Vivir del monte: una nueva ecología

En todo el mundo existen más de 10 millones de hectáreas de árboles certificadas (el 5% del total de bosques), un modelo que se está implantando progresivamente ya que no sólo implica beneficios económicos sino que también conlleva el cuidado del entorno, pues la gestión sostenible favorece la continua explotación de los recursos. En España, Castilla y León es una de las Comunidades Autónomas abanderadas de este modelo ‘responsable’ por lo que las autoridades de la zona demandan un mayor reconocimiento de su actividad.

La Comarca de Pinares, situada entre las provincias de Soria y Burgos, cuenta desde el pasado 19 marzo con el primer Bosque Modelo de la Península Ibérica, el segundo que se implantó en Europa después de que en 2005 Suecia se convirtiera en la pionera en integrarse en una red mundial que agrupa territorios forestales que pretenden ser «modélicos» en su gestión.

Esta iniciativa, que surgió en Canadá en 1992, se ha ido extendiendo voluntariamente por todo el mundo donde ya existen cerca de 45 territorios en una veintena de países, distribuidos principalmente en América Latina, Asia y África.

El ‘Bosque Modelo’ de España cuenta con el apoyo de cerca de 80 entidades, un proyecto en el que «probablemente» participen las cajas de ahorro y las empresas de la zona, que han mostrado su «interés» en la iniciativa, según explica el asesor de la Dirección General del Medio Natural de la Junta de Castilla y León, Álvaro Picardo. «Queremos crear la figura de ‘Amigos del Bosque Modelo’ para animar al sector empresarial a participar», señaló Picardo que reveló que, «por el momento», no hay intención de crear más bosques en la Península.

No es de extrañar que la Junta albergue el primer bosque en la Península de estas características ya que Castilla y León cuenta con un total de 460.000 hectáreas certificadas. El sector forestal genera en esta comunidad unos beneficios cercanos a los 1.600 millones de euros anuales y 22.000 empleos, con un total de 2.300 empresas relacionadas directamente con el sector forestal.

Según los últimos datos disponibles facilitados por el Centro de Servicios y Promoción Forestal y de su Industria de Castilla y León (CESEFOR), esta comunidad almacena en sus bosques 117 millones de toneladas de CO2, el doble del consumo de energía eléctrica de toda España en el último año en toneladas de CO2 equivalentes. La fijación anual neta –la diferencia anual entre el crecimiento, las cortas, las muertes naturales y los incendios en los bosques de Castilla y León– es de alrededor de 12 millones de toneladas de CO2 anuales, que es 1,5 veces la producción eólica española anual.

Asimismo, teniendo en cuenta que los derechos de emisión asignados a la región son de 48 millones de toneladas para el trienio 2005-2007, la fijación anual de los bosques asume el 75% de las emisiones asignadas a la comunidad. En el caso de la Comarca de Pinares, la producción en madera de una hectárea de sus pinares equivale a contrarrestar las emisiones anuales de un vehículo medio (que emite 180 gr. CO2/km recorrido).

A estos datos hay que añadir que los productos de madera (postes, forjados, ventanas, etc) permiten mantener el carbono fijado por los árboles. En el caso de las ventanas, los expertos afirman que, si se fabricaran con madera en vez de con aluminio, «estaríamos absorbiendo las emisiones totales de más de 300.000 personas».

El Director General del Medio Natural de la Consejería de Medio Ambiente de Castilla y León, Mariano Torre, destacó este papel de «sumidero» que la madera juega y el hecho de que transformar esta materia prima «en muebles, parqué u otros productos» favorece que el CO2 no se revierta a la atmósfera durante «muchísimo tiempo».

Torre recordó también que los bosques españoles captan aproximadamente 75 millones de toneladas de CO2, lo que supone cerca de «dos quintas partes» de los derechos de emisión con los que cuenta España para cumplir con el Protocolo de Kioto. «Estamos hablando de una cantidad muy importante de captación del carbono que todos emitimos a la atmósfera, no sólo la industria, sino en nuestra vida cotidiana», concretó.

‘VIVIR CON MADERA’. Con el propósito de que el consumidor final aprecie el uso de la madera se ha puesto en marcha el programa ‘Vivir con madera’, iniciativa liderada por la Confederación Española de Empresarios de la Madera (CONFEMADERA) que se enmarca dentro de la ‘Estrategia Europea de la Madera Roadmap 2010’, un plan de acción vigente hasta 2010 por las industrias europeas de la madera que pretende promocionar este producto como uno de los materiales lideres en construcción, decoración e interiorismo.

