‘Basuraleza’, la contaminación de domingueros que afecta a los espacios naturales

El estudio ‘Ciencia Libera’ realizado en colaboración con el CSIC en 140 Áreas Importantes para la Conservación de las Aves y la Biodiversidad (IBA) alerta de que la contaminación difusa, asociada a la actividad humana y al abandono y gestión inadecuada de residuos de todo tipo, podría estar afectando a la práctica totalidad de los espacios naturales del país, incluyendo áreas protegidas. Para luchar contra este tipo de contaminación -la ‘basuraleza’- nace en 2017 el proyecto Libera con el fin de frenar sus consecuencias en los diferentes ecosistemas españoles de la mano de Ecoembes y la ONG ambiental SEO/BirdLife.

El objetivo de este proyecto es concienciar y movilizar a la ciudadanía para mantener los espacios naturales libres de basura y “liberar mucha más vida en favor de la biodiversidad”. Libera plantea “un abordaje integral del problema”, según señalan sus responsables, basándose en tres ejes de acción claves: conocimiento, prevención y participación.

El análisis científico de este problema ambiental es otro de los objetivos de esta iniciativa y lo que ha hecho posible el estudio Ciencia Libera. Análisis de la contaminación difusa en los espacios naturales, realizado en colaboración con el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CISC), y que ha analizado químicamente la presencia de 119 contaminantes que destacan por su alto nivel de toxicidad, y su potencial efecto negativo sobre hábitats y especies, en aguas, suelos y sedimentos. Este es el primer análisis a gran escala realizado en España para determinar el alcance de la contaminación difusa en el medio natural.

Este tipo de contaminación se acumula a partir de abundantes fuentes de contaminación puntual, que incluyen, en un lugar preferente, a lo que se conoce como basuraleza, la basura abandonada en el campo.  A partir del análisis de más de 49.000 datos extraídos de más de 2.500 muestras, el estudio concluye que la presencia de esta contaminación difusa “podría estar afectando al conjunto del patrimonio natural español”.

Este es “un paso más en el trabajo que realiza el proyecto Libera para aportar conocimiento en torno al impacto que supone el abandono de basura en la naturaleza, un fenómeno conocido también como littering o basura dispersa”, explican los responsables del estudio, que ha sido realizado por técnicos de SEO/BirdLife en colaboración con el Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua del CSIC (IDAEA-CSIC) y el Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC-CSIC).

Estudiar el impacto de la basuraleza

Para que los resultados fueran representativos se seleccionaron un total de 140 Áreas Importantes para la Conservación de las Aves y la Biodiversidad (IBA, en su acrónimo en inglés), de las 469 identificadas en España, con una distribución homogénea, tanto por ecosistemas como por regiones, en las que se tomaron un total de 2.595 muestras diferentes.

El estudio ha analizado, a nivel químico, la presencia de estos 119 contaminantes seleccionados por su toxicidad en las 140 IBA analizadas, de las que 94 han sido declaradas Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA), dentro de la Red Natura 2000; tres ubicadas en Parques Nacionales (Islas Atlánticas, Cabañeros y Picos de Europa), y 29 en parques naturales, incluyendo Delta de L’Ebre, L’Albufera de Valencia, Doñana y Mar Menor.

El trabajo también ha medido la presencia de meso y microplásticos en las mismas zonas, así como su asociación con la presencia de basura abandonada en el entorno, unos análisis que se han llevado a cabo con la colaboración de las entidades Paisaje Limpio, Vertidos 0 y Hombre y Territorio.

En total, se han analizado 411 muestras de agua, que han dado lugar a 24.249 datos; y 280 muestras entre suelos y sedimentos, que han generado 16.520 datos sobre contaminantes químico-orgánicos. Por otro lado, se ha comprobado la presencia de 31 metales en muestras de sedimentos y suelos de las 140 IBA, generando 4.340 datos por cada tipo de matriz. Todo esto ha supuesto el análisis de casi 49.500 datos.

