Construcción sostenible, construcción inteligente

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Hacer sostenible el sector de la construcción es actualmente mucho más que una ‘asignatura pendiente’. Es, cuando el urbanismo se ha convertido en una de las claves del desarrollo urbano equilibrado, uno de los ‘deberes’ más importantes que quedan por hacer.

Precisamente este es uno de los motivos por el que, el pasado mes de marzo, el Gobierno aprobaba el nuevo Código Técnico de la Edificación (CTE) que apuesta por edificios más seguros, habitables y sostenibles.

A nadie se le escapa que la construcción es una de las actividades industriales más contaminantes y que gran parte de las emisiones de dióxido de carbono que se emiten a la atmósfera son producidas directamente o indirectamente por este sector, según se desprende de las conclusiones del último informe sobre bioconstrucción elaborado por el Worldwatch Institute de Washington.

El impacto se produce desde la fabricación de los materiales hasta la gestión de los residuos generados por su demolición pasando por la fase de construcción, utilización y vida útil del edificio.

Durante la edificación aumentan los residuos tóxicos, así como los vertidos líquidos de productos químicos y los residuos sólidos. Esta contaminación continúa una vez finalizada la obra, cuando los equipos de climatización, los sistemas de calefacción, refrigeración, ventilación, producción de agua caliente sanitaria, iluminación y electrodomésticos, entre otros, también afectan gravemente al entorno.

En definitiva, los edificios consumen hasta el 60 por ciento de los materiales extraídos de la tierra y su utilización durante la construcción genera la mitad de las emisiones de CO2 que se emiten a la atmósfera. En España la edificación y el uso doméstico de esa edificación consume un 20 por ciento del total de la energía final, siendo, además, responsables de la emisión de más del 25 por ciento del total de anhídrido carbónico, según datos del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía, IDAE.

Los residuos de la construcción son uno de los mayores problemas del sector que debe afrontar la Administración por el bien del medio ambiente.

En España, cada año se generan 35 millones de toneladas de residuos de demolición y construcción, de los que sólo se reutiliza un millón de toneladas y otros 25 millones se depositan en vertidos no controlados. Por este motivo, el Ministerio de Medio Ambiente prepara un Decreto de Gestión de Residuos que obligará a los promotores y constructores a depositar una fianza que avale la gestión de los residuos de demolición y construcción.

Este real decreto, que se encuentra en fase de estudio por parte del Consejo Asesor de Medio Ambiente, CAMA, se aplicará tanto a promotores privados como en obras públicas. Los promotores deberán presentar un plan que garantice el mejor tratamiento de los residuos y depositar una fianza, que no será devuelta hasta que se aplique dicho plan.

El borrador de este Real Decreto regulará la producción y gestión de este tipo de residuos, y pretende reducir su generación y fomentar la reutilización, el reciclado y otras formas de valorización.

Se trata de maximizar la recuperación de los recursos contenidos en los residuos de construcción y demolición.

INICIATIVAS A FAVOR DE LA SOSTENIBILIDAD. El sector de la construcción representa cerca del 10 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB) global y tiene un impacto importante en muchos problemas ambientales como el cambio climático, la generación de basura y el desgaste de los recursos naturales.

Por este motivo, cada vez más países y organizaciones internacionales promueven conjuntamente acciones en favor de una edificación sostenible y por ello el ritmo de adopción de elementos ecológicos en la construcción se está acelerando.

Es el caso del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, PNUMA, que en colaboración con grandes empresas de la industria de la construcción, ha lanzado una iniciativa para promover prácticas de desarrollo sostenible en el sector de la construcción.

En la misma línea, se encuentra el proyecto europeo ‘ECO-CITY’, para el desarrollo de ciudades bioclimáticas en Escandinavia y España, que pretende identificar las necesidades de formación en arquitectura sostenible, eficiencia energética y energías renovables en la edificación.

