Down España recuerda lo paradójico que resulta que habiendo una concejala con síndrome de down, otros no puedan votar

CE13 septiembre 2013
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El Ayuntamiento de Valladolid ha celebrado este pasado 29 de julio un Pleno extraordinario en cuyo orden del día figuraba como primer punto la «toma de posesión de doña Ángela Covadonga Bachiller Guerra del cargo de concejala de este Ayuntamiento».

Ángela, que tiene síndrome de Down, ocupaba el puesto 18 de la lista con la que el alcalde de Valladolid concurrió a las pasadas elecciones municipales. Al contar su grupo político con 17 concejales, Ángela tenía que esperar a la baja de uno de ellos para acceder al cargo de edil, hecho que se produce ahora.

La decisión de Ángela de ocupar el cargo es un paso más en su participación en la vida política de su ciudad, que comenzó en la campaña electoral de mayo de 2011. Entonces acompañó al alcalde, Francisco Javier León de la Riva, a numerosos actos, repartió propaganda por las calles y estuvo en buena parte de las citas de peso dentro del proceso.

El propio León de la Riva se mostró pendiente en todo momento de Ángela, a la que definió como «un ejemplo de esfuerzo y superación personal».

Para Down España, esta es una noticia muy positiva y acerca la política a los parámetros de inclusión e igualdad que defiende la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad. Pero, en palabras del gerente de la entidad, Agustín Matía, todavía queda mucho camino por recorrer y es «paradójico» que una mujer con síndrome de Down se convierta en concejal del Ayuntamiento de Valladolid cuando hay «jóvenes de su misma edad y mismas condiciones que no tienen derecho a voto». Por ello, «hay que terminar con la eliminación del derecho al voto a personas con discapacidad y en concreto a personas con síndrome de Down. Hay que modificar la legislación electoral para que esto no suceda».

Asimismo, Matía no confía en que el caso de Ángela Bachiller fomente la incorporación de más personas con síndrome de Down a cargos políticos y, en este sentido, manifiesta que «pensamos que ha sido un caso bastante excepcional, aunque también lo vemos interesante, porque el hecho de que se haya dado es una forma de romper clichés y de dar normalidad».

«Lo vemos como un gesto de normalidad, como algo simbólico y como gesto de reconocimiento a la incorporación de personas con discapacidad a la participación social, civil y política», concluye.

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