Nuevos perfiles de donantes

0

Los filántropos más avanzados no se conforman con poner en marcha proyectos que hagan realidad sus buenas intenciones. Sus iniciativas pretenden abrir puertas y mejorar la eficiencia en la consecución de objetivos a través de herramientas como las usadas en mercados de capitales, la solución a necesidades no identificadas hasta el momento, la colaboración entre ellos y generación de sinergias en sus trabajos, o el riguroso análisis de datos. No se conforman con ayudar como siempre. Quieren conseguir el mayor impacto posible de sus proyectos.

Adam Wolfensohn no se dedicó al negocio familiar hasta pasados los 30 años. Antes de seguir los pasos de su padre, James Wolfensohn, banquero de inversión y antiguo presidente del World Bank, Adam fue músico profesional y produjo un documental sobre el cambio climático que se estrenó en el Festival de Cine de Sundance.

Ahora es un líder en el movimiento de family offices (oficinas de gestión del patrimonio familiar) que aprovechan su autonomía y peso económico para acelerar el ritmo de crecimiento del mercado de inversiones de impacto. Wolfensohn dirige las inversiones de la Wolfensohn Fund Management en empresas de bajas emisiones y medioambientales.

Wolfensohn también actúa según sus valores fuera de la empresa familiar. Es miembro del consejo de administración de EKO Asset Management Partners, firma que asesora a grandes patrimonios, administraciones públicas y empresas, sobre oportunidades emergentes en mercados medioambientales.

Además de sus actividades tradicionales, en 2013 EKO lanzó NatLab, una alianza innovadora con las ONG The Nature Conservancy y el Natural Resources Defense Council para promover la financiación de infraestructuras verdes.

El enfoque de EKO capta bien este nuevo estilo de filántropos, los que quieren «emplear el poder de los mercados de capitales para dirigir recursos hacia un desempeño mejor y más efectivo». En el caso de Wolfensohn, ese uso es preservar los ecosistemas para generaciones futuras.

Como sus pares, Wolfensohn no se limita a los instrumentos de inversión. Dirige las subvenciones medioambientales de la fundación familiar y es patrono en ONG tradicionales, como la Fundación para la Conservación de Alaska, o activistas, como Transportation Alternatives.

Respuesta altamente estratégica a una tragedia personal

Cuando perdieron a su hijo de 25 años en el ataque del 11 de septiembre, Steve y Liz Alderman no eran filántropos ni millonarios. Él era oncólogo y ella profesora de educación especial. Ahora, la fundación que crearon para recordar a su hijo es internacionalmente reconocida por su enfoque estratégico.

Los Alderman eligieron una necesidad social real… y enorme: mil millones de personas han experimentado algún tipo de violencia atroz. En África hay más personas que sufren una depresión debida a un trauma por violencia que todos los que sufren de malaria, tuberculosis y VIH/SIDA. La Fundación Peter C. Alderman se ha volcado en una necesidad no cubierta por otros financiadores. Facilitan tratamientos intensivos de salud mental cien por cien consistentes con las normas culturales de los pacientes.

Los filántropos se dieron cuenta de que su proyecto inicial de formar a médicos locales no bastaría para llegar a los millones de personas necesitadas. Crearon un sistema de clínicas y programas locales de salud mental gestionados por profesionales locales para multiplicar su alcance. La fundación corre con el coste de los empleados y los gastos operativos, mientras que los gobiernos de cada país proveen los locales y costes farmacéuticos. Aun con estos requisitos, cada vez más gobiernos solicitan sus programas.

Hasta la fecha, la fundación ha tratado a más de cien mil personas y formado a más de mil profesionales de 22 países en cinco continentes, siempre sin cobrar. Como dice Steve Alderman, «no es la psiquiatría de Park Avenue». Su reto es que las víctimas vuelvan a participar en el día a día con sus familias.

¿El coste para que una persona llegue a funcionar de nuevo en su comunidad? Entre 35 y 55 dólares.

Colaboradores independientes

En una época donde se oye hablar de impacto colectivo una y otra vez, hay doce donantes (individuos y fundaciones patrimoniales) que eligen una forma de colaboración diferente. Entre todos dedican más de sesenta millones de dólares anuales a solucionar la pobreza internacional y comparten un enfoque incansable en conseguir cada vez mayor impacto.

Cada miembro de esta red dona al menos un millón de dólares al año a proyectos contra la pobreza y financia al menos tres ONG que otros en el grupo también subsidian. Financian principalmente ONG pero también empresas sociales, y usan todo tipo de instrumentos.

Los doce colaboradores comparten pistas, ideas y redes de contacto. Como consecuencia, sus donaciones a grupos eficaces han aumentado notablemente.

