Ecocidio, el delito contra el medio ambiente que va camino de ser reconocido por ley

Se llama ecocidio a “la destrucción extensa o la pérdida de ecosistemas de un territorio concreto, normalmente deliberada y masiva, bien por medios humanos u otras causas. Como consecuencia, la existencia de los habitantes de ese territorio se ve severamente amenazada”. El pasado mes de junio este nuevo delito ya tiene una definición jurídica. A partir de aquí, los expertos son optimistas en cuanto a que, en pocos años, el ecocidio pueda situarse a la altura de delitos contra la humanidad como el genocidio o los crímenes de guerra.
<p>Foto: Stop Ecocidio</p>

Foto: Stop Ecocidio

Esta nueva definición consensuada por un panel internacional de 12 juristas, impulsado desde la sociedad civil, apunta que el ecocidio es “cualquier acto ilícito o arbitrario perpetrado a sabiendas de que existen grandes probabilidades de que cause daños graves que sean extensos o duraderos al medio ambiente”.

Así lo comunicó recientemente el panel de expertos, que ha comenzado a dar los primeros pasos para que este delito se incorpore, como un quinto crimen, al Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional (CPI), junto a los cuatro ya reconocidos hasta el momento: genocidio (reconocido tras la Segunda Guerra Mundial), crímenes de lesa humanidad, crímenes de guerra y crimen de agresión (el uso de la fuerza armada por un Estado contra la soberanía, la integridad territorial o la independencia política de otro Estado).

Este último delito fue definido en 2010 e introducido en el Estatuto de Roma en 2018, aunque solo es válido en unos 40 países que, como España, lo han reconocido. Con el delito de ecocidio podría suceder algo similar: que solo sea válido en los países que lo reconozcan, pero el camino para que las cosas cambien a nivel legislativo ha comenzado.

Precisamente para que cambien las cosas, este panel internacional de expertos comenzó a trabajar el pasado mes de enero, y tras la reciente presentación de la definición, ahora será discutida públicamente para hacer posible un texto definitivo que se presentará a los Estados firmantes del Estatuto de Roma.

Según explicó Jojo Mehta, responsable de la Fundación Stop Ecocide, durante la videoconferencia de presentación de los resultados de estos trabajos, se ha actuado “con un sentimiento de urgencia”.

Tanto la definición como el objetivo de incluir este delito en el Estatuto de Roma cuenta ya con el apoyo de varios países, entre ellos Francia, Bélgica o España; incluso la del propio Papa Francisco, que recientemente se ha pronunciado sobre ello.

En realidad, este delito ya estuvo a punto de ser incluido como el quinto Crimen Contra la Paz dentro del Estatuto de Roma, pero fue examinado por la ONU durante décadas y finalmente excluido en 1996 pese a la objeción de muchos países.

Hoy, la nueva definición de ecocidio, impulsada por esta campaña internacional, Stop Ecocidio,presente también en España-, busca provocar efectos concretos sobre la legislación internacional y también en la de los propios países.

Destruir el medio ambiente es destruirnos a nosotros

Así lo explica a Compromiso Empresarial Maite Mompó, directora de Stop Ecocido España, que fue cofundada en 2017 en Reino Unido por la abogada y pionera jurídica Polly Higgins y por Jojo Mehta, su actual directora ejecutiva.

En España comenzó oficialmente a finales de 2019, en ambos casos “con un solo objetivo, que es conseguir que el ecocidio se convierta en un crimen de la Corte Penal Internacional”.A su juicio, “es importante contar con este tipo de plataformas porque ahora, más que nunca, hemos de hacer lo posible para evitar y detener la devastación de la naturaleza y proteger así el futuro de la vida en la Tierra”.

“Todo lo que no está prohibido, está permitido y, en estos momentos, no hay ninguna ley internacional que establezca como delito el causar un grave daño a los ecosistemas”, afirma, apostando por crear esta ley “para reordenar nuestra relación con el mundo natural del que, además, formamos parte”. “Destruir el medio ambiente significa destruirnos a nosotros mismos”, sentencia Mompó.

“Todo lo que no está prohibido, está permitido y, en estos momentos, no hay ninguna ley internacional que establezca como delito el causar un grave daño a los ecosistemas”, Stop Ecocidio.

El término ecocidio fue utilizado públicamente por primera vez en la Cumbre de Estocolmo de 1972. Lo hizo el primer ministro sueco Olof Palme. Cuando en los años 90 se estaba creando la Corte Penal Internacional para juzgar los crímenes más execrables que se puedan cometer, el ecocidio figuraba entre estos crímenes “universales”. Sin embargo, debido a la presión de varias potencias económicas, fue eliminado del borrador final del Estatuto que rige este Tribunal.

