de apoyo a la microempresa en todo el mundo.

AGUABLANCA: LA CIUDAD OLVIDADA. A finales de los 70 se empezó a tomar conciencia en Cali de un problema que estaba adquiriendo dimensiones muy graves; ese problema se llamaba Aguablanca. La ciudad se encontró con que tierras que hasta entonces habían sido feraces para la agricultura habían sido urbanizadas ilegalmente por personas sin escrúpulos. Unos venían engañados por políticos que les ofrecían terrenos a cambio de votos, otros forzados por el fenómeno de la guerrilla y el resto desplazados por la catástrofe del maremoto del Mar del Pacífico. En apenas unos años, había surgido en el extrarradio de la ciudad un barrio marginal con una población que alcanzaba casi las 200.000 personas y con todos los problemas inherentes a los asentamientos ilegales: insalubridad, carencia absoluta de servicios públicos, fragilidad de las viviendas, violencia, desempleo y callejones de polvo o barro –según la estación- cómo únicas vías de acceso. La pobreza extrema se había desplazado a Aguablanca, una bomba de relojería desde el punto de vista social, que sólo estaba esperando una pequeña chispa para estallar.

La Fundación Carvajal, una vez entregó los centros parroquiales, decidió intervenir en el distrito de Aguablanca y fue a observar lo que sucedía allá. Se comenzó por intentar dar solución al problema de la vivienda, para lo cual buscó un lote cerca de la autopista Simón Bolívar y unos locales para crear un "banco de materiales de construcción". ¿Por qué? Pues porque el principal obstáculo para la construcción y mejoramiento de la vivienda en los barrios pobres eran los altos precios de los materiales de construcción, cuya principal causa era la especulación. El valor casi se duplicaba en algunos materiales. La Fundación llevó a los gerentes de las empresas productoras de materiales de construcción a conocer su local, y los persuadió de establecer sus puntos de venta en el "banco de materiales".

A finales de los años setenta, el precio de los materiales de construcción en los barrios marginales era muchísimo más alto que en el centro de la ciudad; en el caso del cemento, por ejemplo, este lo era en una proporción del 200%. Por ser este último el material de mayor demanda en esos sectores de la ciudad, la Fundación decidió incluirlo entre los artículos de primera necesidad que se vendían en el "banco de materiales de construcción". El resultado de esta experiencia fue que los habitantes del sector hacían cola los sábados por la mañana para esperar el camión; la Fundación no tuvo nunca necesidad de descargar ni almacenar los bultos de cemento, porque estos pasaban directamente del camión de transporte al hombro y el hogar del consumidor.

Con esta iniciativa entró la Fundación en Aguablanca, abaratando un 30% el costo de los materiales y poniéndolos al alcance de las familias de Aguablanca, empezando con el cemento que era el producto base de la construcción y siguiendo con los otros materiales. Esa iniciativa se complementó con un programa de autoconstrucción de viviendas, con el que se capacitaba a las familias para que construyesen su vivienda y se les facilitaba la financiación.

Poco después surgió el programa de reciclaje. Este programa incentivaba a la comunidad para reciclar la basura, y le pagaba en especie con materiales de construcción. De este modo se consiguió matar dos pájaros de un tiro: abordar el problema del desecho de basuras y suplir la falta de recursos económicos de las familias para pagar determinados servicios, mediante el aporte de su trabajo en favor de la comunidad. Esta metodología funcionó con éxito. Los vecinos se organizaban en comités por cuadras para la pavimentación de las calles.

Cada comité abrió una cuenta de reciclaje. Los comités se comprometieron a recoger el dinero necesario para pagar el costo de los adoquines para pavimentar su cuadra. Cuando un comité completaba la suma requerida, la Alcaldía Municipal hacía la excavación y preparación de la calle, y los vecinos se encargaban de colocar los adoquines. Así se logró pavimentar más de siete mil metros cuadrados de calles en uno de los barrios más marginales de Cali.

LOS TENDEROS DE AGUABLANCA. Preocupada por el problema de la carestía de los alimentos en los sectores más pobres de la ciudad, y más específicamente en el distrito de Aguablanca, la Fundación Carvajal decidió poner en marcha un programa para tratar de abordar este problema. Mediante una sencilla encuesta, se pudo establecer que en esos barrios los productos básicos de la canasta familiar eran mucho más caros que en los mejores supermercados del centro de la ciudad, a pesar de que el margen de utilidad de los tenderos era muy bajo. Esto se debía a que el comerciante no tenía acceso directo a los productores y, consiguientemente, compraba su mercancía a precios muy altos de los distintos intermediarios.