Dietel Partners, uno de sus miembros, explica cómo «Participar en Big Bang Philanthropy es beneficioso para los socios en temas como el aprendizaje, compartir los procesos de due dilligence y la búsqueda de nuevos aliados en nuestra lucha contra la pobreza».

Según Kevin Starr y Andy Bryan, los directores generales de dos de las fundaciones partícipes, que describieron su modelo en el Stanford Social Innovation Review en el 2013, su fórmula para el éxito es:

– Un enfoque láser en el impacto: No todos miden el impacto de la misma forma, pero todos se concentran en conseguirlo.

– Informalidad: Se trata de un grupo de amigos unidos por su compromiso. Insisten en la confianza, la confidencialidad y tener un mínimo de normativa.

– Confianza: El grupo fomenta debates francos y un espíritu de autocrítica y aprendizaje. No miden sus palabras cuando relatan sus experiencias con una entidad social.

– Generosidad: Cada miembro comparte lo que más tiene: análisis previo a una inversión, redes de contacto en una región, etc.

– Autonomía: No juntan sus fondos.

Cada uno decide por su cuenta a qué grupos donar y no hay presión de los otros miembros. Según Starr y Bryan, «la colaboración sin autonomía se convierte en burocracia» y alejaría a las personas en pobreza.

Los miembros del Big Bang Network explican su nombre y su filosofía así: «Buscamos el mayor impacto por dólar donado (bang for the buck). Esperamos lanzar algo grande, queremos que la filantropía enfocada en impacto se expanda sin fin, y por supuesto, ¡nos permite no creernos más de lo que somos!».

Jóvenes, generosos y hambrientos de datos

El titular La mantequilla de cacahuete no te protegerá del cáncer de mama en el sitio web de Laura and John Arnold Foundation juega al despiste. La fundación patrimonial del matrimonio de exitosos profesionales no se centra en temas de dieta ni enfermedades.

Su misión es lograr reformas sustanciales, sostenibles y de gran alcance, que maximicen las oportunidades y minimicen las injusticias sociales.

¿Su arma más potente? Las estrategias basadas en un análisis riguroso de datos.

Los Arnolds promueven la transparencia, la eficiencia y el rendimiento comprobado en aspectos de la sociedad tan diversos como procesos criminales, reforma educativa y, por supuesto, la calidad de la investigación que influye en temas de salud pública, como los supuestos beneficios de consumir mantequilla de cacahuete.

En diciembre del 2013 la fundación abrió una convocatoria para cubrir los costes, hasta 100.000 dólares, de pruebas de control aleatorio (RCT) de hasta nueve programas con alto potencial para responder a problemas sociales. Su objetivo es generar evidencias que demuestren «qué programas funcionan», y por defecto, qué programas no sirven.

Según Josh McGee, vicepresidente de Public Accountability, el concurso forma parte del proyecto general de la fundación de animar a las administraciones públicas a incorporar la investigación y la evaluación en su toma de decisiones.

Otras iniciativas de los Arnold reflejan el mismo afán de aprovechar datos. Financiaron investigaciones que comprobaron que un largo periodo de encarcelación antes de un proceso judicial tenía correlación con un aumento importante en la actividad criminal después del proceso judicial. Luego abogaron por cambios en los procedimientos.

Después de donar millones de dólares para fomentar escuelas concertadas (charter schools) en EEUU, financiaron un estudio exhaustivo para averiguar si los resultados de los estudiantes de esas escuelas superaban a los de aquellos que no consiguieron plazas en estas. Seguro que esas notas contarán para estos exigentes filántropos y muchos donantes más.

0
Comentarios

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

  1. Jesus

    Cordial Saludo,

    Somos las Fundacion Pan y amor, tenemos proyectos en el deporte, en avicola ,porcicultura y pescicultura, protegemos el medio ambiente los derechos humanos, las etnias.
    Deseamos tener subvenciones y financiacion de ONG para nuetara fundacion ya que somos una ONG sin animo de lucro.

    Atentamente,

    Jesus Solis
    Fundacion Pan Y Amor

  2. Zadia Mackay

    Hola, somos la fundación Cree-Siendo, una organización sin fines de lucro que busca a través de la educación, atención y prevención; potenciar familias realizando ferias familiares, foros, talleres, otorgando documentación sobre los diversos temas de familia y sus relaciones entre los miembros así como su papel en la crianza de los hijos. Tenemos grandes planes entre ellos observatorios comunitarios y el planteamiento de políticas que fortalezcan esta unidad básica social.
    Pero no contamos con fondos y las donaciones son escasas, haciendo la labor difícil.