Así pues, apunta Mompó, “nos encontramos envueltos en una dinámica mundial en la que, puesto que no es ilegal causar un grave daño al medio ambiente, las empresas que realizan actividades ‘ecocidas’ actúan con una impunidad prácticamente absoluta”, por lo que, desde Stop Ecocidio “trabajamos para que este crimen ocupe el lugar que le corresponde ética y jurídicamente, como un crimen contra la paz y la seguridad mundiales, tipificado junto al genocidio, los crímenes de guerra y los crímenes contra la humanidad”.

En su opinión, el hecho de que juristas de renombre especializados en derecho internacional y ambiental hayan llegado a un consenso en cuanto a en qué debe de consistir el crimen de ecocidio “ya representa un gran avance”.

“Ahora este texto ya puede ofrecerse a los Estados parte del Estatuto de Roma para que lo utilicen en la creación formal de este nuevo crimen y esperamos que, en la próxima Asamblea anual de diciembre, se proponga la necesaria enmienda al Estatuto para introducirlo”, explica Mompó.

Asimismo, añade que “la creación de este nuevo crimen universal depende de la voluntad política que haya de crearlo por parte de estos Estados y, por ello, la sociedad civil también ha de estar presente presionando a nuestros gobernantes para que se consiga este cambio esencial en la legislación internacional”.

Imprescindibles cambios en la sociedad

En cuanto al plazo de tiempo que puede pasar antes de que el delito de ecocidio acabe incorporado a la legislación internacional de forma oficial, Mompó indica que “mínimo serán tres o cuatro años desde que se hace la propuesta de enmienda, se discute, se aprueba y entonces, se ratifica por los Estados parte del Estatuto de Roma” y, añade, “aunque puede parecer mucho tiempo, es necesario ese margen temporal para que las empresas cambien su forma de actuar e inviertan en actividades que no causen este daño masivo a los ecosistemas”.

“Si queremos asegurar un futuro para la vida en el planeta, tal y como la conocemos, no queda otro camino”, asevera, alertando de que “los seres humanos formamos parte de esta cadena de la vida, somos interdependientes y ecodependientes del resto de seres vivos, y continuar por este camino de destrucción implica un suicidio como especie”.

“La gran crisis climática y de biodiversidad que padecemos nos lo recuerda a cada minuto”, recalca la responsable de Stop Ecocidio en España.

La creación de una ley internacional que prohíba el grave daño extenso o duradero al medio ambiente ha de ir necesariamente acompañada de un cambio radical en las sociedades.

A nivel tanto internacional como nacional, esta Plataforma defiende una máxima: la creación de una ley internacional que prohíba el grave daño extenso o duradero al medio ambiente ha de ir necesariamente acompañada de un cambio radical en las sociedades”, haciéndolas más ecológicas y socialmente justas de forma que, por ejemplo, “se priorice el ahorro de energía, se consuman alimentos de cercanía libres de tóxicos, se cuide de verdad el entorno con la fabricación y consumo de productos biodegradables o se potencie la economía circular y el decrecimiento, porque está en juego nuestra supervivencia como especie”, señalan desde Stop Ecocidio.

A su juicio, “la esperanza está en que una parte de la población está despertando a esta realidad y quiere cambiar y está dispuesta a aprender una nueva forma de vivir”, sin embargo, “también es cierto que vamos contra reloj y se nos está acabando el tiempo de respuesta para un cambio verdadero de consciencia que ha de llegar a todos los rincones y que tiene que hacer reflexionar a todas las personas”, afirma Mompó.

La mala noticia, asevera, es que, en estos momentos, este tema no es tratado como debería por los grandes medios de comunicación, por lo que es fundamental “romper esta barrera y hablar de ello abiertamente”.

“Para el cambio de rumbo de la humanidad necesitamos el cambio en las leyes, de ahí la creación del crimen de ecocidio, pero también un cambio de consciencia que ponga la vida en el centro”, remarca, porque “si pensamos en nuestros hijos y nietos, ponemos la vida en el centro”. “Ahora tenemos que materializar este pensamiento adecuándolo al papel que cada persona tiene en la sociedad”, reflexiona.

Debemos preguntarnos ¿qué puedes hacer tú por el futuro de tus hijos si eres abogado o si tienes una empresa, o si eres periodista o si eres profesor…? “Porque no podemos olvidar que el bienestar ambiental está directamente relacionado con el bienestar social. Cada persona tiene su papel para cambiar el mundo. Pongámonos a ello sin dilación”, concluye la experta.

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