Talleres de confección textil para mujeres en riesgo de exclusión

Nuria García9 mayo 2014

Rosa Escandell, directora gerente de A Puntadas, eligió el Parque Empresarial de Elche para estar junto a las empresas relevantes de la comarca. Pese al valor social de su iniciativa, no había que descuidar la perspectiva profesional y eso requería cierta dosis de visibilidad.

El principal motor de A Puntadas es el Programa de Reinserción de Mujeres (PRM), una asociación sin ánimo de lucro, que Escandell preside, para la integración sociolaboral de mujeres desfavorecidas a través de cursos de confección textil.

Rosa y sus socias no querían que A Puntadas fuese inicialmente una asociación para luego pasar a ser empresa. «Queríamos una empresa de inserción desde los inicios y ahí encontramos la dificultad». Por esa razón, A Puntadas tardó algunos años en calificarse, aunque el lapso de espera no fue en vano: «Íbamos combinando la formación con el trabajo productivo y este proceso nos fue haciendo a la idea de que era factible tener una empresa y de que funcionaría».

Además de la asociación sin ánimo de lucro PRM, el otro gran soporte de la empresa es la Fundación Juan Perán-Pikolinos, que captó bien la idea de Rosa y le brindó la oportunidad de ubicar la sede en una nave de unos 1.400 m2. «Esta cesión fue un cambio espectacular, porque habíamos empezado en un taller de solo 60 m2. Ha supuesto mucho para A Puntadas, por la visibilidad que da estar aquí», dice Rosa.

A Puntadas va más allá de los habituales talleres formativos: ofrece a las mujeres un itinerario completo que tiene por objetivo final su incorporación a la propia empresa o a cualquier otra del sector. Más de 260 mujeres ya han pasado por esta fase formativa.

Se trata de un taller formativo con trabajo productivo que genera ingresos para las mujeres que participan: «Son periodos de ocho meses de formación con jornadas de cinco horas al día y nos parecía que estas personas, carentes de recursos, tenían que tener algún incentivo durante su formación. Si no, iba a ser muy duro para ellas«.

La directora ha simultaneado este trabajo con «un tanteo de los productos en el mercado». En este mismo proceso de creación de la empresa social A Puntadas, nace paralelamente la marca Malas Meninas, que es la verdadera tarjeta de visita de la empresa.

Malas meninas

Era importante que la marca ya estuviera presente en el mercado cuando estuviera constituida del todo la empresa. Rosa recuerda con cariño el día de la presentación de Malas Meninas en el Museo del Prado como nombre comercial que pretendía abrazar otras disciplinas, como el arte o la música, en su concepto.

El producto principal que se ofrece está vinculado a la producción textil y de complementos. Entre sus clientes se encuentran distribuidoras de la talla de La Oca o Grupo Pikolinos, empresas textiles como Max Mara, Manuel Espuch o Pepe Botella. Otras empresas, como parte de su política de RSC, establecen con A Puntadas ciertas colaboraciones, como es el caso de Tempe-Grupo Inditex.

«Aparte de conservar nuestro valor social, trabajar con estos nombres nos obliga a un nivel de profesionalidad como cualquier otra empresa del mercado. Eso lo cuidamos mucho», declara Rosa Escandell.

Este año es el año del esfuerzo conjunto para el lanzamiento y comercialización de Malas Meninas. De momento, el proyecto ha sido aceptado por el programa Momentum Project, que está destinado a empresas que lleven tres años de actividad con el fin de obtener financiación de cara a un cambio de línea de negocio o una futura ampliación.

«Porque ahora queremos lanzar nuestra marca, es decir, artículos de hogar en general (dormitorio, baño, cocina, etc.)». De momento, la línea de uniformes de trabajo y de tienda es la que está teniendo más salida en los talleres de A Puntadas.

Al mismo tiempo, están buscando canales a través de grandes superficies o de marcas con distribución propia. Ahí está la lucha. Rosa explica que cuando decidieron tener una empresa fue en 2007, pero la calificación llegó en 2011 en un contexto bien diferente. «Pero ya no nos podíamos quedar paradas», subraya.

«Ahora estamos preparadas para dar el salto, para tener mayor volumen de trabajo». Cuentan con poder hacer nuevas contrataciones aprovechando el estímulo del departamento comercial y la potenciación de Malas Meninas.

«Procuramos divertirnos trabajando y en ello influye que todas conozcamos el fin de la empresa. Las mujeres contratadas tienen muy claro el carácter social de la empresa ya desde la etapa de la formación. No es una empresa en la que se repartan dividendos, pero eso no exime tampoco que haya momentos más duros cuando hay que cumplir las entregas en su plazo de tiempo.»

Otro capítulo importante para Rosa es el de la transparencia: «Cuando hay que decidir si aceptar determinados pedidos o seguir adelante con una línea de trabajo en concreto, a mí me gusta compartirlo con todas las empleadas y que sea una responsabilidad conjunta». «Todas» sería exagerar porque a la plantilla femenina de A Puntadas se ha sumado ahora un varón al frente del departamento comercial.

Sin requisitos previos

Algunos de los proyectos promovidos por la asociación PRM y respaldado por el sector público se remontan a 2007. Un primer taller de formación textil se llevó a cabo en el Centro Penitenciario de Villena con el fin de ayudar a las reclusas a superar positivamente los obstáculos y barreras sociales, fortalecer sus vínculos con la comunidad y allanarles el camino hacia el mundo laboral una vez finalizada su condena.