El ahorro económico está actuando como factor determinante para el auge de estas prácticas. En favor de la edificación sostenible se encuentra el escaso coste de las energías renovables frente a la creciente subida de los precios de las energías para la calefacción, la refrigeración y la iluminación.

Precisamente, la escalada alcista de sus precios posiblemente ayude a que aumente la demanda de fuentes eficientes.

Es una de las causas por las que, cada vez más, comunidades autónomas y agencias de energía otorgan ayudas oficiales para promover su instalación en las viviendas, influyendo sobre el resto de profesionales del sector.

Pese a que la conciencia ecológica cada vez está más presente tanto en consumidores como en profesionales del sector, aún se dan muchas confusiones en cuanto a términos: bioclimático, bioconstrucción, construcción sostenible, vivienda ecológica o eficiente. En palabras del editor de la revista especializada Eco- Habitar, Toni Marín, la confusión se da hasta en los sectores más especializados.

«Durante una Feria de construcción, en el stand del Colegio de Arquitectos de Cataluña, planteaban una opción de vivienda sostenible partiendo de estructuras de hormigón prefabricadas», explica.

En el mismo encuentro, un promotor mostraba ‘orgulloso’ unos chalets adosados «ecológicos» construidos con bloques de cemento, aislantes de poliuretano y doble cristal.

«La aplicación de criterios ecológicos en todos los sectores de la sociedad es inevitable ya, y la construcción no va a ser diferente». «Quizá tarde más que otros, pero llegará», afirma, recordando que la sociedad ya se ha dado cuenta de que «por el camino que vamos ahora, no iremos muy lejos».

A juicio de Josep María Riba, presidente de la Asociación ‘Casa Bioclimática’, los consumidores tienen un papel fundamental a la hora de conseguir incrementar el número de este tipo de edificios. «Que lo exijan, para que el constructor vea que hay interés, porque quienes se van a beneficiar son ellos: lo van a notar en las facturas».

LOS «EDIFICIOS VERDES» YA NO SON UN LUJO. Los edificios ecológicos empezaron siendo una alternativa para una minoría acaudalada, una moda que con el tiempo se está convirtiendo en una opción rentable para promotores, constructores, arquitectos y propietarios. En la actualidad, este tipo de construcciones cuestan en torno al 15 por ciento más que otros edificios, lo que supone un freno para su implantación, aunque en pocos años la inversión compensa a ojos vista.

El último informe del Worldwatch Institute señala que los llamados ‘edificios verdes’ o bioclimáticos son aquellos que «utilizan materiales no dañinos para el medio ambiente y están dotados de una configuración arquitectónica capaz de aprovechar los recursos naturales para satisfacer las necesidades climatológicas de las personas que residen en ellos evitando, además, gastos innecesarios».

IDAE recomienda, en este sentido, un emplazamiento adecuado y una buena orientación con el entorno para conseguir ahorrar hasta el 70 por ciento de la energía. En la misma línea, Worldwatch Institute afirma que para crear una vivienda en consonancia con el ecosistema natural «es importante evitar la proximidad de fábricas contaminantes o tendidos de alta tensión».

Cuando no se puede conseguir un lugar adecuado, se recomienda actuar sobre aspectos como el color de los muros o los tejados, preferiblemente claros, y la forma del edificio, preferentemente redondeados porque tienen menos pérdidas que las estructuras con numerosos huecos, entrantes y salientes. Además, apuesta por desarrollar los materiales que recubren los edificios, facilitando la ventilación natural.

Asimismo se apoya la introducción de ventanas, cristaleras, invernaderos, atrios y patios, con una orientación que permita que la radiación solar penetre directamente en el espacio para calentar en invierno. Por otra parte, para el verano, se recomienda la incorporación de elementos de sombreado como voladizos, toldos y persianas.

A parte de todo ello, los materiales empleados en la construcción de las viviendas bioclimáticas deben respetar el hábitat. Por eso es importante tener en cuenta todo el proceso de obtención, desde la extracción de las materias primas hasta su uso final.