“Gracias a ello, la comunidad científica y las Administraciones públicas cuentan con una nueva herramienta para poner en marcha estudios que permitan evaluar cómo estos contaminantes están afectando a la flora, la fauna e incluso a la salud humana”, apuntan desde las entidades implicadas en el estudio.

Un problema de salud pública

“Teníamos claro que era necesario emprender un estudio de estas características para confirmar los datos que ya estábamos viendo en los trayectos a pie que realizamos en Libera desde hace cuatro años: que estamos ante un problema ambiental y de salud pública generalizado y, por tanto, de primer orden, que requiere de soluciones sobre el terreno, de seguimiento para comprobar cómo evoluciona y de mucha más investigación”, destaca la directora ejecutiva de SEO/BirdLife, Asunción Ruiz, que alerta de que los resultados de este estudio “revelan los síntomas de una enfermedad grave”.

“El sistema insostenible de producción y consumo lineal en el que vivimos no solo arrasa los recursos naturales, sino que los contamina. Por eso, urge un cambio de modelo donde la responsabilidad, la eficiencia, la sostenibilidad y el respeto por nuestra riqueza natural se impongan al resto de valores que integran la cadena de producción y consumo”, añade Ruiz, que apuesta por “avanzar de forma rápida hacia la circularidad y abrir, sin miedos, el debate sobre el cuánto y el cómo consumimos”.

Por su parte Oscar Martín, consejero delegado de Ecoembes, señaló durante la presentación de los resultados del estudio que otro de los objetivos de este es “activar a todos los agentes implicados, públicos y privados, a ser parte de la solución al problema de la basuraleza, y en última instancia, a nosotros mismos como consumidores y agentes de cambio”.

“Tenemos que adoptar una posición activa para reducir nuestra generación de residuos, escogiendo opciones de compra que permitan la reutilización o su minimización y, por último, y tal como marca la jerarquía de residuos, reciclar de forma adecuada los que generamos, que deberían ser cada vez menos”, remarcó el responsable de Ecoembes.

Según explica Octavio Infante, responsable del Programa de Conservación de Espacios de SEO/BirdLife y uno de los investigadores del estudio, en agua se encontraron contaminantes en el 97,1% de las IBA. Solo cuatro de los espacios analizados estaban libres de contaminación. Del total de las 140 IBA estudiadas, el 22% (32 espacios) presentaban una suma de más de 5000 ng/L (nanogramos/litro) de contaminantes en agua, lo que indica un fuerte impacto por contaminación.

Entre los contaminantes analizados en el estudio se encuentran los fármacos (entre ellos, cafeína y nicotina); los retardantes de llama (OPFR, por sus siglas en inglés), empleados habitualmente en productos de origen plástico y que llegan al medio natural por la lixiviación, y que se han hallado en el 70% de las muestras, entre ellos la benzofenona, frecuente en productos plásticos y cosmética solar, y los plaguicidas, que se han detectado en el 57% de las muestras (los más presentes son el clortoluron, el clorpirifós, recientemente prohibido, y el isoproturon).

En suelo, todas las muestras analizadas (140 en total) detectaron algún tipo de contaminante: OPFR, relacionados con el vertido de basura plástica (el más frecuente de esta familia es el ppp-TCP, que se utiliza para la fabricación de barnices, lacas y como plastificante, y presente en el 45% de las muestras), ftalatos, plastificantes que se emplean como aditivos para la fabricación de plásticos para aportar flexibilidad,  hidrocarburos aromáticos policíclicos (PAH por sus siglas en inglés), detectados en un 71% de las muestras y en zonas donde hay vertidos de petróleos o quema de combustibles fósiles asociados a agricultura, tráfico o actividad industrial entre otras, y plaguicidas (27% de las muestras), de uso muy extendido hasta su prohibición en 2020.

Respecto a las 140 muestras de sedimentos, el perfil de contaminación es similar al de los suelos y, de nuevo, el estudio no encuentra ni una sola IBA de las 140 analizadas sin la presencia de algún tipo de contaminante. Un total de 27 de las IBA analizadas presentaban valores superiores a los de riesgo, 5.000 ng/g.

