“Unimos retornos financieros, sociales y ecológicos”

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Root Capital es un fondo de inversión social de carácter no lucrativo cuyo fin es impulsar el desarrollo de entornos rurales pobres y medioambientalmente vulnerables de África y Latinoamérica. Lo hace mediante préstamos de capital, educación financiera y acciones de fortalecimiento entre los mercados y los pequeños agricultores que van haciendo crecer sus negocios.

Hasta final de 2012, Root Capital ha otorgado 489 millones de dólares en créditos a 421 prestatarios, abarcando indirectamente a 2,9 millones de personas. Root Capital ha conseguido una tasa de devolución del 100% del capital para sus inversores y un recobro del 98% de sus clientes, agricultores y Pymes, prestatarios.

Así lo cuenta Catherine Gill, vicepresidenta de Relaciones con los Inversores, responsable de la captación de fondos para deuda y subvenciones de Root Capital. Con anterioridad, fue directora de la división de Capital Partners del Nonprofit Finance Fund (NFF). Catherine es MBA por IESE, Barcelona, y BA por el Wellesley College.

¿Cómo despegó Root Capital?

Primero Willy Fulbrigt llegó con la idea y un business angel, que también era filántropo, aportó el capital fundacional para financiar el arranque. Él hizo también algunas de las primeras inversiones. Este filántropo entendió bien nuestro modelo de negocio desde el origen y, todavía hoy, sigue activamente implicado con nosotros.

¿Cómo consiguen inversores que se sientan cómodos en un campo tan nuevo y desafiante?

Lo explicamos con tanta frecuencia que ya tenemos una frase hecha: «La inversión de impacto es un espectro y uno tiene que saber dónde se sitúa en ese espectro». Nosotros dejamos claro que apostamos por un punto del espectro que se caracteriza por ser de alto riesgo, bajo retorno financiero pero con una gran demanda latente y un gran potencial de impacto.

Nuestros inversores entienden que nosotros estamos al final de un largo camino y que existen grandes costes de transacción. Por eso precisamente somos capaces de desbloquear tremendas capacidades de crecimiento, alivio de la pobreza y generación de impacto medioambiental positivo: el 50% de las empresas que financiamos con más de un préstamo crece al 30% anual, o más, y el 79% crece al menos al 10%.

¿Qué atrae a los filántropos para hacer donaciones cuando su modelo defiende ser de inversión?

Ellos entienden lo que nosotros estamos haciendo y les entusiasma la idea de que gracias a su tramo de capital «arriesgado» seamos capaces de atraer una suma de capital cinco veces superior con otras características. Cuando fuimos a levantar los fondos para llevar a cabo nuestros planes hasta el 2016, nos vimos sometidos al mayor proceso de due diligence que hemos pasado nunca.

Estos donantes querían estar seguros de que su dinero se invertiría correctamente para tener impacto. Conseguimos levantar once millones de dólares en nuestra primera ronda, dinero que mantendremos en nuestro balance general para proteger a nuestros inversores de cualquier pérdida.

¿Cómo han respondido sus donantes e inversores cuando ustedes han tenido problemas, por ejemplo en Haití?

Por eso mismo tenemos un first loss capital filantrópico, para que los inversores no pierdan su capital. De hecho, gracias a las mejoras crediticias que habíamos establecido para Haití, nuestras pérdidas fueron mínimas. Se trata de siempre asegurar que nuestros financiadores entienden bien nuestro modelo cuando se comprometen. En realidad, ellos quieren vernos trabajar en el punto óptimo donde coinciden el riesgo y un enorme impacto social potencial.

Algunos de sus donantes más importantes provienen del mundo financiero: Bill Ackerman de Pershing Square, el banquero de inversión sueco, Paul Leander-Engstrom o, en el caso de Skoll, de Silicon Valley. ¿Hace falta un entendimiento tan sofisticado de las inversiones para financiar este tipo de proyecto con éxito?

Claro que no. Algunos de nuestros inversores más generosos vienen del mundo de los hedge fund porque enseguida captan el poder de nuestro modelo. Pero también contamos con inversores de entre 50 y 200 mil dólares que son maestros, médicos u otras profesiones.

Se trata simplemente de inversores con cierto conocimiento que quieren una distribución más justa de sus activos. Esos inversores representan nuestra versión de KIVA. Queremos facilitar que personas con diferentes niveles de patrimonio puedan utilizar su capital para conseguir retornos financieros, sociales y ecológicos al mismo tiempo (triple cuenta de resultados). Los prestamistas con fines de lucro no suelen prestar tanta formación y asistencia gratis.

¿Cómo encajan estos servicios en su modelo de negocio?

Nos dimos cuenta de que para tener éxito al otorgar crédito, tendríamos que saber también prestar asistencia técnica. Las empresas que financiamos son pequeñas, muy pequeñas, están muy lejos y disponen de poquísimos activos. A veces hay que invertir a fondo perdido para que esas empresas puedan tener acceso a tus préstamos.

Creemos que un fondo enfocado en impulsar una misión sin fin de lucro debe participar en la construcción de mercados nuevos, debe prestar a empresas que los bancos comerciales tradicionales rechazarían. Dicho eso, nos limitamos a proporcionar servicios de asistencia ligados directamente al acceso al capital. Solo proporcionamos asistencia técnica relacionada con la gestión financiera. No ayudamos con servicios de marketing, desarrollo comunitario, agroeconomía, etc.

¿Root Capital consigue ser sostenible proporcionando estos servicios adicionales?

Hoy cubrimos el 80% de nuestros costes con ingresos de operaciones y estamos encaminados para cubrir el 100% en 2016, cuando ganemos más escala.

¿Qué consejos daría a las familias que quieren empezar a «mojarse» en las inversiones de impacto?

Que busquen al asesor adecuado. Reta a la gente que trabaja para ti a ser más creativa. Cuenta tus pasiones e inquietudes a tus asesores financieros, y exige que te ayuden a identificar las oportunidades más idóneas.

¿Es Willy Fulbright Foote miembro de la familia Fulbright conocido por el programa de becas?

Sí, el fundador de Root Capital goza de una larga historia familiar de servicio público. Las becas universitarias tan conocidas llevan el nombre del abuelo de Willy, un senador muy conocido. Está claro que Willy heredó el gen del servicio público.

Por Kristin Majeska y Catalina Parra
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