La presidenta del proyecto, Pilar Calvo, destacó como objetivos de esta iniciativa «el dar a conocer» la madera como un material «sano, biodegradable, reutilizable y renovable, puesto que a pesar de ser un elemento cercano es un gran desconocido para la mayoría del gran público». Entre otros beneficios, Calvo coincidió con Torre en el papel de esta materia prima en la lucha contra el cambio climático, al mismo tiempo que subrayó el hecho de que a la hora de manipular y mecanizar la madera «se utiliza muy poca energía», en comparación con la manipulación de otros productos como el hormigón o el aluminio.

La presidenta de ‘Vivir con Madera’ se mostró satisfecha con «la buena acogida» de la iniciativa y con el hecho de que, dentro de sector maderero, tanto las diferentes entidades, como los organismos y empresas, «se hayan movilizado y concienciado». «Es la primera vez en España que se hace un proyecto de esta envergadura y con esta participación empresarial», recordó.

Por su parte, el ingeniero de montes y vicepresidente de ‘Vivir con Madera’, Carlos Navarro, quiso dejar claro que el consumo de madera y la gestión sostenible de las montes y bosques «conserva el monte» y es beneficioso para éste. Además, Navarro subrayó «la necesidad de mecanizar» los procesos de aprovechamiento de los montes introduciendo máquinas que sustituyen la labor de las cortas manuales de antaño, puesto que no hay gente «que quiera trabajar en el medio forestal».

Navarro explicó el procedimiento de la primera clara, que en el caso del pino silvestre se realiza a los 40 años, y que consiste en eliminar los árboles peor situados que no van a sobrevivir de manera de modo que, al eliminar a la competencia más directa, se proporciona «suficiente espacio» a los árboles dominantes cuya madera será «de calidad» para la fabricación de muebles y la construcción.

El experto apuntó que las máquinas empleadas en estos procesos son de «origen nórdico» y llevan a cabo una labor que antes se hacía de forma manual. «Una máquina procesadora sustituye el trabajo de seis u ocho trabajadores que constituyen una cuadrilla», explicó.

DEMANDA DEL CONSUMIDOR. Según el Sistema Español de Certificación Forestal PEFC España, en todo el mundo hay un 7% de bosques certificados, cifra que en Europa alcanza el 49,6%, muy lejos del 3,4% que posee España. El Sistema PEFC se instauró en nuestro país en 1999 y sus primeras certificaciones datan de junio de 2002. En los últimos dos años se ha experimentado un aumento notable de certificaciones forestales, alcanzando un total de 972.000 hectáreas.

En España, el 96,5% de las certificaciones forestales llevan el sello PEFC, que garantiza también el proceso sostenible de trazabilidad de la madera en su paso por la industria, conocido como la ‘Cadena de Custodia’, que comenzó a implantarse en nuestro país en 2003. El sello está presente en más de un centenar de empresas, concentrándose en el País Vasco más de la mitad de las certificaciones.

«La certificación de la madera es una forma de garantizar a la ciudadanía que las industrias son realmente respetuosas con el medio ambiente», explica el jefe del área forestal de CESEFOR, Félix Pinillos, que afirma que la certificación también avala que en el monte del que se extrae la madera se cumplen las «normas internacionales» existentes que garantizan y certifican una gestión forestal sostenible. El experto hizo hincapié en la necesidad de que la sociedad vea la madera como «una materia prima natural y renovable» y que se dé cuenta de que su consumo ayuda a mantener «no sólo el medio ambiente sino el medio social de zonas rurales».

Entre los principales requisitos que posibilitan esta certificación de la madera, Pinillos enumera el cuidado de «los recursos y las especies protegidas» y el respeto a la «multifuncionalidad» de los montes, en alusión a su potencial para cumplir funciones ecológicas, económicas y sociales.

En definitiva, apunta Pinillos, se trata de «una forma de mejorar de manera continua», ya que no deja de ser un «examen» que el gestor del monte debe pasar pues una «tercera parte independiente», conformada por auditores externos cualificados para realizar esa revisión de los elementos de planificación del bosque con los que se cuenta, acreditan que se cumplen las normas y se hacen «las cosas tal como están puestas en el papel».

DESARROLLO RURAL Y PREVENCIÓN. Cerca de la mitad de la población de la Comarca de Pinares vive y trabaja del aprovechamiento del bosque y de los productos derivados de éste. El responsable de la Consejería de Medio Ambiente de la provincia de Soria, José Antonio Lucas, señaló que el sector de la madera es «fundamental» en la generación de empleo en la Comarca e indicó que el papel que juega esta materia prima en la zona es «vital para la identificación de la gente con los bosques y montes que la pueblan».

En este sentido, Lucas destacó que es «la gente joven» la que se queda trabajando en las empresas.

«La gran suerte de esta zona es que es de la pocas zonas rurales, no sólo de Castilla y León sino de España, donde se está manteniendo e incluso está creciendo la población rural», subrayó.