Algunos de los resultados más preocupantes de este estudio científico, según sus autores, es la persistencia de contaminantes prohibidos desde hace mucho tiempo. En concreto, los análisis químicos de suelo y de sedimento revelan cómo han perdurado en el medio productos en desuso desde hace décadas, como los Bifenilos Policlorados (PCB), que se emplearon masivamente en España en los años 70 como aislantes para equipos eléctricos como transformadores, interruptores, condensadores o termostatos; y de los pesticidas organoclorados (conocidos como DDT), utilizados a gran escala entre 1950 y 1980. Ambos fueron prohibidos en España en 1994. En cuanto a los metales pesados, estos se encuentran en niveles anormalmente altos, y por encima de los umbrales asociados con un riesgo ambiental elevado, en al menos 13 de las IBA estudiadas (un 9,4%).

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<p>Toma de muestras del estudio 'Ciencia Libera'.</p>

Toma de muestras del estudio 'Ciencia Libera'.

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<p>Trabajo de laboratorio del estudio 'Ciencia Libera'. Fotos: Marta Pérez.</p>

Trabajo de laboratorio del estudio 'Ciencia Libera'. Fotos: Marta Pérez.

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Investigación para pasar a la acción

Los datos del estudio Ciencia Libera alertan de la necesidad de una mayor investigación en el campo de la contaminación difusa, no solo para conocer más sobre el alcance de esta problemática, sino también para poder realizar un adecuado seguimiento de las medidas que se adopten para ponerle freno. La idea del Proyecto Libera es, precisamente, crear un observatorio de la evolución de la basuraleza en España “que oriente acciones y políticas en materia de restauración de biodiversidad, actuando sobre el terreno, y recuperando y descontaminando espacios de alto valor natural”, recalcan sus responsables.

“Otras acciones que pueden contribuir a atajar la ubicuidad de la contaminación difusa es establecer una plataforma que integre todos los datos recabados en el terreno mediante criterios estandarizados científicamente, y del que puedan emanar políticas y acciones en cada una de las potenciales fuentes generadoras de basuraleza, que prácticamente implican a todos los sectores productivos”, indica desde SEO/BirdLife Ruiz.

Responsabilidad de los sectores implicados

El estudio también hace un llamamiento a la responsabilidad de aquellos sectores productivos que emplean los contaminantes definidos en el estudio, animándoles, entre otras cuestiones, a apostar por la innovación, el ecodiseño y el uso de materiales inocuos para el medio ambiente y fomentando, siempre que sea posible, la reducción, reutilización y reciclaje en todos sus procesos, algo que “resulta fundamental”. Aunque el nuevo marco normativo sobre residuos deba hacerse con rapidez, “la proactividad de los sectores será determinante para poder avanzar a mayor velocidad aún”, apuntan desde Libera.

Asimismo, los ciudadanos “deben adoptar una posición activa, escogiendo opciones de compra que permitan la reutilización y minimicen la generación de residuos; y, cuando no quede más remedio, reciclando de forma adecuada”. También, y siempre que sea posible, “es muy importante la elección de productos libres de agentes potencialmente contaminantes, como los descritos en el estudio, una vía más para contribuir a la solución de este problema generalizado en nuestros espacios naturales”, agregan.

El estudio refleja otra cuestión ambiental clave y que incluso ha motivado una sanción a España por incumplimiento de la normativa ambiental: el tratamiento de aguas residuales en las aglomeraciones urbanas y, de forma asociada, el desafío que supone la correcta gestión de residuos como las toallitas o los fármacos, además del uso masivo de pesticidas.

Junto a la responsabilidad que ha de asumir los sectores productivos en toda su cadena de valor, “la inyección de fondos públicos destinados a restauración y el saneamiento de aguas que recoge el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, y el Pan Estratégico que España elabore en el marco de la futura Política Agraria Común, pueden orientar parte de las políticas activas para abordar la problemática de la contaminación difusa que describe este estudio”, añaden sus autores.