Arriba, clase de formación a microempresarios del sector de la alimentación en uno de los centros de la Fundación Carvajal. Abajo, uno de los tenderos beneficiados por la Proveeduría de alimentos de la Fundación Carvajal.

Con el fin de abaratar los precios de los alimentos la Fundación decidió poner en marcha una Proveeduría de alimentos repitiendo el esquema de funcionamiento del banco de materiales de construcción. Se convenció, poco a poco, a las empresas proveedoras de alimentos que surtiesen de sus productos a la Proveeduría de Aguablanca bajo la garantía de Carvajal. A su vez, los tenderos del barrio, afiliados al Programa de la Fundación, se les dió la oportunidad de surtir sus negocios en las proveedurías.

Gracias a las proveedurías los tenderos son, actualmente, los únicos intermediarios que existen entre el productor de alimentos y el consumidor final; además, por estar situadas cerca de las tiendas, las Proveedurías reducen los costos de transporte y los tenderos pueden, por lo tanto, vender más barato y obtener un mayor margen de utilidad.

De acuerdo con un estudio realizado por la Universidad del Valle, el programa redujo el precio de la canasta básica de alimentos en su zona de influencia entre un 15% y 20%. En estos 15 años la Proveeduría de Tenderos se ha convertido en el principal canal de distribución de alimentos de los tenderos de Aguablanca, hoy una población de aproximadamente 420.000 habitantes.

Cerca de 3.500 tenderos compran el 60% de sus productos en las Proveedurías de la Fundación Carvajal. El sistema de las Proveedurías no sólo ha demostrado a las empresas proveedoras de alimentos y artículos de higiene y limpieza que los sectores de escasos recursos pueden ser muy buenos clientes, sino que también ha contribuido a que éstas cambien sus procesos de producción y empaque adaptándolos a las necesidades de las clases populares.

LA MOCHILA VIAJERA. Al pasear por las calles de Aguablanca existen muchas posibilidades de tropezarse con un "pelao" que carga una bolsa de tela basta de color azul con unas grandes letras en blanco que dicen "La mochila viajera". Dentro del bolso se amontonan siete u ocho libros de literatura infantil y juvenil y alguna revista de temas variados. El programa de la mochila viajera surgió cuando la Fundación se dio cuenta de que algunos libros de las Centrales Didácticas (otro programa que habían creado en Aguablanca para impulsar la educación de los niños) desaparecían y volvían a aparecer.

Cuando investigaron más, comprobaron que los niños se estaban llevando los libros a sus casas para prestárselos a sus papás y a sus amiguitos. Entonces, idearon la "mochila viajera"; la mochila es una bolsa azul resistente con unas letras en blanco que dicen: "La mochila viajera.", y que el niño lleva al hombro, convirtiéndose en un puente entre la biblioteca y sus hogares. Cada niño puede llevarse hasta ocho libros de distinto género y se procura que cada libro vaya para un integrante de su núcleo familiar, para su mamá, su papá, su hermanito. El préstamo de libros es de un mínimo de tres días y un máximo de ocho; después deben reintegrar los libros. El proyecto de la Mochila Viajera ha tenido una gran acogida en el distrito de Aguablanca, tal y como lo demuestra el incremento de casi el 600% en la demanda del servicio en el período 2000-2004, al pasar de 434 a 2.959 prestamos. En términos de circulación de material literario, durante el 2004 "viajaron" un total de 23.672 libros, lo que da una idea del impacto de este programa entre la comunidad..

UNA EMPRESA SANA. La intervención de la Fundación Carvajal y de otras organizaciones consiguió mitigar la bomba social de Aguablanca. En esa época la batalla política era muy dura, la guerrilla del M-19 tenía instalados tres campamentos en el distrito. Cuando la Fundación decidió comenzar su intervención social en Aguablanca consiguió canalizar gran parte de la violencia política hacia iniciativas sociales, ofreciendo servicios y soluciones prácticas a las necesidades de la comunidad. La familia Carvajal tuvo la virtud de vislumbrar que Aguablanca era un foco potencial de violencia y supo darle respuesta. Lamentablemente la violencia todavía no ha desaparecido de Calí ni de las calles de Aguablanca. Sólo unas horas después de abandonar uno de los locales de la Fundación en el barrio del Vallado en Aguablanca, una carga de 40 kilos de explosivos en la estación de policía próxima vino a recodarme la existencia de un conflicto, que mantiene en jaque al país desde hace más de 40 años. En el balance del atentado terrorista de las FARC cinco muertos, cuatro policías y James Hernando Fernández. James trabajaba para la Proveeduría de Tenderos del Vallado transportando mercancía en su Renault 12. La bomba le sorprendió mientras hacía un reparto en su "palomito", como llamaba a su carro de color blanco. James Hernando de 42 años fue un campesino de Morales, un pueblito del Cauca, que se vino a Calí en busca de empleo. Lo único que sabía del "conflicto" era que no le gustaba. Heidi, su mujer, dice que su esposo era un hombre alegre a pesar de que la vida no le había tratado muy bien.