Lucas apuntó que este hecho ha favorecido la creación y extensión de una industria «en torno al sector de la madera y de los productos derivados del bosque», conformada por muchas empresas familiares, «en su mayoría pequeñas y medianas empresas», lo que ha propiciado que «la gente joven y sus hijos se queden en los pueblos, que haya escuela y que se genere una actividad, complementada en verano con todas la visitas turísticas».

En el caso de las provincias de Soria y Burgos hay total de 112 aserraderos que generan de media ocho empleos directos fijos por cada 100.000 m3 de materia prima utilizada. En la Comarca de Pinares destaca el trabajo llevado a cabo por Interbon (con una facturación cercana a los 100 millones de euros el año pasado y cerca de 350 trabajadores), Ribsa (que en 2006 alcanzó los 3,4 millones de facturación con una plantilla de 40 trabajadores) o Uesmadera, situada en Quintanar de la Sierra (Burgos), creada junto la empresa Proesmadera. Ambas emplean a 80 personas, la mitad de ellas mujeres.

Pero el compromiso social de los vecinos de esta Comarca con sus montes también se traduce en el número de catástrofes naturales causado por los incendios, inferior al de otras Comunidades Autónomas.

Lucas destaca que es «la gran participación social» la que favorece la prevención de incendios de la zona, ya que «todos los habitantes», tanto los propietarios de masas forestales como los no propietarios, «están interesados en que el bosque se mantenga».

En este sentido, Lucas explicó que unos tienen intereses «por los beneficios económicos directos», y otros, «por los usos» que generan los bosques, tanto a nivel medio-ambiental como a nivel social.

El experto recordó que siempre que se da «cualquier problema, conato o incendio, todos los vecinos y ciudadanos de la provincia participan al máximo», como los Ayuntamientos, la Administración y la Diputación de Soria, que recientemente ha creado unos «parques de bomberos voluntarios». «Cuando algo funciona es porque se aglutinan una serie de factores y trabajamos todos en consonancia ya que a nadie le interesa que el bosque arda», matizó.

Respecto a la prevención, Lucas señaló que es «fundamental» la prevención activa en sí, que supone «estar trabajando todo el año» con el fin de que las masas forestales sean «lo menos peligrosas posibles» de cara al verano. A lo largo de 2007, trabajarán en la Comarca un total de ocho cuadrillas haciendo «tratamientos selviculturales» y realizando la «limpieza de los bosques».

Lucas explicó que «esas mismas personas» son las que durante los tres meses del verano hacen «de retén de incendios».

Asimismo, la provincia cuenta con un sistema «muy eficaz» de prevención de incendios, conformado por un total de 33 emisoras o repetidores, conocidas en la Comarca como ‘torretas’, para que se detecten los fuegos o conatos «lo más rápido posible» y se pueda programar el envío de «medios aéreos, motorizados y humanos». Lucas indicó que las ‘torretas’ están situadas de manera que cualquier fuego o humo sea visible desde dos o tres repetidores simultáneamente. «Un incendio no se produce si llegas a tiempo y lo controlas», sentenció.

POCOS HABITANTES, POCOS VOTOS. De cualquier manera, el Director General de Medio Natural de la Consejería de Medio Ambiente de Castilla y León, Mariano Torre, destacó que «los presupuestos van donde la sociedad pide que vayan» y resaltó que si la ciudadanía «quiere y exige bosques se invertirá en ellos». Hay determinadas zonas de España que «apuestan» y cuentan con un alto nivel de inversión en bosques, pero que «no es suficiente».

Torre apuntó que si los efectos de los bosques «no son locales, sino nacionales e incluso universales», no son los ciudadanos locales «los que deben financiar eso».

«Deberíamos tomar conciencia de que los bosques no son responsabilidad de la gente que vive en ellos y de la gente que los cuida y los protege, sino que son responsabilidad de toda la sociedad», precisó.

En la misma línea se expresó el Jefe del Servicio Territorial de Medio Ambiente de Burgos, Gerardo Gonzalo, al denunciar que «hay pocos habitantes en el medio natural y éstos dan pocos votos». Por su parte, el alcalde de Canicosa (Burgos), Ramiro Ibáñez, lamentó la falta de «contenidos económicos». «Sobre el papel todo es perfecto pero a la hora de la verdad no se hace todo lo que nos gustaría ver», lamentó. «Todo está empezando a andar pero falta una apuesta económica fuerte», solicitó.

Ambos responsables hicieron alusión a la propuesta, formulada hace un año, sobre la posibilidad de que, del mismo modo que se aplica el principio de que ‘el que contamina, paga’, debiera aplicarse el principio de que «los que preservan el Medio Ambiente, deberían obtener algún tipo de compensación económica».

Por Laura M. Carrera