<p>El Proyecto Libera ha movilizado ya a más de 72.000 voluntarios. Foto: Libera.</p>

El Proyecto Libera ha movilizado ya a más de 72.000 voluntarios. Foto: Libera.

Actuar para ‘liberar’ la naturaleza

Desde su puesta en marcha en 2017, el Proyecto Libera ha movilizado ya a más de 72.000 voluntarios que han contado con la colaboración de unas 1.100 organizaciones y colectivos, entre ellos, la Fundación Reina Sofía, la DGT, Paisaje Limpio o Vertidos Cero, con el objetivo de sensibilizar a todos los públicos.

Además, a través de las apps eLitter y Marnoba, estos voluntarios y colaboradores han recogido y caracterizado cerca de 300.000 objetos de más de 2.700 puntos de todo el territorio nacional, que se han integrado en la base de datos del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (Miteco).

Libera convoca además tres campañas al año para fomentar la ciencia ciudadana a través de recogidas en diferentes entornos para que los voluntarios salgan a localizar y catalogar la basuraleza que encuentran en diferentes entornos.

Los ciudadanos se pueden unir a un punto de recogida que ya esté organizado en las diferentes campañas activas, o bien organizar una nueva creando un usuario y un nuevo punto de recogida.

Además, Libera convoca una gran recogida colaborativa anual de ámbito nacional para “liberar” a la naturaleza de la basura que otros han tirado o no han retirado, 1m² contra la basuraleza, que el pasado mes de junio ponía en marcha su quinta edición.

Se trata de una convocatoria que ofrece a cualquier ciudadano interesado salir al monte, a la playa, a su zona más cercana para intentar reducir este “problema ambiental sigiloso”, que afecta, cada vez más, a los entornos naturales.

En esta nueva edición se actuó sobre unos 1.100 espacios naturales de todo el país, en los que se recogieron un total de 114 toneladas de residuos abandonados tanto en entornos terrestres, como fluviales y marinos de todas las provincias españolas. Participaron más de 10.000 voluntarios, organizados en grupos limitados, siguiendo las medidas de seguridad sanitarias.

La cita contó, un año más, con la presencia de la Reina Sofía, que participó en la recogida del Soto de las Juntas (Madrid), y el apoyo de entidades científicas, educativas y divulgativas como Cruz Roja, Oceánidas, ANSE, Alnitak, Adenex o Promemar.

Este año la pandemia ha sumado otros enemigos ambientales con los que nadie contaba antes de 2020, otra variante de basuraleza, que los voluntarios de esta campaña han encontrado a cada paso en sus salidas de campo: las mascarillas, los guantes y otros elementos de protección de un solo uso, según advierte Miguel López, de SEO/Birdlife.

“Estos nuevos residuos, además de los ya habituales, suponen una doble amenaza: por un lado, perjudican gravemente los ecosistemas naturales y repercuten de forma directa e indirecta en su fauna y su flora, y por otro, agravan la calidad de vida de las personas al generar una contaminación que llega al ser humano a través del agua, de la comida o del aire”, añade López.

Como novedad, este año se ha creado una nueva herramienta de seguimiento y análisis: la app Basuraleza gracias a la que los voluntarios que participan en las limpiezas pueden aprender en qué contenedor va cada residuo y registrar los ya recogidos dentro de la aplicación, sirviendo de apoyo a la hora de realizar bases de datos sobre los residuos encontrados, como el Barómetro de la ‘basuraleza’ que elabora  Libera gracias a los datos obtenidos en las campañas de ciencia ciudadana organizadas en los diferentes entornos a lo largo de todo el año.

Además, y para incentivar la participación, esta app ofrece recompensas según se van consiguiendo retos en las recogidas de basuraleza a través de B-leza y los B-bots, unos robots virtuales encargados de ayudar al usuario en su clasificación de residuos.

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