Los materiales destinados a la bioconstrucción no suelen contener ningún producto clorado, como el PVC.

Igualmente, están exentos de elementos nocivos como el amianto. Así, entre los materiales adecuados para estos pisos se encuentran la cerámica, el hormigón ecológico o cementos naturales, para los cimientos, y el corcho natural triturado, para el aislamiento de cubiertas.

Además, existen otras posibilidades de aprovechar las energías renovables mediante el empleo de equipamiento específico capaz de transformar en energía útil la energía del sol, del viento y de la biomasa, es el caso de los paneles solares, los pequeños aerogeneradores y las calderas de biomasa.

En nuestro país, el sector ya ha empezado a hacer ‘sus deberes’ en materia de sostenibilidad, quizá obligado en parte por la reciente aprobación, el pasado 29 de marzo, del Código Técnico de la Edificación (CTE) que tiene precisamente, y entre otros, el objetivo de mejorar los aspectos ambientales y de habitabilidad en la construcción.

NORMATIVA ESPAÑOLA. A partir de ahora las obras de nueva construcción en España serán más seguras y ecológicas, al menos es la intención del Gobierno con el CTE. Este nuevo marco normativo pretende mejorar la sostenibilidad medioambiental, la habitabilidad y la seguridad de los edificios.

Las nuevas construcciones serán más eficientes energéticamente y se fomentará la innovación y el desarrollo tecnológico, tanto en los procedimientos de edificación como en los materiales de la obra. El código entrará en vigor en marzo de 2007 para las edificaciones de nueva construcción y dentro de tres años en los edificios ya construidos.

El CTE renueva una normativa preconstitucional que tenía más de 30 años de antigüedad, además de acercar a España a los compromisos del Protocolo de Kioto. La intención de la ministra de Vivienda, María Antonia Trujillo, es que el sector de la construcción se adapte a la estrategia de sostenibilidad económica, energética y medioambiental hacia la que tiende el sector en el resto del mundo, y garantice la existencia de unos edificios más seguros, más habitables, más sostenibles y de mayor calidad.

La norma tiene un carácter prestacional, es decir, establece las prestaciones que debe cumplir un edificio pero no rige los métodos para cumplir estas exigencias.

Las principales innovaciones del código se centran en una mayor seguridad de las estructuras de los edificios; un mayor control de los incendios, tanto en condiciones de reacción como de resistencia; un incremento de la protección a las personas, reduciendo los riesgos de que se produzcan accidentes en los edificios; al tiempo que se busca conseguir edificios más saludables, protegiendo el medio ambiente en el entorno edificatorio.

El CTE contiene cuatro exigencias básicas: limitación de la demanda energética a través del aislamiento, eficiencia energética de instalaciones de iluminación, obtención de agua caliente a través de energía solar y establecimiento de una contribución fotovoltaica mínima al consumo de energía eléctrica.

Según estimaciones del IDAE la implantación de las exigencias energéticas introducidas en el nuevo código supondrá para cada edificio un ahorro de entre un 30 y un 40 por ciento y una reducción de emisiones de CO2 por consumo de energía de entre un 40 y un 55 por ciento.

Para realizar un seguimiento de la aplicación del código técnico se ha creado el Consejo para la Sostenibilidad, Innovación y Calidad de la Edificación que además se encargará de la actualización periódica de un código vivo, que irá modificándose para adaptarse a las innovaciones del sector.

Con estos datos, se hace evidente que, pese a los avances, el sector aún necesita tomar conciencia de que aunar construcción y sostenibilidad es una apuesta de futuro segura y muy rentable. No sólo el planeta nos lo agradecerá.

La gran mayoría de los expertos coinciden en que nuestro bolsillo también. Es hora de que todos y cada uno de los profesionales implicados en ello: constructores, arquitectos, proyectistas, proveedores de materiales, etc, unan fuerzas para conseguir el ‘empujón’ definitivo que necesita este nuevo tipo de edificios.

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