Hace cinco años se electrocutó tratando de arreglar un corte de energía en su pueblo. La corriente le calcino el brazo derecho y la pierna izquierda. James no le dio mucha importancia, comentaba que esas cosas pasan y que las limitaciones están en la cabeza. Para probarlo hizo rifas y pidió plata prestada para comprarse una prótesis y aprender a manejar su "palomito" con una sola mano. Apenas hace unos días recibió una llamada en la que le notificaban que una Fundación le había donado una nueva prótesis de la mano. Ya no la necesitará.

En la cabeza se agolpan sin mucho orden sentimientos de rabia ante la crueldad y sinsentido del terrorismo, que puede sesgar vidas llenas de proyectos, junto con otros de agradecimiento a empresas como Carvajal, que hace más de cuarenta años decidió no permanecer al margen de los problemas de su país instalándose en una cómoda y falsa visión de la empresa. ¿Qué sería hoy Aguablanca sin la Fundación Carvajal? Da miedo pensarlo. Repaso mentalmente algunos de los logros de estos años de trabajo: cerca de 30.000 microempresarios capacitados, 124.921 personas beneficiadas de los programas de las Centrales Didácticas, 58 empresas que sirven habitualmente productos a las proveedurías de tenderos por una cantidad superior a los 5 millones de euros, etc. Un balance único, un resultado que no se hubiese conseguido si hace 44 años Manuel Carvajal y su familia no hubiesen decidido dar el paso de constituir esta Fundación. En este contexto, y con el atentado todavía muy fresco, el lema de la familia Carvajal y su renovado compromiso de seguir trabajando en favor del país a pesar de los atentados y las dificultades, adquiere de repente más peso y relieve: "Una empresa sana no puede subsistir en un entorno social enfermo".

POR JAVIER MARTÍN CAVANNA
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Comentarios

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  1. alba lucia pitto londoño

    Buenas Tardes : Señores Fundacion Carvajal :

    Soy una ciudadana caleña quien siempre ha estado interesada en saber cuales son las capacitaciones que ustedes dictan y en especial la de microempresarios y todo lo que tenga que ver con creacion de empresa,por lo tanto les escribo para saber si tengo alguna posibilidad de informacion por medio de este correo.

    Les agradezco cualquier informacion que me puedan brindar y estare atenta a cualquier informacion de su parte, muchas gracias.

  2. jorge hernan gaviria

    Mis respetos con la sensibilidad social de los fundadores, eso es lo que necesita colombia, bamos colombianos copiemos las buenas ideas para bien de la sociedad, les pido por favor asesoria sobre famiempresa yqa que estoy iniciando un proyecto al respecto. Mil gracias

  3. natalia mejia

    Buenas Noches senores Carvajal
    De la manera maas atenta me dirigo a ustedes, para contarles sobre el seminario que se va a realizar en el mes presente, dirigido por el Arguitecto Espanol, Jorge Raedo. En este seminario se realizaran talleres de arquitectura para ninos de bajos recursos. Este proyecto esta apoyado por el Museo Leopoldo Rother y la Universidad Nacional de Bogota. Pensamos que de pronto ustedes nos podrian colaboran con la donacion de materiales, pues no contamos con los recursos necesarios para conseguirlos y poder brindarles a estos ninos el taller que este Arquitecto va a llevar a cabo.
    Mi celular es 3108155443

    Muchas Gracias, quedo atenta a cualquier inquietud, me gustaria tener su email para enviarles toda la informacion sobre el seminario.

  4. jesus bedoya salazar

    quiero saber donde se encuemtra el comsultorio juridico de carvajal en el barrio el vallado , donde fue trasladado .muchas gracias por su informacion