Otro de estos talleres fue a petición de la Concejalía de Acción Social del Ayuntamiento de Alicante para la Zona Norte y estaba dirigido a diferentes perfiles en situación de exclusión (mujeres maltratadas, inmigrantes…), en colaboración directa con la Agencia de Desarrollo Local del Ayuntamiento de Alicante. LOGO MALAS MENINAS

En 2011, la asociación que preside Rosa acometió una nueva iniciativa en el único centro penitenciario psiquiátrico a nivel nacional, el de Fontcalent. Y este mismo año se ha puesto en marcha el taller en las propias instalaciones de A Puntadas en virtud a un acuerdo con la Diputación de Alicante. Con él se ha ampliado el impacto geográfico del proyecto, acercando a las participantes a la realidad productiva ordinaria de una empresa de confección textil.

Además, la asociación dispone desde 2010 de un piso de acogida en Alicante para aquellas mujeres beneficiarias de los talleres que, por falta de arraigo o por su problemática personal, no disponen de vivienda. En él se les ofrece apoyo para la adquisición de hábitos y habilidades sociales, complementando el proceso para su reinserción social. Inmigrantes, paradas de larga duración y exreclusas son los perfiles más frecuentes pero no los únicos. «No ponemos una condición a nadie, simplemente que estén en situación de dificultad».

Rosa ha preferido orientarse a aquellos colectivos con mayores apuros a la hora de integrarse y que, a la vez, reciben menos ayuda. Por ejemplo, el caso del taller en el Psiquiátrico Penitenciario de Fontcalent es único es España, recalca Rosa.

No se exigen conocimientos previos para acceder a la formación, pero sí una actitud. «Lo que menos importa es que sepan de confección. Tienen que querer estar en el programa porque parece fácil, pero la formación dura ocho meses y ellas deben tener muy claro a dónde van», cuenta. A veces abandonan obligadas por circunstancias personales que no son las idóneas para estar aquí.

La inspectora laboral, por su parte, intenta que en el proceso formativo se puedan arreglar las situaciones personales de estas mujeres para que se incorporen a una empresa como cualquier otra profesional, que es una de las metas. El horario, por esta razón, está pensado para que puedan conciliar la labor del taller con sus responsabilidades familiares.

La parte técnica y social

Silvia Alfonso, responsable de inserción laboral de A Puntadas, acompaña a las mujeres desde el momento en que entran a formarse y hasta la contratación. Hace la selección y lleva un seguimiento de cada una durante los ocho meses de taller, valorando la persona y su actitud.

Se rige por un itinerario de trabajo individualizado para conseguir que sean «buenas profesionales» –algo común a todas– pero también marca los objetivos personales en cada caso. «Se trata de normalizar su situación en lo posible, que se puedan centrar en el trabajo y salir adelante«. Y aunque Silvia reconoce que no está en su mano «cambiar algunas cosas», sí puede poner en contacto con los Servicios Sociales o con algunas asociaciones. Por ejemplo, si una inmigrante requiere clases de español, Silvia se las procura. Si es un tema de violencia de género, pone en contacto a la afectada con alguna asociación especializada.Camiseta chica MM

A los mandos de toda la producción de A Puntadas está Lali Piqueras. Con su dilatada experiencia en el mundo de la confección, coordina el trabajo de once mujeres, tres de ellas en periodo de prácticas por el momento. «Conocí a Rosa, me describió el proyecto y surgió algo muy especial. Me gustó mucho la idea y no me lo pensé».

Comenta que la atmósfera cotidiana es «genial» por dos ingredientes clave: motivación y compañerismo. «Hay gente con vidas difíciles, pero son conscientes de la empresa en la que trabajan». En el taller se trabaja duro: «Aquí el ritmo es como el de cualquier otra empresa, con la misma productividad y en cadena de producción».

Las jornadas son de ocho horas pero a veces hay que desdoblarse y Lali tiene que poner de su parte, aunque reconoce que el esfuerzo es de todas. A ella le corresponde emitir un informe de validez desde el punto de vista técnico para cada participante procedente directamente del Programa de Reinserción de Mujeres, donde se plasma la actitud y la aptitud de cara a una contratación cuando surja la necesidad de mano de obra.

Lejos de las fronteras de España, la asociación PRM se ha aliado con Adcam- Asociación de Desarrollo Comercio Alternativo y Microcrédito para exportar una idea similar a Kenia. En el país africano están trabajando con la comunidad masái para que las mujeres de esta etnia aprovechen sus capacidades vinculadas a la artesanía local. Desde estas asociaciones se aporta diseño a los artículos y se busca la posterior comercialización.

Se ha creado una escuela para niños y un campamento, aprovechando que el enclave es turístico, para que acudan voluntarios o visitantes atraídos por el mundo del safari. El colegio infantil se mantiene gracias a los ingresos del campamento.

Por Nuria García
Comentarios

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  1. ana

    hola me gustaria recibir informacion sobre trabajo para mujeres en riesgo pues soy una de ellas gracias

  2. Apramp

    Me gustaría tomar contacto con Vds represento a una asociación Apramp piden mirar quienes somos en www Apramp .org y tenemos un taller textil para cambiar esperiencias un saludo Rocio Nieto presidenta

  3. Laura

    Buenas estoy necesitando la confeccion de tapabocas tengo material ya cortado pororciono todo.