Permicro, microfinanzas europeas con impacto

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Permicro es una entidad italiana nacida en 2007. Su finalidad es dar microcréditos a familias y pequeños negocios, acompañándolos de cierta formación financiera.

Sus prestatarios son los que normalmente no obtendrían financiación del sistema bancario tradicional. Permicro no les pide garantías y ofrece condiciones financieras transparentes y justas; se apoya en las asociaciones, parroquias y otros organismos sociales que conectan con los beneficiarios. Esta iniciativa apuesta por la sostenibilidad a medio plazo, los fines éticos y un modelo organizativo eficiente. Nace en Turín pero hoy ya se extiende por doce regiones Italianas diferentes y piensa seguir creciendo. Andre Limone, su administrador delegado, cuenta en esta entrevista la historia de la intervención de los Venture Philanthropists y otros socios en Permicro.

¿Cómo nace Permicro y qué consecuencias tiene para la empresa la intervención de los Venture Philanthropist?

Permicro comienza a operar con un capital inicial de 100.000 euros, y pronto cuenta con el apoyo de Oltre (Venture Capital Sociale) y Fondazione Paideia, que creen en la idea. Yo al principio era más idealista, tenía un discurso más social, y los inversores me han dado una visión complementaria que nos ha permitido crecer. Desde el 2008 al 2011 han ido entrando diferentes socios permitiendo el crecimiento de la entidad desde los 4 créditos que dimos en 2007 hasta los 747 concedidos hasta 2011, más de 4 millones de euros. La aportación total a nuestro capital ha superado los 6 millones de euros, pero eso no ha sido lo único importante.

Oltre se preocupaba de que los nuevos socios nos ayudaran a trabajar en la consolidación, y es en 2011 cuando comienza esta etapa. Entran entonces dos entidades relevantes, Fondazione Giordano dell Amore y BNL, que es para nosotros un socio industrial definitivo.

¿Cómo se ha transformado la entidad con la entrada de estos socios?

En primer lugar cambiamos nuestros órganos de gobierno. Tenemos un comité ejecutivo en el que están representados nuestros principales inversores, y un comité de créditos que nos ayuda a la hora de decidir la concesión y los grandes acuerdos comerciales.

Aquí se nota el consejo de los que ya conocen el sector. BNL es más operativo, entra más en el negocio, y positivamente, lo toman como algo propio pero respetando nuestra finalidad y objetivos.

Los inversores pedían garantías y el modo de dárselas ha sido hacerles participar en el consejo. Estas instituciones complementan muy bien la idea emprendedora, aportan instrumentos e ideas prácticas.

¿Cómo resumiría su experiencia con el Venture Philanthropy?

Yo diría que hemos conseguido un diálogo entre dos mundos: el social y el financiero. El presidente aporta una visión más práctica y financiera y yo una más social. Al principio era difícil pensar que esto fuera posible, pero el acercamiento ha sido muy beneficioso personal e institucionalmente.

¿Qué consejo le daría a otro emprendedor social como usted con respecto al tema?

Qué hay que creer y poner fuerza e imaginación, además de tener algo de suerte. Yo encontré a mis socios por suerte. Yo tenía la inquietud y ellos encontraron en mí la posibilidad. Hay que buscar en cualquier lado, no tener prejuicios.

Se encuentra ayuda hasta en los sitios más inesperados. Al principio hay que mirar más al objetivo que al modo. En definitiva para todos los que van a embarcarse en aventuras con un Venture Philanthropy, ¡suerte, qué merece la pena!

Por Catalina Parra, Kristin Majeska y Lisa Hehenberger
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